domingo, 26 de abril de 2009

Hace mucho tiempo

Foto: I.N., Un lugar de mi memoria, Barcelona, 2009
Estuve con alguien que intentaba convencerme de que yo no existía. Según él yo era los otros y todas mis ideas eran ajenas. Según él, yo no sabía nada antes de conocerle. No digo que no fuéramos felices, aun en medio de aquel malentendido, pero fue un alivio reencontrarme con mis viejos libros al separarnos.
Yo no comprendía sus palabras. Sabía que si tenía algo era precisamente mi mundo, mi particular percepción de las cosas, que había construido en mi infancia y por tanto, se basaba en la memoria. Imaginaba que me convertiría en uno de esos escritores que VM describía -temo que con aburrimiento-, excluyéndose del grupo, los obsesionados por su infancia.
De pequeña, mi vida cotidiana tuvo el ritmo de la administración del castigo que recibía, perpetrado con el perfeccionismo maniático de mi tía Rottenmeyer y con la gozosa y lógica complicidad de mis hermanas: era bueno tener a alguien con quien desahogarse impunemente y ese alguien era yo. Me habían declarado culpable de un accidente ocurrido cuando yo era un germen que crecía en la barriga de mi madre; había llegado en mal momento, mi madre se había despistado por culpa del embarazo y la desgracia le había ocurrido a mi hermana. Yo debía asumir la culpa -insoportable para mis padres- y pagar por todos.
Ya lo he contado aquí.
En ese mundo claustrofóbico y violento, yo vivía de la belleza del paisaje. Tenía la sensación casi mística de que el universo me mandaba señales, de que los pájaros cantaban para mí, ya que nadie más parecía oírlos.
Luego, en esa ambivalencia que ha sido siempre un interesante desafío a mi comprensión, mi carcelera, mi Némesis, me enseñó a leer y sólo quise vivir en ese mundo, donde había una justicia implacable para los malvados, y seres afines capaces de describir mi realidad en forma de madrastras y hermanastras, y los que sufrían como yo huían volando a lomos de una golondrina o aterrizaban en un palacio de cristal o se convertían en cisne, todo con una crueldad bíblica y lleno de la misma belleza de los símbolos que a mí me había salvado.
Al llegar a Barcelona, en el colegio había una iglesia abarrocada donde el coro y el órgano, e incluso mi propia voz en los intervalos leyendo en voz alta para todos: "En un principio era el Verbo, y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros" me producía una emoción inexplicable. Sólo cuando nos cambiaron a la capilla de abajo, fea, nueva y sin historia ni órgano ni coro, me di cuenta de que mi emoción estaba conectada sobre todo a la música. Que la música podía ser una conexión a cierta espiritualidad o una forma de acceder a la belleza que me conmovía como las visitas de los pájaros.
Pero había algo misterioso en aquel espacio de la iglesia de arriba, incluso sin música.
Volví a encontrar la misma sensación a los 14 años, en un viaje a Menorca con el colegio, cuando visitamos alguna taula o un talaiot, en medio del campo verdísimo de primavera, cuando la isla era un lugar solitario y silencioso. "Donde hay dolor hay un suelo sagrado", escribió Wilde. Hay lugares, ya sean monumentos megalíticos o templos de cualquier religión, donde la gente ha llorado y ha rezado y creído y todo eso deja un poso, una vibración que recoge la piedra. Yo he percibido esa vibración misteriosa en algunos templos, pero no en todos, ni mucho menos. También la he percibido en la voz.
Esto resurgió el otro día, a raíz de un intercambio al dorso de este blog, con un profesor vasco de literatura que citó a mi querido T.S.Eliot y me hizo rescatarlo una vez más de la estantería: "You are here to kneel / Where prayer has been valid..."
Al comentarlo con el hombre que llamaba, me dijo: "No, estás confundida. Era mi padre quien decía eso de los templos y tú, que tienes mala memoria, has adaptado su idea y crees que es tuya."
Extrañamente, en el mismo momento me estaba contando que para él, que no recordaba nada de su infancia, había sido chocante vivir con alguien como yo, obsesionada por la memoria (aunque esa memoria fuese selectiva y recortada, forzosamente). Ciertamente su padre es un personaje -vasco, religioso, librepensador, crítico y apasionado en sus ideas, con su propia vivencia de memoria histórica- a quien yo considero, y le he citado a veces en este blog, puesto que mi escritura se construye a base de citas y para mí -aunque el hombre que llamaba no pueda entenderlo- es una experiencia gozosa recordar de dónde viene cada cosa. Pero mi experiencia con los templos no es una frase copiada de su padre, sino una cadena de recuerdos.
Según parece creer el hombre que llamaba, mis recuerdos son falsos como aquellos que les injertaban con chips a los replicantes de Philip K. Dick. Sin duda su vértigo de vacuidad, su bloqueo mnémico le hace creer que es un replicante y para consolarse, quiere convencerme de que yo también lo soy, y de que sólo él sabe y puede decir quiénes son los terráqueos auténticos.
Escribo todo esto sumida en mi extraño silencio, con los dos oídos tapados ya por completo. En Facebook, dos escritores me han recomendado que deje de escribir ("No escribas con los sentidos tapados!", bromea uno. "Mejor no escribas más", dice el otro, con peor intención). Hay gente que no tiene bastante con no leernos, necesita que dejemos de escribir. El segundo consejo sólo tiene un sentido irracional, que es el de su deseo. Según su lógica, los sordos no podrían escribir ni los ciegos tocar un instrumento o componer, ni habrían existido Beethoven o Goya. Me han recordado a aquel famoso psiquiatra que trató a Edith Wharton, a Virginia Woolf y a Charlote Perkins y les prohibía que escribieran porque, según decía, era malo para sus nervios (¿para los nervios de quién?).
Lo mío no es exactamente silencio: es como si el sentido del oído se hubiera dado la vuelta, como un calcetín, una inmensa oreja vuelta hacia dentro, con sus laberintos apoyados en la piel, como aquel personaje de cuento que ponía la oreja en la tierra para escuchar el crecimiento de la hierba o el deambular de las hormigas. Mi vecino dijo un día que le gustaba dormir con tapones en los oídos porque sentía como si estuviera de vuelta en el vientre materno. Yo me siento vuelta a mi propia interioridad. Me dicen que hablo demasiado bajo, y es porque todos mis sonidos se oyen mucho más intensos. Respiración, latidos, voz. Mientras, todo lo demás parece alejarse y yo imagino el universo de los sordos. Mal que le pese al (segundo) comentarista del Facebook, escribo bien en este silencio ruidoso, silencio con oleaje, campana de cristal que me aleja del mundo, sólo un poco. Oigo los truenos muy lejos, no oigo a ningún vecino ni el ascensor, el teléfono ya no es imperioso ni hace falta cogerlo; todos los timbres parecen sonar en otro mundo.

21 comentarios:

delarica@unav.es dijo...

comprenderá que no pueda contenerme y hacer otro comentario al dorso: la cantidad y cualidad de fantasmas personales que ha despertado esta entrada suya es literalmente atómica. Primero, un matiz: Ud. nunca ha sido un gérmen, palabra que no sé porque yo asocio con algo patógeno. Segundo, sobre la educación sentimental de mes confrères les basques, creo que podríamos hablar un día y nos íbamos a reír bastante. Por un sentido elemental del respeto, lo dejo ahí. Tercero, cuando iba leyendo estos últimos párrafos, creo que los mejores que le he leído hasta ahora, los más sinceros, los más lúcidos (tengo que encontrar esa reconstrucción de los demonios infantiles), iba pensando a la vez en la incapacidad de tantos (por ejemplo la de esos que le recomiendan silencio) de soportar mucha realidad. Para una persona que se atreve a decir la verdad: ni se le ocurra dejar de escribir!
me acuerdo que asistí a una conferencia de Steiner en Praga en la que alguien le reprochó que hablara todo el tiempo citando a los demás. El viejo profesor dijo que si no podía citar, debía callarse. Se levantó y se volvió al hotel con una sonrisa en los labios.

zbelnu dijo...

Claro que lo comprendo. Justamente estaba poniendo el link suyo cuando me ha llegado este comentario. A qué reconstrucción se refiere? Yo empecé la mía en mi libro de relatos Crucigrama y la he seguido en mis cuentos siguientes, los que saldrán en otoño. Y siguen filtrándose en mi libro de ahora, que es de rincones de la ciudad. Pero sólo logro abordarlos así, construyéndolos con la estructura implacable de un cuento, fragmentándolos, recombinándolos, pero nunca me atrevo a esa novela, tal vez nunca la haga, ya que voy pellizcándola entre cuentos y blog... en fin.
Qué buena la escena de Steiner! Consuela pensar que incluso a él pueda pasarle algo así. Gracias por su reconocimiento. En ese libro de La plaza del azufaifo, escribí una vez lo que significaba para mí el valor. "Quiénes son los valientes?" era el título del post, que está en este blog. Y es que para mí el valor no significa no tener miedo, sólo significa que el meido no nos paralice a la hora de decir la verdad, de reconocer, de dar la cara por lo que creemos, de defender a quien merezca ser defendido. Una ética simple, construida frente al espejo negativo de los que me rodearon una vez, que no tuvieron valor para decir: yo también fui, lo siento. Y para mí, la suerte de no ser así, de poder decir, aunque sea a sacudidas o con torpeza, es una fuente de felicidad, como el agradecimiento.

delarica@unav.es dijo...

Me habían declarado culpable de un accidente ocurrido cuando yo era un germen que crecía en la barriga de mi madre; había llegado en mal momento, mi madre se había despistado por culpa del embarazo y la desgracia le había ocurrido a mi hermana. Yo debía asumir la culpa -insoportable para mis padres- y pagar por todos.
Ya lo he contado aquí.

A eso me refería.

zbelnu dijo...

Ah, es verdad, claro. Gracias por la aclaración. En cuanto a la palabra germen, para mí no es mala, algo que germina, como las yemas y brotes en primavera, como la palabra semilla, la verdad, me parece más bonita que "feto", aunque podría haber dicho embrión...

zbelnu dijo...

Lo cierto es que tampoco yo sé cuándo he hablado de esto, creo que muchas veces, incluso en mi conferencia "Los meandros de la traducción" (el link está en el post anterior Hacia el silencio), o con más detalle en los Diálogos en el jardín del Ateneo, "No hay escritura sin memoria" y que puede leerse en el blog de amigos de xoroi.

el objeto a dijo...

creo que la memoria está mucho más alejada de la realidad de lo que se piensa comúnmente, y que es pura escritura, en el sentido que toda escritura es selección de una realidad
Me parece curioso que ahora que finalmente he aceptado entrar (para echar un vistazo) en el mundo de los cognitivos y los científicos de la neurona, esas intuiciones mías en vez de desvanecerse, se confirmen
De la misma forma ese "tú" al que se dirigía el amigo que te adjudicaba tantas cosas de su propio mundo fantasmal, difícilmente podía encontrarse en el lugar donde tú te encontrabas

hoy por fin he acabado el libro de Davoine, maravilloso, y lo cierra con una escena de RAbelais, Quart livre des dits et faits heroïques de Patangruel, donde en medio del océano, sobre un barco, un grupo de amigos empiezan a oir voces de hombres, mujeres...que se escuchaban cual eco, a partir de una antigua batalla que había tenido lugar ahí mismo hacía tiempo.
Las voces, los recuerdos, están ahí para todos, pero no todo el mundo tiene el oído sintonizado para escucharlas. Tal vez esta sordera temporal paradójicamente haya agudizado ese otro oído tuyo, entrenado desde pequeña, no sólo a la lectura salvadora, sino a escuchar y registrar eso que muchos desprecian, pero que sin embargo algunos saben aprovechar en la creación

zbelnu dijo...

A veces me cuesta entenderte, el oído tapado no lo resuelve todo... Yo sé que la memoria es reescritura pero puede ser propia, escritura de lo recordado, incluyendo lo olvidado y reprimido, pero otra cosa muy distinta es la apropiación y la confusión de identidad.
A pesar de estas mareas que oigo, y de la distancia que crean, me da la sensación de que sé lo que quiero decir.

el objeto a dijo...

a eso me refiero exáctamente, que la memoria es un acto subjetivo y propio, siempre propio, y que no sirve de nada discutirle a alguien (lo digo por tu amigo) sobre la memoria, apelando a una supuesta objetiva realidad, la cadena de recuerdos, de significados y significantes es siempre propia
por lo que me parece absurda la acusación de apropiación

zbelnu dijo...

Ahora te entiendo, Objeto a! Mi mente concreta a veces no comprende tus abstracciones... Y sí, lapsus feliz.

Esther Planas dijo...

temas q me tocan
pajaros que solo
me hablan a mi
castigos y venganzas
silencios
desmemorias
recuerdos vividos
taponamiento
oasis
isla
relatar
unos que intentan
que yo no exista
y que me calle
psiquiatria
terapia
burbuja
xx

zbelnu dijo...

Sí, sí, Esther, entiendo que esos temas sean también tuyos, aunque sea con otros giros, otra composición

ed dijo...

muy buena esta entrada... todo eso de los sentidos, del impedimento aparente para hacer cosas... y sobre todo lo de recordar la infancia (o cualquier otro pasado propio) con errores... o peor, sentir la frustración por que otro lo recuerde de una manera bien diferente, tan distinta, tan opuesta que molesta o enoja... y dick con sus recuerdos insertados.

zbelnu dijo...

Gracias, Ed, es lo que da volver el calcetín auditivo al revés!
Objeto a, olvidé comentarte, qué sugerente esa escena final rabelesiana de Davoine, entonces crees que el libro tiene algo para los profanos como yo?

JML dijo...

Me sumo a la voz del pueblo: ni se te ocurra dejar de escribir. Habita tu propio silencio si quieres, pero nunca el de los otros (maldito Facebook)

zbelnu dijo...

Ja ja, gracias, JML! Con mi incontinencia expresiva, y perdón por el matiz escatológico, no voy a dejar de escribir porque un hombre envidioso y desconocido me lo aconseje. Le borré inmediatamente de esa lista de supuestos "amigos" del Facebook. Yo sólo estoy ahí por mis libros, pero decididamente facebook no es my cup of tea. El primer comentarista en cambio no era malintencionado.

delarica@unav.es dijo...

se me olvidó decirle algo sobre la palabra germen (entre filó-logos anda el juego). No es nada fácil encontrar un sinónimo aún más preciso y no tengo nada en contra de ella, pero en ese contexto subraya la dimensión biológica de una realidad humana que es algo más que biología. Si como dice le habían ya declarado culpable, era sujeto paciente de acciones y relaciones que van mucho más allá de la biología. La tradición judeocristiana insiste mucho en esto, por ej. en Jb 10,8-12, Sal 22, 10-11 o en Jeremías 1,5: "Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes de que nacieses te tenía consagrado"

zbelnu dijo...

Aunque sea por otras razones, estoy de acuerdo, y es que para mí el humanismo es vital en la visión del mundo, por eso detesto las neurociencias, ésas que pretenden reducir lo humano a lo neuronal y que inventan enfermedades para vender medicamentos, o pretenden hacer pasar la tristeza necesaria por depresión y medicarla, o que diagnostican a los niños nerviosos con un síndrome inventado y les administran un´fármaco que produce graves daños en el crecimiento. La cita del evangelio es realmente poética (debería preocuparme?)y coincide con aquella idea de F.Dolto de que los niños elegían nacer...

odette farrell dijo...

Después te comento más...ahora solo te puedo decir que escribes precioso...
Es un placer leerte Zbelnu

zbelnu dijo...

Gracias, Odette, tu prisa significa quizás que estás pintando, felicidades!

odette farrell dijo...

No Zbelnu... aún no, no soy tan afortunada como tu que escribes libros, blogs y por lo que estoy leyendo hasta en facebook!
Tus memorias son preciosas... hay tanta poesía en tu relato! y eso de que sean reales o no, será importante? Para mi algunos personajes sacados de la imaginación de algún escritor me han influenciado mucho más que otras personas de carne y hueso que he conocido.

zbelnu dijo...

Gracias, Odette! Muy pronto llegará la pintura, estoy segura... A Facebook voy lo justito, para dejar anunciadas conferencias o libros...