lunes, 4 de mayo de 2009

Hay algo melancólico en los lunes

Foto: I.N., Balcones y galerías de Vigo, 2009
Tengo un amigo funcionario que excluye los lunes, día lunar-lunático por definición, de sus citas porque, dice, siempre está de mal humor ese día (por cierto que mañana es su cumpleaños y si no le felicito no deja de recordármelo durante todo el año, aiuto!); tengo otro, del mundo del teatro que, por una cuestión de horarios, los lunes no come (una idea que encantó a otro amigo poeta), precisamente ha llamado hace un momento y podría haberle preguntado si sigue sin comer los lunes, ahora que su vida ha cambiado tanto.
Yo he empezado mi lunes con buen pie, firmando contratos y mandándolos. El más importante es el contrato con el editor de mis cuentos, que pronto se convertirán en libro, ese contrato merece toda una celebración; el segundo era de traducción, para el texto de Zygmunt Baumann que me ayuda a entender la crisis; el tercero era un contrato ya firmado hace tiempo con una cláusula que he consultado con el abogado y él ha definido esas prácticas maliciosas como el perro del hortelano. Yo siempre quise que la asociación de traductores imitara a los ingleses y publicase cada año en su revista el análisis de una editorial, interrogando a sus colaboradores. En aquel país, las condiciones de los traductores han mejorado mucho gracias a esa simple costumbre. Si se publicara cómo trabajan en realidad las editoriales y cómo tratan a sus colaboradores, si pagan o no derechos, cuáles son tarifas, si envían las liquidaciones, cuál es su forma de contar las páginas, los plazos, etc., muchas de esas declaraciones públicas de excelencia y cuidado quedarían en entredicho y más de uno se vería obligado a mejorar. Pero en este país, pocos están dispuestos a batallar...
El funcionario de correos se ha sorprendido al verme rellenar un impreso con pluma (no es muy práctico y para esos usos suelo llevar un rotulador, pero hoy no aparecía). Mi pluma tiene su historia y se le ve. Le he dicho que tenía que apuntar las ideas para que no se me escaparan y enseguida me ha preguntado si mi oficio era escribir. Creo que desde que les han cambiado a ese local más amplio, los mismos funcionarios antes irritantes y antipáticos ahora están serenos y plácidos. Cuando me iba me ha deseado mucha inspiración.
Al llegar, he rescatado mis rosas viejas, regalo de cumpleaños, que alguien iba a tirar. Me encantan las rosas marchitas, dice DB que soy más benevolente con ellas que con los humanos, la cuestión es que ese marchitarse suyo no me parece triste como el de los espejos, tal vez porque no va acompañado de ese peso creciente de la memoria o porque hoy he tenido una de esas mareas melancólicas sin saber por qué, y el Réquiem de Berlioz, que estoy escuchando, es una celebración de la tristeza y trae consigo su propia marea de recuerdos. Sigo pensando que hay que ser hospitalario con la tristeza y darle un lugar, y para eso sirve a veces la música... Aunque algunos la teman atrozmente y se escandalicen cuando hablo de ella. Ya sé que debería estar celebrando la publicación de mis cuentos, y lo haré, lo haré, cuando reciba la otra copia del contrato, cuando me haya quitado de encima estas telarañas melancólicas y estos pensamientos negros... Al acabar el Réquiem ha empezado a cantar un mirlo, especie de guiño celeste que me recuerda a mi infancia, como los saludos de los sauces.

13 comentarios:

cacho de pan dijo...

un aplauso...
precioso post.

zbelnu dijo...

Caramba, gracias, Cacho!

Anónimo dijo...

tu comentario es de escalofrío
dos minutos antes hablé con Dan, recuerdas?
hoy lo atropelló un bus mientras andaba en bici
no parece grave, pero le han jodido una pierna

Dante

zbelnu dijo...

Vaya, lo siento! Cada día tengo la sensación de que ir por la calle de peatón en esta ciudad es una heroicidad y que sólo nos salvan ángeles invisibles... Espero que no sea nada lo de tu amigo...

lost child dijo...

si!
Un post muy bonito!
Saludos desde la noche
oscura del alma!

zbelnu dijo...

Hola, bellezza! Espero que tengas una mañana luminosa...

delarica@unav.es dijo...

yo siempre escribo con pluma: mi primera pluma fue una parker también, con plumín de oro, y uno de los días más tristes de mi vida fue cuando, limpiándola, no sé cómo, se me cayó por la taza del retrete…aún hoy conservo el palo y el capuchón, inservibles pero testigos de un objeto perdido al que de verdad amaba.
Ahota tengo varias Montblanc, una Cross y hasta una pluma Cartier que debe de costar un congo y que me regaló alguien por quien no siento nada. Ninguna ha podido sustituir a aquella con la que calculo que escribí varios cientos (o miles) de cartas
Perdón por el rollo, pero su post me ha recordado eso.
Y otra coincidencia, de paso, es que yo también vivo instalado en una forma de tristeza, de la que sólo salgo cuando encuentro algo aún más triste: me hace reaccionar; es como si la tristeza, cuando es suficientemente honda, despertara en mí una alegría verdadera

zbelnu dijo...

Ah, las plumas perdidas como en aquella frase hecha digna de Sabrina: j'ai perdu ma plume dans le jardin de ma tante. A mí se me rompió el capuchón de la mía y la llevé a la casa de la estilográfica, estaba dispuesta a comprarme otra, pero ellos me ofrecieron arreglármela y fue un alivio, no sólo por el precio sino porque era la mía, un regalo de hace muchos años, y con ella he escrito tanto. Pero yo regalé a mi regalador una Omas preciosa que se quedó dentro de una guía de teléfonos durante dos años!
En fin, lo de una tristeza más grande que salva a otra me ha gustado. Tiene ese algo mágico de la orografía de estados de ánimo. También la tristeza alegre, como Lauryn Hill que canta llorando (yo le había cantado llorando a G. para dormirle, a oscuras, esperando no transmitirle la tristeza...)

delarica@unav.es dijo...

eso de cantar llorando, en parte por la pena de transmitir la tristeza, eso sí que es bonito; seguramente lo que se transmite, además de nucho amor, es un sentido más hondo de las cosas y de la vida

Anónimo dijo...

Un amigo me dijo un día que cuando pintaba se olvidaba de comer, y me achacaba que yo recordase que era la hora de hacerlo, como si fuera algo innecesario en esos momentos.
Yo he llegado al punto de pensar que todos los días son útiles, que esa preferencia de unos por otros es innecesaria, por lo tanto. Ya que citas el réquiem, yo diría el de Mozart, o el Stabat Mater de Pergolesi...
enhorabuena por los proyectos...
iluminaciones.
http://www.youtube.com/watch?v=bpjP2s22WCo&feature=related

zbelnu dijo...

Qué idea tan bonita, ojalá sea así, eso me exculparía un poco. (En el caso de LH está claro, ese disco es precioso, tiene justamente esa hondura que usted dice).

zbelnu dijo...

Sí, Iluminaciones, tengo también el Réquiem de Mozart, la verdad es que la música religiosa o sacra me encanta, y siempre que puedo me compro misas y requiems y coros...
Los días tienen lo que nosotros proyectemos en ellos, como las horas, pero es un pretexto para contar otra cosa o para que sean ellos los que nos reflejen... Gracias!!!

Ephemeralthing dijo...

zbel, echa una ojeada:

http://ephemeralthing.blogspot.com/2009/05/respirer.html


No tengo tiempo para más, acabo de llegar.