martes, 19 de mayo de 2009

Historias

Foto: I.N., Una valerosa oca en el claustro de la catedral, 2009
A pesar de un agradable e interesante paseo y cena de ayer, me había levantado con un ánimo borrascoso e inexplicable, tal vez por falta de sueño, por el retorno del dolor de mi brazo o por algún otro azar que no lograba comprender. Pero hoy había quedado a comer con un amigo de hace mil años, perdido y felizmente recuperado. Me ha traído un regalo precioso que me guardaba secretamente desde mi cumpleaños, una foto de Català Roca enmarcada que le había parecido perfecta para mi casa y lo es. Todas las fotos que he visto de Català Roca tienen esa mirada suya poética e irónica, no he visto nunca ninguna sin ese encanto. "No tengo nada interesante que contar", me ha dicho mi amigo al principio. "Casi no vivo, sólo trabajo y trabajo". Pero sin darse cuenta ha empezado a hablar y no ha parado de contarme cosas interesantísimas de la memoria enterrada de la ciudad, de la ciudad romana, de por qué hay ocas en el claustro de la catedral (al parecer fue en tiempos de la república romana: en un ataque del enemigo, los perros no avisaron, pero las ocas organizaron un guirigay que logró dar la alerta, y los romanos, agradecidos pero también implacables, no sólo les dedicaron un templo, sino que organizaban una procesión en la que llevaban perros crucificados -como castigo- y ocas sobre almohadones, pero vean al reverso la matización de un amigo informado), de las cupae de la necrópolis de la plaça de la Vila de Madrid y la restauración (que a mis ojos las hace parecer nuevas como la Creta de Evans) con el pigmento original, o de una fotografía de los niños muertos en el bombardeo en Sant Felip Neri que muestra los cuerpos alineados en el suelo de esa plaza, que ahora recorren los turistas sin que haya una mala placa que lo recuerde, de las palmerillas absurdas que Parcs i Jardins ha plantado delante de unas importantes inscripciones de la muralla y que pronto las cubrirán por completo, del refugio antiaéreo donde haremos la lectura de textos de la guerra, del edificio del Museu d'Història de la Ciutat que hemos visitado, y él esperaba con paciencia que yo hiciera mis fotos torpes, intentando captar las perspectivas maravillosas de cada ventana y terrazas.
He vuelto a casa leyendo, recobrada por su entusiasmo crítico y la comprobación de que nuestra afinidad sigue en pie desde la adolescencia, y por el contacto con esa Historia que me fascinaba de pequeña y que para mí es la única identidad lógica de la ciudad, aunque nuestros políticos estén determinados a enterrarla y convertirlo todo en centro comercial.
¡Y ahora tengo que irme otra vez! No hay reposo...

4 comentarios:

fernando megias dijo...

Aunque casi ya no recuerdo el tiempo que hace que resido en Palma de Mallorca, me sigo considerando barcelonés y me duele infinito ver, aunque sea desde la distancia, como la destrozan. Mi otra ciudad, Palma, también es otra muestra de la ignorancia y falta de escrúpulos de los políticos locales que junto a la"mafia del ladrillo" llevan décadas masacrándola.

fernando megias dijo...

Se me olvidaba decirte que al fin he conseguido "La plaza del azufaifo" y "Si un árbol cae". Estoy ansioso por comenzar a leerlos y que me los dediques.

zbelnu dijo...

Yo pensaba que la parte antigua de Palma la habían protegido, el problema es que en este país, con tanta mafia cementosa como fuente de financiación de partidos políticos y ayuntamientos, no se acaba nunca la destrucción. En cambio nuestro hermano peninsular, ese Portugal despreciado por los españoles como hermano pobre, conserva su patrimonio...
Qué bien, Fernando, me hace ilusión que los leas, espero que no te decepcionen!

Anónimo dijo...

Por tu blog te adivino una actividad frenética. Es como cuando de niños saltábamos a la comba y yo no sabía nunca cuando meterme, temía tropezar y tropezaba. En fin, para mí es una fuente inagotable, y pasiva, de placer y de recomendaciones y de descubrimientos.
En tu artículo de hoy hay una leyenda sobre las ocas del claustro de Barcelona que yo desconocía y no se qué pueda tener de cierto. Pero sí conozco la le leyenda de Juno Moneta (la avisadora) y sus ocas sagradas, que seguro que te interesa. Como yo narro mal, te copio algo que he encontrado en internet:

"Una vez, las ocas sagradas del templo de la diosa Juno salvaron a Roma. La guarnición apostada aquí, en la ciudadela, estaba durmiendo cuando los galos, amparados por la noche, treparon por las rocas para sorprenderlos. Ni siquiera los perros se dieron cuenta… Fueron las ocas de la diosa las que empezaron a graznar y aletear hasta que se despertaron los soldados y rechazaron el ataque. Juno Moneta – “la que avisa” – fue el sobrenombre que se le dio a la diosa. Y las ocas son alimentadas desde entonces con dinero del erario público."
JC.