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domingo, 24 de junio de 2007

Al reverso (de una mañana perdida o ganada)

William Waterhouse, Lady of Shallot, 1916 Al reverso de este blog, en el post anterior, empezó una discusión sobre Ofelias que se ha convertido en colección, por un comentario al parecer inocente que luego produjo una lluvia, no sólo en mi memoria, sino también en la de otros. Así que por un lado, mi tentación prerrafaelita (alguien me convenció hace muchos años de que yo pertenecía a aquella atmósfera algo lánguida y de una intensidad sensual enfermiza, decadente y onírica, que revisitaba lo clásico en versión anglosajona, por similitudes físicas o por espíritu, y aunque ahora ya esté lejos, me queda la afinidad nostálgica). Y en homenaje a los que escriben al reverso, he puesto a esta favorita de Lost Child, Lady of Shallot, para reparar una mañana perdida (o ganada) en brazos de Morfeo, ya que por accidente seguí la tradición y pasé las horas de los fuegos en casa de amigos, viendo películas y cenando en una terracita semi-italiana, volví ya muy entrada la madrugada y tuve que pedir a un vecino que peroraba con fiereza de Ceaucescu (por supuesto, era un latinoamericano, los vecinos lugareños no suelen saber quién era tal personaje ni que existía Europa del Este, sumidos en su ignorante autocomplacencia catalana o española), en la terraza, ante perplejos amigos mudos, que bajara el volumen. Aún más confundidos por mi aparición fantasmagórica, entre las sombras de mi terraza y los arbustos, o civilizados, me hicieron caso. Y he dejado arte tv de fondo, para dejarme reconstituir par la langue française. Espero que esta tarde logre escribir... Mirad aquí !!!! Nuestro azufaifo sale hoy en El País, escrito por Francesc Arroyo, y citan unas frases que escribí en el blog Polis... Y también sale en el AVUI escrito por Marta Carbó...

jueves, 21 de junio de 2007

El síndrome del solsticio

Otra vieja foto de mis 18, cuando empezó la maldición del solsticio (la fotógrafa era Malicia Núñez).

Hay una especie de maleficio melancólico y desesperado que sigue funcionando para mí en la celebración de ese solsticio de verano, algo que empezó hace mucho tiempo y no se acaba de curar, como las viejas cicatrices que duelen con el cambio de estación. Los cohetes que estallan en el cielo, la idea de las verbenas me despiertan siempre el deseo de salir corriendo, de huir, de hacer algo radical. En esa fecha cambié de vida hace ya siglos y cada año se renueva la inquietud. No puedo salir indemne de esa hoguera simbólica donde aún se quema algo mío, en un rito que no puedo controlar. He intentado enfocarlo de otras maneras, ir al cine, incluso pasarme esa noche (atada) traduciendo entre petardos (la terraza se llena de ellos y es casi imposible dormir) y hablando por teléfono con otra traductora. Una vez pasé esa víspera en una ambulancia, acompañando a alguien. Mi padre se ponía tapones en los oídos y organizaba un picnic nocturno, lejos de la bahía, en Cadaqués, aún recuerdo las noctilucas brillando en el agua y su frase: "A partir de ahora, si queréis decirme algo, que sea por señas o por escrito..."
Muchas cosas buenas han empezado y acabado en esa fecha para mí. He escrito dos cuentos con ese material, pero sigo sin resolverlo. Este año, mi dolorosa falta de tiempo, las urgencias, mi ruina no ayudan a la escapada, pero intensifican el deseo de desaparecer, aunque no en avión (han logrado que deteste los aeropuertos, con sus controles policiales), sino en alfombra voladora, en cofre volador, como el cuento de Andersen, o por lo menos en tren.
Más tarde añado un micropoema de Maria Mercè Marçal que he encontrado buscando otra cosa:
Llenço el teu nom als peixos,
Mai, perquè el trobin
fet carn i sal i aigua
els meus hams de demà.