domingo, 4 de febrero de 2007

Zambrano, la música (mnemónica) de las palabras, la pastora de gansos

Arthur Rakham, Blancanieves En El País de hoy, Gustavo Martín Garzo cita a María Zambrano en su artículo La caja de música para adentrarse en esa memoria musical de las palabras que los escritores heredan como legado (la madre asomada a la cuna, murmurando o hablando al bebé). Yo no creo que mi madre se asomara a mi cuna para hablarme, pero hubo un personaje más ambivalente, la tía malvada que fue mi Némesis de la infancia y a cuyo maltrato me costó tanto sobrevivir, también me enseñó a leer y me regaló mi primer libro, de Andersen, cuya portada verdosa recordaba vagamente y que recuperé hace unos años milagrosamente de casa de mi madre, Almendrita y otros cuentos. Mi primer libro me produjo un alivio asombroso, fue la revelación de un mundo, descubrí que existía otro mundo, más afín que el que me rodeaba, y que al mismo tiempo recogía a todos sus personajes terribles: madrastra, hermanastras, brujas y hadas, dragones y castigos despiadados, pero también transformaciones felices para el patito feo y la Cenicienta. Las palabras de ese y de los cuentos que le siguieron (Los Hermanos Grimm, Adalbert von Chamisso, Charles Perrault, Ras, Matilde , Fortún, Elena , IONESCU, Angela C., Beatrix Potter , los Cuentos Marujita-) su musicalidad y sus rimas se me quedaron grabadas, como la pastora de gansos que hablaba con la cabeza de su caballo muerto, colgada de una puerta: "Ay de mí, cabeza de Falada, que de la puerta estás colgada..." O que hacía soplar el viento para ahuyentar al pastor y poderse peinar tranquila: "Vuela vuela, viento alado y llévate el sombrero de Conrado, para que él vaya detrás, corre, corre y correrás..." O el humor despiadado de Pepe el tonto y otros tontos (un libro maravilloso que por desgracia ya no existe ni he podido encontrar. RBA compró editorial Molino y probablemente todo se destruyó, como sólo ocurre en este país, y tampoco pude encontrarlo en casa de mi madre, que acumula todo lo imaginable, pero se desprendió inexplicablemente de todos los cuentos): "Pepe el tonto fue a pescar/ con una gran coladera/ y se enfadó porque el agua/ se le caía por fuera..." O también en aquellos cuentos pequeños llenos de duendes con zapatos puntiagudos y grandes hebillas cuadradas en el cinturón, colección Marujita: "Madroño encantado, trabaja por mí, haz buenos pasteles, me fío de ti..." Por cierto que ayer una amiga me instigó a leer a Gregorio Morán en La Vanguardia, donde elogiaba a un escritor que yo no conocía. Como es su costumbre, Morán aprovechaba para arremeter contra unos cuantos, entre ellos Rafael Conte, pero no contaba con el azar o la justicia poética o quién sabe qué, porque en el Babelia de ayer, Rafael Conte defendía al mismo escritor, Ricardo Menéndez Salmón en Una (estética) huella alemana . ¿O acaso ambos lo sabían, por ese espionaje misterioso entre periódicos y suplementos? Yo suelo leer a Morán porque en un país donde nadie es libre de meterse con nadie y la crítica contra los famosos o reconocidos no existe (mientras los críticos silencian, ningunean o arremeten sin piedad contra los nuevos o poco conocidos, nadie se atreve con los consagrados), él sí que lo es. Algunos dicen que es resentido. Tal vez. Yo no siempre estoy de acuerdo con él, pero es una excepción a tener en cuenta.

4 comentarios:

cacho de pan dijo...

morán es una de las tres razones por las que compro la vanguardia los sabados; la otra es su pagina rosa sobre plantas, la tercera su suplemento teve...estoy contigo> morán se pasa y es absolutamente arbitrario, como todo el mundo, pero a lo bestia...
y este nuevo autor, tan aupadito...no sera otro producto muy bien promocionado? tu hablas mal, yo bien, y todos salimos ganando...
es que no creo en los reyes magos desde hace un monton de años, sobre todo cuando hay oro, incienso o mirra por medio

zbelnu dijo...

Pues no lo sé, no tengo ni idea, pero habrá que echarle un vistazo para saberlo...

Anónimo dijo...

Hagan caso a Morán. Lean La ofensa. Estamos ante un libro memorable.

zbelnu dijo...

El usuario anónimo! Quien avisa no es traidor