Mostrando entradas con la etiqueta Aurora Altisent. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Aurora Altisent. Mostrar todas las entradas

lunes, 3 de septiembre de 2007

Esta mañana


Foto: Savina de Sa Tanca d'allà dins, Eivissa, fotógrafo aún sin localizar

En medio del ruido y la furia de las grúas y el polvo que ahora se enseñorean de este barrio, he tenido la alegría de leer el artículo de Francesc Arroyo en El País, celebrando nuestra pequeña victoria del azufaifo. Ayer justamente leía sus artículos sobre la degradación de la Plaça Catalunya. Creo que su sección sobre todo lo que no funciona en la ciudad cada vez es más importante, no sólo porque la realidad lo pide a gritos, porque hay demasiado abandono por parte de los responsables políticos, pagados por todos nosotros, sino porque detrás de su crónica de los hechos hay alguien que reflexiona y que ve más allá. En otro tiempo, había más periodistas eran como él, con una formación y un bagaje cultural importante. Ahora son pocos, y algunos pecan de demasiado arrogantes. Yo busco esas excepciones en los periódicos, porque necesito su entendimiento de las cosas, una mirada inteligente, una actitud que muestra sin imponerse, sin pretender sustituirnos, sin situarse sobre una montaña de orgullo, y que en lugar de exigir rendida admiración, nos ayudan a pensar.

Ayer visité a Aurora Altisent, que está acabando el retrato del árbol. El dibujo es espléndido, como siempre los suyos, el árbol no podría encontrar retratista más sensible y receptiva. Y su casa parece formar parte de sus dibujos, los mosaicos, los objetos, los cuadros, todo parace formar parte de su mundo dibujado a pluma. Tiene un pequeño ginjoler con azufaifas enormes, tan grandes como las que yo recordaba de Figueres. Me pregunto si aún estará aquel huerto del colegio, con el árbol en pie. Si yo no fuese tan prehistórica (no conduzco) y tuviese más tiempo (sin tener que traducir), tal vez iría a comprobarlo. La visita a Aurora Altisent me dejó un agradable eco, como cuando oyes una música maravillosa y te vas del concierto con el espíritu solazado. También pensé que cada vez conecto más con gente octogenaria. Tal vez sea mi propia vejez, pero también les veo como figuras de un mundo humanista que yo apreciaba y que siento que se nos escapa. Mientras estoy pensando esto, aparece mi hijo con su amiga: con su entrada parece que se ilumina la habitación. Es su humor, la belleza desgarbada de los dos que sobresale bajo los signos de tribu urbana y todas las ocultaciones (como la flor de una planta espinosa o como el salto de un animal atlético), su energía esperanzada, las afinidades que encuentro en ellos.

He decidido, para rematar mi horrible falta de tiempo, componer el libro del azufaifo.

jueves, 26 de julio de 2007

Agit-prop


Foto: Linda Danz, Beach chairs, 2006
No logro trabajar, interrumpida por los teléfonos del azufaifo. Tendría que pedir una subvención a alguna asociación arbórea, o una ong. Otra vez me veo homeless durmiendo al pie del azufaifo... En fin. Pero para el árbol, las noticias -todas de agitación, ninguna oficial, por el momento- son buenas.
Organizamos un festival para conseguir la Placeta del Ginjoler. Tenemos ya poetas: Enric Casassas, Carles Hac Mor, casi que también Josep Pedrals, también Dante Bertini, músicos -Feliu Gasull-, y la última noticia es que Aurora Altisent va a dibujarnos a nuestro ginjoler, porque la idea de la Placeta le gusta. Ella vive muy cerca del azufaifo y su libro de La Barcelona tendra, con aquellos textos magníficos de Alexandre Cirici (Cirici! una figura importante para mi adolescencia; el dibujante secreto del diccionario de latín, padre de mi ex cuñado y abuelo de mis sobrinos, sus historias de El temps barrat y Nen, no t'enfilis, cuando anotaba en su cuaderno las combinaciones de colores que llevaban las gitanas en la calle; o dibujaba un edificio convertido en cuartel, y le tomaron por espía y le encerraron en un calabozo; o su manera de consolar a Carlos Pazos tras un varapalo crítico, diciéndole que si esos críticos le ponían verde sólo era la confirmación de que iba por buen camino; o su manera de dar un contexto a cualquier cosa que le enseñáramos asociándolo a la China antigua o a Grecia y a la vez siempre a lo contemporáneo... O su mirada fija y penetrante, al otro lado de la mesa... Entonces me parecía una especie de enciclopedia animada y con un espíritu distinto, más vivo), ese libro sigue siendo un favorito.
Han venido a filmarnos al pie del árbol los de La Sexta, y con invitados de excepción, Joan Bordas, que siempre comunica bien su sabiduría empírica de los árboles, el librero de la calle Berlinès, la sabia y resplandeciente V, nuestro amigo y memoria del barrio Josep Maria Bosch, la también radiante Lola, Marieta con su humor generoso y unos cuantos más, y la propia Aurora Altisent, que ha contado también cosas del barrio, todos gente interesante, excepto una señora fea y vociferante que ha venido chillando a decirnos que el propietario tiene razón y que sobra verde y hay que dejar que la gente construya lo que quiera. "Usted váyase a Mitre, allí se sentirá bien, en ese festival de cemento", le decía V, pero la pobre mujer quería salir en la tv gritando a favor de la propiedad y contra los árboles. Ella no tenía dinero, pero soñaba que lo tenía y se lo quitaban unos ecologistas radicales. Debía de ser una de esas personas que Cachodepan escuchó en la Ser, pidiendo que talaran los árboles de la calle. ¿Se habrán comprado unas escafandras con oxígeno, último modelo, para que sus hijos respiren cuando ya no quede ninguno? ¿Serán mutantes, los nuevos habitantes de un mundo feliz ruidoso, dopado y polvoriento?
Mañana los de Localia.
En la discusión sobre si podemos considerar que el Ziziphus jujuba una especie autóctona, difieren los teóricos y los que tienen un conocimiento empírico. Dice Joan Bordas que Sicilia, que es uno de los lugares donde hay más especies autóctonas, lo es porque hay mucho paso de pájaros, que abonan el suelo y dejan así las semillas de esas especies. Dice él que si en vez de los pájaros lo trajeron los hombres, pero lo trajeron de lugares donde hay clima mediterráneo, ciertas regiones de la China (como también ocurre en Australia), y el árbol se adaptó rápidamente porque está en su ambiente, ¿por qué no considerarlo autóctono? También dice que las azufaifas, que ahora no se comen tanto por aquí porque no están de moda, sí que sirven de alimento a muchos pájaros y mamíferos pequeños, animales que necesitamos conservar. Según él, los teóricos, hasta que no está todo escrito y recogido en la literatura especializada, no lo aceptan. ¿Tal vez la experiencia dé un saber más abierto...?
Y también mañana nos recibirá la nueva regidora del distrito. Tal vez entonces tendremos más noticias.