jueves, 4 de septiembre de 2008

Del dolor y sus grietas


Foto: Manel Armengol, As Furnas, 1999.
Leo a Agota Kristof, repentinamente y casi por casualidad. Hacía mucho tiempo que Yelena me la había recomendado, sé que ella la propuso a alguna editorial y no le hicieron caso o reaccionaron demasiado tarde, cuando otra editorial ya la había descubierto. Entonces publicaron en el Babelia una entrevista brutal, que permitía adivinar la mirada de su prosa, esa desesperanza ósea, completamente descarnada: me impresionó. El otro día pesqué La preuve y la estoy leyendo. Es una nouvelle, pero la alterno con Sebastian y con Maugham y en los pocos ratos que me quedan para leer. Ayer volví a leer andando por la calle (controlando los obstáculos de soslayo, con el rabillo del ojo) porque el relato de Kristof me atrae irresistiblemente: esa extraña mezcla de dureza y vida dentro del horror, con una sensualidad que no se agota en el dolor, con encuentros intensos y protectores, tal vez con humor incluso, pero siempre viviendo en el infierno, un lugar donde no hay reglas (Thomas Mann), donde reina la arbitrariedad y la muerte es siempre una posibilidad cercana e impuesta, como el saqueo y el miedo. Hay una oscuridad, o más bien, una grisaille que lo domina todo, y sin embargo, hay momentos en que Kristof recuerda a la locura delirante y mucho más esperanzada pese a todo de Babel, o a la atmósfera de Trastorno de Bernhard. Aunque lea otras cosas, me parece que sólo estoy con ella. Su voz es como un susurro persistente, capaz de erosionar y crear un canal constante. Siento que ella es el mundo, aunque haya cosas más luminosas fuera. Es la historia del siglo XX, junto con la parte de Primo Levi y de tantos otros. (La parte que a algunos nos costó reconocer, porque se había solapado a una ética que aún nos sigue convenciendo. Yo seguiré pensando, como Berger, que el marxismo era una buena idea que se aplicó mal, y como tantos balcánicos, la única salida de esa ética del rojerío estaría más cerca de la socialdemocracia estilo nórdico.) La historia de la brutalidad y el terror, pero también de cómo en medio de un ambiente (en ese niño lisiado y pequeño, abandonado por su madre, en ese gemelo solo que convive con los esqueletos de su madre y su hermana y espera a su gemelo que cruzó la frontera, y acoge a una mujer desesperada y visita a un cura que juega con él al ajedrez y le dice que se condenará o visita a un secretario del Partido que comparte su miedo porque es homosexual y puede ser descubierto) así, puede transcurrir la vida. Seguiré leyéndola.
La leo mientras no se apaga el dolor de mi brazo. Me dijo mi nuevo osteópata que me dolería dos o tres días tras la primera sesión y en eso estoy. Discutimos sobre si mi inglés sería mejor o peor que su castellano y en inglés explicó que todo estaba en la nuca y me enseñó lo que ocurría con una columna vertebral de plástico. Dijo que en tres sesiones lo resolveríamos. Hoy volveré a yoga. Todo este proceso empezó con un terrible disgusto de traducción en un museo, y aunque resolví no trabajar más con aquella falta de confianza, el dolor ha seguido ahí porque una vez se pinza el nervio hay que hacer algo para resolverlo fisiológicamente.
Me duelen los árboles condenados, la ciudad que sigue siendo destruida. No me dejan olvidarlo porque aquí, el estruendo es constante, y el polvo y la basura que la gente sigue tirando a la calle.
La música me consuela muchísimo, aunque a veces la escuche como una música dolorida. Y es que el dolor, como en el relato de Agota Kristof o tal vez con más intensidad para mí, tiene siempre grietas por donde se cuelan el placer y la fruición y también oleadas de una extraña felicidad. Yo puedo bailar con ese dolor y de paso reírme de mi extraña heteregeneidad d'états d'âme, puedo todavía notar esa respiración que ensancha las grietas de tal forma que a veces casi parecen transformarlo todo, como las esperanzas que crecen en las macetas de G (espero que los dioses griegos le iluminen hoy en su examen oriental y su examen castellano). Pero pensando en las grietas del dolor, recuerdo que una vez, cuando G. era pequeño, en Cadaqués, cerré la puerta pillándole un dedo, y cuando le llevaba, en brazos de su padre, al hospital del pueblo, llorando de dolor sin parar, con una intensidad que hacía insoportable mi asfixia culpable, a pesar de las lágrimas vio algo al pasar. Y al salir de la cura, señaló un muro encalado y ajardinado con una higuera olorosa y dijo que allí vendían helados, porque había visto salir a un niño con uno, y él también quería. Era la demostración gráfica de que el deseo e incluso un pequeño placer siguen latiendo en medio del dolor. Para mí, la niñez de G. estuvo llena de esas demostraciones.

13 comentarios:

frikosal dijo...

No es poca cosa poder salir fuera de uno mismo y reírse de la heterogeneidad de estados de ánimo.

También he observado esos dolores que parecen nacer de un disgusto o a veces solamente de una discusión. En vacaciones me encuentro estupendamente en el campo, por que allí solamente al salir a dar un paseo se me pasa casi todo, mientras que aquí..

Tomo nota, "La Preuve". Está traducida?

Es densa tu entrada, y más cosas comentaría, sobre el Marxismo, y mucho más.

Suerte a G.

zbelnu dijo...

Gracias, Friks! Sí que está traducida pero la han llamado Klaus y Lukas o algo así. De hecho uno de mis links muestra esa portada.
Da envidia ese campo tuyo feliz donde nada puede realmente alcanzarte, donde las orugas principescas o las inteligentes arañas o tantos otros seres te reconcilian con el mundo.
Para discutir de marxismo necesitaríamos tiempo. Ya sé que no opinas como yo, pero yo seguiré pensando que la ética roja igualitaria era buena cosa; lo malo era la dictadura (del proletariado): cualquier sistema autoritario es un error, no permite corregir los abusos ni las arbitrariedades inherentes a los humanos y sólo suecos y nórdicos supieron recoger el legado social y las libertades y negociar con ambas cosas.

el objeto a dijo...

yo me leí casi de seguido Le Grand Carnet, me encantó, me emocionó, no recuerdo todas las razones, pero había una contención en la palabra, una justesse, algo formal, implacable. Empecé en seguida L Preuve, pero la dejé. Como es tan corto, tal vez la retome esta semana, para la poca ficción que tengo en casa...

ayer por la noche cuando iba a comentarte algo en polis se apagó la batería del ordenador así que apagué la luz y me dormí

yo también creo que el deseo puede seguir latiendo en medio de todo el desastre y la catástrofe y salvar lo que hay alrededor

cacho de pan dijo...

lo siento de verdad, Isabel; siento que te sientas mal, tanto como siento que toda o casi toda la gente que me interesa está a disgusto, con dolores físicos o psíquicos, harta de la tierra de las maravillas, de este shopping barcelona que no se puede criticar (he perdido, soy consciente, los comentarios de alguna gente de aquí, muy dada a exhaltar los valores nacionales). Visca Barcelona, pero bien calladito y quieto. Muerto, en definitiva.
¿Qué esperamos, qué podemos esperar?
En El periódico han tergiversado una nota de Ramón de España donde se cargaba la peli de Woody Allen dando razones más que lógicas para hacerlo. Ya no se puede tener una voz crítica. El silencio de los corderos.

civisliberum dijo...

Estoy contigo con lo que el marxismo fué una buena idea muy mal aplicada. El leninismo y el troskismo, con su desarrollo posterior se olvidaron del humanismo de Marx i lo sustituyeron por un internacionalismo que solo servia para satisfacer la vanidad de los nuevos dirigentes. Recuerdo un amigo que tenia los 26 tomos de las obras completas de Lenin, hojee algún tomo y realmente encontrar un toston semejante era tarea casi imposible.
Los nordicos han unido la esencia del marxismo con la visión liberal del mundo (nada que ver con el falso neoliberalismo económico)y han conseguido una de las sociedades más justas y libres del mundo.

zbelnu dijo...

Ah, petite a, tú la habías leído sin decírmelo! Yo me haré enseguida con le grand cahier.
Dijiste: ahora voy a Polis, y pensé que se te había olvidado, pero fue la batería y el sueño...
Civislib, me alegro de que coincidamos en lo ideológico. Es lástima que haga tanto frío por allá y que a mí no se me ocurra cómo mantenerme por allí o que no aprendiera sus lenguas hace años.
Ay, Cacho, sé que me comprendes, lo sé, en el horror al ruido y la destrucción y la fealdad y en la perplejidad por la falta de crítica. Ayer alguien me decía en Polis que se concentraba en lo que plantan (flores y hierbajos, algún matorral) y no en lo que talan (todos los árboles que pueden, por hectáreas, caminos, carreteras, aceras, montañas y bosquecillos, todo va fuera en pro del cemento).

iluminaciones dijo...

Es cierto que a veces hay un fisura de esperanza entre el dolor, incluso humor, ironía, en Bernhard era visible esto, a pesar de su a veces estoica escritura. Lo que pasa es que en ocasiones, es al final cuando se ve esa luz... Ilustrativa pintura de Burne Jones que buscaba una reivindicación romántica exaltada, aportando una vuelta a los sentidos, sabia e interrogadora.

zbelnu dijo...

Ilumin: yo me pregunté muchas veces por qué Bernhard nunca me deprimía, a diferencia de lo que me ocurre con Jelinek o incluso a veces con Beckett, y es que, además del humor negro hay una inteligencia de la escritura y del narrador, un insight del mundo y de la forma que me admiran y me llevan más allá.
Y sí, muy bien descrito lo de Burne Jones. Justamente estaba ayudando hace un rato a G. en un trabajo de historia del arte donde tenía que definir lo sublime, el genio, la belleza, la experiencia estética y cosas así, y salía el cuadro de Caspar David Friedrich El caminante ante el mar de nubes, ¿sabes cuál digo, verdad?

J. dijo...

Me resulta encantadora esa imagen tuya leyendo mientras camina. Aquí, en las provincias, esa estampa resultaría verdaderamente transgresora, te lo aseguro.

Saludos

zbelnu dijo...

J: seguro que también ahí verás a alguno de nosotros, lectores andantes! Sólo tienes que esperar un poco y estar atento, porque siempre elegimos caminos laterales...

iluminaciones dijo...

Sí, el caminante de Friedrich, imagen inolvidable, incluso portada de libro de muchos románticos. Beckett, Bernhard, Jelinek, tres valientes cada uno a su manera.. sí, Bernhard puede resultar ilusionante incluso, depende del momento, supongo, en cual cabrían más respuestas.. Leí que Pombo dijo que escribía al dictado como primer paso del proceso, citaba también a Dickens, James, V. Inclán..lo digo por el malestar del brazo.

zbelnu dijo...

Gracias por los ánimos y ejemplos, Iluminaciones! Bueno es saber que ellos lo hicieron... ESpero, de todas formas, que lograrán curarme. Porque corregir al dictado es más difícil...
CDFRiedrich... Viste aquella expo maravillosa de paisajes en la Fundación March el curso pasado?

Gise =) dijo...

Admiro la capacidad que tienes de leer varios libros a la vez, yo si hago eso comfundo historias o sucesos, encesito concentrarme en uno,a demas mi tiempo de lectura no es tanto como me gustaría...donde se compran horas al dia y asi poder hacer cosas que me dan placer??? dejalo una divague...
Creo que is ente el dolor no decubrieramos algo que nos hace bien o nos da placer no podriamos soportarlo, me gusto tu recuerdo de la infancia de G, los chicos viven enseñandonos cosas, yo viviria rodeada de ellos...lastima no puedo convalidar mi titulo de maestra...
Besitos y cuida mucho tu brazo!!!!
Tome nota del libro traducido qu ele dices a Friko, tus sugerencias me han enseñado a leer...