sábado, 27 de diciembre de 2008

Retorno belga y pequeño homenaje

Foto: I.N. Árboles enmarañados en Bruselas, 2008
He vuelto de la helada Bruselas. Al llegar al aeropuerto vimos a Trichet, que salía huyendo y quise pararle y preguntarle "Trichet, com ho tenim?", pero él tenía demasiada prisa. Otro día pasamos frente al Parlamento europeo y los edificios de ministerios, rodeando ese inmenso parque de árboles enmarañados y tropezamos con un pelotón de periodistas llenos de micros gigantes que acosaban a un diputado, al que intenté fotografiar, pero se enfadó por una pregunta, agachó la cabeza y se alejó con gracia equina, y tuvimos que preguntar a la pareja de policías de qué partido era: "Mr. Di Rupo, socialiste", nos contestaron. Todo estaba rodeado de camionetas de tv. "¡Un país sin gobierno!" me escribió Tigridia. Pero aunque cuesta concluir algo sobre la idiosincrasia belga, creo que la excentricidad, las contradicciones y las situaciones extrañas son inherentes al espíritu del país. De todas formas, paseábamos siempre por donde ocurrían las cosas. Un día retuvieron a unos rehenes muy cerca de donde estábamos, otro día salimos del ascensor de un hotel para encontrar policías con perros.
La ciudad es una extraña combinación de maravillas arquitectónicas y patrimonio espléndidamente conservado, con árboles y parques maravillosos, e inmensas zonas grises de oficinas sin vida, o barrios llenos de multitudes, con tiendas feas y olor a salchicha perruna. Tuve la suerte de ver el fondo del Musée de la Ville, con Boscos y Brueghels magníficos, que piden una contemplación larga y ensimismada, llenos de todos esos personajes entre la realidad y el sueño, una exposición Cobra montada con inteligencia, buen gusto y sentido común como no suelen verse en nuestro país (oh esos Alechinskys, esas piezas de Asger Jorn, Christian Dotremont, Karel Appel... y las mujeres artistas del grupo, como Else Alfelt, ese espíritu lúdico y colaborativo, de grupo, lleno de ironía poética, sin grandes egolatrías...), y recorrimos los lugares de la Bienal por la ciudad, la estación de tren, un Banco, etc. También fuimos al horrible lugar que es Charleroi (eso sí, con árboles inmensos y bien cuidados que se erguían desmañados como esculturas) al museo de la foto, donde vimos una colección importante y muchas fotos ya conocidas. Por cierto que esa noche, cuando nos fuimos de Charleroi tras una confusión de trenes que casi nos lleva a Essen pasando por Amberes, se celebró allí el concurso de mises y resultó elegida Miss Bélgica una chica turca.
En medio de esa estancia en Bruselas, leí inesperadamente en El País la sentida nota de Corredor Matheos de la muerte de José Luis Giménez Frontín y la noticia me impresionó y conmovió. Tal vez por su manera de ser tan británica, esa cortesía suya civilizada y reservada, yo no puedo decir que le conociera bien, pero siempre tuve la impresión de alguien cálido, empático, además de culto, inteligente y crítico, y sobre todo, algo inusual en el mezquino mundillo cultural de esta ciudad, alguien que era de verdad. Colega de La Vanguardia Cultura/s, amigo de mis amigos, hospitalario y buen conversador, como su mujer, Pilar Brea (y las historias de sus gatos). Ahora no puedo evitar recordarle tal como le vi en la presentación de sus memorias, radiante y agradecido a los amigos que acudimos a arroparle, reconocido y apoyado por personalidades significativas o incluso reconocido por ese mismo mundillo cultural barcelonés que pocas veces apoya a nadie, a menos que haya recibido previamente honores ailleurs, y que a mí me resulta tan árido y alergénico, tan escasamente hospitalario. Creo que alguien lo dijo en su funeral, que José Luis ha sido discreto y considerado incluso en su enfermedad, tan rápida, y en su muerte, como si no hubiera querido cargar a nadie con su sufrimiento. También recuerdo cómo me presentó en la conferencia de bloggers de ACEC, dijo "amiga de la casa y de siempre". Sirva este rinconcito de pequeño homenaje, como aquellos pequeños altares romanos a sus lares y penates, o como el poema de Vinyoli donde aconseja que cuidemos la memoria de nuestros muertos.
En esos días helados y grises de Bruselas (allí, cuando el sol aparece al fin, no sólo no calienta, sino que baja la temperatura y una acaba deseando que vuelva la grisaille), llegaba al hotel agotada y me sumergía en la lectura para mis conferencias. Vi una vieja película del coreano Kim Ki-Duk que me gustó, en la que el protagonista pasa las noches en casas ajenas aprovechando que están momentáneamente vacías y contribuye arreglando algo roto o haciéndoles la colada. Me perdí una película muda que pintaba bien, por el frío brutal. Nos costó encontrar las librerías (antes la ciudad estaba llena, según me han dicho), y fue una alegría llegar al Tropismes de la galerie du Prince, no sólo por el sutil artesonado de los techos sino por la selección maravillosa de literatura francesa y sus ediciones más cuidadas. En las librerías inglesas busqué un libro de Ford Madox Ford que necesitaba para mi conferencia. En la primera, bien dotada y con empleados cultos o más inteligentes, tenían tres o cuatro libros de ese autor, pero no estaba el que me interesaba. Al llegar a Waterstones, en cambio, la empleada no sólo no sabía quién era (Have you ever heard of him? le preguntó a su compañero, pensando que yo estaba loca), sino que intentaba desdeñar lo que no sabía como algo démodé. Es un clásico del siglo XX, le dije, como George Orwell o Virginia Woolf. ¿Tampoco los conocía?, no me contestó. Le hice buscar The Good Soldier en la red para que comprobara que existía Ford Madox Ford, que yo no lo había inventado. Pero ella era imbatible. Dijo con desprecio: This author is completely out of print! Le dije que en la librería inglesa cercana tenían tres libros suyos reeditados y flamantes, que estaba publicado en Penguin. Pero no me creía, o no sabía qué era Penguin, o tal vez pensaba que si uno ha cumplido más de treinta no tiene derecho a la vida. Como insistía en su desdeñosa ignorancia, insinué que tal vez Shakespeare le parecería anticuado. Ella se excusó diciendo que ella sólo había hecho un curso de literatura alemana. Esas situaciones me sacan de quicio. ¿Cómo puede ser que alguien que trabaja en una librería desdeñe autores clásicos y a sus libros maravillosos como si fueran ordenadores obsoletos? En la recepción del hotel había una empleada que no sabía nada de nada sobre su ciudad. Le preguntamos por el museo Horta (es como preguntar en Barcelona por Gaudí) y no sabía quién era, ni dónde estaba el museo, ni cómo se escribía. "Conserva la inocencia", pensé para mis adentros, recordando a una directora de publicaciones siempre empeñada en corregirme y que una vez me preguntó qué era "eso del Santo Grial". Hay gente que logra vivir impermeable a toda noción, a todo concepto, a todo nombre y que se enorgullece de su ignorancia. Por supuesto, la joven empleada, que parecía contenta de sí misma, nada sabía de la tumba de Magritte (tal vez ni siquiera sabía que el trompe l'oeil de la plaza le homenajeaba ni que hasta en los restaurantes aparece su famosa lluvia de siluetas con bombín), ni menos aún de quién era Broodthaers. Por cierto, me encantó ver algunos misteriosos y poéticos Magritte que no conocía y que no encuentro en Internet para mostrar aquí, y no digamos algunos Marcel Broodthaers. Es gracioso que yo tuviera durante años una postal de una pieza suya hecha de mejillones sin pensar que era una alusión a los belgas. Aún recuerdo nostálgicamente cuando le descubrí, su Musée de les Aigles, el catálogo que traduje para la Fundació Antoni Tàpies.
Otra exposición maravillosa que vi fue L'Un pour l'Autre, les écrivains dessinent, en el Musée d'Ixelles, comisariada por J.J.Lebel, con dibujos y cartas dibujadas de Apollinaire, Baudelaire, Proust (un dibujo sin ninguna perspectiva, muy gracioso, seguramente sólo un recordatorio de escena para su escritura), Althuser, Artaud, Breton, Burroughs, Michaux, Merimée, Jarry. Jouffroy, Maupassant, Valéry e tutti quanti... Una gozada. Para llegar al museo pasamos por una pequeña plaza preciosa, concebida sólo como homenaje a un árbol, algo que nuestros políticos municipales se niegan a darle al azufaifo (y amenazan con matarlo construyendo en la parte de abajo del terreno). Los árboles del museo también eran hermosos y sobre todo, esa manera de tratarlos, dándoles espacio para crecer y no considerándolos como en Barcelona mobiliario de quita y pon, maltratándolos y rematándolos constantemente. No, en Bruselas, como en toda Europa exceptuando España, los árboles son considerados patrimonio valioso y crecen a sus anchas, como esculturas extravagantes y libres. L. no se cansaba de mi manía de fotografiarlos, de hecho, los admira tanto como yo, y descubrimos ejemplares asombrosos que iré mostrando aquí. Dice L. que "en invierno los árboles desnudos de hojas toman otra dimensión y otra estética. Yo los veo muy musicales, me parece que bailan, al son de una música muy particular y cada uno a su aire, y con ese cielo gris crean un paisaje muy armónico, que casa muy bien..."
La cuestión es que lo he pasado muy bien estos días con L. en Bruselas, por la afinidad de gustos y costumbres y algunas manías comunes o al menos no incompatibles. A L. se le ocurrió un proyecto de guía europea que nunca se ha hecho y que podríamos proponer a un buen editor de guías, si tal cosa existe por estos lares. Por lo menos, la idea nos hizo reír. Ayer, mientras esperábamos en el aeropuerto, contemplábamos un auténtico desfile de personajes excéntricos y era tan interesante y divertido como una película. Al llegar al aeropuerto de Barcelona vi otra vez la horrible uniformidad de un país enormemente convencional, tradicional y asfixiantemente familiar, donde la mayoría de gente no sólo no lee sino que no sabe hablar, y van vestidos todos iguales. Siempre me resulta duro volver a mi realidad (mi persistente tendinitis, la necesidad de enclaustrarme para acabar lo pendiente, la ciudad sin árboles, llena de obras y ruido), pero esperaba un poco de sol para consolarme... Y es que la única consolación son las conversaciones con los amigos, la visita de V., que ha cuidado muy bien a Gilda estos días (dice G. que creará un grupo en Facebook titulado "Vanessa también cuidó a mi gata en Navidad") o la visita de S. con sus talentosos niños, o algunas conversaciones telefónicas...
En Polis, lean el artículo de Mas de Xaxàs en La Vanguardia sobre Hossein Derajshan.
Lean también sobre Palestina, Israel y la manifestación de esta tarde del lunes 29.
¡Y no olviden firmar el manifiesto arbóreo aquí todos aquellos que se oponen a la tala indiscriminada de plátanos, palmeras y acacias de la Diagonal para que pase el tranvía, la tala de los´almeces en la plaça Joaquim Folguera para ampliar la línea 9 (tala prevista para enero, que convertirá una placita frondosa y tranquila en una pequeña y nueva Lesseps), la tala de diversas especies arbóreas en el parc de la Ciutadella para hacer un aparcamiento. En estos últimos días han firmado Enrique Vila-Matas, Marcos Ordóñez, Sergio Vila-Sanjuan y otros tantos. No dejemos que sigan transformando Barcelona en un parque de cemento.

14 comentarios:

el objeto a dijo...

Qué bien que estés de vuelta! y qué bonito post, lleno de cosas. Me ha gustado mucho lo que has contado de JL Gimenez Frontín, su discreción, su cortesía, y autenticidad,
y yo que no he viajado ni viajo estos días, y que echo de menos esa europa del norte, he disfrutado de tu relato, librerías, exposiciones y paseos.
Me ha hecho gracia lo que decía L. de los árboles, yo descubrí la belleza de los árboles en invierno mi primer año en Londres, tiene razón que adquieren otra dimensión y otra estética, otra grandeza desnuda y honesta, y los tonos grises de los parques se hacen infinitos...
qué envidia los Magritte, y los Broothdaers, y los viejos y suculentos museos bien conservados,

en fin, esperemos que esta lluvia acabe pronto y recuperes el sol mediterraneo en unos días,

ps, un placer cuidar de Gilda, en tu casa, incluso sin ti en ella, uno se siente siempre bien acogido, y ella sabe ser buena compañía cuando tú no estás

zbelnu dijo...

L. me contó que en Londres se sentaba en los parques durante horas mirando los árboles como esculturas y allí, como la excentricidad es lo corriente, nadie se extraña de nada. A mí aquí siempre me toman por loca cuando los miro y los toco...
Gracias por las cosas buenas que dices! Esta casa es la cueva de Alí Babá, pero la gente suele decir que se siente acogida, así que el espíritu que predomina es seguramente simpático... En esta navidad negra de violencia y pobre de crisis, la lluvia y el viento llevan a la lectura...

Jose Hernández dijo...

Estuve en Bruselas hace ya más de cinco años, gracias a la voluntad becaria de la Unión Europea. Mi viaje fue relámpago, apenas 3 días en un abril que recuerdo de agua nieve. Leyendo tu post me viene a la memoria la poesía carneriana y su Bèlgica que copio aquí. Un abrazo

BÈLGICA

Si fossin el meu fat les terres
estrangeres,
m’agradaria fer-me vell en un país
on es filtrés la llum, grisa i groga, en somrís,
i hi hagués prades amb ulls d’aigua i amb voreres
guarnides d’arços, d’oms i de pereres;
viure quiet, no mai assenyalat,
en una nació de bones gents plegades,
com cor vora de cor ciutat vora ciutat,
i carrers i fanals avançant per les prades.
I cel i núvol, manyacs o cruels,
restarien captius en canals d’aigua trèmuls,
tota desig d’emmirallar els estels.

M’agradaria fer-me vell dins una
ciutat amb uns soldats no gaire de debò,
on tothom s’entendrís de música i pintures
o del bell arbre japonès quan treu la flor,
on l’infant i l’obrer no fessin mai tristesa,
on veiéssiu uns dintres de casa aquilotats
de pipes, de parlades i d’hospitalitats,
amb flors ardents, magnífica sorpresa,
fins en els dies més gebrats.
I tot sovint, vora un portal d’església,
hi hauria, acolorit, un mercat de renom,
amb botí de la mar, amb presents de la terra,
amb molt de tot per a tothom.

Una ciutat on vagaria
de veure, per amor de la malenconia
o per desig de novetat dringant,
cases antigues amb un parc on nien ombres
i moltes cases noves amb jardinets davant.
Hom trobaria savis de moltes de maneres;
i cent paraigües eminents
farien —ai, badats— oficials rengleres
en la inauguració dels monuments.
I tot de sobte, al caire de llargues avingudes,
hi hauria les fagedes, les clapes dels estanys
per a l’amor, la joia, la solitud i els planys.
De molt, desert, de molt, dejú,
viuria enmig dels altres, un poc en cadascú.

Però ningú
no se’n podria témer en fent sa via.
Hom, per atzar, un vell jardí coneixeria,
ben a recer, de brollador ben clar,
amb peixos d’or que hi fan més alegria.
De mi dirien nens amb molles a la mà:
—És el senyor de cada dia.

zbelnu dijo...

Me encanta el poema de Carner, José! Mil gracias por traerlo. Me gusta mucho lo que dice y lo del "senyor de cada dia" del final

Anónimo dijo...

Había que montar el club de excéntricos que miran los árboles por placer. Me han interesado el Jorn que has puesto, en su libertad plástica de otro momento y premonitoria, y el Alechinsky en ese exabrupto al aire. Bibliotecas y museos, árboles y personas. Y sí, siempre ese problema de encontrar los libros adecuados…y que aparecen cuando uno menos se lo espera, o nos sorprenden.
Bienvenida.
iluminaciones.

zbelnu dijo...

Gracias, Iluminaciones! Sí, yo traduje hace años un catálogo de Asger Jorn para la Fundació Tàpies y me gustó mucho su trabajo y su historia (llena de dificultades materiales y sueños firmes). Vi`piezas maravillosas de Alechinsky, algunas en el auditorio donde fui a un concierto, otras en la expo Cobra, tan bien montada, tan elegante...

Anónimo dijo...

Sí, y ese grupo Cobra, descubriendo nuevos caminos en el terreno del inconsciente, del atomatismo en el arte, tal vez algo cansados de lo puro inteletual en la pintura, de lo narrativo en sus antecesores, intentaron crear una brecha más humana, si cabe. O fue tal vez un intentar estar en tierra de nadie...? Y es curioso, verdad? que resulte ahora elegante, cuando era pintura bruta, demasiado humana...
iluminaciones.

zbelnu dijo...

No sé, pero tenían cierta frescura que en efecto puede resultar elegante. Y una poética alegre e irónica unida a terribles pesadillas, un automatismo negro, de delirio y obsesión, entrelazado con ese espíritu común, travieso y libre...

Ephemeralthing dijo...

Bienvenue!

"..... y van vestidos todos iguales": el espectro parece no salirse entre "Santa Eulalia-Massimo Dutti", y ahora con la crisis, simplemente Massimo Dutti.
Me ha quedado en la memoria una noche en el Boulevard Saint Germain, paseaba una pareja del barrio, ya jubilados, y él se había fabricado un fular anudando unas cuatro u cinco corbatas. Estaba guapísimo.

civisliberum dijo...

Curiosa la Sociedad Belga, cuando más se desarrolla es cuando no tiene gobierno, no es la primera vez ni será la ultima, es tan ingobernable que lo mejor será la separación entre Flandes y Valonia.
Por otra parte el actual Rey de los Belgas parece ser que es de digamos caracter liberal igual que la reina Paola, frente a Balduino y su Fabiola que fueron de lo mas mogigatos y carcas que se podia ser no en el Siglo XX sino en el XIX. El que tenia que ser sucesor el Principe Felipe (Creo) no lo hicieron Rey y pusieron a su padre por su supuesta incapacidad. Su antecesor Leopoldo fué un satrapa y genocida del Congo. Todo ello sin que el pais destacase en nada más. Con este hisorial no veo mucho futuro al Reino de los Belgas.
En Francia los Belgas son usados para hacer chistes de mofa, como en España con los de Lepe.
No obstante como dices tiene una fantastica arquitectura digna de un pais mucho más importante, además del Museo que citas de la Grand Place tiene los fantasticos Musée d'Art Moderne y el d'Art Ancien, una población educada y muchos arboles, es decir "el norte".
Con una sociedad que viva bién a esar de ... todos losgobernantes anteriores, es que está muy desarrollada y tolerante.

zbelnu dijo...

Qué bueno! En Bruselas vi una falda hecha con corbatas, au vent, llena de gracia... Has cambiado tu firma, ti sta bene

zbelnu dijo...

Ya sé los chistes de belgas y también los textos de Baudelaire, y el complejo y pique de los belgas con los franceses (venden más vinos chilenos y australianos que franceses!). También la oscura historia de esa monarquía genocida, que inició el horror en África, ese horror de hoy es el legado de aquello, y Leopoldo quedó impune, lo decía VLL el otro día en El País. A mí me parece que ninguna monarquía está justificada y que todas son una rémora injusta, un vestigio feudal, algo horrible, aunque haya diferencias entre una monarquía hija de Franco y un rey que no permite que se le critique en su presencia, y que tardó mucho en defender la democracia en el 23F (hasta que no supo que no ganaban) y una reina madre que no abandonó Londres durante los bombardeos y quiso quedarse con la gente. Son legados distintos. Lo que sí me gustó de los políticos belgas es que critican abiertamente a su rey, no hay censura como aquí, le pusieron verde por su elección de Marten para que formase gobierno.

cacho de pan dijo...

gracias por José Luis, al que parece que muchos hayan descubierto después de muerto.
Su repentina desaparición me ha dejado sin palabras.
Precioso viaje a Bruselas, esa ciudad dura y enigmática en la que la vida pareciera transcurrir detrás de las persianas.
Sus habitantes son tan inexorables como cultos, educados: saben hacer hasta de las plazas sin árboles lugares confortables.

zbelnu dijo...

Es curioso, yo en cambio disfruté mucho de los árboles de Bruselas (voy poniendo fotos en los dos blogs), y de placitas hechas en torno a un árbol.
En cuanto a José Luis, yo no le he descubierto después de muerto, pero claro, cada cual que piense lo que quiera. Me gustó mucho lo que me contó, como homenaje, el librero de la calle Berlinès. Él tampoco lo había descubierto ahora, eso me quedó claro.