jueves, 7 de mayo de 2009

Creo que el calor repentino

Foto: I.N. Autorretrato en mi desorden de este mismo momento, 2009
ha disparado algo en el aire, una especie de flecha de locura o de delirio, "una energía inusitada" (como decía un librero en estos días), un abanico de impulsos y nostalgia (JRJ. Era mayo y el campo estaba lleno de vida y de pasión./ Yo iba con mis pensamientos negros hacia un mundo sin ojos...), de encuentros y conversaciones, de asaltos del pasado y agitaciones de futuro, de sueños y desesperación. La gente va por la calle a cuerpo, con camisetas de tirantes y pantalones cortos y yo me he pasado dos días resistiendo, haciendo como si no: me parecía que no estaba programada aún para este calor. Un poeta bibliotecario que procura mantenerse fuera de la estupidez del mundillo (a)cultural barcelonés me ha invitado a desayunar. Y al volver a casa, he sacado la ropa de verano, un estallido de color sobre mi cama, recuerdos...
Hay fuegos familiares que apagar y atisbos de lo que viene: la desmemoria que crece en quien nunca quiso saber, quien quiso esconder la cabeza bajo el ala y engañarse, y acabó logrando un efecto fisiológico dramáticamente radical. Y el sentido de su vida, su actitud de Pilatos ante el maltrato en mi infancia, su extraño desapego, su violencia interna incluso, todo está ahí, expuesto... Es un espectáculo triste de contemplar.
Me habría gustado escaparme a la película indonesia del Baff hoy, pero no llegaré. Había decidido quedarme traduciendo, decidiendo si podía seguir adelante con la traducción o si debería... chissà. Anoche me fui a dormir tarde y cuando ya estaba profundamente dormida, llamó alguien que había perdido sus llaves, alguien que estaba leyendo un cuento mío y yo le atendí como un autómata (dar posada al peregrino, o en su defecto unas llaves) y luego ya no podía dormirme.
Había estado escribiendo un nuevo capítulo adscrito a una casa que aún existe, dentro y fuera de mis cuentos, y su existencia física es un pequeño triunfo sobre la degradación del cemento de este pobre país. Y tengo que irme lejos a fotografiar dos escenarios más de mi memoria. Si lograse que G. me llevara en su vehículo rápido, pero es tan difícil entrar en la agenda de un veinteañero, su vida de vacaciones perennes y nocturnidad... espero que algún día se decida a aprovechar sus talentos!
Así que esta noche, intentaré volver a mi libro. Me sentía prisionera de una traducción que me exigía demasiado tiempo y la editora, comprensiva e inteligente, me ha liberado. Qué alivio... Yo quisiera escribir, tener sólo conferencias, lecturas y escritura. Pero los dioses griegos ni arbóreos me han concedido ese don... todavía. Tal vez mi escritura no lo merezca. Tal vez... Dirigirnos al fracaso nos hace libres, sí, ¿pero quién paga entonces las facturas? Ahora podré dedicarme también a convertir en libro los textos que escribí para unas conferencias; es un proyecto que también me ilusiona. Muchas veces, el público que asistía nos lo proponía, y L. siempre me había dicho que yo tenía que escribir sobre mis escritores favoritos. Ahora hay una ocasión de publicarlo...
Siempre leo en los periódicos que los precios bajan y los consumidores están de suerte. Como no como carne ni consumo leche, ni pan blanco, todo lo que yo compro -no sólo la comida- sigue no sólo caro, sino aumentando (tampoco creo que el jabugo haya bajado, ni los quesos). El otro día se lo dije al encargado de unos supermercados "biológicos": "Es curioso, el petróleo baja para todos, menos para ustedes, que siguen subiendo los precios". El hombre me miró en silencio.
Pero no me hagan caso. La orografía de mis états d'âme es compleja y en este momento la luz me atraviesa, el mirlo está cantando para mí. Lástima que unos vecinos se han comprado un perrito y lo han encerrado en la terraza y nos tiene a todos torturados con sus ladridos (iré a quejarme) porque cree que todo su campo visual es de su propiedad (en eso prefiero a los gatos, no tienen esa vocación posesiva y policial, "¡los perros son derechistas!" decía mi amigo serbio, que pasó de aborrecerlos como Bernhard a abrazarlos en la calle. Otro amigo, filósofo, al preguntarle como estaban los suyos (que ya murieron), decía: "Muy bien! Son los últimos humanistas!")

12 comentarios:

civisliberum dijo...

Las llamadas a medianoche pidiendo posada o en tu caso un juego de llaves suelen aparecr en estas fechas primaverales, la gente sale mucho mas y los extravios son mucho mas frecuentes. En mi caso también en alguna ocasion han llamado a mi puerta, pero tras levantarme como un automata la "mala leche" surge de inmediato. Al día siguiente, esta ha desaparecido por supuesto.
Por cierto el desorden de tu casa es realmente acogedor.

zbelnu dijo...

Yo no me puse de mal humor, podría haber sido, pero... Gracias por lo que dices de mi casa, la gente dice que se siente bien aquí, pese a mi caos, que J. definía como la cuenva de Alí Babá...

Ephemeralthing dijo...

El tema de las mascotas es uno de los referentes que más significan la mentalidad anclada en la cultura de los ancestros del personal barcelonés, catalán o español, yo ya casi que prefiero referirme a ellos como "berlanguianos", me resulta más suave. Los tratan como si todavía viviesen "al poble", ignorando como educar y tratar a un perro en la ciudad. Yo he sufrido dos veces esa situación, y es penosa para el animal, ... y sus vecinos, pero sobre todo para el primero. Encerrarlo en el balcón o la terraza hará que no socialice correctamente y no le espera otro futuro que una neurosis galopante. Hace unos años tv3 ya se ocupó de maleducar a los amos en una serie, "Veterinaris", que ponía los pelos de punta. Los animales eran mostrados como puros juguetes de sus propietarios.
En lugar de "quejarte" te recomiendo que les hagas alguna sugerencia ya que deben ignorarlo todo sobre ello. La primera sería que podrían instalar al cachoro en la cocina, dentro de la casa estará mucho más tranquilo que en el exterior. Conseguir algún tipo de "barrera", por ejemplo un trozo de celosía, que sirva para que el cachorro no campe a sus anchas por la casa cuando se quede solo. Que pongan periódicos en el suelo para los orines y le dejen dos o tres "juguetes", no más, para que se entretenga, y por supuesto que lo saquen a pasear las veces que haga falta. Un cachorro tiene "necesidad" con mucha frecuencia.
Otra situación de la interminable lista que ilustra perfectamente la falta de "civilización urbana" que Azúa enunciaba hace poco en un artículo.

zbelnu dijo...

Es burramia, Eph. En la terraza del otro lado tuvieron uno que aullaba ya G., que era pequeño, le daba una tristeza insoportable. Se lo dije al portero de la casa y me dijo que el perro tenía celos porque había nacido un bebé, y la solución era echarlo a la terraza. El pobre bicho se sentía expulsado y aullaba. Creo que se deshicieron de él, vaya usted a saber cómo. El dueño era un guardia jurado o algo por el estilo. En cuanto a éstos, como están fuera todo el día no lo sé, mañana veré si pesco al portero. Luego se cansan y los abandonan.

Ephemeralthing dijo...

... tienes razón: alguien puede ser ignorante pero no necesariamente al mismo tiempo imbécil . Me pasma la cantidad que llega a haber, y como se les promociona.

zbelnu dijo...

Todo (sobre todo el abandono de la enseñanza) contribuye. En Ibiza, me alquilaban una casa unos payeses: el viejo, octogenario, escolarizado en la República, era un sabio sin saberlo, un ecologista avant-la-lettre, madrugaba y se le veía feliz en el campo, guapo y enjuto con sus ojos azules brillantes, nos traía higos y ciruelas y hablaba un ibicenco precioso, G. y yo pasábamos el rato escuchándole y preguntándole. Su hijo, gordo y torpe, interesado sólo en lo inmobiliario, sopenco, apenas sabía hablar. En Cadaqués he visto lo mismo, los ancianos son interesantes, excéntricos, ingeniosos, las generaciones de 50 años para abajo, todos analfabetos y los hijos de los comerciantes enriquecidos, racistas, skins, agresivos, con motos ruidosas y música maquinosa, entraban violentamente en las casas y las destrozaban por divertimento y la policía y los jueces locales hacían la vista gorda.

odette farrell dijo...

Qué bonita foto tuya en tu desorden!!! Sabes Zbelnu, tienes una clase muy particular. Si hay algo o más bien alguién que quiero captar cuando regrese a Barcelona eres tu. Tienes un rostro tan hermoso y proyectas tanto de adentro que definitivamente eres una golosina para cualquier pintor :)
Así que algún día regresaré a Barcelona y espero me regales un par de horas :)

zbelnu dijo...

Ay, Odette, yo te concederé encantada esas horas, si de verdad quieres retratar a Matusalem...

Anónimo dijo...

yo agradezco sobre todo la luz, casi todo se percibe mejor, más horas de luz, y parece que el tiempo se alarga. Creo que las ropas, algunas, son como páginas donde podemos leer facilmente, incluso a pesar de que esa prenda ya no exista.
O donde poder escribir.
Hay algunas descripciones, textos sobre casas, que hacen pensar todavía hoy en su posible existencia...y poder reconstruirla.
Qué escritores serían esos?
iluminaciones.

fernando megias dijo...

Tu y tu desorden dais una imagen adorablemente acogedora. Conviví durante catorce años con "Tecla", una perra de carácter enérgico y alegre y ahora comparto mi espacio con "Martina", una gata algo arisca, pero no desprovista de encanto. No podría decidir mis preferencias

zbelnu dijo...

Gracias, Fernando. Yo convivo mejor con gatos, pero algunos perros me inspiran una gran simpatía... y algunos que veo me dan pena, parecen esclavos de amos perversos

zbelnu dijo...

Iluminaciones, hay muchos escritores que reviven las casas, Edith Wharton las del NY de principios del siglo pasado, Jean Rhys las fachadas londinenses o parisinas que recuerda desde su cama de hotel barato, o las casas de las Antillas, Agotha Kristoff con aquel hombre que anda por la calle sin parar para poder contemplar la luz y las sombras de los árboles en las fachadas de la ciudad, Proust y su mundo perdido de Guermantes, Camus y su infancia argelina llena de luz y pobreza y también banlieue de fealdad, no acabaría