martes, 16 de junio de 2009

Essoufflée

Foto: I.N., Fachadas del Eixample, junio 2009
Ayer era un día agitado interna y exteriormente y cuando al fin fui a cerrar los ojos pensé: debería haberlo registrado, filmado, anotado, tal era la intensidad de mis sensaciones y pensamientos mientras corría de aquí para allá a distintas situaciones. Vi por última vez a la sacerdotisa del oráculo. Su lectura complementaria de mi sueño fue tremendamente sugestiva, yo pude contribuir. Ella tradujo mis palabras dibujando mi escena y salí de allí con una sensación tan reforzada, de comprensión de mi mismidad del momento que me parecía ir volando. Pese a todo, podía defenderme y solté un medio bufido a alguien que llamó, intentando (así me lo parecía) organizarme la vida. Estuve en una especie de encuentro pragmático que también tenía como tema la desmemoria, pero sin poesía, y yo expuse mi punto de vista. También me fui encontrando al grupo que defiende la arboleda de la plaça Joaquim Folguera, que ayer ya fueron a tv3 (colgaré el vídeo en Polis, en cuanto tenga otro momento). Me siento un tanto inspiradora de toda esa resistencia, aunque sea humildemente, por el ejemplo del azufaifo y porque recuerdo aquellos dos actos callejeros en la plaça Joaquim Folguera haber anunciado y protestado ya por ese plan de tala salvaje ante tanta gente del barrio. Esta vez yo sólo procuro darles visibilidad, a mi humilde medida, protestar en el blog y mandarlo a algunos periodistas, pero me alegra muchísimo que esas mujeres estén ahí, batallando. Isabel Lacruz está con ellas. Hay gente más joven y también algunas mujeres octogenarias, y hace ilusión verlas resistentes y dignas, con la mente más clara que mucha gente más joven, tal vez precisamente porque algo pescaron de la única época esperanzadora de este país. Ayer oí a una que hablaba frente a la cámara, a la sombra de los almeces que nos quieren arrancar: hablaba muy bien, seria y culta y humanista, con su indignación legítima y conciencia de nuestro derecho a que no nos arrebaten la frondosidad ni el patrimonio como están haciendo. Luego me pareció que se unía a ella la madre de un poeta, que vive cerca, y me alegré de que también fuese del grupo. Naturalmente algunos tontos ignorantes las han descalificado como "un grupo de pijos de sant gervasi" (confundidos por una etiqueta errónea), como si no perdiera toda la ciudad el oxígeno, la sombra, los pájaros, el patrimonio, como si sólo importase la esquina donde uno vive, como si no pudiéramos pasear por otros barrios y no fuese mejor atravesar una Lesseps con árboles que el espanto de ahora o coger el tren frente a una plaza aireada y fresca y con pájaros en lugar de ese festival de cemento ardiente que es Sants, como si no nos afectara siempre que andamos la contaminación, como si no afectase al clima y las lluvias, etc. Pero hay gente tan corta de vista, son una especie de mutantes que sólo piensan en que el parking y el metro estén a los pies de su casa, para no mover la barriga. No tienen memoria y al parecer, deben de respirar por branquias y llevan tapones de cera en los oídos y orejeras de burro para no salir de su sueño de hereuville, y creen que hablar de esto es perder el tiempo, ya que ellos se imaginan en Darfur... ¿Y por qué ese trazado implica perversamente no sólo talar y destruir la mejor plaza con arboleda urbana de la ciudad, según el jardinero Joan Bordas, con almeces perfectamente sanos y también septuagenarios o más, sino también destruir parte de los magníficos pinos de Ca n'Altimira, Mandri arriba, que donaron unas monjas a la ciudad para disfrute de los vecinos y no del cemento?
Pero volviendo a mi lunes agitado, atravesé la ciudad varias veces, una de ellas tuve que coger un taxi y el conductor era un joven rapado con piercing y ojos verdes, mejorando el paisaje, y curiosamente me habló de árboles y obras y ruido, dijo que había que irse de aquí, que lo estaban destruyendo todo los políticos, y surgió un fragmento de historia en un paisaje de guerra, antiguo, que no hubo tiempo de dilucidar.
Llegué a tiempo a la Casa Elizalde para ver En el camino de Esmirna de Pere Alberó, un itinerario por la historia de Europa y la persecución del helenismo. La idea surgió durante su anterior documental Una mirada sobre el prado que llora, donde Alberó seguía a Angeloupoulos por Macedonia y descubrió que toda la gente con la que hablaba tenía antepasados llegados desde Asia Menor, y el abandono forzoso de aquel lugar de la tierra, y el desarraigo de un millón de desplazados de principios del siglo pasado dibujaba parte del perverso siglo XX europeo y la forma en que los distintos estados occidentales se fueron apoderando y forcejeando con los restos del imperio otomano se escenificaba ante sus ojos en aquellas historias de familia. Así que Alberó viaja en este camino de Esmirna, y filma en un diario tentativo, pues a veces la hospitalidad de la gente, con la que habla en griego y que le invita a tomar un ouzo o a unirse a sus celebraciones no excluye la aversión a la cámara, o en todo caso, él reflexiona sobre lo que significa la interposición de una cámara sin un trabajo previo, por la posible falta de respeto que implica. Ese diario es a la vez de una poética visual que va mucho más allá de la voz en off, pues las imágenes se convierten en metáforas poderosas, como esa tortuga de la historia parece señalar el tiempo necesario que los pueblos necesitan para poder hablar de sus traumas. La belleza asombrosa de esos paisajes con sus magníficas ruinas griegas contrasta con la oscuridad física de personajes arrugados. Es verdad que su voz es necesaria, aunque sorprende de pronto con sus acentos y su entonación a veces dubitativa. Pero cuenta algunas historias -el mito de los peces- decisivas, se apoya en citas, expresa con naturalidad su posición frente al azar, frente a lo imprevisto en el documental (esa parte también me resultaba personalmente significativa, como su fascinación por ese tumultuoso siglo XX y esos desplazamientos, restos y herencias o por ese tema para mi obsesivo y muy contemporáneo que es la presencia del pasado en el presente) y redondea la historia. Se trataba de esas ciudades del Mediterráneo de las que yo hablaba en mi libro balcánico, que Massimo Cacciari definía como ciudades archipiélago, donde habían convivido todas las culturas y religiones en paz, en una tradición multicultural hasta que la manipulación política de algunos y la actitud de Europa occidental acabó con todo: Estambul, Esmirna, Tesalónica, Sofia, y también Sarajevo, cuya destrucción y la contemplación indiferente de la Europa de Maastricht me produjo a mí el estupor sin aliento que llevaría a mi libro. Se habló de la mirada subjetiva de Alberó, de su melancolía de las ruinas, y claramente también, del mismo modo que escogía esos paisajes sin degradación (exceptuando la propia Esmirna, presa del cemento) y esas marañas de árboles multicentenarios y las rígidas, carnosas amapolas y una luz oscura, también diría yo que parecía preferir a los personajes más estragados por el tiempo, como si mostraran en sus caras las cicatrices de la historia, como si esa crueldad política les hubiera arrebatado la belleza que sólo está en el paisaje (algo que me hizo pensar en este país nuestro, aunque aquí el paisaje sí es destruido y engullido por el cemento a diario). Pero no sólo había tristeza en la luz neblinosa que recordaba a una película ya no sólo de Angeloupoulos sino de Béla Tarr; había también una celebración gozosa de lo nostálgico, un dolor de la pérdida y la memoria que también era alegre bailando y lleno de todas las músicas.
Allí apareció una psicoanalista kleiniana de origen griego por vía materna, de una familia grande bourgeoise que perdió allí sus posesiones, nacida en la India y criada en Alejandría y más tarde en Bruselas, casada con un catalán. Y todas esas historias se fueron cruzando luego en una cervecería.
Y a mí, todas las distintas situaciones de ese lunes agitado parecían hablarme de las mismas cosas, incluso las casas y balcones que me hablan entre los árboles que quedan y que tengo que fotografiar o contemplar en una extraña mezcla de asombro maravillado y alegre y tristeza resistente, y parece inexplicable tanta coincidencia, como esos enamorados traicionados o abandonados que escuchan sin querer en la radio de un taxi boleros que les hablan de abandono y traición. La película de Pere Alberó me hizo pensar en Les plages d'Agnès de Varda, así me siento yo, precozmente, pero también leí un poco del último Gesualdo Bufalino (gracias a JC, gracias a un sembrado artículo de VM) y ya en el prólogo de ese Tommasso e il fotografo cieco decía que lo había escrito "fra una anestesia e l'altra, fra un by-pass e l'altro, per allegria", no irónica sino sinceramente, porque puede haber algo de fruición vital en esos momentos en que hacemos duelos por cosas y personas dejadas atrás, un poco al estilo del Derrida de Apprendre à vivre enfin, en que recogemos con afecto incluso nuestro dolor, imbricado en la alegre y autoparódica burla de nosotros mismos. Y en ese mismo momento había empezado yo una misteriosa conversación con un escritor levantino al que me propongo leer en cuanto pueda, al parecer lleno de ese humor desbordante y tal vez negro y también enfrentándose a algún que otro duelo, y él me describió una escena donde la borradura de la memoria y el estado vital de una mujer mayor y los cuidados forzosos de su abrumado hijo parecían salvados sólo por la presencia sigilosa y arrogante de tres o cuatro gatos.
Y es que el domingo había estado yo en la casa luminosa y alegre de Tigridia, donde la gata Cora imponía su sigilosa despedida, un día o dos antes de morir. Nosotras preparábamos el viaje a Sicilia, dos jóvenes deambulaban por la casa y en un estoicismo discreto y disciplinado, la pobre gata, con una pequeña sonda atada al lomo, los ojos cubiertos de una membrana opaca y deslucida y sin poder ya cerrar del todo la boca, recorría las estancias y subía y bajaba las escaleras para acceder a la terraza donde tenía su arena, iba descansando en sofás y butacas, subía y bajaba despacio, sin quejarse, sin maullar, conformada con el fin de su vida. Y esa escena me sobrecogió. Al volver a casa mi gata no ha parado de pedir caricias, juegos y atención, como si hubiera visto la escena y supiera de mis otros duelos y quisiera recordarme que un día también tendremos que despedirnos de ella.

17 comentarios:

fernando megias dijo...

Tal como nos están dejando las cosa ya nada puede ser contemplado sin una cierta mirada de teñida de melancolía. Destruyen la belleza, aparte por motivos lucrativos, simplemente por que ignoran lo que es, no solamente son incapaces de admirarla si no, y lo que es peor, de sentirla, como tu dices basta observar lo que construyen. Veo a mi gata" Martina" menos arisca que de costumbre, deben ser los ojos con que la contemplo después de leer lo que cuentas sobre el triste final de "Cora" y de la intuición de tu gata de no desperdiciar ni un instante de lo que le pueda quedar de vida.
De todas formas aunque perdamos la batalla hay que luchar como si la fuésemos a ganar.

zbelnu dijo...

Toda la razón, Fernando,y es que son mutantes ellos también y ni notan los tubos de escape y son inmunes al ruido de las obras Y esa última frase tuya es exacta para mí.
Me gusta la idea de una gata llamada Martina. Yo no he nombrado esta vez a Gilda, ni he puesto su link, aunque otras veces sí lo hago...

Ephemeralthing dijo...

Hace ya un año me sorprendió muchísimo tu iniciativa, no solo por el hecho de haber conseguido salvar el gínjol, sino porque por fin vislumbraba la esperanza de recuperar cierta idea de civilidad que yo creía olvidada por todos. Además, sin duda tenía que dar sus frutos y tener una continuidad.
Aquí está esa continuidad, y es estupendo que sean esas personas, esa gente mayor, el taxista joven, las que pongan en evidencia la brutalidad de los responsables municipales, y ojalá estos vayan asimilando la frase de un político de la oposición: "si tocan los árboles de la Diagonal, ustedes mismos me hacen alcalde".

ps: inolvidable el bárroco siciliano: Siracusa, Noto, Módica, Ragusa, ..., una maravilla.

zbelnu dijo...

´Sí, tienes razón, Eph, es una suerte que al fin la gente civilizada empiece a reaccionar. Esa actitud es la única esperanza de esta ciudad. Un arquitecto sensible a estos temas me dijo el otro día que ante las encuestas empiezan a replantearse lo de la tala masiva de la Diagonal. Es increíble, de verdad, que alguien pueda concebir algo así. Y creo que lo mismo pretendían hacer en la Gran Vía! El otro día crucé esas dos calles sin árboles, Pelai y la Ronda e iba boqueando como un pez sobre el cemento ardiente... hasta que llegué a la Gran Vía y me llegó sombra y brisa... ¡Y eso también han pensado arrancarlo!

delarica@unav.es dijo...

bel, no sé si me lo he perdido, pero ¿has escrito sobre tu sueño, o sobre la interpretación o tu contribución? perdona si soy indiscreto

zbelnu dijo...

No, ja ja, eso no lo he escrito, sólo hablé de un sueño del cual V. me dio la primera pista...

delarica@unav.es dijo...

ups! perdón por ser indiscreto

zbelnu dijo...

Pero si no lo has sido!

Dante B. dijo...

Desde el día de la poda en Plaza Letamendi no había vuelto a pasar por el lugar, sumido en mi rabia melancólica.
Ayer lo hice acompañado de otra gente y les pregunté si era idea mía o una realidad tangible el que de las dos plazoletas una estaba mucho menos desforestada.
Convinieron conmigo: la más cercana a Consejo de Ciento está menos "podada". Fue allí donde tuve el ataque de furor y les grité, en pleno "trabajo", que eran unos incoscientes y me gustaría que se les cayera las manos. Excesivo, quizás, pero mi dolor era muy grande y ellos estaban hiriéndome con algo más contundente que las palabras. También agregué que iba a comunicarlo a los periódicos y quejarme al ayuntamiento, cosa que hice con el móvil frente a ellos.
Uno intentó una embestida que los otros dos pararon, pero dejaron de usar la sierra mutiladora y, según parece, ya no volvieron a blandirla. Un éxito? No me atrevo a decirlo. Lo es que la atroz Balmes, a la altura de mi casa, tenga árboles y aceras más anchas.

De los gatos y la muerte prefiero no hablar: me duelen todos los que recuerdo, y ahora mismo estoy cuidando a una familia de ocupas asalvajados (madre con sus recién nacidos) que se han aposentado en la terraza de Escudellers.

zbelnu dijo...

Me alegro de que cuides a esos gatos. Yo estoy desesperada con los árboles de Joaquim Folguera, no puedo soportar la idea de esa tala de un bosquecillo. ¿Vendrás a verla antes, per piacere? Es tan bonita y frondosa. ¿Escribirás sobre ella? ¿Le harás fotos? Cuánto más protestemos más desacreditaremos a esa gente, Es muy grave lo de esa plaza, aunque tanta gente cenutria y de corazón hormigonado y sesos calcificados no se den cuenta de que No hay que elegir enter metro y árboles, en ninguna parte de Europa es así. En Polis verás si quieres el vídeo del programa de ayer, esa señora octogenaria como los árboles, indignada y serena, me parece la clave

nomesploraria dijo...

Pobre lledoners!
Aquest "Tommaso e il fotografo cieco" fa molt bona pinta.

zbelnu dijo...

Sí, pobres lledoners i pobres de nosaltres! Aquests polítics corruptes són uns salvatges desnaturalitzats i jo espero que perdin les eleccions
I sí, crec que t'agradaria aquest fotògraf cec incestuós...

mariona martinez dijo...

Apreciada Isabel,
Soy su lectora anónima, amiga de Liz. Le mando el enlace a un post aparecido en el blog de José Luis Cano (Zaragoza) para que vea que no solo en Barcelona existe esa cruzada contra lo arbóreo. ¡Ah!, en Zaragoza el ayuntamiento también es socialista, Bellochville.
http://joseluiscano.blogia.com/2009/061704-noticias.php
Cordialmente,
Mariona Martínez

zbelnu dijo...

Gracias, Mariona. He ido allí y le he dejado un comentario. Creo que lo mismo pasa en todo el país, salvo en alguna ciudad pequeña y protegida. Para salir del imperio del cemento y ver preservar arquitectura y árboles, hay que cruzar la frontera, francesa o portuguesa! Y la fealdad es contagiosa, por eso los españoles se hacen cada vez más feos

Urbano el Humano dijo...

Comparto su devoción por la Sacerdotisa de Oráculo. Secularmente han sido guías espirituales que han sabido canalizar la Energía que rige el Universo y que fluye diáfana en el interior de nuestro ser y cosas de esta índole. La felicito por su blog, yo soy nuevo en la blogosfera y sus palabras me inspiran.
Aprovecho la ocasión, mi apreciada Isabel, para invitarla a visitar mi humilde blog. Las consultas serán gratuitas hasta finales de julio.

Urbano el Humano dijo...

Abusando de su amabilidad quisiera preguntarle su opinión sobre el libro que más me ha impresionado en los últimos años. Es un libro que sin duda habrá leído y que se llama El Alquimista, ahora mismo no recuerdo el nombre del autor.

zbelnu dijo...

Usted perdone, al pronto creí que bromeaba y que era usted un heterónimo de un bloguero con gran sentido del humor.
A mí me interesa la literatura, no el folletín ni el libro de autoayuda.