viernes, 22 de junio de 2007

Soñar, tal vez dormir



Una extraña oleada de insomnio de origen aparentemente físico (hormonal, y por lo tanto, poderoso y capaz de burlar y sortear los efectos de todas las hierbas) me tiene secuestrada desde hace ya más de una semana. Sueño que duermo, pero no lo logro realmente. Me despierto varias veces en la noche y aunque no tardo tanto en volver a las regiones de Morfeo, ya nunca es suficiente. De día, me mareo terriblemente al cambiar de posición, y aunque por las mañanas mis baterías parecen mágicamente cargadas, el cansancio me invade después de comer y ya no me abandona.

Mi amigo escritor serbio me recomienda que duerma con mi gata. Podría ser que sus vibraciones, esas ondas expansivas de ensoñación y sopor gatuno fueran contagiosas. Chissà.

O tal vez podría hacer caso a Paul Éluard:

et, comme aux temps anciens, tu
pourrais dormir dans la mer.

Podría dejar que me durmieran los poetas, echarme al sofá con un montón de libros que hablasen de dormir, taparme con ellos, dejarme envolver por sus palabras de bosques y mares donde se duerme, recuerdo fragmentos. T.S.Eliot escribía:

Whispers and small laughter between leaves and hurrying feet

Under sleep, where all the waters meet.

Más de una vez he pensado que yo usaba los libros así, como el tío Gilito se revolcaba en su dinero, quitándose el albornoz y zambulléndose como en una piscina, tal vez lo mío sea similar...

jueves, 21 de junio de 2007

El síndrome del solsticio

Otra vieja foto de mis 18, cuando empezó la maldición del solsticio (la fotógrafa era Malicia Núñez).

Hay una especie de maleficio melancólico y desesperado que sigue funcionando para mí en la celebración de ese solsticio de verano, algo que empezó hace mucho tiempo y no se acaba de curar, como las viejas cicatrices que duelen con el cambio de estación. Los cohetes que estallan en el cielo, la idea de las verbenas me despiertan siempre el deseo de salir corriendo, de huir, de hacer algo radical. En esa fecha cambié de vida hace ya siglos y cada año se renueva la inquietud. No puedo salir indemne de esa hoguera simbólica donde aún se quema algo mío, en un rito que no puedo controlar. He intentado enfocarlo de otras maneras, ir al cine, incluso pasarme esa noche (atada) traduciendo entre petardos (la terraza se llena de ellos y es casi imposible dormir) y hablando por teléfono con otra traductora. Una vez pasé esa víspera en una ambulancia, acompañando a alguien. Mi padre se ponía tapones en los oídos y organizaba un picnic nocturno, lejos de la bahía, en Cadaqués, aún recuerdo las noctilucas brillando en el agua y su frase: "A partir de ahora, si queréis decirme algo, que sea por señas o por escrito..."
Muchas cosas buenas han empezado y acabado en esa fecha para mí. He escrito dos cuentos con ese material, pero sigo sin resolverlo. Este año, mi dolorosa falta de tiempo, las urgencias, mi ruina no ayudan a la escapada, pero intensifican el deseo de desaparecer, aunque no en avión (han logrado que deteste los aeropuertos, con sus controles policiales), sino en alfombra voladora, en cofre volador, como el cuento de Andersen, o por lo menos en tren.
Más tarde añado un micropoema de Maria Mercè Marçal que he encontrado buscando otra cosa:
Llenço el teu nom als peixos,
Mai, perquè el trobin
fet carn i sal i aigua
els meus hams de demà.

miércoles, 20 de junio de 2007

En La Vanguardia Culturas

Foto: I.N., Pristina, Kosovo

Sale hoy mi pieza sobre el Kosovo literario, que pueden leer en mi otro blog, donde guardo mis artículos de memoria histórica (estuve a punto de decir histérica, tal vez porque soy consciente de mi obsesión por la memoria, que sufren los que visitan este espacio).

Anoche fui a tomar jamón y vino con un amigo fotógrafo, que quería presentarme a dos franceses de France Culture. A pesar del nefasto Sarko, sigo envidiándoles su panorama cultural. Ella es documentalista y él hace emisiones monográficas de una hora y media en esa radio, la próxima trataba de Shi Tao, ese pintor monacal del XVII, que firmaba como calabaza amarga y del que hablaba justamente V hace pocos días en su sugestivo blog. Shi Tao, aristócrata de la dinastía Ming, se salvó de la matanza de los manchúes recogido por unos monjes. En el convento aprendió caligrafía y pintura china y descubrió su talento, y aunque vivió en un régimen mixto entre lo monacal y la vida libre, acabó retirado en un monte pintando la naturaleza.

Apasionados del flamenco, los amigos franceses salían emocionados de ver a José Mercé, pero tuvimos una civilizada discusión sobre tauromaquia, porque habían estado en la corrida, cuya crueldad aborda Cachodepan en su blog, y mi intención es mandarles esas fotos tan duras (a estos lectores de Montherlant, Leiris, Bataille e tutti quanti), que reconocieron con todo la brutalidad del único espectáculo que implica y protagoniza la muerte.

Eso sí, no pude convencerles de que Barcelona no es una ciudad culta, que no preserva sino que destruye su patrimonio. Y es que la visión de la ciudad cambia mucho en cuatro días, corriendo entre museos, conciertos y lugares escogidos.

lunes, 18 de junio de 2007

Monday bloody Monday

Ilustración: viñetas de Calvin y Hobbes escandalizados por la tala de árboles, que me manda un periodista de La Vanguardia.
Ayer bajé al Eixample a un brunch muy agradable con amigos, que empezó Enric Granados abajo, en un entorno ajardinado y tranquilo, y acabó prolongándose en La Valenciana, entre frivolidad y lenguaje psicoanalítico, una combinación maravillosa para mi gusto, muy curativa para mis batallas perdidas por salvar árboles.
Mientras bajaba Muntaner andando en el ritmo silencioso y sin tráfico del domingo, decidí posar la mirada sólo en las casas bonitas y los árboles que me gustaran, esquivando completamente lo feo y terrible; y aunque lo hice por capricho, acabó resultando terapéutico.
Estaba pensando que me resulta muy difícil luchar contra la lentitud de los fines de semana: es una especie de rebelión interna. Ya que sigo trabajando, la diferencia es hacerlo mucho más despacio, de tal modo que las mañanas se pierden en pura ociosidad de desayuno, teléfono en el sofá, periódicos, algún café con amigos... y sólo después de comer logro ponerme a escribir algo, en el caso de ayer un prólogo a un libro balcánico que acabo de traducir. No logré ver las películas que tenía que ver para el Projecte de Memòria històrica, pero lo haré en esta semana sin falta. Antes que nada, espero resolver ese misterioso insomnio que me ha atacado desde hace una semana; algo me despierta como una voz baja que me llamara y luego me cuesta conciliar el sueño. La acumulación de esas noches insuficientes me conduce a un estado de agotamiento peligroso para mi ánimo.
Hoy he hablado con una periodista de l'Avui que escribirá un artículo sobre nuestro ginjoler.
Mientras corrijo unos textos terriblemente escritos de arquitectos arrogantes, artífices de la transformación de la ciudad, siento deseos de enviarles las dos fotos, la de la casa del azufaifo, al lado de la espantosa imagen del edificio que los de Supportis piensan construir en Arimón/Berlinès, en el lugar donde antes estaba la bonita casa del azufaifo. Esos arquitectos elogian lo que se ha hecho y se hace en Barcelona y comentan las reacciones de los vecinos ignorantes y retrógrados, que no pueden comprender sus intervenciones, y se asombran de que antes fuese tan fácil derribar y ahora enseguida, la gente ponga el grito en el cielo. En un momento dado, uno de esos arquitectos, hablando del Fòrum, considera que esa zona reunía desechos, lugares de los que la ciudad quería liberarse, y en la misma lista pone la depuradora, la incineradora y el lugar de los fusilamientos del Camp de la Bota. Es curioso que alguien pueda pensar y escribir que ese lugar de la memoria es algo que la ciudad desea olvidar, algo comparable a la incineradora y la depuradora. ¿Qué ciudad desea olvidar su historia?
Y ahora me permitiré ser errática y digresiva o unir las cosas sólo por un hilo obsesivo, ahora que me he convertido en defensora de un árbol (ya que no escribo la columna que propuse y esto es sólo un cuaderno abierto a quien quiera leerme). Una vez, hace muchos años, íbamos andando por un bosque y yo le conté a mi ex cuñado escritor que Freud, citando a Schopenhauer, decía que las relaciones humanas podían escenificarse como dos erizos en una cueva. El frío les obliga a juntarse para soportar el frío, pero si se juntan demasiado, se pinchan. A él le gustó tanto la idea que hizo una marca en el tronco de un árbol para rememorar la revelación.

sábado, 16 de junio de 2007

Sábado gris


Foto: Felice Beato, Yakuza, 1825.
(He cambiado la foto a petición de Ninca, a quien la anterior imagen revolvía las entrañas).

En medio de esta mañana opaca de sábado, en que el silencio y los pájaros del barrio han sido reemplazados por los gemidos de las grúas y una nube de polvo tan densa que cubre la terraza y a mi gata y entra en la casa a pesar de todas mis resistencias, me ha llamado mi vecino para avisarme de que estaban destruyendo el azufaifo. Vestidos con una especie de monos blancos y máscaras, en una imitación cutre de lo que se veía en X Files, han metido el bulldozer con el pretexto de cortar la hiedra, y probablemente estén dañando o cortando ya las raíces de nuestro árbol. Supportis no está para bromas de trasplantes (tendrían que esperar a septiembre-octubre para ese simulacro). En el fondo, ellos también saben que esa política mayoliana de Parcs i Jardins es una ficción de consolación para ingenuos, porque los árboles trasplantados mueren enseguida. Eso, si los trasplantan. En la antigua Escuela de Puericultura, tan magnificada en la propaganda socialista del barrio como Jardins de Vil·la Florida, desaparecieron árboles magníficos para siempre ("renovació de l'arbrat", lo llaman, además de estropear la magnífica casa con una reforma discutible y un suelo barato y feo). Cuando entré en esos jardines y vi que habían convertido el bosque inglés salvaje en una especie de cursi jardincillo minimalista, en fin... Y aún hay que dar gracias de que el ajuntament nos regale un espai verd, mientras permiten que arranquen todos los árboles centenarios...


He llamado a la Guàrdia Urbana, y a Ninca, y ahí estaban grupos de vecinos horrorizados, los tenderos que nos apoyan, yo llevaba el documento del ajuntament diciendo que hasta septiembre-octubre no se puede trasplantar ese árbol, etc. Quelle horreur.


He tenido que dejarme el té chino en la tetera, ducharme y bajar corriendo.


Y me he olvidado la cámara, así que no puedo enseñar el espectáculo sorprendente, la hermosura del azufaifo extendido rodeado de destrozos, ruinas, polvo y esos hombres como gusanos blancos trepando y desprendiendo amianto contaminado de la pared de uralita. Cómo destrozan nuestro mundo, como nuestra cultura se desmorona tragada por la fealdad. Todo lo que nunca podría comprender mi interlocutor fallido, que ridiculizó esta resistencia nuestra, y cuya esposa, no por casualidad, trabaja con Imma Mayol.


Pero cuando vuelva mi vecino, colgaré sus fotos. Documento de la destrucción. Mientras, no hay más que mirar en la web de la cons(des)tructora el espantoso proyecto que van a imponernos en nuestra pobre pequeña calle: pero cuidado porque una contemplación prolongada del proyecto ampliado no es impune y obligaría a acudir a los antidepresivos. El edificio es tan espantosamente feo que dudo si poner directamente la foto en estos blogs, sobre todo contrapuesta a la belleza de la casa sombreada que ya han destruido. Para rematar, dicen del proyecto: "DESCRIPCIÓN: Construcción de un edificio de 6 viviendas triplex y 14 plazas de aparcamiento en la calle Arimón, 7 de Barcelona.SUPERFICIE: 1.351 m2. Qué espanto. Si sabemos que han pagado oficialmente tres millones y fu de euros por esa propiedad y venden cada uno de esos catorce pisos a un millón y fu cada uno, y construyen con un arquitecto técnico sin nombre, podemos imaginar lo que ganan por destruir nuestro paisaje y nuestra calma, dejando aparte las 14 plazas de parking. La pregunta es: ¿Cuánto gana el ayuntamiento por autorizarlo?


Hablo con una amiga tan independiente que no soporta contraer ninguna deuda, por pequeña que sea, y me hace pensar en los Yakuza (no sé si alguien recordará la película de Sydney Pollack y Robert Mitchum), sobre esa mafia japonesa de guerreros tatuados, con legado o mitología samurai, que están obligados a pagar sus deudas, si hace falta cortándose el dedo meñique para eliminar el desequilibrio. Como la hospitalidad (y lo antihospitalario) y el agradecimiento son los grandes temas de mi anónima y pequeña vida (aunque hoy me siento Matusalem, j'ai plus de souvenirs que si j'avais mil ans), siempre cito esa historia, así que voy a buscar la película para refrescar mis fuentes.



Unas horas después, los obreros y las grúas se han desvanecido, el mirlo canta a toda potencia en el único ciprés del patio de manzana desierto, la gata vuelve a dormitar en la terracita sur, y mientras trabajo, puedo imaginar que el viejo mundo aún existe aquí y que si salgo a la terraza o al salir de casa encontraré el paisaje de antes.



jueves, 14 de junio de 2007

Abandono fugaz

Entre mi ya crónica falta de tiempo y el asunto del azufaifo/ginjoler -furia simbólica, espacio de resistencia, batalla perdida y su estela de tristeza- trasladado al blog Polis, tengo abandonado este blog, aunque mi cabeza sigue llena de pensamientos que deberían posarse aquí.
He leído una entrevista a Terry Gillian en La Contra y me he sentido afín en muchas cosas.
De pequeño, mi hijo pensaba que todas las cosas interesantes las hacíamos cuando él no estaba (el simbolismo freudiano era justo) y una vez, cuando él pasaba unas vacaciones con su primo en Galicia, me dijo: "Segur que fins i tot heu anat al Tibidabo". A mí me pasa algo similar con La Contra. Según me cuentan, tengo la impresión de que las mejores entrevistas parecen publicarse los días que yo estoy fuera o no compro La Vanguardia. Hoy la he leído mientras comía, en un pequeño café que hay en Muntaner, donde unos franceses hacen quiches caseras, zumos naturales y brownies con buena materia prima. Y ha sido una excepción. Las cosas que dice Terry Gillian: Intentar ser libre, conectar con la infancia (¿y qué ocurre cuando la infancia fue una tortura, cuando no se pudo apenas jugar, cuando la cobardía de unos adultos y la violencia de los otros dominaron casi todo, y el silencio y la desigualdad fueron la única herencia, exceptuando sólo mi conexión precoz con el paisaje y el mundo maravilloso de los libros?. Lo que ocurre es l clave del bloqueo. Sigo repitiéndome, siempre dando vueltas en torno al mismo ensimismamiento), crear espacios de resistencia, ser crítico, usar la imaginación, valorar lo que se tiene. Y su visión crítica de la gente drogándose con drogas legales o ilegales y refugiándose en hypods mientras dejamos que unos pocos nos estafen, manipulen y limiten.
Y volviendo a mi resistencia contra la política municipal de regalar la ciudad sin poner límites al mercado más mafioso, Eugeni Madueño me manda, vía un amigo común, unos escritos del desaparecido Huertas Clavería en La Vanguardia, en su sección “Pasaje de los ciudadanos”, donde cuenta que el azufaifo o ginjoler (otro de los tres ejemplares que había en Barcelona, y hablo en pasado porque el nuestro tiene los días contados, aunque si lo hubieran dejado en su sitio tenía una expectativa de vida de 70 u 80 años) era el árbol preferido del alcalde que reinició la degradación de esta ciudad.
Copio aquí sus dos comentarios:

Lunes 10 junio 2002
El árbol favorito del alcalde Clos
El árbol predilecto del alcalde de Barcelona, Joan Clos, es un azufaifo –en catalán “ginjoler”– que se encuentra junto al palacete Albéniz. El “ginjoler” da unos pequeños frutos precisamente en esta época del año. Teniendo en cuenta la devoción de Clos por este árbol, muy propio de Montjuïc, sería oportuno plantar uno junto a la Universitat Pompeu Fabra, en la Rambla, ya que su ampliación supuso la desaparición de la calle Gínjol. Sería una forma de recordar que existió. La citada calle era conocida sobre todo por los amantes de la noche, puesto que allí se encontraba La Buena Sombra, un célebre local de diversión. Así, la frase hecha “estar més content que un gínjol” gozaría de mayor justificación.

22 noviembre 2002
Llega el “gínjol” a la Pompeu Fabra
El 3 de diciembre, el alcalde Joan Clos inaugurará un “gínjol” (azufaifo), su árbol predilecto, en un rincón junto a la Pompeu Fabra, a dos pasos de la Rambla de Barcelona. El “gínjol” es un obsequio de Jaume Pagés, el hombre fuerte del Fòrum de les Cultures. La razón de instalarlo en ese lugar es recordar que durante muchos años existió una calle llamada del Gínjol, que desapareció cuando se construyó el nuevo edificio de la Pompeu Fabra.
Josep Maria Huertas Clavería.
En cuanto a la ilustración, se la debo a Eduardo Martín de Pozuelo, pues mi batalla por el azufaifo le hizo pensar en que Calvin y Hobbes llevan unos cuantos días desesperados por la tala de árboles. Y es que en su mundo se cuela la fealdad que está devorando el nuestro. Lástima que no logro ampliarla...
Además de los periodistas conocidos que me consuelan con sus sugerencias, están los amigos. Uno me cuenta batallas suyas similares (contra un campo de golf en L'Escala!), otro me propone que plante un azufaifo con los frutos de éste, otra descifra los jeroglíficos de mi existencia cotidiana por teléfono, en tiempo récord.
Visitad el blog de Amics Arbres... Arbres Amics para ver al ginjoler... cada vez más amenazado.
Pero vamos a presentar demanda a Patrimoni de la Generalitat.

lunes, 11 de junio de 2007

Cine, historia, lágrimas, árbol y lectores

Como no tengo imágenes de la película, pongo otra de esas viejas fotos mías, que me sirve para expresar algo melancólico sobre la pérdida y encaja con lo que quiero contar. Diría que la fotógrafa era A. N. Yo tenía entonces 18 años, la edad que ahora tiene mi hijo.

Anoche vi una película que me sobrecogió. Elena Vilallonga fue la primera en hablarme de HH y luego Pere Albero, cuando supo de mi libro balcánico me recomendó Good Husband, Dear Son, y me ayudó a localizarla en una distribuidora francesa, que sólo la tenía en VHS. Aproveché que estaba aquí mi amigo serbio y la vimos juntos, en un reproductor de vídeo obsoleto.

Exceptuando el personaje del principio, que no parece formar parte de la historia, Good Husband, Dear Son muestra a los supervivientes de una masacre en el pueblo bosnio de Ahatovići, que hablan de la vida a través de la muerte, de su pérdida, nos explican sintéticamente cómo eran esos muertos, por qué les querían o cómo era su relación, pero muestran su emoción con una contención dulce, como si una especie de cortesía o de consideración con su interlocutor les dominara a la hora de exponer ese dolor que les acompaña y forma parte de sus gestos, oculto en su vitalidad reconstructora.

Hay una extrañeza poética, simbólica, de escenificación teatral en su traslación a los objetos, tan reducidos, que les han quedado de sus muertos (les quemaron las casas y lo han perdido casi todo), y queda un reloj que se paró en la hora de su muerte, una camiseta del hijo en el campo de concentración, lavada y remendada, el marco de madera de una ventana construida por otro el marido, las herramientas del hermano. La forma dolorosa en que acarician esos objetos porque no les queda nada más...A veces incluso escenificando, como si así pudieran revivirles, usando las herramientas como él lo hacía, abrazando la camiseta...

(Excepto ese primer personaje) no mencionan a quienes lo hicieron, sólo una vez a un serbio que les ayudó. No parecen pensar en la crueldad ni en la violencia, sólo en el amor que perdieron, y parecen transfigurados por ese mismo sentimiento, llenos de él pese a todo, filósofos rurales...

La mujer que cuenta, con una asombrosa quietud, llena de nostalgia, de ingenuidad y de sonrisas que casi piden perdón, el amor físico con su marido, abrazando su foto. O el viejo, con su barbilla destrozada, que cantaba en las bodas de todos y no ha vuelto a cantar, que recorre con nosotros el cementerio y acaricia cada tumba (los pilotes blancos musulmanes) como si palmeara la espalda de esos seres queridos y va diciendo: Éste es mi hijo mayor, Eldin, le gustaba salir de noche... Éste es mi hermano mayor, Ozren, daba muy buenos consejos... Y tras nombrarlos y acariciarlos a todos, revelando siempre una característica o un deseo de cada uno, llega al final del cementerio y ya en off dice que al recorrer ese camposanto le parece estar en una boda, porque él cantó en las bodas de todos ellos.

Creo que es la película más impresionante, sobria y poética que he visto sobre la guerra de los Balcanes. Heddy Honigmann es una documentalista peruana (Lima, 1951), que vive en Ámsterdam, y a mí sólo me queda buscar el resto de su filmografía. Y sobreponerme a la resaca emocional que nos invadió viéndola y que ha dejado en mí una estela poderosa, una tristeza, un enorme silencio.

Hasta tal punto que me ha consolado corregir unos textos donde se describen las estrategias animales aplicadas a la arquitectura. Y comer con amigos traductores que pasaban fugazmente por la ciudad. Y tomar café con amigos argentinos.
Mientras, la campaña por nuestro azufaifo sigue generando firmas (ya tenemos 200, sobre todo gracias al esfuerzo de Ninca) y apoyos y negociaciones (y descubrimientos). Por alguna extraña razón, nos hemos ganado la agresividad de los que trabajaban en la destrucción del edificio. Y por otra parte, en el blog Arbres amics hablan de nuestro árbol. Últimas noticias en el blog POLIS.
Y una última cosa: ayer puse unos contadores en estos blogs, animada por la desaprobación agresiva de mi interlocutor fallido ("no me extraña que no sepas nada de Yugoslavia, decía él, deberías leer mis links"), yo me preguntaba quién pasaba por aquí, quién me leería, si existirían esos lectores silenciosos, que no dejan rastros escritos. De ayer a hoy he visto más de 500 y me ha impresionado. Tal vez fuese el domingo. Tal vez la cita (sin dirección) de Enrique Vila-Matas en El País. Tal vez una casualidad.
He pasado a ver al librero de la calle Berlinès, que ha firmado para proteger al azufaifo, y allí, una profesora, al oír hablar de nuestro árbol ya conocido, me ha reconocido y ha dicho que era lectora de mi blog desde que me oyó hablar en el Any Freud. Y yo quiero dar las gracias a todos esos lectores, que me prestan su compañía invisible y silenciosa y dan sentido a estos diarios abiertos, mediante un aparato contador.

domingo, 10 de junio de 2007

En El País

Foto: Sello de Georgia O'Keeffe (en otros países emiten sellos bonitos, no como en éste)

En su Dietario voluble, Enrique Vila-Matas escribe El fin de Barcelona, un artículo brillante inspirado en nuestro azufaifo y otros árboles que caen en esta pobre ciudad, bajo las excavadoras autorizadas por unos políticos que no trabajan para nosotros, sino para el puro mercado.
Debería leerlo mucha gente, incluso mi interlocutor fallido de Polis (aunque él tal vez sea impermeable, con su imagen de una ciudad que mejora día a día y sus visiones de soldados nazis amantes de la naturaleza y representantes del humanismo), deberían leerlo los responsables de esta política inmobiliaria, aunque no les importe (Toma el dinero y corre, parece su lema en estas cuestiones), tal vez así podrían empezar a ver que algunos, cada vez más, estamos descontentos, furiosos, desesperados con la ciudad que están dejando.
Y los que lean el texto de EVM, tal vez visiten el interesante blog sinólogo-lacaniano de V.
Me voy a la calle a comprar El País. Luego seguiré este post.
Plus tard...
Lo cierto es que hoy he tenido una pesadilla inquietante y he pasado la mañana regañándome a mí misma por mis errores de anoche. "Ah, si tu superyó se ha levantado con mal pie, malament", me dice Lydia O., que no tiene nunca pesadillas (y es autora entre otras cosas del texto y la selección de un libro insólito de Cecil Beaton, ya comentado aquí, meses ha) con su humor habitual. Hasta que me ha llegado el primer mensaje de un lector vilamatiano del País. Y eso me ha cambiado el humor.
Eso sí, acabo de pasar cerca del azufaifo, que reina en todo su esplendor en medio de un desierto de escombros, ahora ya sin casa, y el dolor de la casa perdida, y la fealdad revelada por su vacío (otras obras, otras destrucciones), me ha asaltado agudamente. Bajaré con la cámara cuando me recupere. Por cierto que Antoni Clapés, editor de mi plaquette, me envía una foto del azufaifo, hecha ayer por la tarde, con el móvil, como homenaje a mi obstinación arbórea. Intentaré ponerla aquí...
Coincido con Jodorowski en que la falta de belleza es lo que nos enferma. Aunque también creo que la belleza tiene sus excesos y riesgos. He questioned softly "Why I failed"? "For Beauty", I replied --, decía aquel poema de Emily Dickinson que me he aprendido de memoria sin querer (ninguna traducción me convence)... esa atmósfera de dos que se encuentran en sus tumbas y se preguntan por qué murieron, uno por la belleza, otro por la verdad, y así se descubren hermanos, y hablan y hablan hasta que el musgo les cubre los labios y borra sus nombres). Yo también caí una vez por la belleza, y el deslumbramiento se prolongó durante años, sin querer ver los agujeros, poniendo parches mágicos para taparlos, hasta que la red cedió y caí de nuevo al bosque.
Me pregunto (o es mi superyó de esta mañana) si tanta contradicción de pensamientos sumará cero. No me pregunto qué diría mi interlocutor fallido, ahora ya convertido en personaje de mi blog, gracias a mi irritación de ayer, y a que la orografía de mis estados de ánimo (o la definitiva sinrazón de mi reivindicación del humanismo y la defensa de uno de esos árboles que a él le sobran en Barcelona) se ha apropiado de su aparición para mi divertimento inocente, integrándose en mi cáustico diálogo con mi superyó matinal). Al fin y al cabo, le he inmortalizado aquí (y no agresivamente y tratando de ridiculizar incluso mi nombre, como ha hecho él), aunque le haya borrado de mi espacio en Polis. Me faltaba descubrir que en el mundo de los blogs también hay gente agresiva porque sí, personajes que sólo buscan a alguien contra quien desahogar su frustración, lo cual me devuelve a la banalidad del mal.

viernes, 8 de junio de 2007

De amigos y complicidades


Algunos amigos pasan por aquí y se ofrecen a firmar contra la muerte del azufaifo. Ninca dejó un cartel en mi portería y he visto con sorpresa las firmas de mis vecinos. Ayer, dos guapas expertas de una tienda dietética de precisión, donde compro algunas hierbas especiales (siempre soñando con el brujo chino de Alice), me ofrecieron quedarse un escrito para que la gente firmase y hoy una de ellas, al enseñarme las firmas, me ha dicho: "Yo no lo hago sólo por el árbol, sobre todo lo hago por ti, porque con ese gesto mereces que todos te apoyemos". Y yo, sumida por el insomnio de ayer en un estado de peligrosa vulnerabilidad, he notado un leve temblor en las pestañas, pero me he ido de allí con ganas de cantar el aria de la reina de la noche.
Ayer apareció una amiga que vive lejos: quiso visitarme para firmar y trajo unos brownies caseros y otras maravillas para celebrar (aun sin tiempo) la supervivencia del azufaifo, o por lo menos, nuestra tentativa firme, con mucho té de gengibre e intrincada conversación, aunque fuese fugaz, mientras mi huésped balcánico dormía.
Hoy, al volver de comer en un chino cantonés helado de vainilla con gengibre!), contuve el aliento bajo el calor al ver la casa destrozada, ya caída, destapando feamente la obra de al lado y la otra, que compiten en su fabricación de polvo y ruido y escombros, y sólo me alivió cerciorarme de la valla protectora que al fin preserva nuestro árbol de los escombros. Cuando se marchan los obreros, el mirlo vuelve a cantar para mí y la gata descansa del polvo.
Plus tard, uno de mis vecinos amigos me ha traído una película de Lacan que empieza diciendo, en su tono vehemente y teatral, Je dis toujours la verité! Cuando la vea, lo contaré aquí... Y después ha llegado otro vecino amigo y se ha llevado formularios de firmas para actores y directores que defiendan nuestro árbol...
Esta capotiana Audrey Hepburn (una Holly Golightly inspirada en la actriz Carol Grace, entonces pareja del escritor William Saroyan) de la foto me recuerda mucho a la guapa amiga radiante que no me dejó pagar la comida china.

jueves, 7 de junio de 2007

More about our Jujube tree


Foto: Isaïes Fanlo.
No podía resistir la tentación de poner aquí esta foto. Tal vez la destrucción de la belleza sea menos terrible en blanco y negro. O tal vez sea simplemente el talento del fotógrafo (aunque no coincido con él en su elogio de Mitoraj). Hace calor y el ruido de las obras me envuelve como un cinturón opresivo, asfixiante, que se une a mi transitoria (espero) ruina, a la falta de tiempo y la urgencia de todos los trabajos de traducción que no me permiten escribir, ni leer, pero tampoco sirven para pagar las facturas. Mi vecino me ha llamado esta mañana para avisarme de que oía una sierra mecánica en el antiguo jardín del azufaifo. Oigo también caer los escombros con gran estrépito y me pregunto si habrá ido la guardia urbana a ordenar a los trabajadores que protejan el árbol. Unos comerciantes peleteros (!), encantadores y amantes de los árboles, apoyan nuestra campaña.
El breve intercambio con el encargado o capataz de los ejecutores de la destrucción de la casa no permite albergar muchas esperanzas. Parecía desdeñoso y desafiante o tal vez contento de ejercer un poder destructor que le compensara de otras frustraciones, o para dar rienda suelta a sus instintos. Yo, que recién había corregido mi traducción sobre los criminales de guerra balcánicos no puedo evitar pensar en la banalidad del mal y en imaginar cómo algunos vecinos y gente "normal" se convertirían en perpetradores en una situación de guerra, aunque sólo fuera para aliviar su legítima desesperación, desviándola de sus verdaderos causantes.
Parece ser que en este país, el negocio de la construcción (sin límites legales) se ha convertido en la salida del dinero negro de la mafia napolitana y siciliana, lo cuenta el escritor Roberto Saviano, perseguido por esas organizaciones.
Hay días en que el reverso oscuro del mundo parece más terrible o más difícil de soportar. No sé si es la luz o el calor sucio o las obras omnipresentes (que no dejan olvidar esa tendencia a arrebatarnos toda sombra, toda frescura donde refugiarnos) o la repentina invasión a traición de un recuerdo espinoso (por la vía de un dolor físico), pero ni siquiera las visitas de los amigos o la música logran aliviar mi malestar, seguramente pasajero, como suele ser.
(Plus tard...) Y es. Otra vez los cambios de luz, o el descubrimiento de un deseo de escritura bajo la maraña de traducción, la reducción del calor, o los restos fisicos de una celebración gozosa robada al tiempo me cambian la percepción de las cosas y me hacen sentir energética y feliz pese a todo. La ruina exige paciencia. El trabajo, cierta voluntad tenaz. La escritura, tiempo que no tengo, pero que encontraré, por la pura fuerza de las cosas, en dos semanas más. Ya no oigo las obras, sólo la música que he puesto para restaurarme.

He ido

a ver a Judith Butler al Centre Francesca Bonnemaison, gracias a J. y a B., amigos que me recordaron que venía. Me ha gustado su nervio discursivo, su humor, su posicionamiento tan de izquierdas y tan crítico con la política antiterrorista y norteamericana en general y en la historia. Me interesa también su punto de vista en la discusión sobre la ausencia del padre o el modelo familiar tradicional, yo disentía de esa tendencia de ciertos psicoanalistas franceses que intentan apoyar el modelo patriarcal con la teoría o el mito edípico, etc. Ella es más sugerente. Lo único es que su discurso, respecto a sus textos, parecía algo trivializado allí, o quizá con menos matices, o dando prioridad sólo a lo político. Tal vez en el seminario del Macba se pueda llegar a más honduras, pero yo no tendré ocasión. Mi falta de tiempo es ya aguda...
Al pasar por Via Laietana rondaba el helicóptero y muchas luces azules. Me han dicho que había pasado una manifestación en apoyo a los "mossos", quel horreur. Ya estaba yo notando algo molesto de tener que pasar cerca de aquella comisaría del horror que para mí sigue irradiando viejos sufrimientos.
No me he olvidado del azufaifo, he puesto aquí las últimas noticias. Estoy esperando a que algún medio nos haga caso. Mientras, se siguen sumando apoyos.
Últimamente mis dos blogs se contaminan y confunden uno al otro. No sé si podré mantenerlos separados o si por el contrario, éste es un estado pasajero. O tal vez es demasiado tarde ya para seguir blogueando. Me retiro.

miércoles, 6 de junio de 2007

El ruido de las obras

Foto: I.N. "L'escaletta è ajustata", Cadaqués, 2007
Un auténtico estrépito alrededor de mi casa me impide olvidar todo lo que están destruyendo. La pobre gata se refugia del ruido y del polvo en su caseta perruna, olvidando sol, moscas y lagartijas de verano.
El azufaifo sale en un blog especializado en salvar árboles de la ciudad, o más bien en denunciar los que van cayendo sin que nadie proteste. Pueden verse fotos de las obras y del bonito azufaifo amenazado. En ese blog señalan la indiferencia de Imma Mayol (presidenta de Parcs i Jardins) y sus "verds" (que deberían llamarse grocs).
Una amiga me anuncia que el colegio que había junto a la casa del azufaifo, un edificio antiguo con un par de bonitas palmeras, l'Escola Sant Gregori (de donde ya cayó un sauce inmenso años ha), se traslada, lo cual supone la amenaza inminente de otro horror. ¿Dónde nos refugiaremos? Esta ciudad va cayendo rápidamente y pronto será irreconocible. Y era bien bonita...
Recuerdo una expedición a Pineda, a ver la Fundació Tharrats. Nos perdimos y entramos en el espantoso barrio que rodea al pueblo de antes, un lugar tan feo que sobrecoge, pero de esos que ahora lo invaden todo. Cuando al fin logramos salir, a pesar de la falta de indicaciones, Àngel V. dijo, en su tono tan convincente: "Sort que hem sortit... M'estava agafant una depressió... I després em costa molts dies recuperar-me". Él atribuía su sensibilidad a su edad, pero yo me siento igual. En ese momento ya pensé en el mundo como un lugar horrible y sin sombra de árboles donde refugiarse. Por cierto que en aquel museo, una recepcionista nos dio un folleto para que pudiéramos asistir a "24 hores de cultura!", algo que a ella le parecía maravilloso pero que recordaba más bien a una gincana o una fiesta escolar con carreras de sacos, horrible música a todo volumen y megáfonos. Pese a la magnífica selección de carteles, portadas de libros y cuadros de la primera época de Tharrats que habíamos visto allí, el folleto aquel y su entusiasta defensora encajaban bien con la fealdad constructiva que ahora rodea a Pineda.
Alguien me dijo que no se puede volver a ningún sitio, porque el mundo se va estropeando muchísimo, y al menos, hay lugares que ves por primera vez, y sin la sensación espinosa de lo perdido, de todo lo destruido, no decepcionan.
No tengo tiempo ni de pestañear. Sueño con la beca que me permitiese acabar mi libro balcánico y volver a ser persona, escribir, leer. Y con un rapto siciliano. (La foto es sólo un resto de mi fin de semana.)

lunes, 4 de junio de 2007

Vuelta


Desde la terraza de la casa que me acogía y que tanto me gusta se ve la furia constructora que devora la montaña y amenaza el paisaje, pero también los restos de belleza de Cadaqués y los cambios luminosos del mar, los gatos ociosos, la invasión de las buganvillas y el verde. No he fotografiado a mis árboles favoritos, los que siempre intentaba abrazar de pequeña y que siguen milagrosamente en pie. Ahora los veía de otra manera, aún más cerca, porque mi campaña por el ginjoler me ha situado en otro lugar, aún más apasionadamente arbóreo.
Sigo y seguiré sepultada bajo una montaña de trabajo urgente, y en medio de la imposibilidad lacaniana de todo, imagino salidas y meandros felices. En Cadaqués conseguí trabajar poco, mucho menos de lo que debía, pero tuve la suerte de maravillosas conversaciones y una cena argentina bajo los árboles, y dos veces me bañé en el agua helada sintiéndome casi heroica.
Hoy ha salido mi carta en La Vanguardia, que ahora copiaré en Polis. Es algo derrotista, porque la escribí antes de saber que Parcs i Jardins y el Ajuntament de Barcelona nos daban la razón. Pero la han elegido para el recuadro central.
Algunos escritores ilustres vecinos y ex vecinos, además de artistas y emprendedores, se han ofrecido a firmar contra la destrucción del árbol. La campaña sigue en pie. Uno de ellos me dice que en su barrio van a tirar la última palmera y acaba su mensaje con un "¡Viva el ginjoler!"

viernes, 1 de junio de 2007

Last Minute News Noticias de última hora

Me llamaron de El País Barcelona, parece que nuestra lucha por salvar el azufaifo va a salir (en casa del herrero... aún no me contestaron de La Vanguardia), ellos llamaron al Ajuntament y allí les dijeron que la empresa constructora ya no tiene licencia para construir, porque no notificaron la existencia del árbol protegido y pobres de ellos si se atreven a tocarlo.
Me voy a Cadaqués con el corazón encogido: si alguien pasa por Arimón 7 y ve que tocan el azufaifo, que llame a la Guardia Urbana. Mis vecinos han prometido vigilar.
Pero al mismo tiempo no puedo contener la alegría. Imagino cuántos casos hay en esta ciudad de constructoras que construyen arrancando árboles protegidos y tapando ruinas romanas o haciendo trampas para obtener sus licencias. Hay que movilizarse y resistir para seguir vivos. Y para parar el horror constructivo que degrada el paisaje urbano. Gracias a todos por vuestro apoyo. Un amigo ya me llama TitaCerveradeBonnemaison. Sólo que yo no tengo ventajas mediáticas ni aristocráticas ni pecuniarias que me apoyen. Si consigo parar el sacrificio del árbol creeré otra vez en la democracia y el imperio de la ley. No tengo tiempo de poner bonitos links, pero lo haré a la vuelta. Qué quijotesca felicidad...

jueves, 31 de mayo de 2007

De la campaña y el abandono

Al parecer, los que se ocupan de la destrucción del edificio no han recibido órdenes de tener cuidado con el árbol, aunque la empresa ha tenido que pagar 20.000.-euros de depósito por ese ejemplar, si bien en los documento oficiales lo inscribieron con el nombre de otra especie, probablemente para no dar la alerta a Parcs i Jardins de que se trata de una especie protegida por las leyes europeas y nacionales. Ahora está rodeado de escombros, algunos muy pesados. Los libros antiguos están diseminados en ese jardín junto con juguetes, ositos de peluche, documentos personales de los propietarios, recuerdos, pedazos de muebles olvidados, fragmentos de una casa: es inevitable pensar en una instalación de Boltanski (Tout ce qui reste de mon enfance) o tantas piezas judías sobre la memoria.
He observado un momento a los que destrozan la casa, rompiendo techos, molduras y rosetones como si fueran de papel. Escaleras, vidrieras, bonitas persianas que filtraban la luz con sombras verdosas, finas columnas, un agradable porche. Es una lástima ver tantas energías jóvenes puestas en la destrucción del patrimonio de la ciudad, de su fisonomía, de la armonía de la calle, de la sombra y las flores que caían sobre la acera, por donde pasan hileras de niños diminutos cogidos unos a otros con sus maestras. También me resulta inevitable no pensar que es mi mundo el que cae y que yo no me identifico con la fealdad que crece y se construye a toda velocidad, engulléndolo todo. Nosaltres no som d'eixe món.
La campaña para salvar el azufaifo está en marcha. Tenemos un escrito para recoger firmas en el barrio y el martes presentaremos la instancia oficial. Si conseguimos salvar el árbol contra los intereses inmobiliarios (que no se han ajustado a la ley, y han preferido buscar una vía de falsedad) y contribuimos a paliar un poco la horrible degradación de este rincón de nuestra pobre ciudad habrá sido mucho. Además, resistir ayuda a sentirse vivo y no podremos decir que no lo hemos intentado.
Y desde el punto de vista simbólico, para mí, el azufaifo protagoniza una escena de mi infancia que sigue en mi cabeza, esperando a la escritura. Por eso salvar ese jardín (contra el parking) significa también simbólicamente. La ayuda entusiasta y eficaz de N. ha sido decisiva. Por cierto, una amiga italiana me ha contado que la madera del azufaifo se usa para fabricar las tenoras, y me ha mandado una pieza de Picasso representando una.
Un extraño y contradictorio comentario de Galeno sobre este árbol: "Verdaderamente, yo no puedo testificar en que cosa las açufaifas sean utiles, para conservar la salud, ò expeler las enfermedades. Solamente conozco que son vianda de mujeres, y de niños desenfrenados... no obstante las açufaifas son pectorales, engruesan los humores calientes y subtiles, que destilan al pecho, e mitigan los dolores de la vexiga, y de los riñones..." No curan, pero curan, vianda de mujeres y de niños desenfrenados. Eso me devuelve al huerto de azufaifos cuya tapia salté o de pequeña, deslumbrada por los muros encalados, y a la reprimenda y el castigo que me llevé por el atracón. Y al olor dulce de esas frutas.
Pienso inevitablemente en la atracción melancólica que ejercían en mí, sobre todo de pequeña, las casas abandonadas, tal vez por identificación con mi propio abandono. Entrar en el mundo de unos desconocidos, en sus vestigios, la extraña violencia casi obscena de aquel espionaje, la sensación de pérdida y el paisaje melancólico del extrañamiento. Recuerdo haber guardado mucho tiempo los dibujos bonitos, pero algo torpes de una casa que tiraron detrás de la Diagonal. O la casa más antigua abandonada en el barranco, junto al colegio, con un calendario sucio donde ponía justamente 1939, y de cómo para entrar, me quedé colgada de unas zarzas, en el precipicio, y las otras dos niñas huyeron, y acabé entrando yo sola, con los muslos arañados, empujando una puerta vencida, en aquel lugar abandonado al acabar la guerra, entre la fascinación histórica el miedo de encontrarme una rata.

HELP AIUTO SOCORS AU SECOURS AUXILIO


¡Pedid clemencia para el pobre azufaifo!

Si alguien pasa por aquí, lectores invisibles, por favor, inmediatamente, sin dilación, llamad:
Llamad a Parcs i Jardins, 93 413 24 00 o al 010, o al telèfon (In)cívic de l'Ajuntament, o a la compañía destructora-contsructora SUPORTIS, secretaria Cristina Pérez, tel. 93/2157900, o al Periódico, o El País Catalunya, o La Vanguardia o a Metro, o a la Guàrdia Urbana, y pedid clemencia para un árbol, ejemplar de una especie en peligro de extinción en este país, el azufaifo o ginjoler o zizibus de la calle Arimón 7, esquina Berlinès, que está a punto de perecer bajo los escombros de esa terrible obra, junto a la última casa bonita e histórica que nos quedaba.
Naturalmente, los "ilustres" del barrio con los que he podido hablar están tan indignados como yo por este nuevo atropello. El escritor Lluís Maria Todó es uno de ellos, y me sugiere que contacte a Enrique Vila-Matas, que vivió en esta calle hace años.
Últimas noticias: Parcs i Jardins nos ha notificado que el árbol no se puede destruir, que no se puede arrancar ni trasplantar. La compañía Suportis nos comunica que piensan transplantarlo, pero parece más bien un simulacro de destrucción. En cualquier caso, los vecinos tememos por él y la calle se degradaría.
El técnico que se encarga de ese expediente en el Ayuntamiento nos dice que la empresa obtuvo la licencia falseando la información. En el expediente aparece un solar completamente vacío, sin aludir al olivo, a los dos cítricos, ni mucho menos al ejemplar de zizibus protegido. La empresa tiene prevista la construcción de aparcamientos subterráneos, por tanto pretende destruir el jardín. El técnico me dice que los arquitectos están avisados: ahora no pueden decir que no lo saben. Pero también me advierte que llame a la guardia urbana si atentan contra el árbol. Las excavadoras no pueden acercarse a dos metros del árbol, para no dañar las raíces
He escrito a Imma Mayol comunicándole los hechos.
Necesitamos un biólogo que certifique por escrito que el árbol protegido está ahí.
Mi falta de tiempo se agrava más y más... Cualquier llamada a programas locales de tv, radios, periódicos será bienvenida.

miércoles, 30 de mayo de 2007

Azufaifo, Ziziphus Jujuba, Ginjoler, activismo arborícola























Las fotos no son bonitas y se resisten a colocarse bien. Abajo, izquierda: el azufaifo sobresalía compitiendo con la fealdad de esa casa de ladrillo visto, una muestra de lo que se construye cuando derriban lo antiguo. Arriba, derecha: el pobre azufaifo amenazado con el cartel flamante de una de las compañías.
He llamado al Telèfon Cívic, que debería llamarse Telèfon Incívic: me han dicho que si el árbol está en un terreno privado, el propietario puede hacer lo que quiera con él. Parece que en vez de mejorar, empeoramos.
Casualmente me entero de que el azufaifo está en peligro de extinción en este país, no sólo en la calle Arimón. Pero resulta que al personal del telèfon incívic no le importa. Mañana llamaré a Parcs i Jardins, supongo que me dirán que ellos no pueden hacer nada.
También llamo a la sección "No funciona" de El País, y hablo con Francesc Arroyo. Otro mundo. Escribo deprisa una carta al director de La Vanguardia. Ha aparecido Isabel Lacruz, Ninca, hija de Mario Lacruz y editora de Funambulista junto con su hermano Max. Yo pensaba en ella estos días al ver los estropicios inminentes en el jardín del azufaifo. Sé que ella contempla y sufre el deterioro de este paisaje desde su piso de la calle Berlinès. Sé que protagonizó una campaña para conseguir árboles en Berlinès que tuvo éxito en teoría pero que nunca vio resultados. Ninca me ha dicho que entre los escombros veía libros antiguos. He bajado con ella a inspeccionar y en efecto: hemos visto una antigua enciclopedia Espasa desperdigada (con acepciones en esperanto), un libro de Phaidon de pintura francesa, una edición de Guerra y paz, cerca del árbol amenazado. Es duro ver cómo han destrozado los techos con sus molduras y rosetones, las escaleras, las persianas arrancadas, y cómo invaden el jardín con los pedazos. La destrucción es veloz, esos chicos están en plena forma y ponen todas sus energías en destrozarlo todo, protegidos por la desidia de este ayuntamiento (dicen los vecinos que Hereu nació en esta calle, pero eso no parece cambiar las cosas).
Ninca prepara una campaña de carteles. Berta Muñoz del Taxidermista, vecina también de este barrio, se ha ofrecido para encadenarse al árbol, aunque tenía que ser esta noche, porque mañana se iba a París. Otros vecinos ilustres y también con escasez de tiempo ofrecen sus posibilidades. Por desgracia, no tenemos aquí a ninguna marquesa mediática y el tiempo vuela.
El azufaifo es originario de China, como ya anticipó V, aunque he leído que seguramente llegó a Andalucía a través de la zona arábigo-sahariana. Y está en peligro de extinción. Pero a nuestro ayuntamiento de izquierdas, ¿por qué iba a importarle? Como dice la Guàrdia Urbana: "las obras hay que hacerlas". "El ruido no tiene límite de decibelios". Y ahora el Telèfon Cívic: "si es propiedad privada, todo está permitido".
Que la calle se quede sin ese árbol que salía del jardín, las flores que caían sobre la acera y las ramas que daban sombra, ¿a quién le importa? Si un ejemplar de una especie en extinción es destruido, ¿a quién le importa? Si la ciudad pierde cada vez más su belleza, su identidad histórica, su armonía arquitectónica, ¿a quién le importa?
Lo importante es suprimir una terraza de bar de una bocacalle de Mandri, porque da a una plaza donde no molesta a nadie, y no cumple la normativa porque la acera no es lo bastante ancha. La degradación de nuestro paisaje urbano, la desaparición del silencio y la quietud, la negación de las calles sin comercios, de las casas de siempre, la destrucción de la ciudad que conocíamos, por la que se podía andar, todo eso no es importante...
Para consolarme, trabajo. He logrado reducir un artículo sobre Kosovo a la mitad, para que pueda salir antes del verano. Tamaña heroicidad podadora me ha hecho sentir bien, y recordar aquella conversación de Woody Allen y Scorsese. Decía Scorsese que las películas le salían siempre demasiado largas. En cambio Woody Allen, que cuando cogía la tijera, ¡alguien tenía que pararle para que no desapareciera la película! Un poco como el vértigo de Giacometti y aquellas esculturas diminutas, de las que ya hablé aquí, en mi post sobre los valientes. También recuerdo la obsesión de Giacometti que contaba su pobre hermano. A veces estaban comiendo y de pronto, Alberto le empezaba a mirar fijamente y el otro pobre ya sabía que tenía que engullir a toda prisa y los dos correr al estudio, a posar para un retrato.

Memoria, sueño, pensamiento

Foto: Sello de Nicolás Salmerón Es mi único antepasado ilustre y ético en un linaje familiar derechista. Yo le había oído decir muchas veces a mi madre: "Pues don Nicolás no era mala persona, aunque fuera republicano..." Nació en un lugar de luz blanca y nombre bien bonito, Alhama la Seca, en Almería. Presidente de la I República, dimitió por no firmar unas sentencias de muerte. Aquí tiene cierto prestigio (una calle, un monumento), porque se enfrentó al nacionalismo español para apoyar las reivindicaciones catalanas.
Si lo pongo hoy en este blog es por culpa de un visitante gallego-nipón, que ayer, al ver mi foto de pequeña, escribió por aquí algo como: "si sigues remontándote al principio, no sé qué pondrás después..." Tengo mucho trabajo y cierta melancolía. Me gustaría tirarme en el sofá a leer la biografía de Lacan (la parte realmente biográfica es maravillosa, aunque los fragmentos técnicos me aburren) o acabar el abandonado Lessico Famigliare de Natalia Ginzburg (ayer releí ese pasaje en que el hijo detenido por los fascistas adquiere prestigio porque le detienen con Einaudi o con Pavese) o escribir desordenadamente en cuadernillos. Cuando duermo poco, mi estado de ánimo es peligroso, no para los demás, sino para mí misma. Es fácil que me invada la nostalgia de lo que creo haber perdido, o que sienta un mayor apego por proyectos fallidos, o que eche de menos lo que ya no puede ser. Tras una noche de sueño regular, todo se resitúa y entonces puedo analizar mi auténtico état d'âme y distinguirlo de las perspectivas reales, o recuperar energías para escribir algo con más esperanza. De modo que, sin querer, se establece una arriesgada relación entre el sueño, la memoria y el pensamiento.
Plus tard... Un paseo para buscar las liquidaciones de mi editor, en una trabajosa ruta decimonónica, esquivando las grúas y la fealdad, me ha reconciliado con mi mismidad, barriendo los restos de cansancio, hambre y sueño. Lástima que al llegar he visto la casa del azufaifo envuelta en plástico verde: se acabó. Ni siquiera podré hacer ya la foto con mejor ángulo. RIP.

martes, 29 de mayo de 2007

La vida está en otra parte

Foto: Vuelta a los orígenes, ésta era yo, con mi melancolía y un balón de reglamento. El hombre que sacó la foto ya ha muerto. Era un amigo de mi padre, bigotudo y con una sonrisa entre triste y afectuosa, que vino a mi boda y me dijo: "Yo soy el que te hizo una foto con un balón de fútbol..."

El sábado fui a ver al librero de la calle Berlinès, y no estaba. Parece una tontacanción de Armando Manzanero: aquí no llovía, pero un vendaval agitaba los destrozos de las obras que están destruyendo con saña todo vestigio de arquitectura humanista y ajardinada de esa calle y de la mía y de tantas otras para llenarlo todo de ladrillo, como insinúa Forges. Le escribí y me contestó que los sábados por la tarde cerraba porque "hay vida más allá de la librería". Y cuando me alegré de esa idea, me dijo "ya sabes que la vida está en otra parte". Yo tenía un amigo que pensaba que la vida (o la fiesta) estaba siempre donde yo estuviera. Un día me llamó desde Sant Pere Pescador. "¿Dónde estás?", me dijo. Yo estaba en Tiana, en casa de unos amigos. "Quina sort!", me dijo, con un acento de total sinceridad y alegre envidia. Todo es cuestión de percepción, pienso. "Más que percepción", me dice el sabio librero, "tal vez se trate de deseo".
Una amiga madrileña muy seráfica, cuando le contaba mis amoríos, siempre me decía: "¡Qué fresca!" Y me llamaba Cléo de Merode, y su tono me encantaba, parecía reconvertir el contenido de moral judeocristiana del adjetivo y rescatarlo con la vitalidad de lo floral o frutal. Como la madre de una vecina que, de pequeña, me decía: "Tens la pell tan fina com una poma camusina!"
En todo esto me entretengo mientras la Guàrdia Urbana acude a mi llamada de SOS por el pobre azufaifo de mi calle, amenazado de muerte. Mi amigo B. me llama ya "querida azufaifa" o me sugiere que me encarne en "Tita Cervera de Bonnemaison".
"¿Usted ha visto cómo lo talan?", me pregunta el agente. Le digo que no, que entonces sería demasiado tarde. "Ah, entonces usted cree que lo cortarán..." Esto es como lo del maltrato. Si no hay asesinato, no se puede hacer nada. Sólo esperar a que ocurra para detener al malvado. "Oiga", le digo, "cuando derruyen una casa pueden hacer dos cosas, llevarse el árbol con raíz y darlo a Parcs i Jardins, o masacrarlo, como han hecho con todos los jardines de esta manzana. Pero necesitan un permiso. Yo sólo compruebo que tengan ese permiso..." "Muy bien", dice el agente.
Veremos lo que me encuentro al salir. Y dicho esto vuelvo a mi trabajo... mientras oigo sin querer las fascinantes explicaciones que la profesora de latín le da a mi hijo y siento que la vida está ahí, en esa habitación caótica pero llena de cultura romana, me gustaría dejar lo mío y volver al latín y a los orígenes de la lengua...

lunes, 28 de mayo de 2007

La casa del azufaifo

La foto es mía, la he hecho esta mañana, como recuerdo de lo que va a ser destruido

Fue V quien me contó que al venir a mi casa se cruzaba un azufaifo que le recordaba a la China. Ella no sabía de mi historia con el fruto de ese árbol. De muy pequeña, antes de los 5 años, en el colegio de Figueres saltaba yo una tapia prohibida con otras niñas y nos colábamos en un pequeño huerto, rodeado de muros encalados que refractaban la luz del sol, deslumbrante. Allí había un azufaifo porque una vez nos dimos tal atracón de esos frutos rojos que al llegar a casa, la Bruja aprovechó para ensañarse. "¡Esto para que no vuelvas a comer azufaifas!", me dijo. Así conocí la palabra, tan árabe como acequia o aljofar. Aún recuerdo la luz del huerto y el olor y vagamente el sabor de aquella especie de cerezas gigantes, que nunca más había vuelto a comer (se ve que el mandato de la Bruja tuvo éxito) ni a ver. ¡Y tenía el árbol en mi misma calle! Lástima que el descubrimiento me llega justo antes de su muerte. En su política de entregar la ciudad al diablo (los constructores), como ya dije anteayer en Polis, este ayuntamiento permite perpetrar el asesinato del paisaje histórico. Alrededor de mi casa están tirando todas las casitas viejas, todo rastro de lo que fue, para construir sólo fealdad y mediocridad sin identidad ninguna.
No me cansaré de repetirlo.
Mientras, he empezado a leer la biografía de Lacan escrita por Elisabeth Roudinesco, y aunque es muy prolija en lo puramente psicoanalítico, y a veces me aburre, otras veces sobresale el personaje, el Lacan joven, odiando tan saludablemente a su familia y la ideología que transpiraba, yendo a ver a Dalí, con su ropa siempre agradablemente extravagante, su extraña mezcla de arrogancia y charme y sus hallazgos, y me subyuga.