jueves, 27 de agosto de 2009

L'heure bleue

Foto: I.N. Siracusa, Sicilia, 2009
Cada fragmento de realidad busca encontrar su lugar en la mente para no invadirme en exceso. Descifrar las palabras de M., que parecen cargadas de símbolos. Me dice que en la montaña (donde la llevaron dos de mis hermanas) se sentía peor, retrasada en el tiempo, ¿me entiendes? Añade que "esa calle tiene un retraso respecto al tiempo" y mi hermana traduce que M. andaba despacio, que en terreno abrupto y escarpado y sin adaptarse al cambio de oxígeno le costaba avanzar y ése era el retraso. Yo siempre dudo entre la traducción más prosaica y aquella otra más simbólica, en este caso de los recuerdos que duelen (un día me dijo al enseñarle fotos de su pasado que le dolían y vi que había ocultado un retrato muy bonito de su padre). O que tal vez a cada interlocutora quiera decirle algo distinto con esas pocas palabras repetidas. Como cuando ayer hablando con P. se refirió a sus hijas como zebras, porque había visto un documental de animales, ¿o por algo más? (¿Acaso se refería a sus dos hijas diseñadoras, pues P. diseñó una marca con ese nombre?). A veces se rebela contra la medicación, olvida, confunde, recuerda obsesivamente algunas cosas cambiadas, amenaza y yo entiendo que se rebele contra la dependencia, pero todo esto es sólo la consecuencia de su propio esfuerzo destructivo. Siempre quiso no saber, aunque eso la llevara a la vulnerabilidad y la dependencia, aunque eso ocasionara mi desgracia en los primeros años, y de ahí mi tristeza.
Mientras, acabé esa primera lectura y corrección de mis cuentos y se los mandé a mi editor, con esa curiosa mezcla de felicidad de ponerlos en circulación, de alegre impaciencia y de inquietud por la double exposure, por lo que significa de salir al ruedo, aunque sea humildemente, esa contradicción entre la ambición de que lo escrito circule, de que se produzca ese intercambio y me sirva para pensar y para vivir de otra manera, de lograr seguir escribiendo sin tener que traducir, y el deseo de ocultación, de desaparición, de vivir en los márgenes.
Tuve un disgusto considerable ayer y acabé somatizándolo y sin poder decir, y todo parecía rebotar en mi cabeza, aun en la luz acariciadora de la playa solitaria, aún contemplando pájaros extraños... Luego la tensión empezó a soltarse con una llamada de G., mientras andaba por Rambla Catalunya hacia un encuentro japonés, y escuchando de Mihoko una historia de cenizas que encerraba una pérdida con su tristeza y el ritual pero también la vida que sigue siempre pese a todo y era el final de un cuento no escrito...
Los sueños parecían detenidos y ya empezaba a añorarlos, pero esta noche han vuelto y he podido rescatar una parte, con su fragmento de repetición unido a una adversativa "pero ahora es distinto", algo ha cambiado. Aún no sé si hay algo más ahí, en esas dos reiteraciones insistentes y antiguas, una falta de intimidad y una falta de algo olvidado, en este caso andaba descalza por un pueblo de montaña en invierno, lleno de gente, había olvidado que era navidad, había olvidado unos regalos (pero podía subsanarlos sin problemas) y nuestra habitación estaba invadida de gente como una discoteca abarrotada. A la vez que los sueños surgen deseos nuevos e ideas de escritura. Dudas y opciones posibles. Y hay que cazarlos al vuelo o desaparecen en el olvido, como los sueños.
Vi otras dos películas de Rohmer, una nueva para mí, 4 aventures de Reinette et Mirabelle, que me encantó. Hablaba de l'heure bleue, la hora azul, ese minuto justo antes del alba en que todos los animales nocturnos se han dormido y aún no han despertado los de la mañana. Sólo un minuto en que la Naturaleza parece detenerse, en que existe el silencio absoluto en la Tierra. Un silencio majestuoso, impresionante, inquietante, en medio del tono azul que yo perseguía en aquellas noches festivas e insomnes de la adolescencia, cómo me gustaba la sensación de tiempo detenido, de paréntesis que parecía fuera de la realidad, de conversación privilegiada, de encuentros del cuerpo, ¡y entonces no sabía de esa hora azul, de ese silencio! (Después de todo, Rohmer también me hizo descubrir el rayo verde...). Ese momento ocurre en el campo, el encuentro de la parisina Mirabelle con la silvestre Reinette, y esa nostalgia de pura naturaleza, de hierbas que crecen sin cortar y que suenan con el viento como el harpa de hierba de Capote, la belleza de los animales, el huerto de Cicerón (que mi amiga M. añoraba ayer). Y luego las anécdotas con la excentricidad y los humores de personajes urbanos, la cleptómana, o esa actriz de siempre convertida en microestafadora callejera y las diferencias de la ética de cada cual y sus recursos, y como siempre, la atmósfera de la amistad. Genial.
Y la otra ya la había visto hace un montón de años... Les nuits de la pleine lune. Al ver la primera imagen recordé: en esta película yo descubrí el concepto de pied-à-terre, y cómo me identificaba con aquella Louise (Pascale Ogier vestida de Dorothée Bis) y su pied-à-terre en París y sobre todo su amistad difícil con un joven Fabrice Lucchini (que sentía celos de todos), su no saber...se. Aunque era más bien la historia de B... Y cómo soñaba yo con vivir allí... Me ha gustado volver a verla, aunque ya fuese todo previsible, me han gustado los matices. Incluso al principio, la protagonista define su actitud ante lo amoroso con mis propias frases, esa idea me ha hecho gracia...
El conflicto de ayer me hizo darme cuenta de cómo necesitaba otra vez mi propia hora azul, ese silencio detenido, aunque sea inquietante, aunque sea incluso doloroso recobrar la solitudine, un poco como la Louise rohmeriana, pero en otro contexto, darme cuenta de dónde estoy, incluso de quién soy en un espacio íntimo más grande y sin compartir (mágicamente, V. hablaba de esto mismo en su último post).
Y he escrito mis quejas y protestas en Polis

14 comentarios:

JML dijo...

Entiendo esa ambigüedad, el deseo de exponerse y la necesidad de ocultarse. La escritura nos enfrenta a esa doble naturaleza nuestra.
¿Y para cuándo la publicación de tus cuentos? Lo pregunto para estar atento, con la caña dispuesta...

zbelnu dijo...

Qué sincronía, JML, yo estaba en tu blog y tú en el mío! Para octubre, si nada se tuerce y todo sale comme prévu, en octubre saldrán, en Menoscuarto... Y sí, entiendo que lo entiendas, qué forcejeos... Gracias por tu espera y ánimo.

Dante B. dijo...

también tú pierde los zapatos en los sueños?
siempre me pasa, e inclusive muchas veces voy desnudo...

somos tan frágiles: nos sacan alguna defensa, alguna coraza mínima, y rápidamente nos deshacemos.

el objeto a dijo...

qué buena esa escena de baile parisina, y claro, Lucchini parece ser quien es ahora por ese pasado rohmeriano. Por cierto, me ha dado envidia ese recorrido veraniego que has hecho por las películas de rohmer, siguiendo un hilo tuyo, con una distancia ya casi literaria más que cinéfila, encontrando otras cosas

y sí que hemos hablado de algo parecido, de esos espacios necesarios que conectan y también separan cosas y personas, algo de eso hay en la memoria, en la manera en que uno mantiene sus recuerdos.

Los rituales, los de muerte, los familiares, los de los cuentos, los de los sueños que se repiten, también sirven para eso, para mantener a raya, a cierta distancia, cosas vividas que de otro modo nos dolerían

a mí me da la sensación de que cuando salgan tus cuentos ya los verás como un obra hecha y separada de tu intimidad y a pesar del juego de la autoficción estará ya más del lado del lector que de tu desnudez. Escuchándolos el verano pasado ya ocurría eso, que cobraban vida propia en el mundo del que escuchaba

el objeto a dijo...

por cierto, estoy aquí, casi fuera en la terraza, al acecho de una hora azul que me sirva de tregua

zbelnu dijo...

Es verdad, Dante, esa fragilidad! No sabía que tú también ibas descalzo en los sueños, para mí es algo recurrente...

zbelnu dijo...

Gracias por tu insight sobre los ritulaes funerarios, Petite A... Y por tu escucha de esta tarde en el lugar de M... Sí, los cuentos y el libro son ya un artefacto y en ese sentido me sorprenden, incluso siento una admiración por mi yo de ese momento de escritura, pensando: ya no sabría escribir así... No volveré a lograrlo! Pero me ha pasado otras veces y se desvanecerá la sensación.
Y eso no excluye que en otros momentos sienta punzadas de vértigo de exponerme, a pesar de la ficción, de la teatralidad, de la mentira, del trabajo estructural.

zbelnu dijo...

Ah, no había visto ese mensaje tuyo en que esperas tu hora azul urbana en la terraza! Azul sí se verá la montaña, aunque no haya lechuzas ni cucos para señalar el fin de la noche...

Anónimo dijo...

La verdad es que hay sueños que hacen irremediablemente querer seguir con ellos, la sensación de felicidad y bienestar que se da en alguno, no nos la explicamos, sensación que en la vida real podríamos entender sencillamente.
He visto que en el catálogo está el ingenioso G. De la Serna..

zbelnu dijo...

En qué catálogo¿?

Anónimo dijo...

en el de Menos cuarto, está Disparates y caprichos, una serie de relatos breves irónicos, que anota pensamientos y visiones ocultas sobre lo que otros no vería más que hechos banales, o no verían nada. Me alegro que compartan con los tuyos también.
iluminaciones.

zbelnu dijo...

Sí, tengo MUY buena compañía en Menoscuarto. Recuerdo muy bien las greguerías de G. de la S. y voy a buscar esa edición de Disparates y caprichos.

frikosal dijo...

"esa contradicción entre la ambición de que lo escrito circule, de que se produzca ese intercambio y me sirva para pensar y para vivir de otra manera, de lograr seguir escribiendo sin tener que traducir, y el deseo de ocultación, de desaparición, de vivir en los márgenes"

Yo los leeré con discrección como si fueran secretos.

Vi la película "El rayo verde" hace muuchos años, en mi infancia, y seguro que no la entendí pero por alguna razón se me quedó grabada en la memoria esa búsqueda de la extraña luz verde, que si no recuerdo mal también sale en una novela de Julio Verne (y el rayo existe, este verano pude verlo en Chile).

No conocía esa hora azul, me encanta la descripción. Algo hay mágico entre la noche y el día.

Ahora mismo acabamos de llegar a la ciudad-dormitorio. Lo único bueno de regresar es que hay internet. Después de tantos días viendo estrellas estamos todos horrorizados de lo feo que es el cielo.

zbelnu dijo...

Bienvenido, Friks! Sí, qué dura es esa vuelta al cielo sin estrellas, al mundo del cemento, o al lugar en proceso de destrucción y tala.
Gracias por esa manera de leer que prometes! En realidad, luego no importa porque no hay tal exposición sino otra máscara, tuve un sueño que lo explicaba claramente.
En cuanto a la hora azul, tú eres el que más probablemente podrá escucharla!