miércoles, 21 de mayo de 2008

De la muerte y los libros

Foto: Jose Aguirre. G. y yo en Cadaqués, circa 1991

Después de la sensación eufórica de ayer, me invadió una especie de halo melancólico. Es como si una parte de mí hubiera pensado que la entrada de ese algo prodigioso y extraño, de ese Unheimlich en mi vida, fuese a contagiar todo lo demás, pudiera parar el rugido y las vibraciones insoportables de las obras que estremecen esta casa y este barrio, impedir esa subida el precio por barril del petróleo que acrecentará la carestía de todo y la pobreza de casi todos (y que sospechosamente nadie intenta contener), o que precipitaría la llegada de aquel otro elemento extraordinario que yo esperaba y cuya llegada confirmaron los oráculos, o que se desvanecería por completo el dolor de mi brazo.
Anteayer fui a comprar la pasta de dientes italiana de hinojo a la tienda dietética que hay frente al azufaifo. Estaba la chica joven y le pregunté por su madre, que enfermó terriblemente y se fue quedando paralizada. Me dijo: Ya está, ha muerto, hace siete días.
Por la noche, cuando fui a lavarme los dientes, surgió su cara frente al espejo del lavabo. Como aquella flauta hecha con huesos en el cuento de Grimm, que, al tocarla, cantaba la historia de un chico muerto por sus envidiosos hermanos (yo siempre me identifiqué mecánicamente con ese tercer hermano al que los dos mayores intentaban destruir. Y me consolaba esa capacidad simbólica de sobrevivir a su erosión, ¡de transformarse aún después de cualquier muerte!). O como en la película de Heddy Honigmann sobre Bosnia, Good Husband, Dear Son, donde los escasos objetos sobrevividos a la destrucción sistemática representan a los muertos de Ahatovići de tal forma que la gente acaricia el marco de una ventana hecha por un marido, la camiseta que llevó un niño, el reloj de otro, parado a la hora de su muerte, y por una trasposición misteriosa, ¡esos objetos son ellos! Pensé que cada vez que me lavara los dientes vería a esa mujer, joven y energética, y me asombraría ese proceso misterioso que la devoró tan deprisa como un fuego, y su enigma.
Ayer fui a comer (una merluza gallega) con el decididamente bartlebiano Jc, comida donde supuestamente yo tenía que explicarle (o no) las razones de mi fascinación por Derrida (¡la hospitalidad! ¡la traducción! Revivre tout, le bon et le mauvais... quand le souvenir d'une souffrance devient un bon souvenir) Jc me dijo que atravesaba un momento de falta de concentración y que apenas podía leer. Eso, en él, significaba que sólo leía libros pequeños y antiguas novelas de aventuras, ¡Stevenson! Y un alemán que en el siglo XIX escribía novelas del Oeste americano sin haber estado nunca allí. O una historia de Inglaterra de Hume con un inglés accesible para nosotros, porque está lleno de latín (me contó que los ingleses consideraban entonces que la gente cultivada utilizaba palabras polisílabas!). Jc siempre me admira con sus lecturas. Me dijo que le había aconsejado a una sobrina que no ha leído, pero quiere escribir, que leyera este blog, y yo quise ruborizarme simbólicamente, aunque tuve que decirlo con palabras porque el rubor cromático o térmico no vino.
Anoche me llamó V, que estaba sumida en una de esas difíciles traducciones lacanianas llenas de imposibilidades. Me dijo que el sábado estuviera con el móvil encendido hasta el momento de embarcar, por si necesitaba mi ayuda. En realidad, a ella la tranquiliza consultarme, aunque no me necesita realmente. Sus opciones son siempre buenas para cualquier problema lingüístico, y en cuanto a lo estrictamente lacaniano, ahí es ella la que podría y puede enseñarme a mí. V no se da cuenta de su capacidad y sus talentos, o se da cuenta, pero no los tiene en cuenta... Pero me hace gracia ese lenguaje entrecortado de lo psicoanalítico. Les non-dupes errent, los no-incautos yerran/erran? Imagino que ahí habría llegado la correctora del museo y habría pasado la escoba, convirtiendo el texto en algo banal, comercial, más fácil de entender para ella. ¡Qué peligrosos pueden ser a veces los correctores, empeñados en dejar su sello caiga quien caiga, sobre todo si hay editores o intermediarios ágrafos que les dejan libres para pasar la excavadora, porque no valoran ni comprenden el trabajo del traductor!
Ayer se despidió (provisionalmente) un blogger al que echaré de menos. Ojalá siga dejando alguno de sus bien construidos comentarios, donde se superaba a sí mismo. Eran tan buenos que le sugerí que hiciera un libro de comentarios. ¿Incluso mejores que su propia escritura de blog? Como si escribir al dorso le inspirara y soltara. Prometió venir a la presentación de La plaza del azufaifo a finales de junio. O intentarlo.
Oigo a las diminutas golondrinas (las que alquilan un nido de temporada en la zona de lavadoras de mi vecino) discutir en el patio ya blanco y vacío de obreros (están arriba y en un segundo patio, y en tantos otros edificios humeantes de alrededor, rompen el suelo, tiran las casas, construyen fealdad) y el mirlo cantaba esta mañana antes de que llegaran las hordas del ruido. G y yo hacemos como si las golondrinas confirmaran u objetaran nuestros comentarios. Se ha ido G. y está lloviendo (lo cual ha impedido que los obreros siguieran fuera rompiendo el suelo; mucho mejor). Llueve de una forma humilde y elegante, casi majestuosa.
En medio de una duda, para consolarme, he vuelto al prólogo de Vila-Matas para La plaza del azufaifo, que parece deslumbrar aun en la pantalla del ordenador. Creo que puedo prescindir de la carpeta For Dark Moments, donde guardo mensajes animosos por si un día los necesitara (apenas la miraba, pero me reconfortaba saber que estaba ahí; como los cines y teatros de NY que confortaban a Dorothy Parker, aunque no los frecuentara). Ahora releo ese prólogo. Me envuelvo en la sensación que me produce mientras ando por la calle, mirando a los árboles. Es difícil decir, hay algo de sentirse entendida y acogida por esas palabras que reconocen, ilustran y lo llevan todo más allá, a un terreno de pura literatura, con esas citas que se convierten en ¿bisagras? de una telaraña misteriosa y gigante, como las que salían en las novelas de Tarzán (siempre me pregunté si a Burroughs le haría gracia llevar el apellido del autor de Tarzán, si eso le condicionó en su deriva antitarzanesca del Almuerzo desnudo) Algo así. Dice mi editor que el prólogo de EVM se integra perfectamente en el libro porque, como el libro, está lleno de géneros. Es ensayístico, es guerrero, es epistolar, es poético, es irónico (y además es filosófico). A mí me parece que el libro mejora mucho con él.
El agradecimiento es una de mis fuentes preferidas de felicidad. Creo que apareció, de forma constante, hace unos diez o quince años en mi vida, después del Tristi fummo, cuando me di cuenta de una forma robinsoniana de todo lo que sí me había sido dado (sobre todo, cómo había sobrevivido misteriosamente a mis varias muertes, cómo me había salvado pese a todo y como tras la inhospitalidad del principio, había sido acogida, aunque fuese en las palabras) o de lo que seguía lloviéndome. El agradecimiento también se adhiere a mucho de lo pequeño o momentáneo, como el placer repentino de escuchar una música, o la pura felicidad física de lo amoroso, el humor y las conversaciones, respirar en un paisaje, o también esos gestos de otros que recuerdan a aquel George, el que tuvo el valor de quitarse el sombrero ante un Oscar Wilde abucheado por una multitud hipócrita.
Llueve, y se han interrumpido los ruidos. Yo me veo viviendo o reviviendo en ese prólogo.
Mientras, llegó la confirmación editorial para mi libro balcánico, en una editorial favorita, donde los dos editores son escritores. (¡Esa es otra fuente de felicidad!) El editor me sugiere añadir un título a mi subtítulo. Él ha buscado, con su olfato de escritor, algunas frases del libro, pero la primera me sedujo enseguida y los que me conocen entenderán por qué. Viene de una frase de Marko Vesovic, que al hablar de la guerra dice: "¿Ve ese árbol? Si ese árbol cae, nadie lo ve, no cambia la vida de los árboles, y eso era exactamente la vida en Sarajevo durante el asedio". El título propuesto y probablemente definitivo será: Si un árbol cae. Conversaciones en torno a la guerra de los Balcanes. Ya está registrado.

Esta tarde, a las 19.30, en Laie, Elena Vilallonga y yo presentaremos la novela de Paulina Fariza, Un cuento chino sobre la felicidad. Aunque sea contradiciendo lo que anuncia la invitación.


12 comentarios:

elperdedor dijo...

Mi querida Bel:

Ahora soy yo el que se ruboriza… En ese breve párrafo me veo conservado, objeto de mi propia muerte atesorado por el afecto de tu escritura, transfiguración de esos comentarios que siempre me place dejarte, aunque ahora no me prodigue tanto. Prometo no desaparecer del todo. Espero aparecer a la sombra del azufaifo, traidor, inconfeso y mártir de mi propia peripecia. Lo intentaré al menos…

Un abrazo agradecido
J.

zbelnu dijo...

Gracias a ti, querido J! Eso espero, espero que todo sea que sí...

Anónimo dijo...

felicidades por todas la buenas noticias...
impromptu.

zbelnu dijo...

Gracias, Impromptu!

civisliberum dijo...

Totalmente de acuerdo con el consejo de Jc a su sobrina, la lectura de tus blogs son una autentica delicia.
En relación a la lluvia de esta mañana no le he encontrado majestuosa, pero si elegante y educada, una lluvia que esta pero procura no molestar.

iluminaciones dijo...

Unheimlich. He visto que se puede reinterpretar de varias maneras. Y que además no tiene traducción exacta en Castellano. Lo de la pasta de identes podría ser un Unheimlich ?... Cuando has nombrado a Grimm, si que se me ha pasado por al mente lo de que ha terminado un época, en la que la tradición oral ha dado paso a otra cosa (leer cuentos a los niños) no a peor precisamente, pero si distinta y algo más desencantada, quien no conoce algo, tal vez no lo eche de menos.
Y etc...

cacho de pan dijo...

espero que todo haya ido bien
y que el viaje sea aún mejor

cuídese. descanse. goce.

zbelnu dijo...

Gracias, Civislib!!! Sí, la lluvia silenciosa...

zbelnu dijo...

Intentaré seguir tus consejos, Cacho!!!! Gracias... Y sí, todo fue bien..

zbelnu dijo...

Sí, Impromptu, Unheimlich es lo extraordinario, lo extraño, lo sobrenatural, etc... ha habido mucha discusión sobre la traducción de esa palabra... Yo le leí cuentos a mi hijo y eso le convirtió en lector potencial, aunque ahora se ha distraído un poco, pero cuando lee tiene esa curiosidad inteligente de los buenos lectores.

Gise =) dijo...

En tu blog se aprende mucho de libros, de forma de escribir de traducciones Jc tiene razon en recomendarselo a su sobrina, aca conocemos más de vos de lo que ecribes y de lo que piensas. Me gusta leerte, sabes siempre tengo que releer tus post mas de uan vez para no perderme nada de lo que dices o quieres decir.
Para cuando lo del libro?? cuando se publica??
Besikis!!!!!1111

zbelnu dijo...

El 26 de junio presentamos "La plaza del azufaifo" (editorial Melusina), pero supongo que estará en librerías antes, hacia el 15 o 20 de junio, Gisela. Y gracias por tu comentario tan elogioso!