miércoles, 29 de julio de 2009

Anoche

Foto: I.N., Puerta del duomo de Ortigia, Siracusa, julio 2009
No había luna llena, mi amigo del Museu d'Història estaba lejos, en su frondoso jardín gallego de la Bella Durmiente, arrancando malas hierbas, y en la lectura del Refugi 307 tuvimos problemas de luz y sonido, como si la historia hubiera querido recordarnos lo que allí fue con más énfasis. Tuve que forzar la voz para que me oyeran y cuando la luz fluctuaba, temía acabar pidiendo linternas al público. Y aun así todo fue mágicamente bien, porque el público era el que debía ser y porque el muro rocoso expandía mi voz en el aire. En un beau geste, Julia Bel vino a traerme la foto de María Zambrano al volver del exilio, esa imagen blanca de la que ella misma hablaba en el texto que yo leí. Al acabar, los asistentes me felicitaron generosos y elogiaron la selección de textos, y se vio que la visita al Refugi les había interesado y conmovido porque siempre es una experiencia emocionante. A.V. nos contó que de pequeño, en Lleida, durante la guerra, oía decir que la gente de Barcelona era fantástica, resistente y combativa y que al ver al Refugi había pensado que era verdad. Me hizo ilusión que A.V. viniera y también estaban otros amigos importantes para mí. Esperemos que el próximo martes todo vuelva a salir como la primera noche, ya con mi amigo aquí, coordinándolo todo sabiamente.
Luego fuimos a tomar algo en una terraza callejera; mis amigos hablaron de sus planes de viaje y yo pensé en este árido verano mío, sin mi ordenador (¡tres semanas de reparación!), sin mar, condenada a tratar con esa gente que no comprendo ni me comprende, y a soportar las consecuencias de sus impromptus y su falta de ética -quousque tandem abutere...?- que sólo agravan la tristeza de la desconexión y el olvido. He tenido un sueño tenebroso y me he despertado en plena desolación. Una conversación telefónica delirante me ha confirmado que el proceso de olvido de M. sigue avanzando oscuramente. En su mente, los conceptos ya no están ordenados ni separados, sino que han perdido sus contornos y se mezclan como en los sueños. Las palabras son otras.
El librero de la calle Berlinès me ha prestado su escucha inteligente, con paciencia. Yo tenía que hilvanar recados largos e inacabables y he llegado por los pelos a la comida con una amiga agente literaria, que me dio un buen consejo. Después he mantenido una larga y errática conversación au vent en una terraza azotada por vientos africanos con el editor de Saymon, que también es novelista y que hoy, con su gorra y sus gafas ahumadas y una pequeña cruz, tenía aspecto de músico latinoamericano y se preparaba para un encierro francés. Le he pasado un ejemplar de un libro que me gustaría traducir. Y al volver me sentía casi bien, casi en mi sitio y soñando con baños marinos.
Pero ha habido un percance nocturno, un momento de pánico distorsionado por una supuesta desaparición de M. que no era tal, y uno de esos personajes con quienes preferiría no relacionarme nunca (y de hecho sueño con el día en que ya no haya más razones perentorias que me obliguen) me ha llamado muy alterada. En cuanto detectan objeción o dudas no razonan, sino que insultan, porque confunden la necesaria disensión con un cuestionamiento a la totalidad, y me ha acusado de cosas absurdas, tal vez para desahogarse de sus culpas, mitigar su furia o quién sabe qué. Mi amigo serbio diría que tienen un exceso de energía. Después de uno de esos roces malévolos, tengo que hacer un esfuerzo para volver a mi mismidad y olvidar que conozco a alguien así, que vine al mundo en ese entorno inhóspito o hablar con alguien amigo, o con G., para recordar que por fortuna, encontré la hospitalidad en las afinidades electivas.
Me retiro ya a mis lecturas. Acabé con Sciascia, leí unos poemas mágicos y dolientes de JRJ (sí, aún sin j, y tempranos, pero llenos ya de su sagèsse poética, de sus pasiones fulgurantes), otros de Tomás Segovia (cómo consuela la poesía en las emergencias!), y me dispuse a buscar libros que tengo que leer para una misión agradable... Eso sí, la interrupción me ha impedido abordar esa novela mía, reunir valor, recobrar la calma, con el temblor en las ramas cuando un grupo de pájaros las abandonan hacia el cielo. Será mañana...

6 comentarios:

fernando megias dijo...

Celebro muchísimo que Refugi 307 haya sido un éxito en todos los sentidos, pese a ciertos imponderables y que el tan anhelado sosiego te permita seguir con esa novela tuya.

zbelnu dijo...

Gracias, Fernando.. que los dioses griegos te oigan

Anónimo dijo...

Anoche la tierra anduvo de tu voz llena, y llena la luna ausente te escuchó enterrada en el mar.
(A.G.)

zbelnu dijo...

El poeta osado! Precisamente en este momento.

frikosal dijo...

Me alegra mucho saber que hay otra lectura el próximo martes, esa yo no me la pierdo !!

Hasta entonces un saludo.

PS. Yo tambien tengo problemas informáticos, un ataque de virus que espero poder reparar.

el objeto a dijo...

qué bonito lo que dijo AV de Barcelona, evocado en el Refugi. Martina me dijo que a ellas les tocó un guía horroroso que lo llenaba todo con comentarios bobos y que eso fue una pena, pero quedaron agradecidas de la visita al refugi,

Tal vez, como dice Damasio, algunas buenas emociones le sirvan de guía y ayuden a M. a ordenar su cabeza caótica y llena de blancos, como en una buena pintura china, en la que aparecen bellas montañas, templos colgados, algunas rocas y pinos centenarios aislados, rodeados de brumas, sostenidos y ordenados por el vacío, pero en cierta armonía interna