jueves, 10 de julio de 2008

En medio del calor, una sombra

Foto: I.N., Mis pies polvorientos tras la caminata, Cadaqués, 2008.

Pero no la sombra de un árbol, refrescante y acogedora, sino la sombra de la guadaña, que ronda no muy lejos y me ha sumido inexplicablemente en un túnel de recuerdos. He pensado en mi vieja idea de que todo estaba equivocado en la familia, o casi todo, o lo más importante. He pensado en la conclusión áspera, aunque saludable a la que me condujo al fin, tras una estela de espinosa repetición.
También me ha visitado mentalmente la sombra del sadismo en la medicina, de la que tanto me alivió leer en De la violence, editado por Françoise Héritier, en el ensayo de Jean-Pierre Peter, "Connaissance et oblitération de la douleur dans l'histoire de la médecine". Ese poder de los chamanes, estudiado por los antropólogos, de hacer enfermar y hasta morir a sus víctimas con una simple maldición, un poder que casi nadie atribuye a los médicos, y sin embargo lo ejercen y hay que sobrevivir a ellos. Y de ese afán de algunos de esos matasanos de castigar a sus pacientes (aún más si son mujeres).. Y de lo que significa para mí esa idea, y de mis enigmas. Y mis preguntas: ¿Qué es lo que realmente me duele? ¿Por qué ese peligro me obliga a hacer balance histórico, como si fuese un final? ¿Es el pasado lo que me duele? Al pasar frente al espejo he visto sus ojos en los míos, y anoche, sentada en la cama reconocí algo suyo, justamente la zona del peligro, en el perfil de mi cuerpo, también de soslayo, involuntariamente. Pero si en eso no nos parecíamos... Tal vez la mancha shakesperiana-ginzburgiana, que se extiende y simboliza el trauma. Tal vez...
He bajado a Ciutat Vella: en el Institut d'Humanitats, Lydia Oliva y yo daremos un ciclo de 5 conferencias en enero-febrero de 2009. Es una buena noticia y había cierto entusiasmo en el aire. Una de las fotógrafas de L. es completamente nueva para mí y las imágenes que me ha mostrado eran fulgurantes: su osadía, sus autorretratos teatrales, andróginos y audaces, anticipando tanto a otras fotógrafas posteriores. Cuando nos despedíamos, L. se ha desviado un poco de su camino para acompañarme hacia el metro y mientras hablábamos allí de pie, he recordado que la calle Pelai, junto con una visita en agosto hace 5 años a una playa de Barcelona llena de una gente que no sabía hablar pero hacía mucho ruido y que componía una visión esperpéntico-televisiva de la España profunda, me parecen visiones del infierno. Había un pobre tipo en el suelo, semidesnudo, con el cuerpo lleno de una especie de pústulas, como un leproso medieval. Y mucha gente obesa, con ropa estrecha, que andaba bruscamente, empujando a otros. El ruido era espectacular. El aire estaba sucio. En esa calle ni en muchas otras de esta ciudad, no hay un solo árbol, sólo cemento ardiente.
Seguiré consolándome con mis lecturas y tal vez busque cine de efecto inmediato. Precisamente este fin de semana pasado estuve leyendo en la barca de mis anfitriones un libro de Vila-Matas, El viento ligero en Parma, que permite retomar a trozos y lo alterno con mi pila de libros de siempre (a la que se ha añadido un Kawabata). Me encantó una conferencia de subtítulo secreto, "Mastroianni-sur-mer", escrita en estado de gracia, la he llenado de señales, de puntos luminosos y me arrastra ese humor, a veces melancólico y otras hilarante, sin perder hondura y sin soltar nunca la presa literaria. Es exactamente lo que ahora necesito. Voy a dejar de picotearlo y me lo lleve en el bolso, para leerlo en todos mis trayectos. También sigo con la biografía de Mercè Rodoreda escrita por otra Mercè, Ibarz, y a pesar del trauma histórico, aun su melancolía está iluminada por la trayectoria literaria apasionante. Y me he comprado el IV Vologda de Chalamov en italiano, del que me hablaba Julio, justo antes de irse a su periplo vasco-ruso-balcánico.
Mis états d'âme cambian deprisa y me recobro sin darme cuenta, y encuentro un compartimento en mi cabeza para guardar la tristeza más pesada, y puedo abrirlo a ratos y cerrarlo asombrosamente. Pero cuando lo abro y veo salir de él esos gases ensoñados y cargados, a veces de puro azufre (en el reverso me ha parecido que me llamaban indirectamente demonio; no sé si será verdad o será producto de la neblina sulfurosa de este día mental), o en cascada, me parece que necesito algo más poderoso para contrarrestar, algo que siempre he tenido y ahora no tengo, no sé por qué, tal vez por una opción inconsciente o por un ahorro de energía psíquica o por el equilibrio de los dioses griegos, pero siento ese extraño vacío uniéndose al cortejo.
Nada de eso impide que me maravillen los efectos del Diálogo en el Jardín del Ateneo, que siguen produciéndose, y que me alegre la extraña unanimidad con que tantos lectores, conocidos y desconocidos, me hablan de La plaza del azufaifo. Lástima que algunos medios sigan impermeables a esa acogida de mi libro. ¿O es mi impaciencia?
Y de pronto, todo desaparece con un barrido en un alegre torbellino, entre la música que G. me pone con vídeos de youtube, brasileña, jamaicana, anglosajona, y mis planes de itinerario francés para finales de la semana que viene con Tigridia y los amigos de Austin. ¡Verano! Pigmentos para la pintura de una elegante lechuza. Acueductos y pequeños museos. Y decididamente, el libro de VM ejerce un efecto terapéutico sobre mí, a pesar de las afinidades que encuentro, que siempre pinchan a la vez que conmueven, o "golpean", como a él descubrir que Sagarra se había apropiado del Paseo de su infancia. Habla de la novela como un tapiz que se dispara en todas direcciones y yo, en mi plaquette El cec de l'Odissea, el bloqueig i un somni d'editors (que hizo reír a Jordi Herralde) soñaba que escribía un libro que era un tejido, como un sari infinito que podía retomar o seguir por cualquier punta... Ese sueño fue el origen de este blog, sólo que entonces yo no lo sabía.

13 comentarios:

Ephemeralthing dijo...

Siempre tratas en tus entradas de varios temas a la vez y se hace complicado en un corto comentario referirse a todos ellos. Aquí: la muerte, la enfermedad, la familia, los momentos dedicados a la lectura, los estados de ánimo, ... , poco a poco.
De momento suponer que debes estar algo cansada después de estos días de cierta excitación a propósito de la presentación del libro porque si no no se explica que te hayas sentido aludida. Releo el comentario de cacho y no veo en él ninguna intención de verte como "demonia" y por supuesto en los míos ni se me pasó por la cabeza. Tanto él (creo) como yo (seguro) recurríamos al mito que significa lo malévolo para explicar el desastre circundante, la transformación de lugares antaño bellísimos en rincones deshumanizados y cutres, ya sean arboricidios o la inmobiliaria Vértix. Para mi significas todo lo contrario, ¿cómo no iba a serlo después de la historia del gínjol?.
En mi caso recurrí a ello al ser sorprendido esta mañana por la casualidad después de que cacho enunciase el estado de las cosas de forma semejante a Bresson en la película de él que ví anoche.
(A suivre .... )

zbelnu dijo...

No tiene que ver con la presentación del libro, sino con la muerte y la enfermedad, tan cerca. Intentaba decírtelo, pero veo que no me has entendido. Dije triturada y tú entendiste cansada. La presentación del libro o los Diálogos salieron bien, me animaron, no al contrario.

zbelnu dijo...

Y si no tratara varios temas a la vez sería otro blog! Es mi única especialidad, podría decirse, pero por suerte a algunos les gusta o eso me dicen :)

iluminaciones dijo...

olvidar es necesario, también. El tiempo endurece tanto como las verdades a las que nos aferramos, las de cada uno.

zbelnu dijo...

OLvidar es necesario, en efecto, para seguir viviendo. Pero la enfermedad importante de alguien cercano, aunque lo hayamos alejado y pretendamos seguir lejos, alguien físicamente parecido que puede espejearnos a trozos, nos obliga, al menos a ratos, a prestar una dolorosa atención, a recordar.

frikosal dijo...

Muy siniestra es esa visión inicial de la sombra de la guadaña, única sombra en el desierto.. aunque después parezca que todo cambia y se arregla tan deprisa, se puede guardar en el compartimento. No es poca cosa disponer de un compartimento para poder guardar esos pensamientos, no se si yo lo he logrado, tan solo se contrarrestarlos, y con dificultad.

Yo ayer estuve en la librería de mi ciudad-dormitorio, y allí con gran alegría pude ver que había personas comprando libros.

Y no solamente eso, si no que estaba tu libro encima de la mesa! Yo creo que si ha llegado a este lugar tan sumamente remoto, debe estar ya encima de las mesas de todas las librerías. Y además, a juzgar por los que quedaban en relación al número de ejemplares que suele tener de las novedades, me dio la impresión de que se estaba vendiendo.

¿De que van a ser esas conferencias?

Buen fin de semana.

zbelnu dijo...

Bien!!! Son dos buenas noticias... Son escritoras y fotógrafas en el olvido, interesantes todas...

Anónimo dijo...

Bueno, yo ya había leído el libro sobre el árbol, aún así lo estoy releyendo. Bueno que el sueño se transformase en escritura sin comienzo ni fin en estas páginas. En El traje de los domingos creo recordar un comienzo que me atrajo, aunque luego no lo seguí con la misma intensidad. Qué es de los cuentos (tuyos) aquellos..? feliz noticia lo de las conferencias, interesantes..
iluminaciones.

zbelnu dijo...

Qué es El traje de los domingos? Yo creo que leer el libro no es lo mismo que haber leído trozos del blog, creo que adquiere otro sentido montado y separado y añadido... No entiendo si es que no te interesa?
Los cuentos son ocho, tengo ya ganas de volver a ellos y hacer más, pero no depende de mi voluntad consciente, hélàs

iluminaciones dijo...

Me parece que he juntado todo en el comentario anterior. El comentario que te hago sobre El traje de los domingos y que me interesó su primer capítulo y que luego perdió en intensidad es de VM. Está en Huerga y fierro, 1995.
Sobre tu libro decía que leí prácticamente la totalidad en el blog, aun sin montar, pero que lo estoy releyendo en papel.
no sé si me expliqué bien..

zbelnu dijo...

Soy yo, que cada vez estoy más obtusa y entiendo a medias.
Luego en el mismo "El viento ligero en Parma" he visto que era otro libro de VM, que yo no conocía.
Para mí, el libro del azufaifo es muy distinto que el blog; soy de los que creen que el montaje/editing cambia radicalmente una película... Escoger y cortar y unir y reordenar da otro sentido, por lo que está y por lo que no está... A algunos lectores también les ha parecido que era distinto... Espero que no te decepcione. De todas formas, a alguien tendrá que desagradarle, y de momento, aquí, salvo una crítica que no se animó a leerlo e hizo su reseña sin saber de qué iba, hay una extraña unanimidad...
Ojalá saliera en la prensa de tu ciudad.

el objeto a dijo...

Hoy en una obra de teatro chino de la dinastía Yuan un médico entra en escena diciento "con medicinas no se revive el muerto, aunque con medicinas se puede matar al vivo", ya en el siglo catorce esos médicos feroces!

creo que las sombras sólo son comprensibles y pueden observarse a través de ciertos destellos, ir humanizándolas, otorgándoles sentido a pedazos, sino son demasiado grandes, arrasan con todo,

bien por esas lecturas de verano, esas fotógrafas recién descubiertas, imágenes y palabras que abran espacios donde una pueda seguir desplegando

hoy he ido a ver el ginjoler con Vir, y ahora esta tormenta,

vesso

zbelnu dijo...

Sí, esta tormenta! Os habría podido acoger con un té, espero que no os hayáis mojado... estaba yo como Doris Day inmersa en conversaciones telefónicas, y han venido curiosos visitantes! Buena cita esa antigua, ya lo dijo Hipócrates: "Lo primero, no hacer daño al enfermo"...