viernes, 12 de diciembre de 2008

Recuperación

Matisse, Marruecos
Ha sido una semana casi aciaga, con fuerte gripe que se ha unido a otros inesperados achaques en una combinación casi diabólica. Como hoy era el día en que debía cumplirse la maldición chamánica, me temo que se ha ido cumpliendo por adelantado. Hoy no ha ocurrido nada relevante, excepto tal vez que he enviado un mensaje sin duda torpe y desafortunado que ha sido completamente malinterpretado por el destinatario; yo sólo quería expresarle mis dudas por un texto suyo como objeciones o más bien preguntas, y él ha entendido que yo pretendía darle lecciones (nunca he pensado que yo pueda dar lecciones a nadie; incluso me siento obligada a aclarar en mis conferencias que no soy experta en nada, sino sólo una intrusa que osa dar su lectura subjetiva de las cosas), así que probablemente la gripe ha mermado mi capacidad de expresión y la maléfica luna de hoy ha rematado la jugada. Me da rabia no haber podido explicarme mejor, porque se trata de alguien a quien suelo leer y que me parece ecuánime y reflexivo. Con todo, hoy he pasado mi primera noche descansada en una serie de cinco o seis, y aunque aún toso, lo peor parece haber quedado atrás.
Mientras me adentraba lentamente en el texto de mi conferencia sobre Isabelle Eberhardt, estuve leyendo El secreto del cristal, Aforismos y desafueros, donde a veces domina un ingenio poético refinado, o la metáfora casi gongorina (aquel Góngora de "La mano oscurece el peine" o de la cueva de Polifemo como "bostezo de la Tierra"), o el casi exabrupto contra los críticos, o la pura greguería; vale la pena, y el epílogo de Salvador Foraster me encantó. En los peores momentos de la fiebre, me consolé con esos cuentos maravillosos victorianos de Alba, de los que ya hablé, algunos de escritoras para mí desconocidas hasta ahora, como Ada Leverson, Mabel Wotton o Constance Fenimore Woolson. Y ya acabando con mi texto, que aún estoy puliendo, he empezado ya a releer a la siguiente protagonista de mis conferencias, que también es muy inspiradora.
La agitación navideña ya se deja notar. La gente despotrica de sus familias. La sola idea de tener que sentarse a comer con ellos en una especie de felicidad obligatoria y a veces impostada resulta difícil y ya se sabe que, a veces, algunos comen y beben demasiado para soportarlo y se multiplican los patatuses. Yo siempre huyo en esa fecha, aunque esté mal visto y nunca falta quien me critique por hacerlo, pero para mí, lo simbólico duele y por eso me voy. Y es que aunque yo me contuviera, siempre hay alguien dispuesto a sacar los esqueletos del armario. El año pasado estuve en Luxemburgo y algunas llamadas telefónicas que me siguieron allí acabaron precipitándome a una imprevista aventura con fondo de nieve, debo decir que felizmente. Me gustaría hacer un cuento de Navidad con lo que ocurrió allí, pero tal vez alguien vendría a buscarme con el hacha o el caldero. Esta vez, si de verdad me recupero, estaré en Bruselas. Cuando no me llega el dinero, me voy por aquí cerca, como recomendaba atinadamente Patricia Highsmith en Suspense contra el bloqueo. Viaje, váyase de la ciudad y si no tiene dinero, coja un autobús a un barrio inhabitual...
Ayer, sumida en esa furia impaciente ante la dificultad de abrir un paquete que los anglosajones llaman wrap rage (de hecho, en amazon y otros comercios han empezado a promover envoltorios más "humanos", que no precisen de herramientas para abrirse), pensaba por enésima vez en la pereza de este país para poner nombre a las cosas. Muchos se quejan de que la lengua del imperio se imponga, pero ¿cómo no? Hay que decirlo, los españoles son perezosos y ¿para qué sirven todos esos académicos tan rimbombantes, que jamás sugieren un término para algo? En fin, supongo que no es culpa de ellos la pereza de la calle, sin duda debida a la incultura y la burramia del país, que ni siquiera recuerda ya cómo jugar con las palabras, ni tampoco tiene la tendencia de la lengua alemana a juntar palabras diversas a modo de fragmentos que formen otras más largas. Nosotros no tenemos wrap rage, ni muchas otras expresiones más necesarias, y casi todo lo que tenemos se lo debemos a Cervantes, que nos inculcó la ironía y la parodia en el lenguaje.
Al bajar un momento a la calle helada, una sorpresa. ¡Ya ha salido mi artículo Los meandros de la traducción en Vasos Comunicantes, la revista de la Asociación de traductores! Ha tardado tanto que me parecía una causa perdida. Me ha hecho ilusión verlo, no sin autocrítica. Hay alguna cosa que habría eliminado, para acortarlo. Pero hay párrafos que siguen palpitando con esa vibración secreta oculta en cada palabra.

12 comentarios:

cacho de pan dijo...

los argentinos no lo son, no lo somos... perezosos digo.
siempre poniéndole nombre propio a todo.

frikosal dijo...

No sabía que esto del wrap rage estuviera teorizado, pensaba que era cosa mía y de mi impaciencia. Acabo justamente de comprarme un objetivo de segunda mano en ebay y ya sufro pensando en la angustia al abrir el paquete para descubrir si realmente es una ganga como yo creía .. o un fraude.

Yo no entiendo nada y tal vez digo una tontería pero siempre me pareció que el inglés era mucho más dinámico con los neologismos.

zbelnu dijo...

Efectivamente, Cacho, aquello es distinto y la burramia menor

zbelnu dijo...

Ellos son rápidos, Friks, enseguida le ponen nombre a las cosas, en cambio aquí no hay manera, acabamos usando las suyas. Y no es sólo por poderío corporativo-comercial, también es esta lentitud

ephemeralthing dijo...

Habrá que inventar algo como el "abrelatas" pero para los nuevos envoltorios, recuerdo que en Vinçon ví hace ya tiempo un pequeño artilugio para desprecintar cds. Era perfecto. También recuerdo, porque me encantó la descripción del hecho, que en una película que dirigió Paul Auster, "Lulu on the bridge", en una escena el personaje de MIra Sorvino tenía un ataque de "impaciencia furiosa" al intentar desprecintar uno. Me encantó ese momento, es lo único que recuerdo de la película.
A mi ahora mismo la Navidad en familia hasta me resulta estimulante, además de tranquilizador, en cambio ciertas situaciones sociales con amistades de años cada vez me "revientan" más. Por cierto: mis cuñados me caen más que bien, son unos tipos fantásticos.

zbelnu dijo...

Lo que critican los del wrap rage es justamente que se necesiten herramientas (es decir, más consumo).
En eso no nos parecemos. Yo siempre he preferido las afinidades electivas. Mis amigos configuran el territorio donde yo elijo estar. No significa que no haya conflictos, que los hay, o relaciones que queden atrás, pero cada vez veo más claro por qué elegí a algunos de ellos y la afinidad persiste. Nunca habría elegido a mi familia y por supuesto, ellos no me habrían elegido nunca a mí, excepto como cabeza de turco.

Anónimo dijo...

la idea de negocio es crear algo que la gente no necesitaba, pero de repente ahora si. De ahí parte todo esto.
De todas formas, el término experto es excluyente, y de hecho el experto nunca lo es , porque por obligación debe beber de otras materias, y eso sería un erudito, que vuelve a ser un inexperto, y así, etc.
Y es cierto, de ironía y parodia vamos sobrados, tal vez sea una forma de entender las cosas un poco coja.
Felicidades por la publicación.
ilumnaciones.

ephemeralthing dijo...

.. precisamente por eso, como no los has elegido, ni te han elegido, es más natural el aceptarlos tal como son.
Al contrario, cuando la complicidad o afinidad ha desaparecido uno puede escoger el no aceptar ya más lo que en otro momento había escogido.
En cualquier caso, si un grupo te erige como cabeza de turco, por supuesto, mejor es distanciarse.

zbelnu dijo...

Sí, crear nuevas necesidades es la base de la sociedad de consumo.
Pero no me has entendido o yo no te entiendo a ti. Lo que quiero describir es mi abordaje de las cosas, siempre desde fuera, siempre por una puerta lateral, nunca como algo reconocido y siempre sin el apoyo institucional ni de ninguna empresa.
Y en cuanto a la ironía cervantina, a mí me parece lo mejor, lo que salva a esta lengua. Cervantes muestra como el humor puede ser profundo, una auténtica carga crítica y humana de profundidad.

Anónimo dijo...

Sí, la ironía bien utilizada es necesaria como dices, y pienso que el humor no sólo puede ser profundo, si no también desfacedor de entuertos, esclarecedor. Sí estoy de acuerdo en ese, sin apoyo, no exento de dificultades claro. que puede ser lo más parecido a la valentía.
iluminaciones.

zbelnu dijo...

Oh, gracias por lo de la valentía, Iluminaciones. Yo tardé en descubrir lo que eso significaba para mí. Lo que sí es verdad es que vivir en los márgenes, en los intersticios parece más incómodo, se vive un poco a la intemperie, pero también se vive más feliz, al menos si uno tiene cierto espíritu refractario... Un poco como Cabeza de Vaca cuando se acistumbró a ir descalzo con los indios y luego ponerse los zapatos le parecía una tortura

zbelnu dijo...

Natural? Aceptarlos tal como son? Precisamente porque acepto que sean como son, y asumo cómo soy yo, tengo que mantenerme a cierta distancia. Es la única manera de no salir escaldada. La sangre no significa, para mí sólo importa la ética, la conducta, la capacidad de reconocer los propios errores. No me vas a convencer, tú puedes hacer lo que quieras con tu familia, déjame que yo haga lo que quiera/pueda con la mía.