viernes, 16 de enero de 2009

No puedo explicar aquí

Las cosas que me ocupan estos días y que tienen mi alma en vilo en lo personal y en lo colectivo. Sólo diré que mi libro balcánico ya existe en las librerías y muchos acontecimientos giran en torno a eso, o se mezclan. En La Central de la calle Mallorca lo han puesto en tres secciones distintas, convirtiendo lo que para otros libreros es un hándicap -ser multigénero- en una ventaja. Y considerando la dificultad, cuando no imposibilidad, que tenemos los escritores no-mediáticos en encontrar espacio en los medios, en los suplementos literarios, en las escasísimas y a veces olvidadas revistas y no digamos en los también escasos programas de libros de las televisiones que, a veces, para rematar la dificultad nos vetan, por haber nacido aquí o allí o por lo que imaginan que somos, es muy importante que las buenas librerías nos acojan, hospitalarias. Como también es importante para los libros la hospitalidad de algunos editores, que se entusiasman, apoyan, están ahí. Y que tienen diseñadores inteligentes, capaces de captar con sutileza el espíritu del libro, y de aceptar que legibilidad es importante. También a veces, alguien que admiramos, por su criterio, su trayectoria y su libertad de pensamiento se interesa por nuestros libros, nos felicita, incluso decide que intentará escribir sobre ellos.
Estaría bailando por la casa para celebrar esas acogidas para mí tan importantes de no ser porque alguien ha venido a instalar un equipo de música y que me ha permitido desembarazarme de mi viejo equipo obsoleto y rebelde (ya sólo podía escuchar los CDs que aceptaba ese equipo y el criterio del aparato no coincidía con el mío), y ahora mismo está aquí, moviendo libros en las estanterías, con remolinos de polvo y las protestas de la gata, expulsada afuera por la alergia del visitante.
Así que he dejado por un momento mi conferencia de MB y mis conversaciones telefónicas del día o incluso la invitación para asistir a una inauguración (la verdad es que no tenía ánimo para lo social, tan frío y villano en esta ciudad, y pensaba proponerle a E. que la esperaría en el café de La Central, rodeada de los hospitalarios libros) para escribir aquí, que tengo este blog muy abandonado.
Ayer vi un programa en Arte tv sobre los escritores y Nueva York: salían algunos escritores familiares; uno al que estuve a punto de llamar cuando estuve allí, por razones múltiples y porque encontré su teléfono (y sólo no le llamé por el mal humor de G, que se estaba independizando de mí sin saberlo). Entonces no sabía que trabajaba en el edificio más feo de la calle, ni que se definía como un frikie que sólo se interesa por la literatura y que hace cosas inútiles. Pero sí sabía que siempre cita a escritoras que le han influido o que ha leído (ayer Flannery O'Connor) y que él ayudó a rescatar del olvido a Paula Fox. Otro al que traduje y que respondió a una pregunta mía: me gustó su manera de clasificar y definir las distintas tradiciones de la literatura norteamericana y a cuál se adscribía él, y cómo juzgaba la política americana en el mundo y acabó su novela justo antes del 11/9 con una frase casi augurio, porque estaba conectada esa política con lo que ocurrió. Otro al que había leído en los ochenta. Otra joven escritora judía a la que reseñé en La Vanguardia y cuya primera novela y talento defendí y que ayer también me pareció seria. Y otro, su partner, también otro talentoso e inteligente escritor judío, al que he leído, regalado y seguido con interés; incluso me gustó la película inspirada en su novela y ese paisaje de la memoria.
Ayer también había quedado con un amigo director de documentales y profesor de cine en Ciutat Vella y hablamos de nuestros respectivos trabajos y de la memoria y posibles proyectos de cada uno. Él escribía sobre el factor imprevisto en el documental, algo que a mí me fascina y que conecta con todo lo imprevisto de mi libro balcánico, y me trajo dos películas de los Balcanes y otras que añadió, relacionadas con el tema de la memoria, con muy buen criterio.
A todo esto el aparato de música ya suena maravillosamente y si sigo así me arrancaré por bulerías, como dicen en el Sur. Mi instalador ha querido cambiar completamente de música para comprobar la versatilidad del equipo. Hemos pasado de la música sacra y luego casi contemporánea, a un dj versionando, piezas de los setenta, fusión y coros celestiales clásicos que no me había atrevido a poner tras la muerte de mi padre... ¡Cuánto tiempo escuchando un equipo viejuzo y telarañoso... Me han vuelto escenas antiguas de un robo y una reposición generosa, que enlazaba con la de ahora. ¿Cómo explicarlo? En esas escenas de generosidad o de apoyo dedicados a mí, resucita un viejo espíritu herido en la infancia, un encapuchado con una guadaña o el nombre de mi maltratadora, tengo que hacer momentáneamente el proceso de aceptar que yo pueda merecer tales impulsos, ya que viví mucho tiempo con la idea interiorizada de que sólo merecía punición y procuré incluso no alejarme de ese terreno. O tal vez sólo era la mejora técnica y ese extraño efecto de la música que, de pequeña, en una iglesia barroca y con un órgano magnífico, creí confundir con la fe (descubrí que no creía cuando nos cambiaron a la capilla pequeña y sin órgano ni coro). Y había más: G. acababa de levantarse de una siesta y estábamos de pronto los tres y yo recordaba otra escena con música los tres, muchos años ha, y era inevitable pensar en lo roto. El pasado en el presente en medio del polvo y el desorden de mi cueva. Por suerte, estoy rodeada también de seres irónicos y aun puedo reírme de mis disfunciones. Mi editor, para celebrar, me ha mandado una escena kitsch. Hilarante. Confieso que al escuchar el sonido transparente y cálido que ahora llena mi cueva de Alí Babá casi me echo a llorar, en tres ocasiones, pero me he contenido.

9 comentarios:

el objeto a dijo...

Bel! gracias por ese link al artículo de Goytisolo que me ha gustado tanto y donde he encontrado palabras para explicarme lo sentido.
"El rechazo voluntario o inducido al reconocimiento del daño que causamos es a menudo producto de la ansiedad, del horror a nuestro propio pasado, de temores ancestrales a su reiteración en lo por venir. Matamos por miedo, atrapados en una espiral de zozobra, recelo e impulsos agresivos de la que es difícil escapar. A causa de ello dejamos que la fuerza de la razón ceda paso a la razón de la fuerza. No nos sentimos culpables del mal que infligimos en función del que pudiera abatirse sobre nuestras cabezas"

y me ha gustado eso tan interesante de tu amigo cineasta, el factor imprevisto en el documental

bravo por esos editores entusiastas generosos y hospitalarios, y por esas librerías que nos acogen, también a los ávidos lectores, e inspiran... muchas veces decido mis lecturas y descubro autores paseando por las librerías

también generoso ese amigo, que además es instalador! que sigas disfrutando de la música

Anónimo dijo...

Esos mundos paralelos de la escritura y lo que la rodea. Hacer cosas inútiles?. Sobre el azar, diría que existe, pero está basado en coincidencias que enlazan directa o indirectamente con cosas que ya habíamos hecho, o sitios por los que ya habíamos pasado -soñado?- Creo que lo imprevisto conecta con nuestra imaginación, que en mayor o menor medida dispongamos. Es decir; lo que imaginamos a posteriori ya lo realizamos en el pasado de alguna forma, sólo que atamos cabos, y decimos que fue azar. Claro, que no estamos exentos del efecto sorpresa. Suerte con el libro.
iluminaciones.

zbelnu dijo...

Gracias a los dos por vuestros inteligentes e inspirados comentarios. En efecto, Vanessa, ese artículo de Goytisolo arroja luz, como dicen, va más allá de lo político, ayuda a esa reflexión necesaria sobre la violencia de la que hablábamos. Yo quería ponerlo ahí aunque fuese para releerlo yo, y también para que otros lo lean.
Iluminaciones: también he pensado siempre que el azar era un conjunto de circunstancias o factores que están en el tiempo o fuera de él, en nuestra realidad interna, en esa presencia del pasado en el presente de la que suelo hablar, y que nos hace ver otras cosas en lo que nos rodea y tratarlo de uno u otro modo, suscitando reacciones distintas según esos gestos.

Anónimo dijo...

Zbelnu: ahora que ya está a la venta, lo voy a ir a comprar sin falta. Un abrazo. Julio (el vasco-balcánico)

zbelnu dijo...

Gracias, Julio! Tú estás dos veces en ese libro...

Francis Black dijo...

Ayer vi el libro en La Central de Mallroca . Estaba muy visibles . Hoy Segarra habla de editoriales barcelonesas en su cronica de La Vanguardia , haciendo especial mencion a EL Acantilado .

Si tenemos alguna editorial buena y alguna libreria buena es para estar contentos . No debe ser un mundo facil .

zbelnu dijo...

Es un mundo difícil, y en efecto, podemos celebrar que en la misma época en que desaparecían librerías históricas y queridas (la francesa, el cinc d'oros, letteradura, etc) que algunos sufrimos como arrancamientos de muelas en la ciudad banalizada y estupidizada, crecieron laie y la central y se mantuvo, contra viento y marea, el librero de la calle berlinès, además de ancora y delfín, taifa e tutti quanti...
Sí, allí son generosos conmigo, como también en Berlinès. En cambio otros procuran esconderme, y hay un librero que siempre que me ve, aunque yo no le pregunte, me recuerda que La plaza del azufaifo no se vende y que como lo considera un libro de barrio, debe venderse sólo en la librería Platón. Ya le dije que no era un libro de barrio y que se vendía mejor en La Central, pero él no quiere creerme y como no va a abrirlo nunca... Veremos dónde pone mi libro balcánico, oculto bajo una mesa tal vez... Voy a leer al Sagarra, gracias!

Francis Black dijo...

Un libro de barrio ? vaya concepto mas raro , preguntale que le parecen los Diarios de Kafka , quiza le parece una obra demasiado personal .

zbelnu dijo...

Ja ja! Eso tiene gracia. No sé, algunos me dicen que ese librero es furiosamente misógino, no sé si será eso, pero a mí me la tiene jurada. O al menos, parece siempre contento de anunciarme que mi libro no se vende nada. La primera vez me dijo que su librería le pillaba lejos... Es verdad que el árbol de la historia está sólo en un lugar de la ciudad, pero no trataba del barrio, y está claro que él no se leyó el prólogo de Vila-Matas ni la página de Joan de Sagarra. Y si se los leyó, pues aún le enrabió más. Confieso que el personaje tiene su gracia, yo pensaba incluirle en una columna sobre comerciantes que no quieren vender...