domingo, 1 de julio de 2007

Otras voces

Foto: Jose Aguirre, Viejo álbum familiar, 1992

Cuando mi hijo era pequeño, yo pude recuperar los dos extremos de mi infancia, uno, el juego libre y plácido, que nunca había tenido del todo, o que siempre había estado mediatizado por el terror a la Bruja y la hostilidad general que yo inspiraba a mi familia, y otro, el mundo de los libros, que me había salvado.
Guillermo se acostumbró a que, en nuestra casa y nuestro mundo, todo hablaba, y yo le ponía la voz. Cualquier situación derivaba así, le bastaba con decir: Mosquits! Arbres! Bitxos! Culleres! Pi solitari! Peixos! Alga! Cualquier vegetal, animal u objeto inanimado le contestaba y en esas conversaciones -yo siempre con la misma voz aguda que les ponía a los ositos- surgía una narrativa con el punto de vista de esos objetos, bichos, árboles peces o incluso casas.
Aunque mi colección de pequeños ositos de peluche (compuesta sólo de los mejores ejemplares, Steiff alemanes y Hermann, Merryhought u otros ingleses, alguno francés, uno americano o incluso chino, casi ninguno español, y siempre osos bonitos, a la antigua, con su peluche marrón, gris o negro, no esos vulgares osos de colorines kitsch que se veían en España), había empezado mucho antes, con tres o cuatro diminutos, que ya hablaban y opinaban sobre cualquier situación. Aloysius fue el primero, en homenaje al malhumorado, snob y desaprobador oso de Brideshead Revisited de Evelyn Waugh, viajó conmigo a la India y por Europa, estaba ya bastante viejuzo cuando llegó Guillermo. Esa colección y esa manía de ositos, en efecto, ya existía antes de Guillermo, pero su llegada fue la justificación perfecta para llenar la casa de osos. El Comité de Osos llegó a tener más de 75 miembros (ahora apretujados y polvorientos en un armario), cada uno de los cuales tenía nombre, carácter distinto, incluso funciones en el comité -el presidente, el médico, etc.- y Guillermo les hacía hablar, les llamaba por teléfono -a veces comunicaban, tuut-tuut-tuut o, si estaban enfadados, rechazaban el mensaje del contestador, con la frase: "Este mensaje será rechazado por el contestador de los ositos". Los ositos cantaban, tenían osodólares, helicóptero, escribían tractatus -sobre todo Aloysius-, se curaban todas las enfermedades con abrazos de osos prodigados por el médico, componían poemas que sólo decían "Ositos de los ositos, ositos, ositos... ¡Oh, ositos!" cambiando los tonos, premiaban a quien pronunciara palabras acabadas en -oso o el verbo osar, se burlaban de muchas de las cosas que ocurrían, con comentarios furtivos, se peleaban unos con otros y pedían la intervención de Guillermo, le abrazaban y dormían rodeando su cama y protegiéndole simbólicamente, pero también eran arbitrarios e irracionales e incluso racistas, con un pobre gusano español, de un peluche verde fosforescente y muy feo que alguien le regaló a Guillermo, el Cuc, aunque casi todos los conflictos terminaban resolviéndose. Había un conejo Steiff, Bohigas (llamado así en homenaje a Josep B.), que se volvió tahúr y jugaba a las cartas y era perseguido por unos mafiosos (cuando pasamos unos días en Marsella), y un gran conejo blanco neoyorquino y carrolliano, Perry, que tenía amistad con la liebre de Pascua, lo que le servía a Guillermo para encontrar huevos de chocolate incluso en las calas de Cadaqués.
Algunos no comprendían que mis ositos más pequeños aparecieran sentados en mi cama alrededor de una de esas miniaturas de paellas valencianas o que yo los integrase en las conversaciones. Mi hermana italiana, por ejemplo, a quien yo veía más entonces, se agobió cuando le regalé un pequeño pato (no recuerdo su nombre) que le gustaba, y que era muy servicial y perfeccionista y sólo quería ayudar. Me lo devolvió antes de volverse a Milán, diciéndome que acabaría preocupada por la comodidad del pato y le parecía una locura.
Cuando cumplió 9 años, Guillermo me dijo: "Mare, ara ja sóc gran, els petons de bona nit i que parlin els ossets... tot això s'ha acabat." Naturalmente, no pudo mantener su decisión ni una sola noche. Echaba tanto de menos una cosa como la otra. No le costó convencerme de volver a darle los besos y abrazos de bona nit, pero necesitó mucho esfuerzo y tenacidad para persuadir a los orgullosos y ofendidos ositos, cuyo teléfono comunicó y rechazó los mensajes del contestador durante un buen rato, para irritación de Guillermo, aunque luego no dejaron de hablar durante años.
Todas las noches, hasta que pudo leer por su cuenta, yo le leía un cuento a Guillermo, y recuperé algunos de los libros antiguos que habían transformado mi infancia. Por las mañanas, antes de irse al colegio, me hacía inventar una historia, preferiblemente con una estructura robinhoodiana: de una situación injusta, de burlas, desprecio o abuso en la que alguien intervenía y salvaba a las víctimas, la situación favorita de Guillermo, que en el colegio procuró siempre apoyar a los que los demás arrinconaban.
En uno de mis momentos habituales de miserias económicas, alguien me sugirió que podía vender la colección de ositos, Carles Hac Mor incluso me habló de un coleccionista. Pero Guillermo, aunque los tuviera confinados al armario del altillo, no quiso saber nada del asunto. En realidad, no me sorprendió. Mi madre y mis tías les hacían vestidos y zapatos a las muñecas y tenían una especial sensibilidad hacia los pájaros, que les gustaban e inspiraban mucho más afecto que las personas. Algo de aquello me transmitieron, a pesar de que mi relación con ellas sólo se basara en castigos y golpes. Yo ni siquiera puedo ver un muñeco tirado en la calle en posición incómoda sin, por lo menos, colocarle en una nueva postura más considerada.

De las fotos, típicas de álbum familiar, diré que Guillermo había estado enfermo y acabábamos de raparle, así que tenía una cara paliducha, pero a mí me gustan pese a todo, tal vez porque en esa época, lo único que me hacía sonreír en una foto o que contrarrestaba mi gesto melancólico o descompuesto ante las cámaras, era la proximidad de G.
Y en cuanto a nuestro querido azufaifo, ahí sigue, hemos ido a visitarle unos amigos y yo, no se pierdan el post que le he dedicado en Polis. Y el editor de mi plaquette me dice que ayer salió en El Punt un artículo de Antoni Puigverd hablando de nuestro ginjoler!!! Mañana me lo traerá y lo comentaré en Polis.

21 comentarios:

e. dijo...

lindas fotos estas (y sí, yo también le agradezco a mi hijo el gran lifting que le hizo a todo mi ser)

zbelnu dijo...

No te gustó la historia de los ositos? O te resultó demasiado larga?

el objeto a dijo...

a mi me encantóooooo la historia de los ositos, y desde hoy me siento mucho menos rara de recorrer las tiendas de barcelona y alrededores internacionales buscando osos y conejos de patas largas y orejas lánguidas, monkeys, perritos, peluches varios, bichitos japoneses, orgamis y lo otro de ganchillo que olvidé el nombre sin nunca comprarlos, pero E. tiene razón , las fotos son bien bonitas. REgresó apenas el interné, ya muy tarde, bona nit,v.

zbelnu dijo...

Ya verás si saco a los ositos en foto, mi colección es impresionante, piensa que estos ositos se casaron en otro lugar y tuvimos que llenar el maletero del coche de osos... Guillermo me permitió una justificación, algunos me veían como loca con Aloysius siempre encima, opinando con su voz aguda...

Anónimo dijo...

Y qué son esos de ganchillo? Bona nit también y benvinguda. Bel

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Qué narración, Isabel. Yo hice hablar para mi hija a una rana en busca del sol, y a una ballena que se comía una gran pizza. Cómo nos reinventan los niños. Corro a ver el pos de Polis sobre tu azufaifo.

e. dijo...

sí, me gustó el fin que le dió tu hijo a la historia, sólo que no me gustan nada los ositos...

zbelnu dijo...

Ajá, pues yo diría que los ositos sólo son la infancia y sus afectos, ¿y cómo juegas entonces con tu hijo, sólo con camiones y soldados y tanques?

e. dijo...

jajaja, no! ni soldados ni tanques, juego a que cante y toque la guitarra sin cuerdas, a pintar, a crear personajes imaginados, lo acompaño con sus adorados coches, vamos a jugar un rato a la pelota, leemos algunos comics, le enciendo (unas poquísimas veces) una mac olvidada que tenemos en casa para que pinte en el photoshop, lo acompaño en la búsqueda de sonidos (percusión) por toda la casa con un par de cucharitas o palitos chinos... en fin, un poco de todo, menos ositos.

zbelnu dijo...

Not too bad, pero en fin, allá tú con tu falta de ositos...

IF dijo...

La gata Misha es diu Misha perquè jo vaig nèixer en plens Jocs Olímpics de Moscou 1980, i la meva primera joguina va ser un ninotet de Misha, l'osset rus que va fer de mascota dels Jocs.

Encara la guardo sobre el meu llit, a casa dels pares.

llegué tarde... dijo...

...a la conversacion y cuando entré a los comments ví que E habia puesto más o menos lo mismo que iba a decirte.
Agrego un dato: a falta de osos también jugamos mucho con monitos...
(soldados y tanques jamás, me extraña que se te haya ocurrido como opción!).

A.

zbelnu dijo...

If: el Guillermo té un conte francès preciós amb un ós que es deia Misha, era un dels nostres preferits!
A: Para mí, osos (peluches) engloban otros animales, yo hablaba de conejos, jirafas, vacas, ranas, monos (Gui creía que en otra encarnación había sido mono), etc. Lo de tanques y soldados era irónico, naturelich...

cacho de pan dijo...

¡¡¡bearcelona for ever!!!
¡los ositos de pan agradecemos tu cariño, San Tita, abanderada de los azufaifos, madonna de la seda desgarrada, patrona de la palabra justa y el verbo inflamado!

zbelnu dijo...

Oh gracias, Cacho, qué bonito mensaje, lo guardo en mi carpeta "For Dark Moments"

cacho de pan dijo...

(para aquellos que celan tus transparencias)
TRIGO LIMPIO
María Manuela, ¿me escuchas?
Yo de vestíos no entiendo,
pero... ¿te gusta de veras
ese que te estás poniendo?
Tan fino, tan transparente,
tan escaso y tan ceñío,
que a lo mejor por la calle
te vas a morir de frío.
Te sienta que eres un cromo,
pero cámbiate de ropa,
si es un instante, lo justo
mientras me tomo esta copa.
Ponte el de cuello cerrao
que te está de maravilla
y que te llega dos cuartas
por bajo de la rodilla.
Cada vez que te lo pones
te encuentro tan elegante
que dentro de mí murmuran
los duendecillos de un cante.

"La rosa que me entregaron
al pie del altar mayor
lleva las sayas cumplías
y nadie le ve el color".

Pero antes de que te vistas
coge un poco de agua clara
y afuera los melinotes
que te embadurnan la cara;
ni más carmín, ni más cremas,
ni más tintes en el pelo;
no te aguanto más colores
que los que te puso el cielo.
Se acabó enseñar las piernas,
y los brazos, y el escote,
y el rostro no te lo pintes
ni aunque te salga bigote;
que te hizo Dios tan hermosa
como una rosa temprana
y se va a enfadar contigo
por enmendarle la plana.
Y a tu prima le devuelves
la pulsera de brillante,
son mucho lujo esas piedras
pa la mujer de un tratante.
Te quiero guapa y sencilla
como yo te conocí,
no tienes que engalanarte
pa nadie más que pa mí.
Ni más zapatos de Gilda,
Ni más turbantes de raso;
para presumir te sobra
con cogerte de mi braso;
y como un día te vea
que enciendes un cigarrillo
vas a echar, sentrañas mías,
el humo por los tobillos.
No quiero que me pregunten
"Esa gachona, ¿quién es?,
¿una secretaria de esas
que beben champán francés?"
Ni tú eres mujer moderna
ni quiero que lo aparentes
que yo te prefiero antigua
y oliendo a mujer decente.
Que con el triguito limpio
toito er mundo te compare,
que por defuera y por dentro
te parezcas a mi mare.
¿Te cambiaste ya el vestío?
Pues andando p'al teatro,
ya verás tú con qué envidia
nos contemplan más de cuatro:
"¡Vaya un marío con suerte
y una mujer bien plantá,
es una vara de nardos
con la carita lavá!".
Y al salir yo te prometo
cantarte por alegrías,
lo mismo que te cantaba
cuando tú eras novia mía:

"Mi novia es la más hermosa
y no se pinta la cara
la tiene como una rosa
tan sólo con agua clara"

El barco de mis amores
no tiene más que una vela
remendaita y graciosa
igual que María Manuela

Se conforma mi niña con un vestío
y le basta y le sobra con un marío.
De percal que se ponga,
¡viva el salero!,
es mi María Manuela
la reina del mundo entero.

(RAFAEL DE LEÓN, Sevilla 1908-Madrid 1982.)

zbelnu dijo...

Caramba con el malvado Rafael de León, celoso misógino y fijado con su madre! Bonita la rima y las imágenes, pero quelle horreur castrador... Me viene a la mente aquello de Gil de Biedma: "isabel, niña Isabel. Ten cuidado. Porque estamos en España. Porque son uno y lo mismo/ los memos de tus amantes, el bestia de tu marido...

Anne-Hélène dijo...

Me ha encantado la historia de los ositos, la comunicación con las cosas como individuos dotados de personalidad; el que no se sientan obligadas a contestar y prefieran descolgar el teléfono para que comunique o que salga el contestador... Creaste un universo infantil precioso para Guillermo, que me encanta en estas fotos, y lo recreaste para ti, que en ellas pareces su hermanita mayor.

Los niños Suárez tuvimos muchos juguetes muy bonitos, incluso el gran muñeco "baigneur" que había sido de mi madre en su infancia, y algún osito de peluche, y un perro pachón, también de peluche, muñecas diversas, juegos de construcción... pero rompíamos mucho, no sé decir por qué, quizá por investigar los mecanismos y entrañas... Todavía me recuerdo con cierto horror a mí misma, en Asturias, rompiendo el caparazón de un caracol que pasaba por allí tan tranquilo sólo para ver cómo era por dentro... Algo así le pasó al pobre baigneur de mi madre. A los peluches no. Preferíamos construirnos cabañas en la terraza y protagonizar aventuras inventadas; también me gustaba escribir historietas ilustradas con viñetas. Una vez, Ana María Moix nos cogió por banda a cada uno y nos pidió que le contáramos historias; ella las fue escribiendo a máquina, y luego les pusimos dibujos. Era un regalo para mi madre, Hélène, que todavía conserva. Pero ahora que lo pienso, con los juguetes fuimos muy desconsiderados, y siento pena retrospectiva.

Belnu dijo...

Pero es lógico, Anne-Hélène! Vosotros erais niños rodeados de afecto y los juguetes no tenían que "jugar" ese papel sustitutivo que tuvieron en mi infancia. Ellos fueron el único afecto que yo podía encontrar, exceptuando a Concha, una mujer que intentaba protegerme a su manera, pero que era demasiado resignada y cristiana, ella misma maltratada en su infancia, y pensaba que teníamos que sufrir aquello juntas. De ahí que el paisaje y las muñecas y los pájaros fuesen tan importantes!

Anne-Hélène dijo...

Sí, es la magia de los niños que no has olvidado nunca y de la que echas mano siempre que la necesitas. Y siempre acude en tu ayuda.

Belnu dijo...

¡Sí, esa misma, Anne-Hélène! Ojalá sí acuda en mi ayuda...