martes, 23 de junio de 2009

Por alguna razón misteriosa

Foto: IN, Muntaner, 2009
El dolor más agudo volvió a mi brazo y fue in crescendo durante el fin de semana hasta que ayer volví a la acupuntora, preguntándome, allí tumbada, de nuevo Gulliver en Liliput, sujeta por micropinchazos de agujas finísimas, si alguna de esas agujas habría abierto un canal equivocado. Luego las agujas y el silicio ejercieron su poder curativo y el dolor se ha relajado, aunque no del todo desaparecido, y es inconveniente escribir.
Dice Peri Rossi:
RECETARIO
"Ahora -le digo al médico-
cuando escribo me duele el hombro,
me duele el brazo, me duele la mano
y los dedos de la mano. A veces,
no puedo aguantar el dolor
y dejo de escribir."
El médico -varón-
me contesta: "Parirás con dolor a tus hijos"
y me prescribe un analgésico.
A veces, como ahora, los gritos suaves de los niños en el jardín de al lado -jardín amenazado, con sus magníficas palmeras, su sauce llorón, restos de un bosquecillo, de lo que fue la escuela republicana, pues el Sant Gregori se traslada y en Urbanismo ya me lo confirmaron, se puede construir... ¿y por qué iba el ayuntamiento a preservar nada que no sea cemento nuevo y parkings?- me parecen casi como voces de pájaros. Son voces que corren, que atraviesan el patio donde antes hubo un inmenso sauce, que talaron para ampliar las instalaciones, y cuando G. iba a ese colegio le mirábamos desde la terraza sin que él lo supiera y parecía feliz. G. se defendía de los matones de la clase -siempre había niños que iban al colegio a matar, no sé qué les harían en sus casas, empujaban bruscamente y con esa inestabilidad de los pequeños les hacían caer en seguida, a veces peligrosamente, les golpeaban, había incluso que coserles-, los neutralizaba con sus torrentes de palabras, sólo en eso fue precoz, hablaba y entonaba muy bien, con pequeños ademanes de las manos, y les dejaba estupefactos. Antes de hablar propiamente empezó imitando con ruidos, pronunciaba frases con sonidos y palabras inventadas y sólo la palabra final tenía un deliberado sentido, aun deformada, decía mukuka para música o fututa para formatge o un rusófilo patoff para beso y todo lo demás era figurado. Luego empezó a hablar cada vez con más palabras y no paraba, con aquella voz y acentos que aun a veces recuerdo, llenos de una vitalidad festiva, burlona, y una entonación particular. Y hoy esas voces que corren me parecen muy alegres y cercanas al mirlo de enfrente y a las bandadas de golondrinas que también oigo, a diferencia de los llantos de septiembre, generalizados, dramáticos y contagiosos: hasta yo tengo ganas a veces de unirme a ellos.
Hace unos días, a raíz de un sueño y de una noticia cruzada, me preocupé por la salud de un amigo de mi adolescencia, y cuando le llamé para saber, me dijo que estaba bien, con cierto mal humor o tal vez cierto desdén, quizás molesto de que me inmiscuyera. Él no podía saber de lo simbólico, de lo que la vida de alguien a quien no vemos puede representar en ese terreno, ni de que la enfermedad real de alguien que nació en su mismo año y por quien yo le conocí influía en mi ánimo de ese momento. Yo me sentía en un mundo otro, donde sólo importa el inconsciente, sólo pesa la creciente memoria y sólo relumbran los sueños.
Y a veces hay que decir cosas que preferiríamos no decir, o que las dijera otro. Hay conflictos que cuesta resolver, o intentarlo, o problemas que yo quisiera resolver sin entrar en conflicto. Y en ocasiones no queda más remedio que arriesgarse y duele, pero si no se hace, algo amargo va macerando internamente y en mi caso acaba por bloquear incluso mi escritura. Ojalá el solsticio o la luna nueva o de nuevo los dioses griegos me protejan.
Y ahora me voy, por mi brazo, por la lectura pendiente y por los preparativos para una sesión muy reducida de cine contra el fondo de un cielo de hogueras y petardos, celebración ruidosa del solsticio en la ciudad, aun con nombre de santo.

21 comentarios:

fernando megias dijo...

Parece que la deriva del cemento no tiene vuelta atrás. Se ha optado como fórmula de enriquecimiento, de unos cuantos, ademas de contar con el beneplácito de mucha gente y la indiferencia de la mayoría. Hace unos años en una exposición construí una frase, con letras de hierro, en la pared que decía : "No hemos llegado hasta aquí siendo tan egoístas, violentos y corruptos como para que ahora lo tiremos todo por la borda".
A mi también me causa tristeza tener que enfrentarme a situaciones conflictivas y me causa desasosiego las situaciones tensas a las que parece estamos abocados.
Cuídate mucho.

zbelnu dijo...

Qué buena tu intervención en hierro, letras de hierro, como los siete pares de zapatos de hierro del cuento de Grimm, interpelándonos. Gracias por tu comentario y ánimos. Ya sabes, en esta celebración del solsticio hay que quemar lo viejo y dejar que crezca lo nuevo...

frikosal dijo...

Siempre parece que las enfermedades nos atacan precisamente donde más nos va a doler, al ciclista le prohíben la bicicleta y al bebedor el coñac. ¿No podría ser al revés?

Deliciosa tu descripción del colegio y de las primeras palabras de G.

zbelnu dijo...

Gracias, Friks! Es verdad, a mí no me importarían nada que me prohibieran el cognac y siempre sería mejor tener prohibida la bicicleta que la escritura...

Ephe dijo...

Me gusta leerte, eso es obvio, pero déjame decirte que cuando tratas sobre tu experiencia con la maternidad siento una emoción y placer especial. Ya me pasó con uno de los cuentos de "Crucigrama", no recuerdo el nombre, del que transcribí en mi blog un corto párrafo que describía las primeras y nuevísimas sensaciones de ser madre.
Será que no estoy acostumbrado a ello pues normalmente cuando escucho a algunas compañeras de trabajo hablando de sus hijos parece más bien que se refieran a algún tipo de rutina, esquema estadístico, o valor en bolsa. "Oír" hablar de ese hecho como tu lo haces, una experiencia humana, me reconcilia con la cuestión.

civisliberum dijo...

No se si será por la edad o por otra similar razon también he tenido problemas con mi brazo. Una amiga mia, también los ha tenido con el suyo, concretamente con el mismo que me atormento hace una temporada, el derecho. En mi caso con una fisioterapeuta competente se solventó. El origen del dolor, además de haber nacido mi amiga en 1957 y yo en 1958, el raton del ordenador. prueba a cambiarlo.

civisliberum dijo...

Es curioso el camino de la personalidad que se inicia en el colegio y en nuestra tierna infancia. Recuerdo los chicos matones del colegio, hoy todos unos desgraciados; los lideres protectores, hoy triunfadores; el resto como yo de la mas media. En mi caso, al ser de un pueblo con un colegio pero de poco postin, fuí interno a otro colegio de mas nivel con 11 años, tantos años valiendome por mi cuenta con una gran solidariadad con otros alumnos, me han llevado a un gran individualismo, pero a la vez a una gran empatia y solidaridad con el resto, un gran compañerismo y sentido de la amistad profunda.

delarica@unav.es dijo...

muy bonito el poema (no sé porque me parece que la comparación te deja un poco con sentimientos mezclados, quizás no)
hay una cosa clara: cuando se aprecia a alguien, como es el caso de muchos de tus lectores, aprecio personal y literario (son inseparables en este caso) se puede sentir tu dolor físico también; a veces he llegado a creer que me dolía a mí el brazo
no sé si sirve para algo esta empatía, pero yo sé que es profunda
ah, y una cosa última, no le querrás quitar a la not del foc el nombre del hijo del trueno, ¿no? jajaja

zbelnu dijo...

Oh, Eph, me has emocionado! Aunque yo tengo un ánimo extraño hoy, ya lo he dicho en otra parte, porque el solsticio este con sus cohetes sigue despertando en mí ecos que salieron en otro cuento de Crucigrama. G. acaba de venir a pedirme un favor para mí excesivo y no le he dicho que no. Es el ánimo éste, apesadumbrado y alegre, nostálgico y melancólico, con deseos incomprensibles de salir huyendo, un peligro.
Dicho esto, bueno, supongo que la maternidad varía, para mí, que nunca quise tener hijos hasta que decidí autrement, con mi infancia espantosa y una madre que nunca me protegió del maltrato y prefirió echarme la culpa de sus errores aun antes de nacer, la experiencia (aunque casi me muero en el parto) ha sido maravillosa, me sirve la frase de Duras (que no serviría a mi madre): J'ai beaucoup parlé de l'amour maternel puisque c'est le seul que je connaisse comme étant inconditionel. C'est celui qii ne cesse jamais, qui est à l'abri de toutes les intémperies. Il n'y a rien à faire, cest une calamité, la seule du monde, merveilleuse

zbelnu dijo...

Quise decir que NO le he dicho que no...

Ephe dijo...

jajaja, ¿cómo?, ¿qué no o que si?
Bueno, da igual, creo que lo entiendo.

zbelnu dijo...

ja ja, no le di un no rotundo, eso quiero decir...

el objeto a dijo...

qué bonito post! me parece que el hilo que lo recorre tiene que ver precisamente con esos sonidos y percepciones que a menudo lo llenan todo, aunque sean invisibles o imperceptibles: la fuerza y descubrimiento de las palabras en tu hijo, el lugar que conquistaba con ella, frente a la dureza del mundo (el cole!) el malestar de esos matones de escuela, las voces alegres o tristes de la escuela, lo que representan algunas personas, amistades, fechas, aunque no se vean, algunos conflictos y algunas maneras o deseos de arreglarlos,

a mí también me parece estar a menudo en un mundo donde sólo cuenta lo invisible, lo no hablado e inconsciente, las sensaciones o pensamientos que sólo parecen provenir de los sueños,

y es cierto que en tu enfoque de la maternidad hay algo tremendamente vital, lejos de la culpabilidad y esas proyecciones de muchas madres que ven en sus hijos una continuación de sus fantasmas

zbelnu dijo...

Gracias, Objeto a! Aquí desde el brazo que gime (así lo describe un poeta valenciano) y mi deseo de escrbir un post, sabiendo que no debo... Ya no hay voces de niños, sólo golpes de la obra de al lado -que parecen decirme algo en morse- y espantoso estruendo agudo de las obras de enfrente, y paréntesis de obreros en los que vuelven los pájaros

zbelnu dijo...

Gracias, Civislib, el ratón lo cambié por un joystick, pero el dolor sigue incluso aunque no escriba, es decir, remite con cada tratamiento y luego empeora de nuevo. En cuanto a los alumnos, no sé si la evolución es tan clara, pero sí es interesante obsrvarla.

zbelnu dijo...

Álvaro, la empatía sirve, saber que me lees también!
En cuanto al poema, sí, yo diría que está toda esa ambivalencia que tú detectas...
Pero no sé qué quieres decir con la última observación, ¿lo dices por san juan?

zbelnu dijo...

Álvaro, querías decir "nit del foc" y te referías a San Juan? Perdona mi obtusidad, no sé por qué el sistema no me avisó por email de estos tres comentarios vuestros y hasta ahora no he podido publicarlos.

delarica@unav.es dijo...

Sí claro, quería decir eso
Me pareció que te sobraba esa cristianización por el nombre; como ves, sigo siendo el mismo idiota susceptible de siempre

zbelnu dijo...

Comprendo bien ese sentimiento porque yo suelo tenerlo también. Lo mejor es lo que has hecho tú, preguntar. Y mi respuesta: no, no, a mí me gusta la poética del solsticio, pero también le llamo San Juan, la idea de los santos ha llegado a gustarme: (al margen de mis objeciones y problemas con la iglesia católica), los veo como espíritus del lugar, como lares protectores, y su presencia me parece afín.

Anónimo dijo...

los niños de algún modo nos reconcilian con nosotros mismos, y si son propios, nos desvelan otros misterios. Revelar con la palabra siempre ha sido concluyente. Síntoma. En el caso del poema, la palabra dolor revela lo que no se puede decir. Y en momentos difíciles exprimimos las palabras, la mente, el lenguaje.
Me alegro por el alejamiento del dolor.
iluminaciones.

zbelnu dijo...

Pero el dolor ha vuelto y me desespera. "Cuando no podemos decir ni escribir, lo dice el cuerpo, que se enferma", escribí yo en El cec de l'Odissea... citando a mi antigua psicoanalista. Algo hay de mi novela pendiente, lo dijo un mago madrileño y tl vez fuera verdad