
Foto: Felice Beato, Yakuza, 1825.
(He cambiado la foto a petición de Ninca, a quien la anterior imagen revolvía las entrañas).
En medio de esta mañana opaca de sábado, en que el silencio y los pájaros del barrio han sido reemplazados por los gemidos de las grúas y una nube de polvo tan densa que cubre la terraza y a mi gata y entra en la casa a pesar de todas mis resistencias, me ha llamado mi vecino para avisarme de que estaban destruyendo el azufaifo. Vestidos con una especie de monos blancos y máscaras, en una imitación cutre de lo que se veía en X Files, han metido el bulldozer con el pretexto de cortar la hiedra, y probablemente estén dañando o cortando ya las raíces de nuestro árbol. Supportis no está para bromas de trasplantes (tendrían que esperar a septiembre-octubre para ese simulacro). En el fondo, ellos también saben que esa política mayoliana de Parcs i Jardins es una ficción de consolación para ingenuos, porque los árboles trasplantados mueren enseguida. Eso, si los trasplantan. En la antigua Escuela de Puericultura, tan magnificada en la propaganda socialista del barrio como Jardins de Vil·la Florida, desaparecieron árboles magníficos para siempre ("renovació de l'arbrat", lo llaman, además de estropear la magnífica casa con una reforma discutible y un suelo barato y feo). Cuando entré en esos jardines y vi que habían convertido el bosque inglés salvaje en una especie de cursi jardincillo minimalista, en fin... Y aún hay que dar gracias de que el ajuntament nos regale un espai verd, mientras permiten que arranquen todos los árboles centenarios...
He llamado a la Guàrdia Urbana, y a Ninca, y ahí estaban grupos de vecinos horrorizados, los tenderos que nos apoyan, yo llevaba el documento del ajuntament diciendo que hasta septiembre-octubre no se puede trasplantar ese árbol, etc. Quelle horreur.
He tenido que dejarme el té chino en la tetera, ducharme y bajar corriendo.
Y me he olvidado la cámara, así que no puedo enseñar el espectáculo sorprendente, la hermosura del azufaifo extendido rodeado de destrozos, ruinas, polvo y esos hombres como gusanos blancos trepando y desprendiendo amianto contaminado de la pared de uralita. Cómo destrozan nuestro mundo, como nuestra cultura se desmorona tragada por la fealdad. Todo lo que nunca podría comprender mi interlocutor fallido, que ridiculizó esta resistencia nuestra, y cuya esposa, no por casualidad, trabaja con Imma Mayol.
Pero cuando vuelva mi vecino, colgaré sus fotos. Documento de la destrucción. Mientras, no hay más que mirar en la web de la cons(des)tructora el espantoso proyecto que van a imponernos en nuestra pobre pequeña calle: pero cuidado porque una contemplación prolongada del proyecto ampliado no es impune y obligaría a acudir a los antidepresivos. El edificio es tan espantosamente feo que dudo si poner directamente la foto en estos blogs, sobre todo contrapuesta a la belleza de la casa sombreada que ya han destruido. Para rematar, dicen del proyecto: "DESCRIPCIÓN: Construcción de un edificio de 6 viviendas triplex y 14 plazas de aparcamiento en la calle Arimón, 7 de Barcelona.SUPERFICIE: 1.351 m2. Qué espanto. Si sabemos que han pagado oficialmente tres millones y fu de euros por esa propiedad y venden cada uno de esos catorce pisos a un millón y fu cada uno, y construyen con un arquitecto técnico sin nombre, podemos imaginar lo que ganan por destruir nuestro paisaje y nuestra calma, dejando aparte las 14 plazas de parking. La pregunta es: ¿Cuánto gana el ayuntamiento por autorizarlo?
Hablo con una amiga tan independiente que no soporta contraer ninguna deuda, por pequeña que sea, y me hace pensar en los Yakuza (no sé si alguien recordará la película de Sydney Pollack y Robert Mitchum), sobre esa mafia japonesa de guerreros tatuados, con legado o mitología samurai, que están obligados a pagar sus deudas, si hace falta cortándose el dedo meñique para eliminar el desequilibrio. Como la hospitalidad (y lo antihospitalario) y el agradecimiento son los grandes temas de mi anónima y pequeña vida (aunque hoy me siento Matusalem, j'ai plus de souvenirs que si j'avais mil ans), siempre cito esa historia, así que voy a buscar la película para refrescar mis fuentes.
Unas horas después, los obreros y las grúas se han desvanecido, el mirlo canta a toda potencia en el único ciprés del patio de manzana desierto, la gata vuelve a dormitar en la terracita sur, y mientras trabajo, puedo imaginar que el viejo mundo aún existe aquí y que si salgo a la terraza o al salir de casa encontraré el paisaje de antes.
