domingo, 14 de septiembre de 2008

Apenas escribo aquí y lo sé

Foto: I.N. V. y A. leyendo en Ibiza, 2008
Pero el viento sigue. Ayer miraba a ese espectáculo de nubes que nunca tenemos en esta ciudad y que me recuerda más a los cielos madrileños, secos (la contrapartida es que allí, la sequedad del aire me molesta en la cabeza, me alisa el pelo, hace que mi piel parezca tierra yerma y resquebrajada y siento una extraña inquietud de que en ningún horizonte pueda estar la tranquilizadora franja azulada), uno de esos espectáculos que, como decía Virginia Woolf en Estar enfermo, la Naturaleza seguiría organizando aunque nosotros nos tumbásemos todos boca abajo o cerrásemos los ojos. Las nubes eran magníficas, de esas que arrebataban al personaje de L'étranger (les nuages! Là-bas...) de Baudelaire (con el que yo me identifiqué sobresaltada en una lectura adolescente), y ayer, por un momento, extasiada, pensé: "Al menos no pueden talar las nubes". Porque ando buscando rincones con árboles, sabiendo que muchos, si no todos, tienen los días contados. A veces me pregunto si no es una pesadilla todo lo que se avecina en la ciudad: la destrucción de la Diagonal, la destrucción de la plaça Joaquim Folguera, la destrucción del Parc de la Ciutadella, o esa calva espantosa del Tibidabo que ya se ve desde Muntaner, por las encinas centenarias que están talando en Collserola. Y lo peor, con el beneplácito de tantos ciudadanos analfabetos, contentos de que el trambaix llegue más allá o el metro transporte a esos turistas del mendrugo a la montaña rusa, aunque eso suponga respirar un aire más contaminado, no tener sombra ni tierra sino más cemento ardiente. Tal vez sean esos mismos ciudadanos que tiran basura a la calle o que mean contra un coche, como los perros: lo vio ayer horrorizada L. en su barrio (¿Habrá que ponerles azufre?). Ayer en La Vanguardia había una carta que me pareció decisiva, especial para los que no quieren darse cuenta de que vivimos en un estercolero. La he puesto en Polis, junto con un artículo que me manda Jazzy de JM en El País contra los alcaldes y la especulación. Creo que en este caso, JM tiene toda la razón.
Y volviendo a los espectáculos celestes, ya anteanoche, mientras celebrábamos un agradable cumpleaños en una de esas casas con esprit pero sin humo, vi que alguien fumaba en la ventana y fui para allá. Esa ventana de la galería da a un patio privilegiado del Eixample, con palmeras generosas, y aunque obtuve el permiso del homenajeado, hubo que apagar el cigarrillo inmediatamente, porque el otro señor de la casa y anfitrión de la fiesta vino a decirnos que el humo entraba y no podía ser. Pero valió la pena el momento porque me sirvió para contemplar una nube asombrosa, densísima e inmensa, que se movía iluminada por la luna (como el vaso de leche envenenada de Sospecha) creciente de una forma completamente insólita, apoyándose en los edificios y envolviendo las antenas, en un cielo impecable, barrido por el viento y nada barcelonés.
Yo sigo (pese a las oleadas de dolor ardiente de mi brazo) con mi maratón correctiva del estudio sobre memoria histórica y salud mental, y esta semana seguirá lo balcánico; de hecho estoy sufriendo de no poder dedicarme en exclusiva y ya mismo a ese libro mío, acabado y rematado, pero en fase de pulido. Ayer fui a ver a Pina Bausch, y pese a maldecir al Liceu, que cobra unas entradas a precios astronómicos sin ofrecer apenas visibilidad, fue una experiencia gozosa ver ese otro espectáculo, tan poético y sutil como las nubes. La primera pieza, el Cafe Muller, parecía hablar -ella como una libélula o una mariposa nocturna chocando contra la pared- de la fragilidad, el paso del tiempo, la vejez, pero también la extrañeza y el aislamiento frente a la agitación del mundo, y había un personaje más terrestre que me recordaba a la primera farmacéutica de Cadaqués, una francesa pelirroja y alocada, andando con un taconeo ridículo, entre pájaro y spinster, muy graciosa y sensual, y una pareja que repetía dolorosamente aquellas caídas y abrazos y caídas, todo desesperado, entre el patetismo y la burla, y la escena como un cuadro de Hopper (L dixit) y la luz que les transfiguraba al salir tras los cristales. Y luego, esa interpretación tan inteligente y literaria, coral, de la pieza de Stravinsky, La consagración de la primavera, con todos aquellos bailarines tan diestros y hermosamente descarnados, con sus respiraciones como vuelos de pájaros, componiendo cuadros vivos y dramáticosde una belleza sobrecogedora, y a veces orwelliana, de mundo catastrófico, donde todos corrían y se encontraban y abrazaban con desespero. Ya sé que hace muchos años de todo esto (Cafe Müller es del 75), que ella abrió caminos a tantos otros (la versión danzarina y acuática de Dido y Eneas de Sasha Waltz que vimos hace poco en el Auditori recogía el legado de Pina B., como dijimos ayer), por eso y porque a Barcelona no había venido y ésta era una ocasión tal vez última para verla, no comprendo que el primer día hubiera un público dispuesto a abuchearla. Ayer todo el mundo aplaudió y con entusiasmo.
Y sigo leyendo a Agota Kristof, aunque en francés, porque algunas editoriales, para mandar un libro a la misma ciudad tardan semanas, aunque pierdan la ocasión de que salga reseñado (y otras lo mandan en media hora) en La Vanguardia.
Por cierto, me ha encantado la reseña que E. Lynch hace en la revista Las Nubes de un ensayo genial de Sloterdjik sobre Derrida (Moisés y Freud) que leí en casa de la hospitalaria N. en Luxemburgo, y me hace gracia que use la frase que yo, en mi ignorancia, tuve que concluir de mi lectura: Se non è vero, è ben trobato. También en Las Nubes una estupenda reseña de Elisenda Julibert sobre Coetzee, donde cita a otro favorito mío, con una de sus frases geniales, ya desde el título. Lo malo de esa revista es que engancha y luego cuesta salir...
Seguimos con estos cielos magníficos y una brisa fresca (aunque me alise el pelo, con el peligro de encontrarme como la indigente de aquel cuento de Pepe el tonto y otros tontos, a quien algún desaprensivo le cortaba la falda mientras dormía, y la pobre, al verse reflejada en el charco decía: "¿Pues quién soy si no soy yo?") me permite reponerme unas horas hasta que vuelva el fragor de las obras, la condena de nuestros árboles, el infierno especulativo de este horrible ayuntamiento y su inclemente alcalde, que ha logrado casi hacer mejor a su ya horrible antecesor. Así que voy a seguir disfrutando de este silencio y este sol, mientras pueda.

20 comentarios:

Anónimo dijo...

Molt bé, molt bé. Un placer leerte, as usual, y siento tener que darte la razón en todo lo que dices y tan bien dicho. Ya ayer me hizo gracia y hoy al leerlo también, eso que dijiste de que las nubes no podrán talarlas. No, por suerte.
Oye, da igual, pero la francesa esa no era farmaceútica, el marido era eterno estudiante a farmaceútico del que ella se enamoró perdidamente; debían de gustarle los latinos, y como él la dejaba preñada con frecuencia, y él era un gandúl de tomo y lomo, ella tenía que pencar como una burra. Pero por eso llegó un momento en que en esa tienda dejaron de vender medicamentos, cuando la normativa y las inspecciones empezaron a ser más estrictas y se implantaron un par con farmaceúticos titulados. Es sólo para que sepas la historia. Y anteriormente había existido una loca, cerca de las Galiotas, que vendía medicamentos y la llamaban la farmaceútica.
L.

cacho de pan dijo...

el otro dueño de la casa sin humo, que vengo a ser yo, insiste en su NECESIDAD de vivir sin un olor más, desagradable -por lo menos en el ámbito de su vida y de su casa- sumándose a todos los otros, regalados de forma habitual y sin siquiera excusas por el alcalde y su séquito. En esa reunión improvisada de sólo doce personas, la mitad o más fumaban, aunque no lo hicieron allí por pura cortesía (y por supuesto te incluyo). Había rosas fragantes y un clima, dentro de lo que nos permite la polución de esta ciudad, relativamente limpio y amable. Me niego a oler productos altamente tóxicos, absolutamente químicos, sin rastro de nada que pueda parecer tabaco, dentro de los límites de mi piso. Me costó muchísimo, solamente yo lo sé, abandonar esa, para mí, desagradable, enfermante, nubladora dependencia. Además en aquel momento di otra posibilidad: uno de los balcones a la calle, tanto o más amable que la galería, pero no pareció interesar. Lo entiendo, quedaba algo más lejos del acogedor, nada ahumado, murmullo general. En los últimos tiempos perdí la posibilidad de encerrarme en lugares que antes me causaban placer para no soportar los "residuos" alquitranados de los fumadores.
Se trata de una elección, y siempre perdemos algo al hacerlas.
Al margen de esto, estuviste elegante y comunicativa, como siempre. La velada alternativa para J incluía una función de la Bausch. No le pareció suficientemente festivo.

zbelnu dijo...

Sí, Cacho, cada cual elige en su casa, faltaría más. Yo no fui al balcón porque mi sed de mal se había apagado ya en la galería de la palmera y la nube. Para mí fumar suele requerir nocturnidad y algo social, no fumo nunca trabajando ni durante el día, ni, como sabes, fumo en tu casa o allí donde molesta, pero al ver a aquella invitada en la ventana, y con la aprobación de Ch., pensé que con el aire libre de fuera no molestaría. Una de mis manías es no molestar (excepto a los políticos a los que pagamos y nos traicionan, naturalmente). Mi antiguo médico de cabecera me contó que había tenido que quitar el grabado d euna flor gramínea de su consulta porque una paciente alérgica tenía crisis de asma al ver el dibujo. Yo le comprendí. Pero aquel intento me sirvió para ver la nube!

zbelnu dijo...

Ah y comprendo la opción de J.Ch., porque la celebración con amigos siempre tiene algo mágico y cálido... Gracias por tus palabras!

el objeto a dijo...

mi lesión muscular se agrava con el ordenador (!??) por eso he tardado hoy en conectarme,

quería darte la razón especialmente hoy en que Lola y yo hemos atravesado la plaza lesseps volviendo a casa y el espectáculo cementero, la solana sin una sola sombra, la desolación eran indecentes. Dejarán esa monstruosidad polvorienta sin una sola rama??

menos mal que como dices el cielo por ahora no lo pueden talar, y esos paisajes móviles de nubes son un alivio,
hoy me gustaría tener a mano el excelente librito Estar enfermo de V.Wolf

Tu lectura de la Bausch me ha gustado, la conectas son más cosas con las que se suele conectar
como siempre echo de menos la danza que me conmueva y que no sea la repetición de lo de antes, e intuyo que esos dos espectáculos suyos aún mantienen pese al tiempo, algo de esa revelación

ah! y qué sorpresa el petit homenage de la foto! ;-) recuerdo de unos días de lo más agradables y reconfonrtantes

zbelnu dijo...

Sí, Cousin V, olvidé avisarte de la foto y luego pensé: mejor, así se sorprenderá cuando entre. Me preocupa que algo te duela porque siempre parece imposible, es decir, que normalmente se te ve tan energética y entusiasta como si fueras invulnerable a ninguna enfermedad, ningún achaque, ningún mal. Seguro que se va volando enseguida ese malaise...
Me alegro de que te haya dado nostalgia de danza que conmueve... a ver si aparece algo que valga la pena, alguna compañía muy extranjera que venga de pronto...

Anónimo dijo...

Sí, molt bé, aunque como siempre imposible contestar a todo. Me centro en lo de Pina, ¿cómo es posible que seamos tan arrogantes los seres humanos?, me quedé de piedra al leer en los medios que la habían pitado. Me ha gustado la referencia a Hooper tan apropiada.
Bueno... he vuelto.
Saludos!
Jazzy

zbelnu dijo...

Willcomen, bienvenue, wellcome... Glups! A ver si esta vez nos sale mejor :)
Y sí, como decía ayer una amiga, seguramente ese público de los abucheos era de los que tienen abono en el Liceu y van a todo sin saber lo que les espera, y llevan toda la vida viendo lo mismo y no quieren cambios.

cacho de pan dijo...

estimada zbelnu: casi un homenaje que no había tenido en cuenta, esos dos guapos leyendo como niños educados que son, aunque uno de ellos inmerso en las procacidades del que escribe...gracias
Y sabe que me encanta discutir con usted, ya que también tengo alma de Pepito Grillo. No me pareció ninguna falta, todo lo contrario. Un orgullo estar en su texto, aunque sea en plan Nicholson sin pildoritas.

Anónimo dijo...

Es cierto lo de ese cielo velazqueño al que te refieres, sugerente. También es verdad que se han establecido algunas relaciones entre enfermedad y creatividad, entre los artistas, hay muchos de ellos que padecieron algún tipo en su infancia, no sé si repercutiendo definitivamente en su obra en el tiempo.
Respecto a Bauch, que esperamos ver por aquí, aúna en una lógica, el camino de la danza, el que debería seguir, uniéndose con el teatro, dando un paso más allá, El texto en su danza está casi presente, ahí se detiene. Yo creo que su libertad adquirida, no sin esfuerzo y años, es lo que le da esa coherencia a su trabajo.
te dejo la nueva web:
direccionunica.wordpress.com
iluminaciones.

zbelnu dijo...

Ah, Cacho, tienes razón, a los dos nos gusta grillear, en efecto! Y lo de los niños buenos y guapos tiene gracia, ¿será que leyendo todos parecemos buenos, como cuando estamos dormidos? A lo mejor es ese mismo abandono inocente... Y por qué lo de Nicholson sin pastillas, qué habré dicho yo? Ahora me releo...

zbelnu dijo...

Sí, Iluminaciones, la enfermedad aparece siempre, o como metáfora (La montaña mágica) o como vía creativa (el arte o la escritura o las matemáticas han permitido a tantos psicóticos encajar en el mundo, incluso sin medicación alguna, sostenerse), o como después (los que dejan de "flotar" según Lacan dijo del psicótico Joyce, diferenciándolo de su hija) Hölderlin, Maeve Brennan, etc. O la enfermedad como periodo de revelación y descubrimiento del propio camino creativo (Tàpies). Y tanto más...
Me gusta lo que dices de Bausch. Iré a ver esa web con nombre benjaminiano.

frikosal dijo...

¡ Que fina descripción de la nube ! A mi también me llamaron la atención y me consolaron de la imposibilidad de usar el telescopio para buscar un planeta que se me resiste.

Ese diálogo con Dante me parece muy divertido, ahora que creo que le voy entendiendo un poco más. De entrada yo sería más favorable a su punto de vista, pero hay que reconocer que tu fumas realmente muy poco y como sin fumar, de modo que no tiene más.

Yo suelo tener miedo de mis palabras, de molestar con mi vehemencia y mis puntos de vista (que algunos consideran excéntricos, pero nadie se ve a si mismo cono excéntrico). Sobretodo por escrito.

¡ Es admirable vuestra amistosa discrepancia verbal !

zbelnu dijo...

Gracias, Friks! Es divertido discrepar con Dante, aunque a veces ha llegado a asustarme! Y es que los dos tenemos algo marciano-guerrero-pepitogrillo, en efecto. Y él es un ex fumador de la liga antitabaco, y yo, aunque fumo muy poco y procuro no molestar tampoco en eso (es una manía, nunca aparezco en casa de nadie por sorpresa, ni voy allí donde creo que no seré bien recibida o donde la gente está ocupada en otra cosa), soy antiprohibición. En fin, que siempre estamos en esas. Pero también hemos batallado por otras cosas!
En cuanto a las nubes, ¿te has leído ese poema de Baudelaire, aunque sea traducido? Es ese hombre que no cree en nada ni nada le importa, sólo las nubes... Yo me había sentido así alguna vez, de pequeña, cuando soñaba en bajar del avión y sentarme en esas masas algodonosas. Pero cuando supe que algunas eran peligrosos cristales de hielo no me desilusioné sino que me fascinaron aún más.

Antígona dijo...

Sorprendida me quedé con aquel libro de Sloterdijk sobre Derrida. Burra de mí, no pensé que el iconoclasta Sloterdijk tuviera ni interés por el filósofo francés, ni un conocimiento tan meditado de su obra. Hay veces que es un placer darse cuenta de lo equivocado que estaba uno. La conclusión: hacerme con más cosas de Sloterdijk.

Un saludo

zbelnu dijo...

Ant: Yo lo compré porque leí en la contraportada que se había sentido repentinamente huérfano cuando alguien le dijo Derrida ha muerto. Como esa era también mi sensación, por razones otras, me llevé el libro. A mí Sloterdjik me había hecho gracia con Las normas para el parque humano y otro librito, aunque me aburrió con un tocho que alguien se empeñó en prestarme. Creo que es ingenioso y a veces deslumbrante. Pero Derrida... sin él opinando sobre las cosas, dándoles sentido, el mundo es mucho más solitario.

cacho de pan dijo...

no puedo dejar de comentarlo, lo siento: mi estimada y temible (sólo por el nombre) Antígona, se ha convertido por obra y gracia de la apocopación de belnu en una inofensiva hormiguita.

zbelnu dijo...

Ja ja, malicioso Cacho! Si la hormiga soy yo, muchas veces me sentí así (en París, por ejemplo, como Pulgarcita en medio de esa grandeurs y belleza). Pero es que no todos sabemos elegir los nombres como los poetas maliciosos, expertos en sembrar entre las migas, mendrugos con chispas! Yo también me había interrogado como tú sobre las razones del nombre.

RFT dijo...

Continuando con las indicaciones que le hice de que su libro "La Plaza del Azufaifo" estaba colocado en la sección de Sociología de la librería La Casa del Libro de Madrid (Gran Vía), hoy he descubierto algo más fascinante.
Suelo regalarle un libro a mi vecino médico D (el que colinda con mi gallinero) cada vez que me proporciona alguna receta de las que preciso. Trato de seguir el criterio o trueque de un buen libro por una receta. Hace un par de días estaba él de guardia, bien aburrido de pacientes, por uno de los pueblos de esta Sierra (hay días que empieza escribiéndome en Horcajuelo y acaba en Manjirón), tratando de leer a De Quincey ("Del asesinato considerado como una de las bellas artes") y, para ayudarle en su melancolía, le sugerí la lectura de sus blogs, lo cual me agradeció posteriormente. También le he sugerido que lea su texto más reciente en el blog de Xoroi.
Ayer llegué muy tarde a casa, entre otras razones porque el juicio que tenía a las 13:15 no comenzó hasta las 17:30. Había pedido a D que me dejara dos recetas en la verja, una de las cuales necesitaba pues se me había agotado la caja anterior. Ello me obligó a coger la moto y acercarme a Robregordo por la noche, en donde estaba la farmacia de guardia más próxima y que tiene frente a la puerta una morera enorme y preciosa con una pequeña placa, recordando a quien la plantó a principios del siglo pasado. Fue un paseo muy agradable ahora que hemos vuelto al veranillo del membrillo en estos días, prólogo de lo que los canadienses llaman luego Indian Summer y que Thoreau recordaba con alegría. Por eso hoy me acordé y, tras una entrevista peculiar, decidí acercarme a la FNAC de Callao para buscar su libro y dejárselo de regalo a D colgando de la valla, como cuando les dejo los huevos semanalmente. Como no aparecía su libro por ningún lado (ni siquiera entre los de cocina y demás artes culinarias), pregunté a uno de los empleados, el cual, tras consultar el ordenador, me dijo ¡¡¡QUE PODÍA QUEDAR UN EJEMPLAR EN LA TERCERA PLANTA, EN LA SECCIÓN DE LIBROS DE VIAJES!!! (sic)
Bajé. Tras revisar toda la estantería de arriba abajo, lo encontré justo después de la sección de África, por lo que aparece usted en la FNAC de Callao entre Peter Matthiessen y Mungo Park.
¿Quién habrá tenido esa idea en la FNAC?
Ya que cita usted a Berger (vi hace unos meses en el Círculo de Bellas Artes, una exposición de dibujos conjunta de él y de una mujer, cuyo nombre no recuerdo, y a la que le supongo unido, comentada por bellos textos), si no conoce a Matthiessen quizá le guste.

zbelnu dijo...

Ah, Rft, me gusta el estilo de su crónica, y ese médico bernhardiano que recorre los pueblos (habría que recomendarle Trastorno de Bernhard), y su intercambio de libros y recetas, y también esa búsqueda que hizo usted de mi libro hasta una sección de viajes africanos (¿sería el nombre árabe del árbol?). Hoy lo he dicho en una entrevista, citando al librero de la calle Berlinès, quien me contó que el libro maravilloso del poeta chino Li Bai lo colocan en filosofía y orientalismo en lugar de en poesía, simplemente por ser chino... Y con todos los libros multigénero (tan contemporáneos) que hay, aún no han aprendido libreros ni distribuidores...! Gracias por sus pesquisas, su apoyo y sus historias.