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martes, 2 de febrero de 2010

Adiós a la abeja reina

Foto: I.N., No es tan bonita como el cielo de la foto de ayer, pero me gusta esta esquina con farola de mis paseos solitarios, 2010. Esas son las farolas que el ayuntamiento pretende eliminar para llenarlo todo de inmensas y cegadoras farolas de autopista con pretextos de homologación inventada (alguien sigue haciendo un gran negocio con las farolas, pregunten a ProEixample)
Vuelvo a ser una hormiga obrera de la traducción (sigo tomando prestadas esas estupendas hormigas de Frikosal). Después de unos días perpleja, buscando en vano, sin querer encontrar realmente y a la vez preocupándome de que no me propusieran nada, la semana empezó con una lluvia de traducciones y proyectos reaparecidos. Ahora necesito la agenda.
Y héte aquí que, después de tanto quejarme de que ya no tendría más tiempo para escribir, me ha invadido una extraña alegría, esa joie paradoxale de la que hablaban en Philosophie, con trabajos urgentes que me dejan en principio sin poder escribir. Pero tal vez así me sea paradójicamente más fácil escribir. One never knows, repetía O., mi amigo desaparecido a quien ya no puedo consultar sobre el futuro ni leer sus mensajes en esperanto, ni saber de la comunidad esotérica internacional o de sus proyectos chinos o su vínculo japonés... y le echo de menos.
Mi nueva condición me impide quedarme mucho aquí. Me envuelvo en música, según el ánimo: ayer era Philip Glass y Nocturnos de Chopin, hoy Madeleine Peyroux, Ben Harper, Coney Island Baby de Lou Reed. Ayer al oscurecer fui a algunos recados y varios perros me saludaron por la calle. Ya he dicho aquí alguna vez que si acaso soy una cat person, simpre he preferido a los gatos, pero reconozco que la mirada de algunos perros me conmueve y a veces me hace reír.
G. sigue en la indolencia gatuna de sus últimos días sin clase. Yo ironizo sobre su ociosidad y espero que empiece a arrancar. Ayer y hoy se ha ido la luz y esos apagones (a los que respondo llamando furiosamente a la compañía, y creo que soy la única de mi edificio que lo hace) me resultan más siniestros porque se deben a las obras que están destruyendo la plaça Joaquim Folguera, talando nuestros preciosos almeces, que un perfumista plantó frente a su antigua fábrica en esa plaza, ahora hace más de ochenta años.
Anoche, antes de dormir, anoté algo que debía hacer en las primeras páginas de mi novela. Vuelvo a leer a Natsume Soseki y he empezado -aunque no puedo- ¿Era él? de Zweig y Foi et Savoir de Derrida (seguido de Le Siècle et le Pardon). No puedo explicar qué me hace tan feliz. Sigo bailando por la casa cada vez que me levanto a abrir a algún mensajero o a buscar más agua. Me llegan mensajes de algunos que vieron mi libro en Página 2. Sé que el mundo es un lugar oscuro y sufriente, sé que todo es difícil y que no tenemos certidumbre de nada, pero yo me siento agradecida a los dioses griegos... (me vuelve Rimbaud)
Je ne parlerai pas, je ne penserai rien. Mais l'amour infini me montera dans l'âme; Et j'irai loin, bien loin, comme un bohêmien,
Par la Nature -heureux comme avec une femme.

lunes, 13 de octubre de 2008

A veces, un espíritu energético se abre paso...

Rembrandt, paisaje.
Y atraviesa la grisaille celeste. Leo sin querer el fragmento del poema de Pavese que aparece en la portada de Lavorare stanca, no sé qué hace en ese poema que lo que podría ser fatal (cursi o convencional o demasiado clásico) se seque y se someta a la inteligencia o al nervio del poeta. A lo mejor es mi forma de leerlo, quedándome prendida de algunas imágenes, algunas palabras o cosas que me obsesionan, como los muros de piedra seca y la luz, o la idea de respirar la hierba, el tacto del pelo, la fruta, o la palabra sussulto (sobresalto), sussulto del sangue. Se llama "Estate", verano.
C'è un giardino chiaro, fra mura basse
di erba secca e di luce, che cuoce adagio
la sua terra. È una luce che sa di mare.
Tu respiri quell'erba. Tocchi i capelli
e ne scuoti il ricordo.
Ho veduto cadere
molti frutti, dolci, su un'erba che so,
con un tonfo. Cosí trasalisci tu pure
al sussulto del sangue. Tu muovi il capo
come intorno accadesse un prodigio d'aria
e il prodigio sei tu. C'è un sapore uguale
nei tuoi occhi e nel caldo ricordo.
Ascolti.
La parole che ascolti ti toccano appena.
Hai nel viso calmo un pensiero chiaro
che ti finge alle spalle la luce del mare.
Hai nel viso un silenzio che preme il cuore
con un tonfo, e ne stilla una pena antica
come il succo dei frutti caduti allora.
Alguien me ha pedido que contactara con Enric Casassas y como no lo encontraba (yo tengo que hacer las cosas al momento, sino me olvido; eso desconcierta a algunos: si no contesto a los mensajes cuando los leo, se me pierden; si no aprovecho los impulsos iniciales con personas y cosas, abandono sin darme cuenta, me engulle el burbujeo constante del mundo y de mi pensamiento o el sussulto del sangue), he mirado en Internet para ver si veía dónde estaba. Pero en vez de ver ningún bolo del momento, he encontrado esta pequeña entrevista en you tube. Me encanta cómo dice el primer poema y cómo dice (con fuerza) la última estrofa y que rime policia con gelosia. Es algo así como

Cadenes, tot el que neix
cadenes, la policia
Cadenes, tu mateix
Per la puta gelosia.
Pero yo no tengo tiempo ni derecho a escribir aquí. Me esperan las galeradas de mi libro balcánico y la última lectura del libro de Miñarro y Morandi sobre el trauma psíquico de la guerra civil y la dictadura en este pobre país, y reseñar un libro de Daniel Handler que he acabado y... mis cuentos, que empiezan a rebelarse y a levantarse como muertos desenterrados, aunque risueños o hilarantes, pero exigiendo ser escritos. Me convierto una vez más en el white rabbit de la carrolliana Alicia, Oh dear! Oh dear! I shall be too late!... y "Oh my ears and whiskers, how late it's getting!"
Se me olvidaba. Misteriosamente, los artículos de Vila-Matas (aunque yo no esté entre sus blogs) los domingos, ese nuevo Dietario voluble escapado del primer libro, me producen un efecto tranquilizador. Creo que la idea que subyace es que, si alguien que sí se preocupa porque corten los árboles de la Diagonal (perdonen pero hoy un joven arquitecto me ha removido el higadillo con la falacia de que en Bcn hay más árboles. ¡Cómo se deja engañar tanta gente por una frase, con los ojos vendados! ¡Qué listo fue Porcioles con su invención de cómputo falso, que siguen usando sus sucesores municipales!), sigue sumergiéndose en lo literario y en lecturas y pensamientos, no todo está perdido.
Seguiré más tarde. Me he acordado de que un profesor de latín que tuve en Unitec, que era maravilloso (¡¡¡por desgracia he olvidado su nombre!!! si alguien supiera) empezaba siempre la clase con un poema o una frase filosófica porque, decía, eso ayudaba a la concentración y a la reflexión necesarias para traducir. Y tenía razón... Pero yo sigo sin saber por qué estoy contenta de pronto, sin que haya cambiado apenas nada...
Retiro lo dicho. ¡Han vuelto las obras a este edificio! Esta vez con permiso municipal. El fragor nos tiene de nuevo envilecidos. Alguien se ha propuesto expulsarnos de aquí. Mañana emigraré, a trabajar por ahí, ordenador en mano...
Para ver la denuncia de las basuras que rodean al azufaifo en LOCALIA TV, pinchad aquí

lunes, 4 de junio de 2007

Vuelta


Desde la terraza de la casa que me acogía y que tanto me gusta se ve la furia constructora que devora la montaña y amenaza el paisaje, pero también los restos de belleza de Cadaqués y los cambios luminosos del mar, los gatos ociosos, la invasión de las buganvillas y el verde. No he fotografiado a mis árboles favoritos, los que siempre intentaba abrazar de pequeña y que siguen milagrosamente en pie. Ahora los veía de otra manera, aún más cerca, porque mi campaña por el ginjoler me ha situado en otro lugar, aún más apasionadamente arbóreo.
Sigo y seguiré sepultada bajo una montaña de trabajo urgente, y en medio de la imposibilidad lacaniana de todo, imagino salidas y meandros felices. En Cadaqués conseguí trabajar poco, mucho menos de lo que debía, pero tuve la suerte de maravillosas conversaciones y una cena argentina bajo los árboles, y dos veces me bañé en el agua helada sintiéndome casi heroica.
Hoy ha salido mi carta en La Vanguardia, que ahora copiaré en Polis. Es algo derrotista, porque la escribí antes de saber que Parcs i Jardins y el Ajuntament de Barcelona nos daban la razón. Pero la han elegido para el recuadro central.
Algunos escritores ilustres vecinos y ex vecinos, además de artistas y emprendedores, se han ofrecido a firmar contra la destrucción del árbol. La campaña sigue en pie. Uno de ellos me dice que en su barrio van a tirar la última palmera y acaba su mensaje con un "¡Viva el ginjoler!"