martes, 12 de febrero de 2008

Yo venía andando

Ilustración: Ingres, Edipo y la esfinge
Por la Diagonal, después de un cogote de merluza (¿imito a Cacho?) en una marisquería gallega (donde incluso dejaban fumar) con mi amigo JC, y de disfrutar de su conversación, sus pensamientos y su ironía, porque su manera de leer y ver el mundo siempre me parece muy particular, dejando aparte su humor. En la calle hacía un frío vigorizante y muy agradable, que unido a mis pensamientos y al movimiento de las piernas me parecía walseriano, y notaba la compañía amistosa de los árboles de invierno, hermosas marañas de ramas secas como cabelleras seniles alocadas, y pensaba que es una suerte que haya árboles caducos, capaces de sufrir tales transformaciones y de llenarse de hojas verdes en primavera.
Hace días le pregunté a JC por qué no escribía, porque tiene una fruición con las palabras polisémicas o las palabras cualesquiera, y una manera de contar que evoca inmediatamente la escritura. Él dice que es perezoso, que no siente esa necesidad, y añade de pronto que su vida, incluso su vida interior, es vulgar. Pero ese es su punto de vista, que naturalmente no comparto. Me contó que un amigo suyo y él se iban pasando en un cuaderno frases que les llamaran la atención o que escribiesen ellos, los dos ávidos lectores, pero hasta eso acabó cansándole, mientras el otro le pasaba frases múltiples reclamando respuesta, él se inhibía. También dice que no tiene mucho que decir, lo cual obviamente es falso, pero el argumento de la necesidad -o del no-deseo- sí me parece definitivo. Yo diría que sobre todo, en el fondo, es intensamente bartlebiano. Lo cual nos obliga a los que le escuchamos, a los que sí nos vemos impelidos por ese viento de escritura -esa maraña seca de los árboles de invierno, viejos pero vivos como yo me siento a veces, aunque la vitalidad siga ahí, con un nervio cambiante-, a registrar algunas de esas historias suyas, a buscarles sitio, aunque sea también perezosamente. Yo le he llevado el Montaigne de Zweig y él me ha traído un sugerente libro de John Donne, traducido pero bien editado del que ya me habló, Paradojas y devociones, aunque JC me advierte que las devociones son mucho mejores que las paradojas.
Al llegar a mi calle me he encontrado con el tema existencialista de Las Ratas. Ninca y yo y la vecina dueña de una tienda frente al azufaifo hemos movilizado al Séptimo de Caballería... para nada. O eso parece. Han venido los Caballeros del Alcantarillado, con sus trajes naranjas, me ha dicho la tendera, y por lo visto, no venían a resolver el problema: no pensaban entrar en la parcela sembrada de ratas, sino que su misión consistía en comprobar que "esas ratas" no eran "suyas", es decir, que no procedían de las cloacas, sino que probablemente, y parecían acusarla, como si ella pudiera fabricarlas con sus abrigos, las generábamos los vecinos. Muy pomposos, los Senyors del Clavegueram se han retirado, sin entrar en la parcela a cerrar la alcantarilla y dejando allí a las ratas. Un momento después he visto una que, al vernos, ha echado a correr y ha trepado rauda por la hiedra y se ha colado en la casa del jardín rodorediano que habita un señor de la calle Berlinès, al que habrá que avisar.
He entrado en casa tras ese encontronazo con la estupidez humana y pese a todo me he puesto a escribir este post, pero he tenido que interrumpirme con otro aterrizaje brusco. Las interrupciones han sido constantes y prolongadas, y en un momento dado, mientras hablaba por teléfono sobre las ratas y el azufaifo y el falso pimentero que quieren talar con viles excusas en el pasaje Méndez Vigo, me he dado cuenta de que una prenda favorita y muy necesaria se me había desgarrado. Al fin, maldiciendo mi tarde y mi falta de tiempo, agravada por la larga interrupción de esta tarde, he salido huyendo a mi clase de yoga, que hoy era especialmente dinámica y he vuelto flotando entre llamaradas azules, a tiempo para hacerle a G. unas supremas de merluza y para comprobar que la gata sigue guiñando los ojos de placer cada vez que la miro y le hablo.
Anoche vino a cenar una amiga inteligente y excéntrica, a la que conozco desde el ochenta y uno, cuando yo vivía en la calle Herzegovina y ella en el Putxet. "¡Qué buena atmósfera, qué cálido y agradable!", dijo al entrar en mi caótica casa. Le había hecho una coca mallorquina de verduras y comentó: "En ninguna parte se puede comer una tan buena". Intercambiamos historias y escuchas y pensamientos en voz alta para iluminarnos en nuestras interrogaciones y me fui a dormir animada por su espíritu. A G. también le gustó verla y luego me dijo: "Yo la creería en lo que me dijera". Luego me puse a leer unas paginillas del libro de Manuel Baldiz, que hablaba del lugar del que escucha y que sigue admirándome por su capacidad de ser preciso y matizado y de afinar así con un formato de supuesta divulgación, con meandros interesantes para pensar. Diría V que tiene una poética lacaniana.
En mi blog de artículos, mi reseña sobre la biografía de Melville, que aparece hoy en el Cultura/s (La Vanguardia)

20 comentarios:

cacho de pan dijo...

Respetuosos nuestros monjes naranja: ante el año de la rata, ¿qué pueden hacer sino tomar nota de su existencia?
Ya será tiempo de preocupaciones cuando llegue el año del dragón.

zbelnu dijo...

Monjes naranja! Sí, me gusta verlos así. Monjes implacables y arrogantes que vienen a dar de comer a las ratas... Pues aquí cerca duerme un dragón teenager (ascendente gato)...

Anónimo dijo...

Me divierte mucho tu blog, y me alimenta. Y me halaga mucho que hables de mí en la manera en que lo haces. Es como la foto de un buen retratista que te ilumina bien y te quita arrugas e imperfeciones. Eres como un fotoshop literario. Algo que a uno le apetece enseñarle a su madre para que te diga orgullosa: Hijo mío, qué bien has salido!
Jc

zbelnu dijo...

Me encanta ese comentario, ¡gracias, Jc! Hace ilusión pensar que estos desvaríos míos alimenten a alguien interesante.

Anónimo dijo...

Sobre el primero de los asuntos que tratas, creo que escribir es simple y llanamente una voluntad. La de hacerlo. Desconfio de aquellos que creen que tienen cosas muy interesantes que contar. Y por eso se ponen a la tarea. Yo soy vulgar y corriente en mis pensamientos y en mi vida, pero tengo el muy discutible empeño de ver algunos aspectos a través de mi voluntad de escribir. Luego viene el hábito, que al contrario de lo que se piensa, puede que sí haga al monje.
Un saludo.

zbelnu dijo...

No sé a quién respondes, puesto que yo no he afirmado en ningún momento que tenga cosas interesantes que contar, ni que escribir no sea una voluntad, aunque yo prefiero decir un deseo y una necesidad, puesto que para mí no es algo que controle conscientemente. Tampoco entiendo ala gente que no pone su nombre en los comentarios, y menos si son para (supuestamente) discutir. Y lo de "El hábito hace al monje", es decir, la inversión del refrán, ya lo escribió Umberto Eco antes.

nomesploraria dijo...

"Senyor del Clavegueram" parece un título nobiliario. Me gusta. Es como el "Marquès de l'ou Farrat" título que algunos erróneamente me atribuien.

Me pareció entender que la bio de Melville no la publicaban todavía. Que bien. Voy a leer tu reseña.

nomesploraria dijo...

POR cierto el Zweig de mesmer y freud es buenisimo

zbelnu dijo...

Sí, es un buen título... Pronto instauraremos también el del Senyor de les Rates.... tal vez se le conceda al fotógrafo de l'Avui, un joven intrépido que ha entrado no sé cómo en la propiedad para fotografiar a las ratas, según me han dicho... Espero que no le hayan mordido!

Anónimo dijo...

"Desconfio de aquellos que creen que tienen cosas muy interesantes que contar"
me parese una vajanada de mucho cuidado, oiga.
Desconfie, desconfíe.

zbelnu dijo...

Qué bien que sea bueno ese Zweig, a mí me pudo la melancolía de Hölderlin, y no he seguido, también por el atasco de libros, y se me superpusieron otros... En efecto, Melville salió, aunque antes tuve que reducirlo

zbelnu dijo...

El problema es ¿quiénes son esos que creen tener cosas muy interesantes que contar? Yo no los conozco! Aquí escribimos porque no podemos evitarlo, aún sabiendo que casi todo está escrito o que uno no puede compararse a sus maestros, acumulamos, sabiendo de los "demasiados libros" (rossi)o como dice Yasmina Reza (me la mandaron hoy)
"DEMASIADO. El mundo es “incontable”, está lleno de cosas, de libros, de libros que hablan de cosas, el mundo acumula y los libros acumulan lo que el mundo acumula y ver sobre la mesa libros y libros y libros de fotografía, libros de arte y libros que hablan de otros libros y disponerse uno, a su vez, a contener el mundo en una página, a contener esta suma execrable de manifestaciones para añadir al montón su propio eco..."

No tenemos excusa, pero no creemos tener nada interesante, sólo el deseo

nomesploraria dijo...

"nada interesante, sólo el deseo."

el objeto a dijo...

en una de esas vidas soñadas mías, yo leería muchas biografías... me ha gustado mucho tu reseña, olía a whisky bueno... ya que no consigo leerlas por falta de tiempo, me gusta leer sobre ellas,

y nada, nos tienes con el corazón en un puño con lo de las Ratas!

sobre lo de la escritura me gustó aquello que dijo Cacho sobre el encuentro con quienes nos leen, donde lo dijo? lo buscaré

Anónimo dijo...

Desconfío de mí mismo, porque yo soy uno de esos seres que se cree con cosas interesantes que contar, al tener la voluntad férrea de escibir, siendo vulgar y corriente como la mayoría. Sigo siendo Anónimo, porque esa es una de las posibilidades a la hora de intervenir y mi ánimo no es la discusión, sino otro muy diferente.
Muy interesante tu blog.

zbelnu dijo...

Tal vez Cacho lo dijo en su exposée de Literatura y psicoanálisis? O tal vez en su blog, a mí también me suena haberlo leído... En cuanto a las ratas, petite a, se han filtrado en mis sueños y en mi malaise del pasado, procesado ya por el cuerpo, venido a ensombrecerme un poco, o quizás sólo a actuar como pequeña Némesis frente a lo que debería ser una época feliz.

Anónimo. Yo no sé si tengo nada interesante que contar, y en cuanto a la vulgaridad, no es eso subjetivo? Siempre nos parecemos vulgares a nosotros mismos, o pesados, o repetitivos, pero si a alguien le gusta leerme, y si algunos de esos lectores son inteligentes, con eso basta...

cacho de pan dijo...

desfallezco de curiosidad por saber que cosa destacable he dicho o escrito... me lo diréis, por favor?

Gladys Pinilla dijo...

Como se puede hacer la vaina de desconfiar de uno mismo por tener cosas que decir interesantes que yo no lo comprendí no más que a veces me pienso que soy pendeja por no entender

zbelnu dijo...

Ja ja, Gladys, me has hecho reír!

el objeto a dijo...

sí, lo busco y os lo digo... se quedó en mi cabeza como eco bonito