domingo, 8 de julio de 2007

Instantánea

Foto: Paris Princess, 1993 (Este post pertenece a mi recién inaugurada serie Retratos)

Ayer vi un momento a E, antes de que cogiese el avión de vuelta a Londres. Estaba mucho más delgada, y esa delgadez quedaba perfectamente elegante dans sa petite robe noire, un vestido antiguo de Sybilla radicalmente cortado para despojarlo de su aire monacal (los diseñadores son monacales o del extremo opuesto, parece que hay que ir vestida de monja o de tigresa, es tan difícil encontrar algo fantasioso y sensual, pero no demasiado obvio, ni demasiado desfavorecedor. Sólo la ropa antigua tenía ese aire, pero en Barcelona ya no se encuentran piezas vintage de mis épocas preferidas).
Su delgadez se debía a sufrimientos recientes, pero no le quedaba nada mal, aunque ella se quejó: se veía horrible, “los ingleses no te miran”. “En realidad, sí te miran, pero con más disimulo”, le dije yo. Y pensé que tal vez ella sólo se estuviera fijando en los que no la miraban. Además, aquello es otra cosa y tiene que ver con las afinidades culturales (allí) o el extrañamiento (aquí). En BCN, yo salgo a la calle y sólo veo hombres primitivos con expresión analfabeta, o bien burgueses rancios, autocomplacientes e igualmente iletrados. En Londres, el cobrador del metro lleva coleta y lee a Jeff Noon o a Ballard, y en París, el dentista puede hablar de Proust sin decir tonterías.
En este momento, yo le habría cedido con gusto un par de kilos a E. Siempre que alguien me abandona, aumento uno o dos, aunque sea un abandono light o incluso recíproco. Acaso sea la compensación por mi supuesto estoicismo anímico y mi casi indiferencia: ocupar más espacio. Ella dijo que me veía más guapa y sensual, “todo tiene su contrapartida”, dijo. Como ocurre entre seres afines, nuestro encuentro fue mutuamente animoso.
Me contó que había pensado convertir los emails de los protagonistas de su sufrimiento –especie de conspiración de enfermos— en una pieza, borrando sus nombres, y le pedí que lo hiciera enseguida. Parecía recobrada, pero lo cierto es que aun en sus peores momentos, E nunca pierde esa risa suya, ligera y argentina, con la que se burla de sí misma o muestra su cortesía, para no abrumar a quien la escuche. Ni esos brazos de la bailarina que ha sido, ni los ojos almendrados de inglesa gótica o de víctima de Drácula, con el tono de piel marfileño y la cicatriz que le debe a su parte Betty Boop.
Me citó en el Parc Moragas y yo me sentía giganta carrolliana y crecida con el hongo mágico porque en este país, los jardines son diminutos y el Moragas es como un pequeño patio mediterráneo entre las casas, que se ven enormes, nada que ver con los parques de las ciudades inglesas o americanas, ni con los inmensos árboles eslavos y balcánicos que transforman incluso los barrios de bloques más soviéticos. Y aquí, en cuanto nuestras autoridades arboricidas ven una zona boscosa o umbría, se apresuran a cortar los árboles centenarios para eliminar el supuesto peligro.
Como E no llegaba a tiempo, yo tuve que dejar mi banco de sol y sombra entre arbustos y palmeras, a Hazlitt y Stevenson y mis notas apresuradas sobre mi infancia, que una vez más intento escribir, y apresurarme a casa de sus padres.
Esa casa es como una galería de su mundo: el talento de E está por todas las paredes, cuadros y dibujos suyos, pero también, su selección de libros e imágenes favoritos de la historia del arte, la foto, el cine o los exploradores. O sus retratos. Y sus gatas. La primera vez que fui, le sugerí que propusiera una exposición a la h2o titulada El mundo de E, reproduciendo esa atmósfera suya tan hechizante. O a una galería inglesa. No sé por qué no me ha hecho caso.
Desde Londres, E siempre vuelve a Sant Gervasi, que ella y yo definimos, cada una por su cuenta, como una ratonera (Santgervasi-mousetrap, así se llamó un proyecto que escribíamos a medias, en otra lengua, para ganar distancia). Para E, subir la calle Muntaner para encontrarnos es una humillación, aunque lo dice con una carcajada burlona. Le horroriza esta ciudad, que tan mal interpretó su talento generoso. Muchas veces, yo le había hablado de mi sensación de que cada rincón y cada esquina de esta ciudad esconden un recuerdo, más o menos dulce o espinoso, lleno de cualquier cosa entre el dolor, el bochorno, la risa contemplativa o la intensa nostalgia, y esos recuerdos pueden asaltarme al pasar, aunque no siempre, sino sólo cuando menos lo espero. Para ella, son sobre todo recuerdos de traiciones. Pero E añora el clima, el mar, la comida, las gatas y la atmósfera familiar de la que huyó.
“Al menos nos hemos visto”, dijo con su sonrisa radiante y un último pestañeo, antes de desaparecer en el taxi.
Ved en el blog POLIS el artículo de Antoni Puigverd hoy en La Vanguardia...

13 comentarios:

el objeto a dijo...

qué bonito retrato, me ha gustado mucho el horror que le provocaba la ciudad que había malinterpretado su generoso talento, y me he acordado, en tu relato, de la mirada vasta y con perspectiva que poseía JM Carandell sobre barcelona y sus personajes, la vuestra es una mirada de alguien que entiende la ciudad, y por ello es capaz de entender autrement las relaciones de los que viven aquí con ella, mirada atenta, escucha en sesgo

zbelnu dijo...

Oh gracias por tu propia escucha, que yo utilizo casi como un oráculo, así que comprendo a ese amigo tuyo que en veinte minutos de bar es capaz de decirte todo lo indecible, a toda velocidad, para poder oír tu comentario y luego llevárselo consigo...

nomesploraria dijo...

"yo salgo a la calle y sólo veo hombres primitivos con expresión analfabeta, o bien burgueses rancios, autocomplacientes e igualmente iletrados"
Glups! y yo que sólo digo que se come mal... :)

El retrat, excel·lent.
ptons

zbelnu dijo...

Gràcies, Nomesploraria! Has vist l'altre blog? Avui sortim a La Vanguardia el ginjoler i jo... I li envio a Imma Mayol, perquè no ens oblidi...

nomesploraria dijo...

ara mateix m'ho miro. ¡¡¡voy!!!!

el objeto a dijo...

uy, pues no te había relacionado con R. porque contigo yo también conecto con el oráculo y me lo llevo conmigo... por cierto, nasio creo que te aclararía, aunque yo lo estoy leyendo en francés (nunca bien traducido) porque la edición de bolsillo era mucho más barata en francia!

zbelnu dijo...

Me alegro de que sea mutuo! Es aún más prodigioso... Yo siempre me pregunto cómo me orientaba antes de que aparecieras...
Pues ese Nasio buscaré, en poche, aunque sea pidiéndolo aquí...

el objeto a dijo...

es que no soy yo!! es el objeto a!! por cierto, Nasio lo explica bastante bien! si vols te lo paso al acabarlo

zbelnu dijo...

Ja ja, claro, pero tu blog se llama el objeto a... así que ya no puedo separarlos... Sí que el vull!

savitri dijo...

prosa de miel...
durante unos minutos,
hace mejor -como la cercanía de sócrates- al que la escucha.

Loredana dijo...

una foto con humo sobre ella.

bella.

zbelnu dijo...

Gracias, Savitri! Me alegro de que te produzca ese efecto...
Lo: Se lo diré a la Bella, se alegrará...

cacho de pan dijo...

z: lamento no dejar comentario, pero tú sabes muy bien por qué.
No quiero conflictos con desconocidos.