lunes, 19 de febrero de 2007

Compradores de libros

Con el orden que recomiendan para el Año Nuevo Chino, junté un centenar y pico de libros y hoy ha venido un librero de la calle Canuda a ver qué me daba. Enseguida ha empezado a decir que ahora se editaba demasiado y que todo era una porquería. Pero oiga, le he dicho yo: si Henry James, Jane Austen, António Lobo Antunes , Carlos Fuentes y ALBERTO BEVILACQUA son malos autores, entonces, ¿qué es para usted buena literatura? No me ha contestado. Enfadado con mis pobres libros y refunfuñando como un zapatero que hace años había en la calle Camp, que nos regañaba a todos por llevar los zapatos en aquel estado (y la gente se reía en la cola, "yo no sé por qué venimos", me confesó una señora una vez), ha declarado muy seguro que de esos cien, sólo quince serían vendibles y que me daba ciento veinte euros incluyendo los tres antiguos (que tal vez valgan algo). El hombre tiene que hacer su negocio y yo quiero que esos libros que yo ya no leeré, o que tengo repetidos, en ediciones originales sin traducir, puedan encontrar un destino mejor, así que he aceptado. Pero no me ha caído simpático. Podría haber dicho: sólo puedo pagarle esto, sin necesidad de despreciar a los pobres Henry James y Jane Austen. ¡Por un momento he considerado la posibilidad de enfurecerme por ellos! Yo tengo todos los libros que escribieron esos dos, en bonitas ediciones inglesas. O una traducción de Emily Dickinson-. ¿Cómo se atrevía ese hombre a desdeñar a la maravillosa Emily Dickinson? ¿Qué será para él alta literatura? ¿La catedral del mar? No, no, la alta literatura serán estos mismos libros cuando ocupen un estante de su librería...

13 comentarios:

el-ed dijo...

jajaja! eso si tiene un estante lo suficientemente alto, sino sólo acumulará libros de cabecera(debajo de su almohada, por supuesto)

zbelnu dijo...

Oh no, no quisiera que esos pobres librillos fuesen a parar bajo su fea cara! Eso me recuerda que de pequeña me regalaron un cochecito diminuto y como temía que me lo birlaran unos cuervos, me lo puse debajo de la almohada, ¡por la mañana estaba roto! El cochecito amarillo más fugaz de mi historia. Tal vez por eso nunca conduje.

el-ed dijo...

me dejaste pensando en eso del cochecito... en todas esas cosas que guardé debajo de mi almohada alguna vez... de chico coloqué unos dientes esperando monedas pero lo único que encontré al día siguiente fueron siempre esos mismos dientes... será por eso que no logro ser millonario!

zbelnu dijo...

Pero los dientes... tenían su mordiente! Quizás sólo era la lección del gran no-dios irónico, el team del Olimpo o tu otra voz que te decía, te decían: con esos dientes (con tus recursos de tiburón-artista, para morder la manzana) conseguirás tú mismo las monedas, y tendrán la forma que tú quieras darles...

ed dijo...

quizás era eso, sí... ya te diré cuando lluevan las monedas y yo cante sin paraguas!

zbelnu dijo...

Sobre todo, avísame! Me pondré cerca a recoger las monedas como los caramelos de Sant Medir que, por cierto, pasan por debajo de mi casa y siempre me despiertan y me hacen reír. Y con los que sobren después de comprarme un baúl volador (o alfombra mágica) que me salve de aeropuertos y controles, y un casa ciceroniana (es decir, con una biblioteca que dé a un jardín), haré pulseras y cinturones de monedas, que guardaré para los malos tiempos o para los de los carritos...

el-ed dijo...

te aviso y te paso un cheque, así no tienes que venir a recoger las monedas del suelo. Eres una dama y no podría permitirlo!

zbelnu dijo...

Ja ja, soñar es gratis, El-Ed! Mientras yo pidiendo becas para poder acabar mi libro, o tempora, o mores!

zbelnu dijo...

Y por otra parte, el librero no viene... yo que ya me estaba gastando el dinero...

el-ed dijo...

uh! eso pasa siempre! uno cuenta con ese dinero y empieza a gastar y después ese dinero tarda un poco en aparecer y nos damos cuenta que la heladera, los bolsillos y el estómago también se quedaron sin nada

zbelnu dijo...

Ahora cuando empiecen a caer las monedas se arreglará... Había un cuento de una chica algo alocada. Su madre le decía: Ve a ver las tortitas al horno que ya serán otras. Y ella pensaba: Si serán otras, puedo comerme éstas... Y ni corta ni perezosa, las engullía...

el-ed dijo...

así debe ser!

zbelnu dijo...

El librero desdeñoso llamó hoy: vendrá mañana por la mañana, con el dinero en efectivo, pero insistió otra vez: ¡No se olvide de incluir los tres libros antiguos! El muy malvado: es obvio que valen más de lo que él me paga... La gata Gilda se frota contra ellos con nostalgia...