domingo, 5 de noviembre de 2006

Mitscherlich, la botella del náufrago y la anacoreta

Foto: Grosshamburger Strasse Memorial Para mi proyecto balcánico, leo un capítulo de Margarete Mitscherlich y Alexander Mitscherlich, su libro sobre "La imposibilidad del duelo" en Alemania, donde, basándose en los historiales clínicos de muchos pacientes que habían logrado borrar sus recuerdos de toda la época del nazismo, teorizaron sobre la incapacidad de la sociedad alemana de digerir su pasado. Me sirve para repensar y escribir mi último paseo por Berlín, donde tuve ocasión de "tropezar visualmente" con una de esas losas del artista Günter Denmig (Stolpersteine) que recuerdan a judíos deportados frente a las que fueron sus casas. Yo iba a entrevistar a Slavenka Drakulic , en el Wintergarten de la Literaturhaus, donde hablamos precisamente de silencio, negación y complicidad en los Balcanes (y yo pensaba inevitablemente en este país y en esta ciudad de memoria borrada). Después de esa entrevista, con la lluvia cayendo furiosamente sobre la galería acristalada (una gota se colaba de vez en cuando y me salpicaba el pelo o la hoja de papel), descubrí el Käthe-Kollwitz-Museum. Un pensador me ha escrito, en respuesta a mi felicitación por su revista filosófica-electrónica, que Internet tiene algo de mensaje de un náufrago dentro de una botella: uno nunca sabe si llegará a ningún destino. También ha dicho que no hay nada desinteresado en los mensajes de esas botellas. Por mi parte, cuando recibo algún post en este blog me parece milagroso. He visto que los bloggers famosos, como el iraní-canadiense Hoder, tienen siempre cientos de comentarios bajo cada entrada y sus blogs aparecen tenazmente en el google. No es extraño que el policía de la frontera buscara a Hoder en Internet. El mío es casi invisible. El fin de semana me convierto en anacoreta. Salgo a comer con alguien y me sorprende la efervescencia de la calle. En mi barrio, el silencio es total y yo sólo quiero quedarme aquí para seguir leyendo y escribiendo, sin obras, motos ni coches. Siempre me propongo ir al cine o digo que visitaré a alguien y al fin se me pasan las horas. No sé si será el invierno. Un amigo, chef francés y gay, me dice que también está recluido trabajando, pero que recibirá pronto a su amigo, "il faut que le corps s'exulte", dice, citando a Jacques Brel en Les Amants.

1 comentario:

lluisa dijo...

Quién era que decía: "Yo tengo dos vicios muy caros: la soledad y el silencio"?