jueves, 27 de diciembre de 2007

Volver... y caer enferma

Foto: I.N., una corneja en una zona industrial, cerca del Bämbesch

No sé si fue el descubrimiento de que podía atravesar de noche la zona desierta y helada que me separaba del centro y llegar a los bares sin sufrir una pulmonía o fue más bien la particular celebración profana e inesperada de mi navidad semicanadiense y políglota en la Vieja Europa, pero algo me llenó de un ánimo energético, y al día siguiente, a mediodía, cuando casi todos los luxemburgueses celebraban la navidad o en cualquier caso habían desaparecido en la niebla, yo decidí irme al bosque. Recordé una frase de N.: "Podrías ir andando, pero tardarías una hora y en cambio, en autobús..." Decidí ir andando. Mi amigo canadiense intentó disuadirme, ya que no podía acompañarme, dijo que con ese tiempo, podía ser dangereux, y aunque se reía, parecía preocupado. Yo había dormido poco, pero me sentía capaz de llegar a cualquier parte con el gran mapa de N.
Mi recorrido era sinuoso y complejo, no quería cruzar la autovía, dejé atrás las casas históricas, la plaza con Churchill rodeado de hielo, los jardines frondosos y solitarios, atravesé barrios distintos, de casas nuevas, con árboles siempre magníficos, no se veía ni se oía a nadie. ¿Estarían los luxemburgueses siguiendo los rituales anunciados por las campanas matinales o se habrían ido todos a alguna otra parte? Recordé la queja de un africano que conocí en el tren de Figueres, que prefería Barcelona a París porque, solo en su habitación, se sentía menos solo con el ruido de los vecinos... Tuve que cruzar una zona industrial donde las calles ya no aparecían señaladas en el mapa con nombre. Allí fotografié a esta corneja: los pájaros y yo éramos los únicos que circulábamos por aquel lugar desierto y silencioso. Y algún avión. Por fin llegué al principio del bosque, pero la calle que me habría redirigido a las Sept Fontaines, cerca de la Faïencerie y de los lavaderos del siglo XVII, allí donde N. me había recomendado pararme a tomar un plato de sopa o un té y así seguir vigorizada hacia el bosque, estaba cortada por obras. Dudé un momento, pero decidí adentrarme en el bosque a ciegas. Nada más dar los primeros pasos empezó a nevar en serio y a soplar un viento de nieve, lo que los anglosajones llaman blizzard. Iba a hacer una foto, pero a mi cámara se le acabó la memoria: tenía que borrar alguna. En ese momento me sonó un mensaje canadiense en el móvil. Decía sólo: Qu'est-ce que tu fais? Me entró la risa. Tenía razón.
Di media vuelta y atravesé de nuevo el barrio industrial de las cornejas, y vi en el mapa que más abajo había un cementerio. Como me encantan los cementerios, aunque no era uno de los históricos de la IIGM, sino uno moderno, entré. La puerta de reja estaba abierta y era inmenso, pero sólo había pájaros, tumbas y yo, que estuve visitándoles, leyendo sus nombres y dejando allí algo de mí misma. Luego volví a casa a por mi lechuga y queso y los tomates cherry mejores que he probado nunca. No tenía mucho tiempo y las mejillas me ardían por el cambio de temperatura. Fue un paseo feliz.
Esa noche, en cierto momento, empezó a llover y la lluvia repiqueteaba furiosamente contra las ventanas de mansarda sobre la cama. Hasta que se fue acallando y volvió el silencio. Por la mañana lo comprendí. La lluvia había continuado, convertida en nieve. Había una capa gruesa y crujiente, y zonas de peligroso hielo.
Habían anulado unos cuantos vuelos por el mal tiempo, y la cola del aeropuerto era inmensa. A mí me gusta volar, pero muchas veces, cuando vuelo sola con mal tiempo, pienso por un momento en la posible despedida del mundo, en lo que dejo pendiente si no vuelvo, y siempre me sorprende poder pensarlo con cierta quietud, tal vez porque sólo dura unos instantes. Pregunté a la azafata si podía ponerme sola ("Ne me mettez pas un gros monsieur à coté", diría la osada N. Yo sólo pregunté si el avión estaba muy lleno y si habría algún asiento delantero solitario. Y lo había. Me puso en segunda fila. Pude mirar los valles de nubes en cuanto atravesamos la turbulencia de abajo. Y el mar y la costa al llegar.
En Barcelona, me pareció que hacía calor, aunque la gente se quejaba del frío. La ciudad se veía sucia y fea, llena de grúas y edificios vulgares, con árboles escasos y escuálidos y sobre todo, enormemente ruidosa. En el buzón sólo había facturas y ofertas de rebajas. "Has trobat la casa impecable, no?", me dijo G. A mí me pareció que reinaba el caos y que todo estaba polvoriento. "Ets pitjor que el meu pare", dijo G (su padre es un hombre ordenado y en su casa cada objeto tiene su sitio decidido y pensado). Tan agudo me pareció el desorden que mientras la gente celebraba el dinar de sant Esteve, yo pasaba el aspirador. Luego empecé a poner lavadoras. Vino G. y le encantó la estatuilla de Ganesh que le había comprado en un anticuario de Luxemburgo. "Si no t'agrada, no et preocupis", le dije. "Me'l quedaré jo". Pero lo puso enseguida en su estantería y aunque siempre he querido tener uno, la idea de que le gusten esos objetos me hace recordar por qué me gustaba tanto viajar con él, a pesar de nuestras peleas de entonces.
Y a "s'hora baixa", tenía una especie de no-cena en una casa amiga, donde curiosamente, todos se habían enterado de mis andanzas y me hicieron reír. Empezaron ofreciéndonos cosas dulces y turrones, más tarde salió el foie, y al final acabamos con sopa de miso. Fue una de esas cenas donde la conversación múltiple se agita y brilla y hace pensar. Sin duda la mejor manera de reconciliarme con lo real y de soportar la nostalgia que vendría. Al llegar leí unas páginas de Tentación de János Székely, que reseñaré para La Vanguardia, con una vistosa portada de Van Dongen (a mí me encantan las portadas de Van Dongen de la edición de La Recherche de Folio. Al verlas recuerdo mi emoción cuando acababa cada tomo y sabía que vendría otro... qué placer y qué descubrimiento único fue para mí Proust... En realidad siempre prefería que nadie hablase de él, me parecía que Proust me pertenecía secretamente!). Por la mañana me he despertado melancólica, pero en el espejo me he detectado los rastros de mi celebración luxemburguesa en la cara, diría que con esa misteriosa sonrisa interna que recomiendan los profesores de yoga.
De madrugada...
Anoche, mientras escribía este post, caí enferma. Mi hermana me había contado que acababa de superar un virus horrible y agudo y me lo "contagió por teléfono"... O tal vez a otra hermana le quedaran miasmas y los capté en la casa de mi madre, o tal vez la estancia allí y la idea de que ya no podremos volver (la casa se vende) me enfermase. O fue la compensación a la supuesta independencia con que puedo alejarme de un rapto deEuropa. Pero fue espantoso, y en medio de la noche, "quan los malalts creixen de llur dolor" yo dudaba si me estaría muriendo de insuficiencia hepática et je me raisonnais recordando las palabras de mi hermana sobre "un dolor en la boca del estómago..."

Un baño de agua caliente no mitigó el dolor de estómago tan extraño y que parecía espasmódico, empecé a vomitar violentamente, era muy amargo, la merienda familiar de té yogi y panettone de mi hermana italiana, la comida de mediodía, el desayuno, y la infancia y los recuerdos polvorientos que poníamos en cajas ante la perplejidad pasiva de mi madre, y luego pura bilis (la bilis de la niñez, del maltrato y la complacencia general, y de mi rabia de entonces), con un dolor en la boca del estómago que no me dejaba respirar y con temblores de fiebre, muy débil y mareada, ninguna postura me aliviaba el dolor, y qué dolor al vomitar también, y helada y sudorosa en el lavabo, temiendo caerme, volvía una y otra vez, y lo eliminaba todo... No podía ni tocarme el estómago hinchado...Recordé que tenía regaliz pura y la tomé... Y ahí empezó el cambio. ¿O fue la homeopatía? Ahora son las 5 y el dolor ha mitigado mucho, me he repuesto pero no puedo dormir, al fin puedo beber agua sin sacudidas virulentas, aunque estoy mareada...
La gata Gilda, ahora tan plácida y agradecida de mi visita matinal, me miraba antes con extrañeza (pocs animals no cloen les palpebres) mis violentos ruidos y quebrantamiento...
Tal vez me enfermó todo junto... estoy débil e insomne y ando como un fantasma por la casa quieta...

16 comentarios:

elperdedor dijo...

Mal asunto ese, Bel. Tal vez estés somatizando algo. Al final, de una manera extraña, te ha atrapado el espíritu de la última Navidad. “Pero el viajero que huye…” decía Montalbán. No sé cómo acabar la frase. Tal vez tu vómito le sirva de réplica.

Que te mejores.

zbelnu dijo...

Sí, ya ves, tanto sacar a bailar a Scrooge y al llegar aquí se tomó la revancha. Pero me temo que no había remedio. Vaciar esa casa y verlas allí y comprobar que nada ha cambiado siempre me duele. Por eso suelo mantenerme a distancia. Esta vez no podía!
Gracias por tus deseos. Ahora estoy agotada, pero sé que mejoraré.

zbelnu dijo...

Ah, yo me sé otra, de Borges en el I Qing: Quien se aleja de su casa ya ha vuelto.

cacho de pan dijo...

una aclaración: temo que montalbán tomaba prestadas cosas sin aclarar su origen: "pero el viajero que huye... tarde o temprano detiene su andar", pertenece al tango "La casita de mis viejos".

somatizar barcelona?: si, es posible. nos pasaba a jorge, siempre más "suave" que yo, y a mí, cada vez que volvíamos de una ciudad maravillosa. New York nos costó más de una semana de cama.

precioso texto

zbelnu dijo...

Gracias, Cacho! Volveré a ser persona algún día? Ahora estoy tirada como un jergón. Gilda ha dormido conmigo de 5 a 8, sólo la dejo entrar cuando estoy enferma, pero ella, por si acaso, anda sigilosa y se instala en una esquina y ronronea.
Yo me voy tirando como ella en los cuadrados de sol, en el suelo. Estoy agotada.

elperdedor dijo...

¿El intenso viaje? preguntas (y no debería responderte, más que nada por apiadarme de tu agotamiento, que ya tiene bastante con perseguir los cuadrados de sol)... El Canal de Castilla ¿recuerdas? y al final, siguiendo el curso de las aguas, el rostro de un ser muy muy querido (Ya sabes: "nuestras vidas son los ríos..." pero en este río la muerte sólo es una ironía). Yo también huyo... al lugar al que quiero volver. Lástima que haya durado tan poco.

A Cacho, por alusiones, le diré que ya me conozco el tango, pero "volver con la frente marchita" tiene estas contraindicaciones, estos olvidos interesados (y estos préstamos "montalbánicos").

Un saludo para ambos, y que despidáis bien el año (sobretodo tú, querida Bel).

zbelnu dijo...

Bien! Entonces fue un bon voyage, y eso queda y recarga baterías, aunque sea mezclado con nostalgia... Yo postrada, descansando, aunque como doris day, recibiendo llamadas (de otros mundos)

Die OcellSpione dijo...

La de la foto és la meva cosineta.

zbelnu dijo...

No és gens fredolica, aquesta cosineta teva

el objeto a dijo...

espero que esta noche duermas como las bellas de las ilustraciones de tus links, yo he pasado el día traduciendo e hilvanando quehaceres, y me siento un poco como tú.... pero sin virus, insomne y agotada,
me gustó ese origen tanguero, tantas veces me he sentido viajera fugitiva, ahora sin embargo no sabría adónde huir,

a ver cómo a amanece mañana.... y si amanece, que no es poco!

zbelnu dijo...

Gracias! Ojalá que sí... Estoy mosca: un blogger (http://lugardeolvido.blogspot.com/) pone un post mío como blog invitado en El País SIN citar mi nombre. Supongo que es el momento de sacarme una licencia de Creative Commons. Mañana. Os ha pasado algo así? Puso mi post como si yo se lo hubiera enviado en forma de comentario, no entiendo por qué, y luego lo copia y olvida poner mi nombre.

Anónimo dijo...

El paseo me ha recordado a las caminatas de Walser, a veces kilómetros a través de pueblos y campos, y la nieve, transfiguradora en palabras de su escritura.
Espero que vuelva la estabilidad pronto..
impromptu.

zbelnu dijo...

Este comentario casi exacto se lo hice yo a El objeto a hace muy poco, qué gracioso, hablaba de las caminatas, los paseos de Walser por la montaña... A mí me queda un recuerdo intenso de esa lectura. Leíste el librito de Sebald del Caminante solitario?

Anónimo dijo...

Si que lo leí, Lo difícil de la escritura de walser es la simplicidad sin aditivos que nos pone en las manos. En estos tiempos repletos de palabras,de flash de frases; la escritura aforística" relatada de W. no es posible, nadie se pararía a comprimir el tiempo tan extensamente, y sin complejos. El esfuerzo tendría que comenzar en una especie de partir de cero...como la lluvia transfigurada en nieve.
impromptu.

Anónimo dijo...

Hola, Isabel,
¿sabías que los antiguos médicos chinos recomendaban tomar regaliz para este tipo de dolencias fruto de las melancolías heredadas de los parientes? Aparece en una escena de una novela francesa sobre medicina china y tú, para mi sorpresa, acabas de demostrar que, con varios siglos por medio, el remedio tan aparentemente infantil conserva su eficacia.
Corro, pues, a comprar regaliz para mí...
Happy New Year!

zbelnu dijo...

Hola, quien seas... (Olvidaste poner tu nombre) Qué interesante! Una novela francesa sobre medicina china? Y cuál, si puede saberse...? Pues esos ancestros sinofranceses debieron susurrarme en mi duermevela... Yo sabía que la regaliz era buena para el higadillo, aunque sube la tensión, o eso dicen, y a mí me encanta, pero ahí sí que fue una inspiración sensorial...