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martes, 16 de octubre de 2007

Conversaciones domésticas




Foto: I.N., el pasillo desde la habitación de G.

Dice G. que le reconforta ver mis libros en esa pequeña estantería desde su cama. Yo lo comprendo. A mí me pasa igual. Le conté de la maravillosa ilustración de Sempé que el librero de la calle Berlinès puso para anunciar sus vacaciones, donde se ve una pareja que duerme rodeada de libros (y con un diván, precisó el sagaz librero), confortada por los libros. Hacía días que G. y yo apenas nos veíamos y empezamos a hablar, primero a actualizar información, repasando las últimas cosas que nos habían pasado, incluyendo algunas películas y libros, él me contó una película muy graciosa, me hizo reír sólo contándomela (decía que yo no le haría caso y no iría a verla, así que la traería a casa, pero ese es un argumento que usamos los dos en ambos sentidos, ambos con razón y sin ella), yo le pedí que leyera un cuento corto de Dorothy Parker, que yo había releído para una conferencia que preparo y sabía que le gustaría, él lo leyó a regañadientes, a cambio de que yo viera uno de esos cortos geniales de animación de los Aardman. El cuento de Dorothy disparó la conversación (sobre parejas y autoconocimiento y recursos varios). Se llama The Sexes, Los sexos (he visto una película basada en ese cuento, pero no me gusta, es demasiado explícita y se elimina esa magia parkeriana en que las palabras dicen otra cosa de lo que pretenden y el lector es como un analista que desentraña su significado; en la película se ve demasiado). Muestra una pareja que discute y se pelea sin decirse nunca por qué, qué es lo que siente y le molesta a cada uno, aunque el lector puede verlo, y la discusión es más difícil y dolorosa precisamente porque no se dice. Por supuesto, el cuento es satírico, pero con ese realismo tan económico y afinado de Parker. Yo le hablé de otro cuento muy en ese estilo, más amargo, de una madre manipuladora y neurótica que lleva esa actitud al extremo, muy victimosa, lo que llaman pasivo-agresiva, y le dije que yo alguna vez había discutido así con él, aunque él, más benevolente, no lo recordaba. Pero en mi entorno original, esas actitudes eran el pan de cada día y yo tuve que desaprenderlas, me libré de ellas gracias al psicoanálisis. Lo cual fue un gran grandísimo alivio y me hace feliz sólo pensarlo, ese gran peso que me quité de encima...

En cuanto a nuestra conversación, que siguió a trozos hasta entrada la madrugada, me interesó tanto que me desveló. G. cree mucho en mi capacidad de entender y explicar las cosas, pero a mí me parece que él tiene un insight sorprendente (que yo no tuve a su edad ni por asomo). Creo que él siempre tuvo una capacidad de observación muy aguda con las personas, las relaciones, es mucho más ecuánime que yo y desde muy pequeño veía cuándo algo le molestaba a otros, y podía reconocer sus propios errores él sólo, al cabo de un rato, y venía a decirlo.

Claro que a veces me exasperaba que le importase tanto la opinión de los otros. Siempre me hacía bajar la voz para que nadie nos oyera y siempre que me hacía comentarios sobre gente conocida, luego añadía (ya era una broma entre nosotros): No l'hi diguis. Y cuando íbamos a casa de alguien, antes de entrar, me decía, siempre medio en broma: "No expliquis res del que he dit i he fet des d'aquest matí..." Y por la calle o en lugares públicos siempre temía que yo llamase la atención o que me quejase de algo, etcétera. Al pobre le costó asumir mis excentricidades, pero ahora que su timidez mercuriana ha desaparecido, ya no le importa.

También hubo una época en que me decía, por la calle: "T'acompanyo, però només fins a la cantonada. Més enllà no, algú em podria veure!" Y es que en esa edad, era casi una humillación que alguien le viera con su madre. Durante un tiempo viajamos juntos, pero en los dos últimos viajes nos peleábamos todo el tiempo. Yo sólo quería aventurarme y buscar, él tenía miedo de que nos perdiéramos o me pasara algo (sobre todo en Estambul), y sólo quería ir a los lugares donde había turistas, cenar muy pronto y retirarnos al hotel a leer. Discutíamos, y yo le decía: "No sé perquè m'agrada tant viatjar amb tu", y él me decía: "A mi em passa igual..." Y es que cada vez que descubríamos algo, venciendo sus barreras continuas, él entendía exactamente lo que yo quería enseñarle y me enseñaba otras cosas... Pero era muy difícil. Y luego llegó la época en que él habría preferido estar en un sotanillo hermético y húmedo con sus amigos que dar la vuelta al mundo conmigo o con su padre... Y ahora es otra fase, en la que nos alegramos mucho de vernos, pero él tiene su vida absorbente y lejana...
Una amiga triestina, lectora siempre despierta y con cierta tendencia a la literatura del Este europeo, me habla de su fascinación por la Ostalgie, esa moda nostálgica (de Ost, Este), el llamado Soviet chic de la parafernalia comunista que se está extendiendo por la antigua Europa del Este (en los Balcanes es la Yugonostalgia), y aunque se supone que sólo es algo superficial, de objetos, vestuario, insignias, camisetas, etc., para mí forma parte de la nostalgia por lo perdido: todos idealizaban la "libertad" del mundo occidental, sin darse cuenta de que perderían los beneficios y la tranquilidad del Estado paterno: casa, escuela, Universidad, atención médica, tv, teléfono, todo gratuito o muy barato, y que aterrizarían en un "sálvese quien pueda" mercantil, justo en el momento del fin del Estado del bienestar (o de su destrucción sin razón, como demuestra Viçenç Navarro). En el fondo, piensan muchos, no se vivía tan mal en el comunismo... El autor de la Ostalgie por excelencia es Ingo Schulze, que pronto aparecerá publicado también aquí. Yo misma le traje a G. un bonito busto de Lenin de yeso, cuando fui a San Peterburgo; entonces aún eran muy baratos, y él se compró una camiseta con las letras cirílicas del PCUS. Yo sigo pensando que el marxismo era una buena idea mal aplicada y G. siente nostalgia de las esperanzas que generó en una época que él no ha vivido...

Y ahora vuelvo a mi conferencia y a mi libro balcánico, ya no sé en qué orden... Esta tarde, sesión de Heddy Honigmann en la Filmoteca...


jueves, 26 de julio de 2007

Agit-prop


Foto: Linda Danz, Beach chairs, 2006
No logro trabajar, interrumpida por los teléfonos del azufaifo. Tendría que pedir una subvención a alguna asociación arbórea, o una ong. Otra vez me veo homeless durmiendo al pie del azufaifo... En fin. Pero para el árbol, las noticias -todas de agitación, ninguna oficial, por el momento- son buenas.
Organizamos un festival para conseguir la Placeta del Ginjoler. Tenemos ya poetas: Enric Casassas, Carles Hac Mor, casi que también Josep Pedrals, también Dante Bertini, músicos -Feliu Gasull-, y la última noticia es que Aurora Altisent va a dibujarnos a nuestro ginjoler, porque la idea de la Placeta le gusta. Ella vive muy cerca del azufaifo y su libro de La Barcelona tendra, con aquellos textos magníficos de Alexandre Cirici (Cirici! una figura importante para mi adolescencia; el dibujante secreto del diccionario de latín, padre de mi ex cuñado y abuelo de mis sobrinos, sus historias de El temps barrat y Nen, no t'enfilis, cuando anotaba en su cuaderno las combinaciones de colores que llevaban las gitanas en la calle; o dibujaba un edificio convertido en cuartel, y le tomaron por espía y le encerraron en un calabozo; o su manera de consolar a Carlos Pazos tras un varapalo crítico, diciéndole que si esos críticos le ponían verde sólo era la confirmación de que iba por buen camino; o su manera de dar un contexto a cualquier cosa que le enseñáramos asociándolo a la China antigua o a Grecia y a la vez siempre a lo contemporáneo... O su mirada fija y penetrante, al otro lado de la mesa... Entonces me parecía una especie de enciclopedia animada y con un espíritu distinto, más vivo), ese libro sigue siendo un favorito.
Han venido a filmarnos al pie del árbol los de La Sexta, y con invitados de excepción, Joan Bordas, que siempre comunica bien su sabiduría empírica de los árboles, el librero de la calle Berlinès, la sabia y resplandeciente V, nuestro amigo y memoria del barrio Josep Maria Bosch, la también radiante Lola, Marieta con su humor generoso y unos cuantos más, y la propia Aurora Altisent, que ha contado también cosas del barrio, todos gente interesante, excepto una señora fea y vociferante que ha venido chillando a decirnos que el propietario tiene razón y que sobra verde y hay que dejar que la gente construya lo que quiera. "Usted váyase a Mitre, allí se sentirá bien, en ese festival de cemento", le decía V, pero la pobre mujer quería salir en la tv gritando a favor de la propiedad y contra los árboles. Ella no tenía dinero, pero soñaba que lo tenía y se lo quitaban unos ecologistas radicales. Debía de ser una de esas personas que Cachodepan escuchó en la Ser, pidiendo que talaran los árboles de la calle. ¿Se habrán comprado unas escafandras con oxígeno, último modelo, para que sus hijos respiren cuando ya no quede ninguno? ¿Serán mutantes, los nuevos habitantes de un mundo feliz ruidoso, dopado y polvoriento?
Mañana los de Localia.
En la discusión sobre si podemos considerar que el Ziziphus jujuba una especie autóctona, difieren los teóricos y los que tienen un conocimiento empírico. Dice Joan Bordas que Sicilia, que es uno de los lugares donde hay más especies autóctonas, lo es porque hay mucho paso de pájaros, que abonan el suelo y dejan así las semillas de esas especies. Dice él que si en vez de los pájaros lo trajeron los hombres, pero lo trajeron de lugares donde hay clima mediterráneo, ciertas regiones de la China (como también ocurre en Australia), y el árbol se adaptó rápidamente porque está en su ambiente, ¿por qué no considerarlo autóctono? También dice que las azufaifas, que ahora no se comen tanto por aquí porque no están de moda, sí que sirven de alimento a muchos pájaros y mamíferos pequeños, animales que necesitamos conservar. Según él, los teóricos, hasta que no está todo escrito y recogido en la literatura especializada, no lo aceptan. ¿Tal vez la experiencia dé un saber más abierto...?
Y también mañana nos recibirá la nueva regidora del distrito. Tal vez entonces tendremos más noticias.

martes, 29 de mayo de 2007

La vida está en otra parte

Foto: Vuelta a los orígenes, ésta era yo, con mi melancolía y un balón de reglamento. El hombre que sacó la foto ya ha muerto. Era un amigo de mi padre, bigotudo y con una sonrisa entre triste y afectuosa, que vino a mi boda y me dijo: "Yo soy el que te hizo una foto con un balón de fútbol..."

El sábado fui a ver al librero de la calle Berlinès, y no estaba. Parece una tontacanción de Armando Manzanero: aquí no llovía, pero un vendaval agitaba los destrozos de las obras que están destruyendo con saña todo vestigio de arquitectura humanista y ajardinada de esa calle y de la mía y de tantas otras para llenarlo todo de ladrillo, como insinúa Forges. Le escribí y me contestó que los sábados por la tarde cerraba porque "hay vida más allá de la librería". Y cuando me alegré de esa idea, me dijo "ya sabes que la vida está en otra parte". Yo tenía un amigo que pensaba que la vida (o la fiesta) estaba siempre donde yo estuviera. Un día me llamó desde Sant Pere Pescador. "¿Dónde estás?", me dijo. Yo estaba en Tiana, en casa de unos amigos. "Quina sort!", me dijo, con un acento de total sinceridad y alegre envidia. Todo es cuestión de percepción, pienso. "Más que percepción", me dice el sabio librero, "tal vez se trate de deseo".
Una amiga madrileña muy seráfica, cuando le contaba mis amoríos, siempre me decía: "¡Qué fresca!" Y me llamaba Cléo de Merode, y su tono me encantaba, parecía reconvertir el contenido de moral judeocristiana del adjetivo y rescatarlo con la vitalidad de lo floral o frutal. Como la madre de una vecina que, de pequeña, me decía: "Tens la pell tan fina com una poma camusina!"
En todo esto me entretengo mientras la Guàrdia Urbana acude a mi llamada de SOS por el pobre azufaifo de mi calle, amenazado de muerte. Mi amigo B. me llama ya "querida azufaifa" o me sugiere que me encarne en "Tita Cervera de Bonnemaison".
"¿Usted ha visto cómo lo talan?", me pregunta el agente. Le digo que no, que entonces sería demasiado tarde. "Ah, entonces usted cree que lo cortarán..." Esto es como lo del maltrato. Si no hay asesinato, no se puede hacer nada. Sólo esperar a que ocurra para detener al malvado. "Oiga", le digo, "cuando derruyen una casa pueden hacer dos cosas, llevarse el árbol con raíz y darlo a Parcs i Jardins, o masacrarlo, como han hecho con todos los jardines de esta manzana. Pero necesitan un permiso. Yo sólo compruebo que tengan ese permiso..." "Muy bien", dice el agente.
Veremos lo que me encuentro al salir. Y dicho esto vuelvo a mi trabajo... mientras oigo sin querer las fascinantes explicaciones que la profesora de latín le da a mi hijo y siento que la vida está ahí, en esa habitación caótica pero llena de cultura romana, me gustaría dejar lo mío y volver al latín y a los orígenes de la lengua...