viernes, 24 de abril de 2009

Hacia el silencio

Foto: I.N., Torre Castañer, 2009
Por la mañana me dirigí a una clínica donde me habían dicho que me atenderían a las 10 am. Sólo al llegar descubrí que se trataba de un lugar cargado de recuerdos turbulentos para mí. Respiré con aprensión y subí a la sexta planta en un ascensor encharcado de tristeza. Llegué a la zona precisa, pero nadie me atendía y al fin me dijeron que si me esperaba allí, tal vez a las 12.30 o las 13h habría alguna posibilidad. ¡Pero eran las 10! ¿Por qué tenía que esperar allí tanto tiempo y sin apenas gente delante? Y esperar allí, con aquel dolor ajeno y resignado y aquel olor desagradable que me asaltaba por el torbellino de recuerdos, con dos escenas de una teatralidad dura...
Salí a la calle, fotografié algunas cúpulas y balcones, la destrucción de la belleza. Llamé a mi madre para pedirle el teléfono de la mutua, pero en su confusión, sólo acertó a darme el mío. Llamé a información de telefónica, me pusieron música, me hicieron esperar, escuchando ofertas engañosas, y al fin me dieron el número. Llamé, volvieron a ponerme música y al poco me contestó alguien, situado en el espacio sideral, o en una autopista de la información. Le expliqué, con gran esfuerzo didáctico porque me daba la sensación de que no me entendía, que era una urgencia de otorrinolaringología, añadí que tenía el oído tapado y le pregunté dónde podían atenderme. Me pidió mis datos, deletreados. Me preguntó en qué localidad estaba. Me hizo esperar con más música. Después me dio la dirección y el teléfono de tres centros. Llamé a los tres, subiendo el volumen del teléfono. Ninguno tenía servicio de otorrinolaringología. ¿Qué habría entendido la propietaria de aquella voz, desde su lugar virtual? ¿Estaría también ensordecida? Como las nuevas empleadas de la farmacia de abajo, que apenas entienden lo que les pido. Ya nadie sabe nada y hay días que resulta agotador hacerse entender, tras esas batallas con las compañías, la música grabada, la repetición de los datos propios y las respuestas robotizadas. A veces me parece que el paquistaní del colmado de abajo comprende mejor.
Volví a casa. Arrastro el mar en uno de los oídos, como cuando de pequeñas nos acercábamos las caracolas grandes a la oreja para escuchar las olas. Hice algunas fotos y al llegar las copié en el nuevo ordenador, lentísimo pese a su potencia, por las maravillas del Vista. Pero cuando ya estaban grabadas y borradas de la cámara, comprobé que habían desaparecido. Hablé con un informático, preguntándole si podrían ponerme el xp, me dijo que tal vez, pero que me costaría un dineral, seis horas de trabajo, el programa, y sin garantías de lograrlo... le dije que lo pensaría.
Me puse a traducir a Zygmun Baumann en el ordenador viejo, y sentí que me tranquilizaba ese trabajo mecánico de girar los vocablos como dice el Tirant: como ya dije en Los meandros de la traducción, resolver jeroglíficos consuela, es como imaginar que todos los problemas podrían tener una solución, una respuesta. Además, Baumann explica cómo nos han engañado con la crisis, cómo no se trata de un fracaso sino de un éxito de los Bancos, apoyados por los gobiernos. Y su análisis, pese a todo, también consuela, porque analizar el horror, intentar entender los mecanismos incluso de lo más injusto produce alivio.
Y por la tarde acudí a ese otro otorrino, consulta clásica y médico de la vieja escuela. Me llevé Isabelle de André Gide, que quiero releer, arrastrada por aquella frase que cité en mis cuentos y que no pondré aquí, pero en su lugar diré otra: "Nous suivions Gérard sans parler, oppressés par la beauté du lieu, de la saison, de l'heure, et parce que nous sentions aussi tout ce que cette excessive opulence pouvait cacher d'abandon et de deuil.". El otorrino me dijo que tengo un tapón de cera pétreo en cada oído y que me conviene pasar unos días echándome agua oxigenada. "No oirá nada", dijo, "¿Tiene cenas? Anúlelas. Le parecerá que por dentro todo hierve, pero no se preocupe. Se hará una pasta y no podrá oír nada, pero así, con suerte, el lunes por la tarde podré quitárselo." Me acordé de mi padre, que odiaba los cohetes y la pirotecnia, y en la noche de San Juan, anunciaba: "Si queréis decirme algo, que sea ahora, porque voy a ponerme los tapones", y después de un picnic nocturno (¡con noctilucas!) en la Savoia, de Cadaqués, se tapaba los oídos hasta el día siguiente. He avisado a unos cuantos de que a partir de ahora no oiré, y uno de ellos me ha lanzado un mensaje declarativo entre risas. Si quieren decirme algo, que sea por escrito.
He renunciado a asistir a la sesión lacaniana de mañana sobre la traducción de L'Étourdi, he apartado la vida social y me preparo para un fin de semana silencioso, como una extraña experiencia algo vertiginosa, con estas mareas que empiezan a resonar en mis oídos, leyendo y escribiendo y saliendo poco porque en la calle me siento aturdida, hablo demasiado bajo y nadie me oye (me ha pasado en la panadería y en el librero de la calle Berlinès), y además, me mareo al moverme, al agacharme, y al echar la cabeza hacia atrás para ponerme las gotas en los ojos, algo menos tristes y menos insidiosos, pero aún feúchos.
Yo querría irme a Vigo a conferenciar curada de todos estos pequeños malestares. Imagino la ciudad que conocí hace años, con su rambla catalana y sus múltiples rótulos art déco, las cesterías, cosas que ya no existirán. He leído que está toda abierta por obras. ¿Hasta dónde llega la locura del cemento? ¿Recorre toda la península? Me dicen que Portugal conserva la belleza, esa Portugal que nuestros programas metereológicos ignoran como si no existiera y como si a nadie de aquí le importase el tiempo que hará allí: siempre me lo decía una escandalizada Angela Reynolds y el otro día lo repitió Gibson: tienen que ser los extranjeros los que se den cuenta de la tremenda descortesía que tenemos hacia nuestros vecinos ibéricos.
Es extraño cómo el silencio o la distancia del sonido, que llega poco, disminuido y parece venir de otras direcciones, altera la percepción de las cosas. He recordado cuando tuve que estar toda una tarde sin usar los ojos y me senté en la sala y los cerré, llena de sensaciones extrañas e intensas y danzantes. Me parece como si pudiera comprender otros alejamientos y casi temo que mi inconsciente quiera aferrarse a este estado, alejarme, no oír, protegerme de todo lo que duele, de todo lo que sacude con su fealdad y su estruendo insensible. Pienso en John Cage y en algunas danzas de Cunningham en las que parecía volar. Pienso en un texto de la voz que me ha mandado un psicoanalista que a veces viene por aquí a leer. Pienso en la campana de cristal de Plath. En releer a T.S. Eliot, gracias a alguien que me manda un fragmento al dorso, la revelación aún es posible (ahora que yo, nacida en abril y siempre partidaria de ese mes energético en que todo renace, por primera vez en la vida pensaba en darle la razón a su April is the cruellest month!). Pienso en las películas nórdicas y en las orientales. Y escucho las oleadas marinas como cuando dormía en la habitación de arriba, en Cadaqués, con la puerta de la terraza abierta sobre Portdugué. Le silence est un prélude d'ouverture à la création, à la révélation"... dice mi diccionario de símbolos, "le silence, disent les règles monastiques, est une grande cérémonie."

17 comentarios:

Qualunque dijo...

Mejorese, a mi tampoco me está tratando demasiado bien este mes de abril. Un poco de silencio (físico y mental) no me iría mal.

zbelnu dijo...

Gracias, y que se le pase la racha mala con el cambio de mes!

Anónimo dijo...

Quiero leer todos los post de tu blog en un libro diaoen papel reciclado, con tapas claras y suavemente rugosas. Todo es más bonito cuando tú lo cuentas, por cómo lo cuentas. ¿Qué fue del hombre que llamaba demasiado? A mí hace tiempo que ya no me llama...

GG

zbelnu dijo...

Verás, una parte de este blog ya salió en forma de libro con tapas claras y un dibujo del azufaifo que hizo Aurora Altisent, La plaza del azufaifo (Melusina, 2008). Otro trozo más pequeño salió en una antología audiolibro, La España que te cuento (Funambulista, 2008). Y yo espero que un día, a lo mejor cuando yo haya desaparecido, alguien decida publicar el resto. Muchas gracias por tu comentario, G.G. En cuanto al hombre que llamaba demasiado, temo que no le gustó ese post y durante un tiempo dejó de llamar; luego volvió a llamar como siempre y hace sólo unas horas le solté un bufido, no porque llamara demasiado, puesto que sus aventuras perseguido por las chicas me hacen gracia y al fin y al cabo es un interlocutor, pero a veces se empeña en dejar de serlo, creo que busca con quien pelearse y vuelve a negar lo evidente para hacerme rabiar o porque me confunde consigo mismo. Y yo, que estoy ensordecida y apenas oigo el teléfono, no daba crédito a lo que estaba escuchando, y así él ha conseguido su propósito momentáneo de hacerme enfadar.

emma dijo...

Me ha encantado leer esta entrada Isabel ( entrada que ha dado pie a una conversacion telefonica con alguien querido) y quiero felicitarte por tu texto "Los meandros de la traduccion" que me ha parecido fantastico. Gracias.
Si el silencio te provoca asi, yo casi que te recomendaria menos de esas gotas pero se cuanto escuece no oir nada, a mi no me gusta. Me gusta el silencio pero no la sordera.
Feliz fin de semana.

zbelnu dijo...

Muchísimas gracias, Emma. Es extraño el silencio, pero claro, si no se me quita, ¿cómo podría irme a Vigo a dar la conferencia y contestar a las preguntas? Me dicen que hablo muy bajito y es verdad porque con los oídos tapados me oigo muy alto... Me alegro que te gustara Los meandros. Esa conferencia fue muy feliz, pese a lo nerviosa que estaba yo, en la Pedrera, con ese techo maravilloso y viendo los árboles del Passeig de Gràcia por los ventanales de Gaudí...

delarica@unav.es dijo...

por favor, quien habla de desparecer…
qué horror! yo confío en que habrá algún editor con el suficiente talento como para darse cuenta de que la suya es de las escrituras más interesantes y valiosas del panorama actual
desde luego si estuviéramos en Francia, habría media docena de editores deseando editar el contenido entero de crucigrama

zbelnu dijo...

Gracias! Ni caso de mi lado quejumbroso, me ataca de vez en cuando, quién sabe si por la tonta química hormonal. En realidad, no puedo quejarme, he publicado muy bien mis últimos dos libros y tengo un buen editor para mis cuentos, que saldrán en otoño si nada lo impide, aunque su tardanza en mandarme el contrato me desespera por momentos y no me atrevo a vocearlo por si acaso lo he soñado. Es verdad que yo soy impaciente y a veces no comprendo por qué todo es tan difícil antes de pasar cierta barrera y tan fácil una vez atravesada. Pero mil gracias por esas palabras! Aquí estoy yo bastante feliz, escribiendo ese otro libro urbanita, en mi silencio...

el objeto a dijo...

pues no me había dado cuenta de este post, no por falta de tiempo, esta semana exiliada de casa estoy algo perdida,

me ha hecho gracia eso que dices sobre el alivio que produce, por un lado el resolver los jeroglíficos de la traducción -como si la resolución pudiera evocar otra resolución generalizada de los problemas- y por otro cómo analizar el horror e intentar entender los mecanismos, incluso de lo más injusto, reconforta. Precisamente estos días en que no paro de chocar con personas que rechazan violentamente ese tipo de entendimiento, ya sea abocados a los fármacos, a las filosofías new age oscurecedoras o al círculo de la repetición sin fin de las mismas catástrofes... un poco como esas voces en el facebook que te dicen, "sobre todo no escribas"

preciosa esa cita sobre el silencio, preludio a la creación, principio de la ceremonia...

zbelnu dijo...

Sí, Objeto a, eso lo explicaba mejor en Los meandros de la traducción, que tú ya leíste. ¿Sabes lo que me pasó con esa cita? Cuando ya la había copiado volví a mirarla y resulta que la palabra creación la había añadido yo, no estaba en el texto! Pero me dio pena borrarla porque a mí me ha servido de preludio a la creación...

el objeto a dijo...

feliz y brillante lapsus, hasta en la cita hay una reescritura!;-)

Anónimo dijo...

Es curioso, pero a Cage y a Cunningham, yo no los asocio con el silencio, si no con otras cosas muy direfentes, a pesar de Hacer presencia en sus trabajos.
La revelación o el descubrimiento, es esencial y siempre serán necesarios para avanzar, para construir, algo nuevo.
Por otra parte, el silencio no existe, si no un reflejo de éste...o una interpretación , en último caso.
...Los lugares que hablan, los espacios, resulta interesante lo que se podría decir de ellos asociados a la memoria, etc.
espero que tengas un pronta recuperación.
iluminaciones.

taylervilla4 dijo...

quizás la pregunta este de más, pero como se recupero, cuál fue el maravilloso proceder del médico para quitarle el malestar del oído.

taylervilla4 dijo...

comente como solucionó el problema.

Belnu dijo...

Este comentario suyo se quedó perdido, encallado en el servidor, Taylerville. El problema del oído se resolvió sin más, se destapó, simplemente... Pero cuántas cosas han ocurrido desde entonces...

yky dijo...

muchas gracias por tu blog y tus letras. Es reconfortante ver que unos pocos no estamos solos, y que hay mas. Acepta un consejo de un desconocido que ha conocido mucho, replanteate tu amistad con el hombre que llamaba demasiado, es tu enemigo natural, yo también he tenido de esos. Jamas podrá entenderte. Peor aun, jamas dejara que seas feliz. El, al querer convencerte de que no existes no hace mas que afirmar su vació interior. y sobre los "escritores" que te dicen que no escribas...
Que asco me da este país, si pudiese me iría de aquí y no volvería. España esta llena de gentuza como esa, que te dicen que tu no pero ellos si. Como se puede decir eso a una persona y no esperar recibir un buen puñetazo en toda la boca, que poco respeto. Mi naturaleza no es para nada violenta.. pero las buenas palabras y buenas intenciones de lo unico que me ha servido es para ver como otros se enriquecian con mi esfuerzo y mis ideas. Ya estoy cansado de las palabras corteses y las buenas intenciones. quiza fuera eso se valores, pero aqui es una clara señal de que estas jodido y te van a explotar el resto de tu vida.. y como se dice en la calle, por tonto. Bueno, quiza me he desviado del tema. La verdad que estoy a rebosar de tantas falacias y tanta mierda. Pero tu, con tus lineas me he sentido acompañado en este solitario camino. Muchas gracias y sigue creciendo. Un saludo

Belnu dijo...

Gracias, yky, pero nunca se puede generalizar y quizás menos con los asuntos ajenos. "El hombre que llamaba demasiado" ha demostrado, justo cuando era importante, que sabía estar ahí y ayudar, aunque fuese tan distinto, aunque haya cosas en las que no nos entendamos, y eso, cuando llega una situación de peligro y dolor, es importantísimo. Es un personaje que no ha dejado de mejorar. Y no se trata de percepción, sino de hechos.