domingo, 15 de julio de 2007

Cine, informática, familias

Ayer en el Renoir Floridablanca no había colas, pero se les estropearon los ordenadores y hubo que parar las sesiones y esperar, porque los que venden las entradas no sabían cómo hacerlo manualmente, y entonces la cola creció y creció como en los peores días. Yo le hablaba a mi amiga (que ha vivido en Barcelona como en Dogville y se va horrorizada hacia el noroeste) de los maravillosos cuentos de Isaak Babel, pero la promiscuidad de las colas se imponía y el que iba delante no ocultaba su interés y acabó haciéndome preguntas de literatura rusa.
Parece como si estos días no existiera la distancia habitual de las ciudades y eso me produce cierta perplejidad. ¿Será el verano?
Vimos Nue proprieté, del joven director belga Joachim Lafosse. Una ficción sobre la destrucción familiar filmada casi como si fuese un documental, con planos secuencia fijos para obligar a los actores a salir de la toma si querían alejarse, y así, siempre según Lafosse, es como si cada toma fuera una casa que los personajes no logran abandonar. Hay algo muy claustrofóbico y cerrado, desesperante: lo que nunca se dice, los límites que la madre no pone, la casi promiscuidad instintiva de los dos faux jumeaux y la madre, esa extraña culpa que la lleva a ella a aceptar que uno de los hijos se convierta en una especie de padre-partner celoso y violento, mientras que el otro la ama discretamente y es una especie de partner, y el padre ausente y abotargado que sigue entrando con su llave y considerando aquella su casa, y la violencia que va creciendo sin ningún cauce de palabras ni casi de tacto, y la fisicidad entre los dos hermanos, de una virilidad homoerótica mal contenida y violenta. Isabelle Huppert es todo en la película, su gestualidad, su manera quieta, silenciosa o con erráticos excesos orales y confusión, su manera de encarnar a la madre equivocada y frágil, su belleza melancólica, su incapacidad expresiva y sus montañas de errores (intuitiva y reflexiva, dice Fosse de la actriz), ese laissez faire que sólo puede acabar en violencia desigual. Sólo cuando es demasiado tarde, el padre es capaz de decir, de poner unos límites.
El director ideó ese guión a raíz de una experiencia familiar y eso le da una veracidad o una sinceridad contundente. Es un primer largo para Fosse, y tiene sus limitaciones obvias: sobran escenas de comida, escenas de los dos hermanos que se repiten y no aportan mucho, más que la pura animalidad de los dos, ya no tan jóvenes, que sólo comen y ven la televisión, y el más violento tiene sexo con su novia de la misma forma hambrienta y sustitutiva en que ambos devoran, y creen que la madre, como la casa, les pertenece. Le falta quizás envolée, pero esa condición tan sombría, sin salida, de esa peligrosa y oscura institución que puede ser la familia, es también su máximo valor, y la grisaille contemporánea, tan roma y claustrofóbica, sin reflexión, sin apenas palabras, sin literatura, su máxima limitación.
Al salir fuimos a un bar tranquilo del Raval, que enseguida se llenó de calor y griterío, y hablamos y hablamos hasta que cerraban, hablamos de familias pero también y sobre todo de las patologías de tantos o la locura generalizada que condiciona todo: el trabajo, la vida cotidiana, la calle y toda clase de guerras. Y una vez en la calle, un educado borrachuzo de pelo largo y con pinta de rockero punkie y su amable hermano nos pidieron que les hiciéramos una foto con su móvil junto a dos contenedores de basura. Mientras mi amiga intentaba retratarles y él saboteaba el intento poniendo la mano delante, dándose la vuelta, hablando de cómo sus viejos ídolos se mezclaban a su vida (T Rex!), decidieron que era mejor fotografiarse con nosotras y pidieron a otros dos chicos que pasaban, mucho más discretos y sonrientes, que nos hicieran esa foto, pero el móvil se rebelaba, y el propietario tuvo que empezar a borrar las portadas de discos que extrañamente fotografiaba (¡No importa! ¡Tengo el vinilo!), y nosotras nos cansamos de esperar. "¡Volved!", dijeron. "Todos los sábados estamos aquí..."

12 comentarios:

nancicomansi dijo...

Fascinante Isabelle...no se que tiene esa mujer que me atrae y repele sobremanera a partes iguales...
torurada con pecas y cara de pocos amigos, me da que ella es así de verdad.
La pelí, la tendré que ver, fijo.

zbelnu dijo...

Hola, Nanci Comansi... Y sí, te comprendo, ella parece tan fría y vulnerable, a la vez, tan cercana e inaccesible, pero a mí me gusta y tiene esa gestualidad tan decisiva para retratar un personaje

Anónimo dijo...

Hola, iré a ver la película.Leí tu comentario de Los Climas, yo ya había ido a verla, coincidimos en todo. Esta no dejaré de ir.
Gracias
Un saludo

zbelnu dijo...

Ah, me alegro de coincidir, aunque sea con alguien anónimo e invisible. Dos películas sofocantes sobre las relaciones, aunque muy distintas.

cacho de pan dijo...

dogville, sí: en dos días diferentes, dos personas me han hablado de esta ciudad como el horror von trier, pero está pasando algo y no me importa si es el calor, esta brisa tan gratificante o el fin de los tiempos. La gente quiere hablar(se), compartir algo más que un cubículo de cemento rodeado de ruido y furia. Ojalá no se corte, ojalá no sea sólo la ilusión de algunos (des)ilusionados. Depende de nosotros.
No creo que vea esa película, al menos no en un cine. Ayer fui a pescar algo en el Vips y me volví con Irma la dulce y El violinista en el tejado. Necesito un poco de música ligera y cartón pintado.

zbelnu dijo...

Música ligera y cartón pintado, qué bonita síntesis, con tu gracia de poeta, como lo que me dijiste ayer cuando yo estaba en el andén. En cuanto a esta ciudad... por un lado es el ayuntamiento y la furia del cemento, pero por otro están sus habitantes primitivos, obsesos sólo de lo material, feos y autocomplacientes, cerrados y highnosed, maleducados, ¿pero de qué se enorgullecen todos? si esto es el desierto cultural! yo me avergüenzo...

mr.ed dijo...

touché! para mí esta actriz es TODO lo que representa el cine!

tengo que verla (como la otra... la última de chabrol, ¿la viste?)

zbelnu dijo...

Cuál, merci pour le chocolat? No, no la vi, debería verla? Isabelle Huppert es hipnótica...

e. dijo...

no, una que se llama algo así como "sed de poder"

zbelnu dijo...

Ay no lo sé, me suena, pero no, el último chabrol que vi no era con ella... creí que la del chocolat había sido su última... ça vaut la peine?

cacho de pan dijo...

"L´ivresse du pouvoir» se titula la última de Claude Chabrol

Chabrol es Chabrol, y sus películas, igual; se parecen entre ellas como un perro pequinés a otro perro pequinés. Es raro no encontrar dentro a Isabelle Huppert, esa actriz moteada y con más bordes y cortes que el Guggenheim... En ésta, interpreta a una juez dispuesta a llevarse por delante a los grandes financieros franceses, a los que persigue con obstinación y con unas preguntas que los dejan fritos. (ABC)

zbelnu dijo...

Pues a mí nunca me apetece ver perros pequineses, pero alguna vez me ha entrado bien un chabrol, aunque no le sigo, me cansa, pero prefiero ver tres chabrols seguidos en el sofá de mi casa que recibir media hora a un perro pequinés