jueves, 28 de mayo de 2009

Los poetas en palacio, el oráculo y la tristeza

Foto: I.N., Campo de amapolas junto a Ventalló, 2009.
Ayer fui una vez más a esa ocupación poética del Palau de la Música que se hace como cierre a la semana de la poesía y me gustó, a pesar de que, en las graderías, los que se ocupaban de la cámara y el sonido no paraban de hablar, hubo que hacerles callar varias veces, y aunque se callaron se les caían las cosas y no paraban de andar de un sitio a otro, con una desconsideración que rayaba en la desfachatez. La teatralidad vibrante de Marina Oroza y su visión de sí misma por la espalda (yo me acordaba de su padre poeta insomne y febril recorriendo la plaça del Rei con su Évame, Évame, María); los acentos gildebiedmanos, sí, pero con su belleza precisa y bable, de Xoan Bello; la densidad prosaica pero a veces luminosa de la cubana Reina María Rodríguez; el brillo del ausente mexicano José Emilio Pacheco (una voz leyó mal su poema, con demasiado acento y sin veracidad); los buenos poemas de gatos de Darío Jaramillo (el gato es un estado de la materia); la abstracción a veces demasiado discursiva para mí, pero bien leída y con momentos de verdad de Olvido García Valdés; la proximidad de la muerte, no vinyoliana sino brusca, cotidiana e interpeladora de Màrius Sampere; el insomnio a veces luminoso de los Carpe noctem del argentino Arturo Carrera; la mosca viajera (con su inicio engañosamente banal y escatológico) del portugués Pedro Tamen (yo me quedaba atrapada por la belleza de su lengua y a veces me perdía en las palabras) llamando a la puerta de su nada...
Habían cambiado la hora del recital para no coincidir con las hordas celebrativas de lo único que mueve de verdad a la gente del país, así que C. y yo pudimos ascender tranquilamente hasta nuestros barrios, y la calle era un desierto, la misma calle que luego se volvió ensordecida por los rugidos y bocinas y silbatos y cohetes de festejo deportivo misteriosamente anímico.
Yo había ido por la mañana a mi antiguo espacio de interrogación, pero como dijo una vez una monja de clausura en un programa de entrevistas de la televisión catalana (Ciutadans), al llegar a la celda una sólo se encuentra consigo misma, y de ese mismo modo el oráculo desentrañó mi cola de sueño, mi fragmento, para hablarme de mi resaca balcánica, de la estela de mi libro, de mis marcas de guerra, de lo que yo fui a buscar allí de mí, escuchando las consecuencias de la guerra balcánica y europea para encontrar las con-secuencias de mis propias guerras, la guerra civil de mi infancia y la guerra del tiempo que me ha surgido ahora y de cómo ese estado de tristeza ha acabado reclamando mi atención (también a través de la cronificación de un dolor físico) y apartándome de otras cosas, protegiéndome de ciertas proximidades, y me queda la digestión del desengaño puntual y la introspección.
Ayer se celebró el funeral de un hombre educado y encantador, un diseñador (de algunos locales emblemáticos) y arquitecto de la época en que ese oficio aún no estaba dominado por la arrogancia y la destrucción del patrimonio, como es ahora, sino por cierto humanismo, aunque yo no apruebe todo lo que proyectó. Me dijo P. que además de colegas, socios y de su gran familia, el acto estaba lleno de sus amigas, según ella mujeres guapas e interesantes de cuarenta a setenta, que muchos leyeron textos, que fue emocionante, que era obvio que la gente le quería.
Y volviendo a mi mismidad (ésa de la que no debería hablarse según algunos, ésa que confunde y que les lleva a pedirme que me calle, como aquel joven agente de la guardia urbana, que encontraba su arrogancia justamente en su analfabetismo; y aprovecho para recordar lo obvio, que esto no es un periódico ni pretende recoger todo lo que pasa siquiera culturalmente, ni lo principal, sino sólo algunas de las cosas que en ese momento me conciernen, y sólo algunas), la capa de tristeza es a veces tan fina como las alas de una mariposa y otras se oscurece y densifica, aunque no llega a evitar las otras sensaciones, ni es todavía paralizante, ni evita que en esa batalla interrogativa haya lugar para algunas celebraciones, como el dolor sordo de mi brazo, que a veces casi llega a desaparecer y luego vuelve, un extraño guante insidioso, que me obliga a preguntarme, pero no evita que pueda seguir escribiendo.

12 comentarios:

Bel dijo...

"El asfalta se derrite al sol bajo una rueda estrecha
de bicicleta y gritan los pájaros en los árboles del
camino
(con cerezas, verdes y duras).
¿Serás capaz de perdonar?
Quizá en los negros bosques aún vivían lobos.
El trigo era verde, se reían las alondras,
debajo tenían la frágil gloria de las amapolas,
iglesias de madera, capillas
donde las flores silvestres se convertían en hierbas,
el agua de una pequeña fuente olía a promesa.
Y al fin el destino de una expedición, una colina
con una torre de triangulación, paralizada
en la tierna observación de un cielo claro.
¿Serás capaz de perdonarle al tiempo
esta vileza, esta traición?"
"Frágil gloria de las amapolas"
Adam Zagajewski

zbelnu dijo...

Gracias, Bel, me gusta mucho...

cacho de pan dijo...

Ya sabes que a mí me tocó leer a Pacheco en Casa América.
Lo hice bien, estoy seguro. Una pena que no estuvieras para darme tu opinión. Ayer, después de la lectura bilingüe de mi poesía en el Palau de la Virreina -Anna Caixach tuvo la gentileza de hacerlo en el elegante catalán de Dolors Udina-, debería haber ido al teatro. No pude con tanto festejo y me volví a la seguridad, no silenciosa, de mi casa. Hoy pude ver, en Plaza Letamendi, dos árboles quemados por los "alegres ganadores".

zbelnu dijo...

Dante, tú sabes que yo voy a todo lo que puedo, pero no puedo ir a todo. No creo que tu comentario fuese un reproche. Yo tampoco reprocharía a nadie que no viniera a nada, ni a mi conferencia balcánica en la calle Mallorca, ni a la de ACEC, ni a las dee Cajamadrid o a las del CCCB, etc. Sería horrible que además todo fuesen obligaciones... Seguro que Pacheco tuvo más suerte contigo de la que tuvo en el Palau, y no, no sabía que le leías a él, de todas formas no habría podido en ningún caso.
En cuanto a los árboles, yo sigo temblando por mis almeces queridos, la última plaza con sombra del barrio

Dante B dijo...

Me malinterpretas. No pido que vengan, ni siquiera aviso a los amigos para mis presentaciones. Después no querríamos vernos para cosas más personales.
Tanto uno como otro acto estuvieron muy bien de concurrencia, aunque supongo que en el primero se debió a los poemas del premio Reina Sofía y en el segundo a la presencia de Miquel de Palol y José María Micó.

zbelnu dijo...

No, me malinterpretas tú a mí. He dicho y ahí queda: "No creo que sea un reproche", y así lo imaginaba porque hacemos tantas cosas todos y la vida es complicada y los días cortos... En cuanto a la concurrencia, cuando se tiene pues mejor, se agradece y celebra, y cuando no, pues qué se le va a hacer, tampoco puede uno tomárselo a la tremenda!

el objeto a dijo...

maravilloso campo de amapolas!
y tienes razón, mientras no quedemos paralizados, y haya lugar para alguna que otra pequeña celebración...!
hoy me invitaron a ver el sábado un solo de Anne Theres Keermaeker en el lliure, con música de joan baez, dios aprieta pero no ahora

vessos

zbelnu dijo...

Sí, sí, que el setting sea lujoso y exuberante y la teatralidad danzante generosa, hacen falta esos ritos para que pase lo espinoso... También yo tengo una entrada, aunque para julio, con Àngel y Anna para el piccolo teatro haciendo el sueño shk de una noche...

el objeto a dijo...

he bloggeado mi trauma! me he quedado mucho mejor!
y gracias por el support estos días!
me voy a la seguridad social a hacer mi trabajo de campo...

zbelnu dijo...

Ben fet en todos los sentidos! Sólo faltaría, tu platillo de ayuda en la balanza sigue estando muuucho más lleno

Anónimo dijo...

Es verdad que depende mucho de quien lea poesía y cómo la lea para que el poema salga victorioso de su entonación. Casi como al hablar se dicen las cosas corrientes. Y a veces, las palabras arrastran un sentido por encima de su valor como lectura, como sonidos. Ahora pienso, que la poesía no es la palabra precisamente, si no todo lo contrario...
estaré fuera, si llego el domingo me acerco a saludarte. muchas ventas en la feria del libro..
la fotografía me recuerda a los primeros impresionistas.
iluminaciones.

zbelnu dijo...

Totalmente de acuerdo, Ilumin, pero yo diría que la voz es la que vehicula ese peso y esos matices que pinchamos o borramos con el tono al pronunciar las palabras. Y eso en poesía supongo que se añade a lo que a veces pasa también en algunas prosas (yo lo veo en la mía, pero es sólo porque yo la escribo y lo sé) que son los hermetismos momentáneos, los guiños a uno mismo, los sentidos que no revelamos... salvo tal vez precisamente con la voz!
Ojalá que sí puedas llegar. Gracias por los deseos