sábado, 12 de septiembre de 2009

Lo inesperado

Foto: I.N., Puertas al campo, Menorca, 2008.
Un amigo más culto que yo me avisó de que Magris había escrito sobre un autor que yo acababa de reseñar, no sin dudas, en el que él considera el mejor libro del autor triestino. Busqué L'anello di Clarisse, pero estaba agotado en italiano y en castellano (por cierto que en castellano costaba 10 euros y en la edición castellana 28 o 29; como la fruta, los móviles, internet y casi todo; pagamos más y nos conformamos). Tampoco lo encontré en esa red magnífica de libreros del mundo. Por el camino encontré una crítica muy libre de Letras Libres (seguramente mexicana, ¿por qué en este país los críticos casi nunca se sienten así de libres para objetar a los grandes, para deconstruirlos como proponía Derrida, señalando lo dogmático o los puntos flacos y valorando lo que sigue teniendo valor en los maestros? Ese doble rasero que hace a muchos ser implacables con los desconocidos y siempre sumisos y adoradores de los ya reconocidos hace nuestra crítica muchas veces aburrida y previsible). Me quedé con la curiosidad y hoy me ha alegrado saber, gracias a Guelbenzu, que Magris tenía la misma objeción que yo. Es más, renuncié a una frase interrogativa que resumía esa objeción suya. Pero de todo esto hablaré cuando salga mi artículo. Son esos pequeños prodigios inesperados que se nos dan... Y qué silencio maravilloso el de este sábado en que todos se han ido...
Anoche cené con mi editor de Cafè Central y la reina de la traducción (como la llama CHM); fue una cena muy agradable, según ellos ramadánica (o epicúrea, pues aunque nadie lo recuerde, los placeres de Epicuro se basaban en cierta sobriedad) en el sentido de que se dejaron contagiar de mi condición abstemia de estos días, tal vez solidariamente, y apenas probaron las trufas japonesas de sake y té verde, y antes tuvimos buen pescado y buena conversación, inspirada por su parte y locuaz por la mía, mientras el helicóptero recordaba la conmemoración de 1714. Y sin querer, ¡yo contagié a uno de ellos el virus de Pynchon! Pero fue culpa de la reina de la traducción, que me enseñó un libro recomendado por Assouline, de uno de esos traductores-escritores viriles, seguros y osados, que ella definía muy bien y que en Francia son además influyentes, el célebre Claro, traductor de Pynchon, Vollmann y otros autores de esa categoría. Yo siempre recuerdo el lúcido prólogo de Pynchon a la reedición norteamericana (hace unos años, en plena era bush) de 1984 de Orwell (hay un guiño que homenajea ese libro en uno de mis cuentos) y también sus apariciones en los Simpson, con su voz y dibujado con una bolsa en la cabeza, para seguir preservando su condición invisible, coherente con su prosa y con esa manera prodigiosa de controlar la locura en el terreno literario.
Ellos me contaron de su consolación provenzal, en ese país donde aún se cuidan los árboles y el entorno y se puede convivir entre mariposas, bosquecillos, luciérnagas y cielos estrellados. Y donde la gente no grita ni arroja las basuras al suelo, como ocurre en esta triste ciudad y en el pobre jardín del azufaifo. Donde los plátanos superan los doscientos años sin que ningún RF al servicio del ayuntamiento les condene a muerte. Vayan por cierto a Polis!
Mientras, yo sigo consolándome con Bernhard, descubriéndole más afín que nunca, lleno de ferocidad crítica pero también de ética y de lucidez melancólica sobre el mundo, sobre el sufrimiento, los hospitales y la ineptitud médica y la estupidez y la mediocridad ensalzada y el talento ahuyentado, pero siempre decidido a sobrevivir y a escribir, ocurra lo que ocurra.
Y he rescatado mi Manifiesto arbóreo, porque veo que la gente sigue firmando.
Ayer en la cena me decían que llevo una época imparable en producción literaria (en octubre los cuentos). También me lo dijo la belle Elaine hace dos días. Pero si fuera así, ¿por qué iba a sentirme tan culpable? ¿Por qué tan atemorizada de mi aparente parálisis, de los días que se me escapan sin apenas producir, de no lograr ningún cambio para mejor en mi inminente futuro material, sino todo lo contrario...? Ayer logré escribir un poco, poquísimo de mi novela, apenas tres cuartos de página dubitativa... Me acordé de Naipaul, que en Sir Vidia's Shadow decía: Llevo toda la mañana y sólo he logrado escribir una palabra... ¿Qué palabra? le preguntaba Theroux. "The..." era su sarcástica respuesta. Eso sí, tengo un título, no sé si un humilde working title o un título de verdad. Se lo he dicho a L. y lo ha encontrado "victoriano", lo cual para ella era un elogio, pero yo me he quedado preocupada de si estaría yo trasnochada como esos que copian ahora la atmósfera victoriana, sin heredar la capacidad que los mejores escritores victorianos tuvieron entonces para transformar la percepción de las cosas. Ella ha insistido que lo decía por lo poético. Lo seguiré testando...
El contador GoStats me trajo un cómputo de 386 lectores silenciosos al día en esta primera semana de septiembre. Aunque eso no baste en este país para que nadie contribuya a financiar ni pongan publicidad los editores ni ningún periódico me quiera acoger, hace ilusión que esos visitantes invisibles sigan concediendo un tiempo de lectura a mis soliloquios y me siento agradecida.
Pero esta noche, al final de mi sueño, que he olvidado, me tocaba una especie de lotería, una especie de premio, algo que me permitía concluir: "Ya no tendrás que angustiarte por el dinero". Y ese momento de alivio feliz me ha hecho sonreír al despertar; ¡al menos me lo conceden en sueños!

17 comentarios:

Anónimo dijo...

qué bonita la crónica, tus reflexiones, comentarios, tus evocaciones de lecturas,... y sí, en el sur de francia,en hyeres, por ejemplo, las aceras, como comentó ya no recuerdo quién hace años de nimes, las podrías lamer, no hay ni un cachito de papel en el suelo, ni una hoja, nada de nada, las calles están impolutas y sí, ya te dije de ahí como conservan y promueven el verde, hasta en calles que son como carreteras, o vias de esas rápidas con árboles en las aceras, dos hileras por acera y un paseo central para separar las dos direcciones de circulación de verde. Y sí, el silencio y fue entrar en el talgo y todo dios gritando.
Ya veo que tuviste una velada anoche de lo más agradable, qué bien, qué suerte.
Ah, los del tivoli me dijeron: como en parroco ubach llevan meses de obras, que ese trozo de verde que hay en p. ubach entre aribau y tavern, en la acera mar, el ayuntamiento lo quiere eliminar, no saben con idea de qué, pero parece que peligra esa verdura.
Te comenté también del precio de la fruta en francia, a mitad de precio y de los agricultores de la zona, en arles, no la de supermercado. Lo de aquí es una vergüenza.
L.

Noctámbulo Desesperado dijo...

Libertad y raciocinio se conjugan para, de este modo, poder balancearse antojadisamente por las frases y vivencias que uno quiera y hacer de esta vida una buena vida.

Dichosa que navegas con tanto viento a tu favor.

Isabel Núñez dijo...

Viento a mi favor? Yo creo que he ido siempre con el viento en contra! Y veradderos huracanes! Pero en fin, cada uno ve lo que quiere, cómo me gustaría un tiempo sí, con viento a favor y cielo estrellado, por favor...

Bel M. dijo...

Mi hijo vive en París hace sólo un año y por eso, a cada uno de sus regresos, se escandaliza con la comparación. Desde entrar en una librería con 20 euros y salir cargado de libros (y no exagero, es literal) a mil otras cosas que allí se consideran productos de primera necesidad (libros, instalaciones deportivas, cultura, salud) y, por tanto, accesibles. Me imagino que con el tiempo se irá acostumbrando a las diferencias.
Sí, es una pena que aquí la crítica no sea posible. Pero me alegro también, porque imagino la alegría que debiste tener, cuando descubriste esa confluencia con Claudio Magris. Es un consuelo, aunque de doble filo, que los cercanos te miren con escepticismo antes ciertas opiniones y que después descubras que alguien autorizado había pensado lo mismo.
Y ahora, después del día rarísimo que tuve un día rarísmo, como ya sabes, de augurios y premoniciones, sólo deseo que los tuyos en ese suéño se cumplan.

Isabel Núñez dijo...

Oh gracias, Bel, ojalá fuese así. Pero qué suerte para tu hijo poder vivir autrement, en ese otro mundo, para valorar críticamente éste, proque aquí mucha gente vive con los ojos tapados y no se da cuenta de nada, para no enfrentarse, y cuando dices estas cosas te miran como a una loca fanática, "si aquí se vive muy bien", repiten, pero cuando les pregunto a qué se refieren no saben darme ninguna razón, excepto quizás el sol

Anónimo dijo...

Les teves cròniques tenen la gràcia de la literatura, que fa més bonica la vida viscuda.
Per sort, les trufes de sake i te verd es poden anar menjant en dies successius...
Et poso l'adreça del blog del Claro, que em sembla que t'interessarà avui.
http://towardgrace.blogspot.com/
Dolors

fernando megias dijo...

La actitud de cierto servilismo o papanatismo intelectual con con determinados "creadores"se da en todas las artes en especial, a mi entender, en las visuales. Existen artistas que se pasan media vida haciendo lo mismo y de igual manera, lo que en un principio fue la asunción de un riesgo. Comparto tu interés por Bernhard (le he homenajeado en uno de los video-clips que estoy preparando). Cada vez escribes mejor y estoy contando los días que faltan para que llegue Octubre y poder leer tus nuevos relatos.

el objeto a dijo...

la única cosa peor a no tener dinero es no tener tiempo.. para hacer lo que uno quiere hacer, lo que uno debe hacer. Estás escribiendo, y tal vez esa culpabilidad no esté tan conectada al hecho de no avanzar, como a la culpabilidad que muchos sentimos cuando nos acercamos a lo que más deseamos, y tememos, por otro lado.
bonito el encuentro con Magris en la distancia

Isabel Núñez dijo...

Gràcies, oh reina de la traducció! El visitaré de part teva

Isabel Núñez dijo...

Gracias, Fernando! Me hace ilusión que esperéis esos cuentos, que alguien inteligente los espere y quiera leerlos... veremos ese videoclip, espero

Isabel Núñez dijo...

Sí, Objeto a, mi culpa crece con los días, es una desazón ligada al dinero que decrece y a que nada ocurra ni se me ocurra cómo ponerle remedio, y a que se acerca el momento de no tener tiempo... como esos insomnios en que el insomne cuenta las horas que le quedan y no puede aprovecharlas...

Anónimo dijo...

Tienes razón en eso de cuestionar a los grandes, es algo necesario. Que no es valorarlos de otra manera, pero si adaptarlos al pensamiento de ahora, interpretarlos, por ejemplo. Ya sea deconstruirlos, reconstruirlos de nuevo, otra vez.
Todo libro pide eso, me supongo, y casi me atrevería decir que cada escritor. Por otro lado, creo que la creación pocas veces se convierte en estabilidad, en deriva de sucesos, y como decía hoy el pintor Georg Baselitz en una entevista, el artista es algo que no necesita la sociedad, lo rechaza"...
Me ha hecho gracia eso de "al menos me lo conceden en sueños".
iluminaciones.

Isabel Núñez dijo...

Yo también creo que la creación exige partir de cero cada vez, o casi, buscar una forma nueva para cada idea, todo eso es incierto, pero te aseguro que hay sociedades que apoyan más a sus artistas o a esa realidad incierta del arte, países donde es algo más fácil sobrevivir en el mundo de la cultura, con muchos más lectores o donde los escritores acceden a sus números de ventas reales y no están absolutamente en manos de los editores (en Francia unas cooperativas de libreros dan esos datos), o donde los traductores son respetados y pueden vivir mejor que aquí. Son sólo algunos ejemplos. Creo que en el mundo editorial las diferencias son más flagrantes que en el del arte.
Eso aparte, efectivamente, el artista sería ese ser incómodo

http://rftnindiri.blogspot.com dijo...

<¿Por qué tan atemorizada de mi aparente parálisis, de los días que se me escapan sin apenas producir, de no lograr ningún cambio para mejor en mi inminente futuro material, sino todo lo contrario...?>
"CAMBIAR" no es mejorar.
Escribir no es producir; usted ya lo sabe.
Está usted escribiendo por dentro, no lo olvide.
Creo que Claudio Rodríguez fue construyendo su poema "Don de la ebriedad", por dentro, en su memoria, y no lo vertió al papel hasta que no lo tuvo completo.

Isabel Núñez dijo...

Gracias, Rtf, por recordarme esas cosas y por el ejemplo memorioso de Claudio Rodríguez, como Ajmatova, aunque por otras razones...

María Laura González Portas dijo...

Mirá yo soy tan pobre que no tengo ni computadora.Cuando vengoa a la cas de mi amiga me la presta para joder un rato y te encontre por casualidad,¡Sos barbara sabés!loque escribís me llega al lama.

Belnu dijo...

Gracias, Maria Laura! Por aquí siempre hay alguien que tiene un ordenador viejo y lo deja por uno nuevo... Si preguntas, seguro que encuentras! Ojalá que tu situación mejore pronto!