lunes, 28 de julio de 2008

Leer, escribir, rabiar


Foto: I.N., Cedros en Bonnieux, 2008

Hace mucho calor y las obras rugen con su estruendo español, de corrupta burbuja inmobiliaria, de crisis sin esperanza, de políticos sin remedio, de ciudadanos vencidos, que lo aceptan todo. Viajar sirve para olvidar, pero el retorno es mucho más duro. Aquí, en Barcelona, la basura se acumula en la calle, la gente se cree desarrollada, europea, contemporánea, pero no lo es y tira papeles, colillas y porquerías al suelo. Y no se queja ni conoce sus derechos, ni se molesta en interpelar a esos representantes y políticos a los que paga, ni es consciente de que sus impuestos le dan derecho a exigir ni de que la democracia es algo más que el voto. Y si criticas este país, si te atreves a decir que Francia, Inglaterra o Alemania están por delante en lo que respecta a preservar los árboles y el entorno, en no tirar basura al suelo, en la educación... entonces te acusan de idealizar Europa, de creer que es una Arcadia, de odiar este país y de tener defectos oculares.
Leo esas ensoñaciones irónico-poéticas-melancólicas de Bolaño, soñando con escritores, en Tres: "Soñé que estaba preso y que Boecio era mi compañero de celda. Mira, Bolaño, decía extendiendo la mano y la pluma en la semioscuridad: ¡no tiemblan!, ¡no tiemblan! (Después de un rato añadía, con voz tranquila: pero temblarán cuando reconozcan al cabrón de Teodorico.)... Soñé que traducía al Marqués de Sade a golpes de hacha. Me había vuelto loco y vivía en un bosque... Soñé que Pascal hablaba del miedo con palabras cristalinas en una taberna de Civitavecchia: 'Los milagros no sirven para convertir, sino para condenar', decía... Soñé que me enamoraba de Alice Sheldon... Soñé que follaba con Carson McCullers en una habitación en penumbras en la primavera de 1981. Y los dos nos sentíamos irracionalmente felices." Curiosamente, Bolaño sueña que habla con los escritores, mientras que con las escritoras sus sueños son siempre eróticos, a veces asesinos. No me parece casual. En él la misoginia no es absoluta, sino contradictoria, pero a veces arde furiosamente. No es casual que firmara el manifiesto en apoyo a aquel mal escritor oportunista que triunfó con el estereotipo de siempre, la voz del violador, la justificación más simple. Y algunos supuestamente contemporáneos le apoyaron como si fuese literatura. Y es que el propio Bolaño había titulado un libro casi en esa línea. Sólo que su escritura no está limitada en ese sentido y sus personajes femeninos pueden ser tanto o más poliédricos, inteligentes y talentosos que los masculinos, a diferencia de lo que les ocurre a otros. A mí me encantó el Bolaño de Llamadas telefónicas, Estrella distante, Literatura nazi en América. Y ahora estas ensoñaciones de Tres, a las que me ha costado entrar.
Leo también, para reseñar en La Vanguardia, La regla del juego, ese contralibro negro del psicoanálisis, traducido aquí y ampliado con las aportaciones de algunos escritores, psicoanalistas y personalidades de este país y del mundo latinoamericano que sienten gratitud o fascinación por ese lenguaje, que se han sentido salvados por él. que gracias al psicoanálisis han podido vivir y encontrar su lugar en el mundo. Como yo misma. Me ha sorprendido ver a Imma Mayol entre ellos. Pero yo sé que el psicoanálisis nos mejora respecto a nosotros mismos, no en comparación con los otros o según sus expectativas. Con todo, recuerdo una carta abierta suya a Bono, sugiriéndole amistosamente que resolviera su problema con el padre (guardia civil o militar, no recuerdo) y nos dejara a los demás libres de todo eso.
Leo un artículo de Jasmina Tesanovic que Ll. me manda vía boing boing, sobre la impunidad con la que Karadzic ha vivido en plena capital de Serbia, humillante para los que le sufrieron. Vuelvo a la corrección de mi libro balcánico.
Y sobre todo escribo. Desde que estoy aquí he escrito tres cuentos, seguidos, en una extraña fiebre de escucha silenciosa y matinal. Y respecto a esos cuentos me siento perdida, en el extravío postescritura del que hablaba Barthes, no sé lo que he escrito, no sé si son engendros o son cuentos, si podrán llegar a serlo o resultarán fallidos. Necesito a mi amigo serbio, que ha prometido leerlos a finales de esta semana, y mientras se los leeré en voz alta a V., y eso me ayudará a verlos, ella tiene una noción de estructura por su background teatral, y una lectura especial, china y psicoanalítica y entusiasta que complementa la sobriedad despiadada y sabia de mi amigo. Y tal vez Albértigo venga también a escuchar, o tal vez no. Pero sé que no he acabado de escribir, que este impulso sigue ahí y lo necesito para sobrevivir a la brutalidad del entorno, a mi desesperación.
Ayer me llamó otra hermana, desde un montículo ibicenco en busca de cobertura, para decirme de su lectura de La plaza del azufaifo. Estaba entusiasmada, pero su interpretación tenía el punto de vista del taiheki, las células, dijo que mi historia con el árbol era la del que da la voz de alarma, el que se convierte en voz de otros, la voz que comunica... Me recordó a la lectura que mi homeópata hizo de mi Crucigrama ("Los cuentos me han confirmado que el medicamento que te di es el bueno", me dijo). Pero no pudo seguir porque se encontraron una banda de podencos abandonados y convertidos en salvajes, y aunque no eran agresivos (la gente les da de comer), a su partner le inquietaban. Mi hermana italiana me había escrito días atrás, se había vuelto arbórea y tenía más ganas de escribir, gracias al azufaifo. Es extraña esa casi unanimidad, insólita.
Y he decidido releer ese germen de libro de nuevos cuentos que tengo para saber qué he hecho, qué son esas historias. Me doy cuenta de que he perdido un poco la memoria de los que escribí tan seguidos. Pero estoy contenta de ese libro aún inacabado: aún no sé qué editor podrá tener.
Mientras, las compañías telefónicas abusadoras y estafadoras sin que nadie les ponga límites en este país sumiso han estafado a mi madre, aprovechando su edad y los ictus que la han dejado en un estado vulnerable. El abogado dice que no hay nada que hacer, que graban la conversación y la usan como prueba. ¿Como prueba de qué, de que ella es inocente y ellos se aprovechan? Me dicen que no es casual, que es una campaña, que los empleados van a comisión y buscan personas así, mayores, perdidas, ignorantes de la tecnología, para engañarles. Y nuestros políticos lo saben y miran a otra parte. Prefieren perseguir a los timadores de la calle, que son mucho más humildes. Protegen a las todopoderosas compañías que en realidad nos gobiernan.

26 comentarios:

J. dijo...

Mi querida Bel:

Tus post a veces son tan densos que uno no sabe bien sobre qué comentar. Me recuerdan la mesa de un buffet, llena de manjares. Creo que ante tanta variedad uno puede quedarse paralizado y morir de hambre… o de silencio, como es el caso.
No he leído ese libro de Bolaño; su poesía está en la cara oculta de mi luna de lector. Alguna vez tendré que entrar en esa oscuridad, no sé si como un ciego o como un explorador, y completar mi lectura, ese viaje circular entre la luz y la oscuridad.
No sé si hay misoginia en Bolaño, a lo mejor mis determinaciones de varón me convierten en un lector cerril en lo que atiende a problemas de género. De todos modos me niego a leer en esos términos. Creo que esos debates quedan fuera de la literatura.
Me alegra que ese libro de cuentos vaya cobrando forma…
Un abrazo
J.

frikosal dijo...

Preciosos esos cedros.

Poco puedo aportar hoy.

Para mi el regreso siempre es malo. Y además, no tengo otra opción que entrar por una horrible carretera desde la que se ve toda la ciudad en un ángulo fatal que no deja ver ni siquiera las calles. En diez minutos pierdo todo el descanso que había acumulado.

Este tema de la supuesta idealización de Europa me lo he ido encontrando muchas veces hablando con diferentes personas, pero me sorprende que diga esto el autor de la reseña del Heraldo. Basta con viajar un poco, muy poco, para entender lo que dices.

No se si viste El País de ayer, a tope con la campaña nuclear.

Lo de las empresas de telefonía.. que sensación de impotencia dejan, y más si abusan de una persona mayor. Lo siento.

Ephemeralthing dijo...

Glups!! El trabajo fotográficos de tu hermana "italiana" me gusta mucho!
.... y tu hermana de veraneo ibicenco tiene toda la razón, o yo identifico muy bien ese punto: "...dijo que mi historia con el árbol era la del que da la voz de alarma, el que se convierte en voz de otros, la voz que comunica ...".

zbelnu dijo...

Seguramente, J, si al leer tuvieras que escuchar insultos dirigidos a ti, pensarías de otra manera. Nada queda fuera de la literatura. Es decir, nada que te irrite y moleste. No se puede seguir leyendo con el mismo placer a alguien que presupone que todas las mujeres son estúpidas o que sus lectores son sólo hombres. Es molesto e irritante y rompe el placer, como lo rompe una mala traducción. Tú lee como quieras, yo también leeré como quiero. De hecho, soy magnánima y no me gusta generalizar, vivo en la excepción, admito algunas misoginias cuando son abiertas, como en Fonollosa y contradiuctorias, como en Bolaño. Pero un estereotipo machacón y limitativo como en ese migoya me repatea. Y es que, querido J, la misoginia también es a veces estereotípica. Y los estereotipos acaban convirtiéndose en mala literatura.

zbelnu dijo...

Ese libro de Bolaño no es de poesía, J.
Friks: has dicho mucho. Alegra la afinidad y entender bien lo que el otro dice. Hemos ido a casa de mi madre: el engaño da mucha rabia, sobre todo, unido a la tristeza de su estupefacción, de su olvido, de su sentimiento de culpa, su "me quiero morir". Los de las compañías telefónicas son chorizos, pero nos gobiernan. Y han descubierto que la gente mayor puede ser un negocio mayor. Eso es pura estafa. Si tuviéramos más tiempo y dinero, les perseguiría...
Eph, me alegro de que te guste, se lo diré, viene mañana. Aunque tengo que cambiar el link.

zbelnu dijo...

Ah, Friks, sí, vi lo de la energía nuclear, espantoso, y lo fuerte es que los sindicatos la propongan, ¿qué manera es esa de proteger a los trabajadores y ciudadanos? Pero claro, ¿qué son ya los sindicatos? También defienden a los funcionarios que torturan a los presos... Où est-passée la gauche?

J. dijo...

Totalmente de acuerdo contigo, Bel. Pero en el fondo me das la razón. Migoya y el insulto son sinónimos, y para mí, ambos caen fuera de la literatura. De lo que se trata es que ese tipo de debates no oculten el valor de la obra. ¡Qué sería sino de Baudelaire, por ejemplo! A ese respecto creo que has sido justa en tu juicio a Bolaño… e igualmente en tu valoración de Migoya. Bolaño y Migoya: Afortunadamente los extremos no siempre se tocan…
Saludos

zbelnu dijo...

Precisemos. Seguramente entendemos distinto las palabras. A mí Baudelaire no me parece siquiera misógino, lo es en una pequeña medida, en su repentina rabia, pero luego sabe mirar a muchas mujeres y contarlas. Yo me refiero a aquellos ciegos que no nos pueden ver, que no soportan nuestra existencia, que no distinguen entre el odio a su madre o los celos edípicos y el mundo. Yo me refiero a los que niegan la existencia de mujeres inteligentes, de mujeres escritoras, de mujeres artistas, a los que las olvidan siempre y ningunean y sólo saben dibujar mujeres sumisas, amas de casa, o justificar la violencia contar ellas machaconamente. Nunca entraría en eso Baudelaire, ni Bolaño, ni Proust, ni siquiera el rabioso Fonollosa.

J. dijo...

Qué me vas a contar, querida Bel, pero entiende que ese odio hacia la mujer nos estigmatiza a todos. Tú, como mujer, sientes el rechazo. Yo, como hombre, lo que siento es vergüenza. Me vas a permitir además que sea fatalista al respecto. También soy padre y veo lo que viene detrás: desolador. Me temo que la educación no basta, pero es lo que nos queda. Claro que ese es otro debate...

zbelnu dijo...

Curiosamente yo soy más optimista en ese sentido. Creo que en la medida que los padres(-hombres) cuiden y toquen a los bebés durante ese periodo de vida que se llama lactancia, algo se moverá. Al menos, si hacemos caso de la teoría de Christiane Olivier en Les enfants de Jocasthe...

civisliberum dijo...

Es curioso que muchos españoles se crean europeos, principalmente los más incivicos. La poca costumbre democrata y de respeto al projimo no se improvisa en pocos años, se necesita algunas generaciones para que cuaje entre la gente, el problema es que en España las nuevas generaciones suelen ser aún más incivicas que sus mayores.
A veces estando por Europa es facil distinguir a los españoles por el ruido que arman con su griterio y que son los únicos que tiran cosas al suelo.
Esperemos que la cosa cambie.

zbelnu dijo...

Tienes razón, Civislib. Y da vergüenza cuando les ves entrar hablando a gritos en el metro de Berlín, o en una playa silenciosa de Ibiza donde sólo había alemanes hasta que llegan los aullidos españoles. Y efectivamente, la educación ha empeorado y las nuevas generaciones son difíciles...

ORIOL dijo...

En el último número de la revista Quimera hay un artículo de Edward F.Stanton sobre Guy Davenport, en cuyo segundo párrafo leo: "Llegar a la casa del escritor era como acercarse a un oráculo: en vez de un roble sagrado, había un majestuoso jinjolero que cobijaba el portal, creando una luminosidad opalina cuando sus hojas de tornaban en otoño". Ya lo ves Isabel, todo es jinjolero. Jinjolero leve y danzante como los cronopios cortazarianos, pero a la vez enraizado en lo más profundo, interpelándonos, a nosotros que poco o nada sabemos.

zbelnu dijo...

Qué gracia, un Jujube tree, un azufaifo en la casa del escritor. No, nada sabemos, sólo podemos interrogarnos. Non possiamo saperlo, dijo natalia G.

Gise =) dijo...

Sabes creo que tu rabia se ah hecho productiva has escrito tres cuentos aunque no sepas si te quedaron bien o no, pero si tu rabia de ahora deja tan beuna escritura como la del azufaifo tus cuentos deben ser geniales!!!!
Terminé de leer el libro y me gustó muchisimo no solo por lo que dices sino por la fuerza que le has puesto para salvar el arbol, eso es un logro le has ganado la batalla a la burocracia!!! Lo terminé de leer en Alicante el finde que estuve y lo hice debajo del arbol que hay cerca de la piscina comun que hay en casa de mi hermana, recostada y con los pies apoyados en el tronco del arbol. Sentí que le debía ese espacio al final del libro. Te das cuenta la fuerza que tienes??? receurdo que cuando te conocí te percibí fragil por tu aspecto exterior pero es incrible la garra y el empuje que tienes!!!! es admirable!!!!
Me compré "Las pequeñas virtudes" de Natalia Ginzburg, porque después de tu charla quería leer algo de ella...Sigue quejandote que siempre es bueno saber que hay alguien que piensa como uno y como no es extranjera puede quejarse sin que le digan que no pertenece a esta ciudad!!!!!
Besitos guapisima!!!!!

zbelnu dijo...

Gisela: La verdad es que mis cuentos no tienen nada que ver con la rabia. Creo que nunca he escrito desde la rabia, no creo que funcionase, al contrario, las emociones tienen que estar fuera y hay que lograr distancia para escribir, la escritura sólo puede ser seca, nunca con lágrimas, por ejemplo. Otra cosa es que mi batalla por el árbol estuviera movida por esa mezcla de furia y desesperación, pero en el libro no sólo hay guerra y hormonas, también hay o me gustaría creer que hay literatura. Por suerte algunos lo piensan también.
Estos cuentos son melancólicos e irónicos, contemplativos o atropellados, como dijo V o bien hay una precipitación del pasado que vuelve o bien hay un trayecto (en el que yo me interrogo).

Gise =) dijo...

Bel lo de la rabia lo decia por "leer, escribir, rabiar" no porque creyera queescribes con rabia, si como bien dices tu desde la furia en algún caso...
y or supuesto que en La plaza dle azufaifo hay literatura, pero no me creo capaz de "opinar" sobre literatura, si sobre lo que el libro me provocó y me hizo sentir.
Besos

zbelnu dijo...

Ya me imagino tus razones, Gisela, pero yo tengo la manía de la precisión y no querría que nadie imaginara que he escrito cuentos rabiosos, porque no lo son. Y no tengo nada contra la rabia en lo vital y cotidiano, creo que hay que tenerla, pero en la literatura no. Y al decir tú que mi rabia era productiva asociándolo a los cuentos, tenía que precisar! Espero que no me lo tomes en cuenta, no puedo evitarlo

iluminaciones dijo...

es el diáloogo con escritores, pintores, algo que da mucho pié, libertad de opinar sobre ellos. Me ha recordado el libro de Valery Eupalinos o el arquitecto, en el que se mantiene una conversación sutil sobre el sentido la belleza creo recordar y sobre la influencia de la arquitectura, o en el otro extremo la Carta de lord Chandos de Hofmannstal, que según dice el prólogo es más que el grado cero de cierta poética. por cierto, en otro lado citas a Céline, del que yo creo sí escribía con rabia...e ironía por supuesto..

zbelnu dijo...

Efectivamente, Céline, como Bernhard, sí utilizó la rabia, pero no eran cuentos sino novelas, y en segundo lugar, es muy difícil utilizar la rabia como hicieron ellos, la ironía tiene que ser muy fuerte (la autoironía también), con la cual se enfría la rabia y cualquier cosa, Bernhard utilizó incluso los insultos y la repetición, pero con mucha inteligencia. En Céline es más el pesimismo sarcástico y corroosivo que lo puede todo, más que la rabia es una desesperación desesperanzada. Yo creo que cuentos rabiosos serían aún más difíciles o saldrían mal, en cualquier caso, los míos no lo son, a mí sólo me salen desde el distanciamiento porque hay mucho dolor encerrado y eso sólo lo salva la distancia, el humor, la ironía, si acaso la melancolía traspasada a los objetos y al paisaje. Dejar que los objetos y los hechos hablen, como dijo Agota Christoff. Secamente. En cuanto a la Carta de lord Chandos, sé que a los lectores más sensibles les maravilla pero a mí no me gustó, tal vez fuese la traducción o mi momento, no me convenció. Tal vez reintente un día.

frikosal dijo...

Que enorme cantidad de autores conocéis, no dejáis de admirarme, tanto Bel como otros lectores usuales. Me siento totalmente perdido, no se NADA de ninguna de las cosas que aparecen en los dos últimos comentarios. Conste que no lo digo en plan de provocar lástima ni nada negativo por el estilo, mi mundo interior está lleno de otros objetos muy diferentes y no se si lo cambiaría.

Es esa ambición absurda que tengo de conocerlo todo..

En fin, ya se que me salgo totalmente del tema, solamente me vino esto a la cabeza y quería comentarlo.

zbelnu dijo...

Friks, yo me siento tan ignorante en lo que respecta a la ciencia, y no me refiero a una especialidad, sino a ir por el mundo como un analfabeto en una ciudad, sin poder leer los signos... Y lo peor es que no es sólo en eso. También el lenguaje jurídico me hace sentir ágrafa, o incluso el código de la circulación. En cuanto a la literatura, no hagas caso, yo he leído de una forma caprichosa y nada sistemática, me faltan muchas cosas importantes para comparar. Ayer un antiguo amigo judío belga-americano que me encontré en la calle seguía empeñado en que yo leyera lo que a él le gusta, pero él debe de leer un libro al año, y yo no me fío de su criterio, aunque sé que tiene instinto, que es creativo en lo suyo, pero la clave es ¿con qué comparas? Pese a todo le echaré un vistazo al libro que me sugirió. Y de paso me dijo que "algunas" historias de Crucigrama le habían gustado (si hubiera sido un éxito editorial, creo que le habría gustado más). Pero me pareció que no tenía ni idea de la autoficción y no entendía que hubiera una construcción.

frikosal dijo...

"el lenguaje jurídico me hace sentir ágrafa"

Añado yo: por suerte para tus lectores.

"(si hubiera sido un éxito editorial, creo que le habría gustado más)"

Bueno, sin conocerle no puedo opinar, pero por lo que dices del libro/año es muy posible que así sea.

"me pareció que no tenía ni idea de la autoficción y no entendía que hubiera una construcción"

¡Aquí te he pillado! Prometiste una introducción teórica (y sonrío, pero sin mala fe). Ya entiendo que debes andar liada.

A ver esos nuevos cuentos.. Un abrazo.

zbelnu dijo...

Mmm, pero Friks, yo creo que lo poco que puedo decir lo he dicho ya un millón de veces. Es así: En la autoficción, trabajamos con material autobiográfico. Sobre eso construimos la historia. Por ejemplo, yo escribo cuentos. Son fragmentos de mi vida, pero no son calcos porque lo que manda no es la realidad sino la estructura del cuento. Por tanto, escoges unos hechos, eliminas otros y unes los hechos elegidos o los reordenas según las necesidades del cuento, no según la cronología o la realidad de los hechos, que por otra parte tampoco existe, ya que todo es subjetivo en la memoria y la percepción de la experiencia.
Hay gente que lo entiende, que es literatura, que el escritor puede necesitar subrayar las flaquezas o los errores de los personajes, su asombro, su no-entender, o que para presentar sus personajes al lector, el narrador debe amarlos, sentir simpatía hacia ellos, acercarse a sus personajes aunque en la vida real los deteste o bien prefiera alejarse de ellos por prudencia o para protegerse. Dado que el narrador debe apartar sus emociones o ser capaz de traspasarlas a los objetos o el paisaje, como decía ayer, y lo autobiográfico es como un campo minado, la estructura debería ayudar a ser implacable, a no autocompadecerse nunca, a poder jugar con ese material (que tiene sangre, sudor y lágrimas) como si fueran piezas de ajedrez o de un puzzle. Lo que importa en la autoficción es la mirada y las interrogaciones, y en eso no se diferencia de la ficción común, sólo que suele narrar en primera persona y no se molesta en disfrazarse de monje budista, pero ojo, a lo mejor se reparte entre varios, etc...

frikosal dijo...

Gracias.
¿Y las interacciones con el mundo real? ¿No son problemáticas?

zbelnu dijo...

En efecto, lo son, pero ocurre también con las novelas. Javier Marías escribió un libro para contar las reacciones locas de los que creen reconocerse en su ficción (y eso que no es autoficción) o los que se enfadan porque no salen, o los que quieren salir aunque sea vilipendiados: yo he vivido todas esas situaciones. La furia también. Recuerdas una peli de Woody Allen, Deconstructing Harry, donde su cuñado le perseguía para matarle porque le había puesto de gerente del infierno en su novela? Da igual que sea ficción o autoficción, la gente reacciona, o corrige sus recuerdos y cree que lo real es la literatura, o se enfurece por cosas insospechadas o al revés, le encanta verse... No hay remedio, ya podemos poner la cita de Nabokov y decir que todo es ficción...