domingo, 12 de julio de 2009

En el foso de los leones

Foto: Guillermo Aguirre, Yo frente a un mito romano, Nueva York, 2002
Empecé a escribir la novela (digámosle germen) de mi infancia, contra la que llevo muchísimos años rebelándome, forcejeando y últimamente resistiéndome a los asaltos casi cotidianos de la memoria, que me devuelve allí sin transición, a través de un gesto físico banal y tantas veces repetido. Y esos gestos han empezado a hacerse violentos: el otro día me golpeé la cabeza al subirme a uno de esos taxis altos de puertas correderas y con la mano puesta en el lugar del dolor recordé inmediatamente otro golpe, que me dejó una marca física para siempre y que está ahí oculto bajo el pelo para recordarme la relación con una de mis hermanas que lo sintetiza todo. He resistido a esos sueños maravillosos, donde las metáforas adquieren una expansión vital asombrosa, y la intensidad que dejan me hace sorprenderme de que podamos olvidarlas tan fácilmente. En mis sueños, la infancia y lo que allí ocurrió suele expresarse con escenario de mar, y los ahogos, naufragios, monstruos marinos, barcas de salvamento, ballenas son comunes, pero sobre todo esas olas gigantescas, que ocupan todo el campo de visión y se acercan a mí. El pasado más difícil.
Estuve escribiendo y corrigiendo, cortando y ampliando y de pronto, en un momento de extravío barthesiano, le pedí a G. que escuchara la lectura de un ejercicio. Me preguntó cuánto duraba, tenía ya prisa por irse. Le leí diez páginas de las dieciséis que tenía. A mí me sirve incluso el propio gesto de leer sabiéndole ahí, aunque no vea su cara, aunque él no diga nada, noto su lectura. Ya lo he dicho aquí; no sólo me sucede a mí. Mi amigo Manel A. me contó que cuando estaba de espaldas a uno de sus interlocutores sacando de un cajón la foto que quería enseñarle ya la veía con la mirada del otro, y ese gesto ya le servía para orientarse. Antes de irse me dijo que le había gustado mucho, que era muy triste, que le impresionaban esas interpretaciones mías de las cosas. Y pensé con esperanza en que su falta de concentración en lo suyo no era irreversible, pues su capacidad de atención y de escucha sigue siendo profunda y de fácil acceso.
Si ese germen mío llega a convertirse en novela, superando todas las barreras y resolviendo los problemas que ya suscita, tal vez tenga algunas imágenes. Creo que no es culpa de Sebald, ni de Bonells (de quien he comprado hace poco su Dar la espalda y lo tengo a la espera), ni de la cultura de la imagen, sino en parte de este blog, que deriva de mi vieja obsesión de las postales y me ha acostumbrado a seguir así, y en parte de lo que esas viejas fotos de mi infancia han representado siempre para mí, de lo que yo he buscado en ellas, del misterio y de cómo algunos de sus rasgos se han impuesto e imbricado a mis recuerdos, ayudando en esa construcción que nunca cesa, pues la reinterpretación del pasado es continua, aun sin escribirla.
Luego necesitaba andar para desencallar algo, hice un recado urgente y estuve paseando entre una multitud enfebrecida de verano y turismo, ya tarde para comprar, ¿adónde irían? Y mientras andaba seguía mirando esos balcones y persianas que me llaman a mi otro libro, ahora un tanto congelado, pero con más de noventa páginas escritas, pidiendo atención.
Cuando se acerca el momento de viajar, la idea de atravesar el horror policial y de hordas analfabetas y ruidosas de los aeropuertos me repele tanto que empiezo a preguntarme si de verdad quería irme. Me gustaría estar allí, llegar en alfombra mágica nocturna, en un tren imposible, en una transmutación como la de los cuentos, cambiándome el anillo de dedo al acostarme, como hacía Belle (la de la Bête), para despertar allí sin esa pesadilla de la transición. Un amigo blogger que viajaba a un lugar maravilloso me llamó desde el aeropuerto el otro día; en realidad, siempre me acuerdo de él en los aeropuertos porque una vez nos encontramos G. y yo con él y nos contó cómo hacía para soportar ese espanto. Siempre me pregunto cómo nos hemos sometido a esto y sé que un día u otro dejaré de viajar para ahorrármelo. De hecho hace años que he renunciado a NY y a Londres por ese motivo y a veces añoro tanto andar por esas ciudades que fueron hospitalarias... Pero mi reserva está ligada esta vez a lo que he empezado a escribir, a ese foso de los leones: temo abandonar, desconectar, no lograr seguir a la vuelta...
Al volver del paseo me invadió una de mis oleadas de melancolía. Me sentía sola en el foso de los leones de mi novela/grmen, con las punzadas de todo aquello. Un conocido de Feis colgó una música que me consoló. Luego me puse a ver una película completamente banal en canal satélite, pero con personajes que me recordaban algo importante para mí, mismidades y una época. Tenía una discusión virtual con alguien que parecía no entender lo que yo decía y con gustos muy distintos. Yo había ido a ver la noche anterior una película japonesa, Okuribito (Despedidas), que me interesó por varios factores: por la libertad temática, por cómo se habla de las razones ocultas que tenemos para escoger un rumbo, por las relaciones que muestra, por la idea de los ritos funerarios, por toda la ambivalencia, aunque no haya una belleza de imágenes e incluso haya momentos y cosas en esa película que me chirrían, exceso de banda sonora convencional, con sus estereotipos como concesión sentimentaloide, etc. Pero nada de eso niega lo otro. Mi interlocutor virtual me dijo que busca cada vez más películas redondas donde todo sea perfecto; en cambio a mí cada vez me interesa menos esa perfección y cada vez busco más en fragmentos, ideas, momentos, cosas. Lo mismo me ocurre con algunos libros. Una vez discutía con mi amigo serbio sobre dos libros de Bernhard en los que se habla del mismo tema y sobre los que disentíamos. A mí me entusiasma El sobrino de Wittgenstein y en cambio me agotó El malogrado. Según él, estructuralmente El malogrado es muy superior. Pero a mí eso no me importa porque la lectura de El sobrino de Wittgenstein cambió mi percepción de las cosas, me dejó una huella que sigue interpelándome y sentí un gran placer leyéndolo pese a su tristeza y desesperación y crítica, y me hizo interrogarme. Intenté explicarle eso mismo a ese interlocutor virtual, pero me pareció que seguía sin entenderme. Mi amigo serbio sí sabe que leemos de forma muy distinta, él es cerebral y por tanto, su aproximación siempre es analítica en lo estructural, en el contexto, mientras que yo, tal vez por ignorancia, por opción vital, por pereza o por estructura psíquica, sólo me intereso por lo que encuentro vitalmente en los libros, esa parte de ellos que dialoga con mis ideas, con mis percepciones. Sé que soy subjetiva y cuando hago crítica intento que se vea, no sustituiría nunca mi percepción por una sentencia sobre "lo que es bueno y lo que es malo". Intento mostrar lo que es un libro y luego decir lo que me interesa, lo que me exaspera, mis objeciones y razones. Hay trozos de libros que me han entusiasmado aunque alguna de sus partes no me interesaba. Hay un párrafo en un libro que para mí le da valor a la totalidad (We embrace... ). O dos escenas. También hablaba ayer virtualmente con el escritor valenciano, que me mandó un fragmento magnífico de esa novela que escribe, un fragmento aún humeante, en bruto, en el que resuenan para mí muchas cosas vitalmente afines, y otras en cambio muy distintas, exclusivas de su mundo. Esa lectura me animó a escribir y a pensar en todo lo que está ahí en mi cabeza, esperando a ser escrito.
Ayer por la mañana, antes de tirarme al foso de los leones de mi novela, estaba en ese momento negro a veces necesario, un tanto autoflagelante, examinando el tiempo perdido, todo lo abandonado durante años en los que sólo me dediqué a lo alimenticio y a cuidar a otros descuidando mi deseo de escritura, y luego, cómo he tenido que abordar el núcleo de mi bloqueo literario bordeándolo, rodeándolo con el blog -que es inútil, por mucho que tenga lectores y sea emocionante para mí, es inútil porque ocupa tiempo no remunerado, no remunerable, y agrava mi situación, la incertidumbre de ese futuro donde la única certeza es la amenaza de indigencia, pues si lograse incluso vender libros, no me serviría de nada, dada la vulnerabilidad de los autores en este país, y ningún medio me ofrece hospitalidad, ningún editor publicidad, ninguna institución acepta conferencias regulares-, con los cuentos -que han ido pellizcando la novela-, o el libro de la ciudad -los fantasmas asoman a esos rincones, pero de forma casi homeopática, contenida por mí con pulso firme-, hasta que volví a casa, y tras cocinar furiosa para G. y para mí, tras comunicarle mi responsabilidad en su posición vital del momento, me arrojé al foso y estuve negociando con esos leones, pues había perdido el cuchillo prendido en un pliegue de mi túnica romana y pensaba en Daniel, y salí felizmente victoriosa, pero con heridas nuevas y cierto dolor en las viejas cicatrices interrogadoras.
Echo de menos el Dietario voluble de VM, que me consolaba del resto del periódico de los domingos. En una cena donde dominaba el desdén y de la que ya hablé hace un tiempo, discutieron la definición de obras maestras y cuando aventuré: ¿las que nos hablan a nosotros? se me echaron encima. Pero los libros que me han cambiado la percepción y la vida me hablaban a mí. Tal vez sea un estúpido egocentrismo. Tal vez la soledad de mi infancia, que me hizo buscar en los libros y en la naturaleza lo que no podía encontrar en el mundo familiar. Pues bien: esas crónicas también me hablaban a mí. Aunque los autores no tengan nada que ver con eso.
Por la mañana he estado bailando; sigo en esa intensidad de los leones, no puedo evitarlo, todos mis gestos y mi voz y los encuentros y las imágenes que veo en la calle y las conversaciones están llenos de esa corriente eléctrica. No sé cómo será mi lectura del Refugio a la vuelta de Sicilia, ni siquiera sé si ese viaje me apartará peligrosamente de esto (espero que no), de lo que me ha costado años abordar, pero todo está siempre en esa incertidumbre, que forma parte importante de la vida.

14 comentarios:

fernando megias dijo...

He dejado por unos momentos el trabajo que estoy preparando para la próxima temporada, para sumergirme en esa tan gratificante y diaria necesidad que es sumergirme en la lectura de tu blog. A mi tambien me admiran tus interpretaciones de los hechos cotidianos de tu vida, tus inteligentes reflexiones que hace que espere con verdadera ilusión tu novela. Me ha encantado el tema motivo de tu baile.

zbelnu dijo...

Gracias, Fernando! Espero que te salga muy fluido ese trabajo que preparas! Gracias por tus palabras. A mí también me alegra que me leas.

Druidhead dijo...

You have no idea how much I wish we had met in person when you were here in NYC with Guillermo. I was only moments away from you when you took this picture. I go there often, to that museum to throw a coin to Hermes and make a wish for the ones I love.

zbelnu dijo...

You know, Linda? I had exactly the same thought yesterday when I posted this picture here! That you were near, that you use to go to this museum, that I didn't call you because of G.'s mood, that it was wrong not to, but it was almost magical how we began to write each other after this.

Esther Planas dijo...

Te vas a Sicilia!
Cuando?
Ojala pudieras saludar a mis
tios que son encantadores...
Que envidia...hace siglos que quiero
ir pero con esta economia parca
poco se puede hacer...
Estare en Barcelona desde el 11 de Agosto!
Preparate para mucho calor en Sicilia
es tan bonita!
Vistes mi casa en londres transformada en salon??

nomesploraria dijo...

"Cuando se acerca el momento de viajar, la idea de atravesar el horror policial y de hordas analfabetas y ruidosas de los aeropuertos me repele tanto que empiezo a preguntarme si de verdad quería irme."

Yo últimamente sólo viajo con el tren de cercanías.

zbelnu dijo...

Fas bé, Nmp! Tens tota la raó

Anónimo dijo...

Salir del foso de los leones por la fe, es una buena metáfora. Y a veces, las propias interpretacones son difíciles de contrastar, o creíbles, es cierto. Acabo de leer una nota de A nothomb: Hay que apasionarse uno mismo o resignarse a no entender nunca nada. Añado yo, y los libros acuden cuando pueden en nuestra ayuda.
iluminaciones.

zbelnu dijo...

Muy bien la cita de Nothomb, Iluminaciones. Me gustaría añadir la que me manda un amigo, de la película de Fassbinder "Las amargas lágrimas de Petra von Kant" : "Hay que ser muy humilde para poder soportar todo lo que se comprende".

delarica@unav.es dijo...

estoy en dublín y si, viajar es una ascesis
en eso de los fosos abismáticos, ¿has leído lo que ocurre en el libro de los Macabeos? Allí se habla mucho de lo que sea la Nada. Uno de los primeros textos citados en todas las historias del nihliismo. No me refiero tanto a la infancia que está detrás de tu novela in pectore sino al blog, ese abismo del que tú crees que no sacas nada (en limpio).
A mí también me saturó El malogrado.
Te has dado cuenta que, como en El ladrón de bicicletas, G. es en tu vida literaria, en tus recuerdos, casi siempre una presencia lumínica

zbelnu dijo...

Tendré que buscar lo de los Macabeos, a mi vuelta. Todo suena tan extraño y distinto precisamente hoy, Álvaro, en esta forzosa contemplación del delirio que me ha tocado, y donde la luz, si la hay, será luz negra como la que definía Chillida para el norte, y parece haber abandonado incluso a los que siempre tienen luz. Oh, ya sé que acabaré por comprender, poco a poco, o por aceptar, que como dice Zambrano, es amar (el proceso, pero ahora...

zbelnu dijo...

Dublín suena muy fresco frente a la ardiente Sicilia

odette farrell dijo...

Sicilia es uno de mis sueños aún no hechos realidad...
Mucha suerte mi elegante amiga

odette farrell dijo...

Viajar es terrible, yo acabo de pasar por eso, el vuelo Roma-Stansted tuvo un retraso de 2 horas e hizo que perdiese el tren a Londres...
Pero por mucho que sufras son peccata minuta ante las experiencias vividas en esas ciudades de sueño. Piensa eso para que te animes a visitarme en Londres, hay un león maravilloso, lo recordé al ver tu foto...está en el British Museum y llamó poderosamente mi atención la última vez que estuve ahí y te cuento que era uno de los leones del Mausoleo de Halicarnaso :)