jueves, 3 de febrero de 2011

Volé

Foto: I.N., En la playa, 2011
En un avión incómodo y estrecho. Cerca iba una extraña pareja con aire östeuropeo. La niña, de unos tres o cuatro años, lloró y lloró con fuerza durante unas diez horas, tal vez más. Pedía ir con su padre, pero tardaban horas en hacerle caso. Con él se calmaba, hasta que al cabo del rato volvía a llorar. La madre parecía paralizada, con el peso de una tristeza densa, casi catatónica. El avión no avanzaba. ¿Describía círculos entre las nubes heladas? Hubo un momento en que entramos en un extraño loop, cerca de la península del Labrador. Las horas no corrían en la pantalla del respaldo, o sólo iban hacia delante en algunas ciudades, como Tokio, donde sí pasaba el tiempo. Yo me preguntaba si seguiría para siempre atrapada en aquel lugar incómodo, bajo el llanto estridente de aquella niña, sin poder estirar las piernas, mirando con envidia a los que sí podían. Sólo me salvaba El mal de Montano, y sólo su poder lograba neutralizar el llanto y los ecos agudos que tiene para mí un quejido así, que me devuelve a mi infancia. Y de pronto, al fin, los relojes volvieron a moverse. Dormí tal vez media hora, gozosa y profundamente, con sueños que luego olvidé.
Excepto uno, que tuve antes de partir, aún en BCN. Soñé que EVM estaba dando una especie de clase o una charla y yo entraba tarde en el aula, pero en la pizarra había unas fórmulas físicas, y EVM decía: "Sí, esa es la fórmula para escribir", alguien del aula la explicaba, era muy complicada y parecía sólo física especulativa pero con valores matemáticos, completamente ajena a la escritura. EVM añadía: También hay alguna otra fórmula, pero sólo cuando inviertes la fórmula es cuando sale bien, ¿no? Me miraba a mí y parecía una pregunta y yo pensaba en la fórmula con esfuerzo, pero concluía: Yo lo hago todo a ciegas y no me doy cuenta de nada, ninguna fórmula... En cualquier caso, era una escena graciosa y EVM parecía pasarlo bien. Luego supe que hacía unos meses, en Sarzana (Italia) había soñado con una pizarra y fórmulas físicas. En su caso, las fórmulas en una puerta de pizarra parecían conocer el secreto del universo. O al menos, eso decía en su artículo "El fondo eterno". También por EVM supe que Bolaño soñaba con pizarras y fórmulas matemáticas, que a su vez llevaban a resoluciones de problemas y se estropeaban justo en el último segundo... ¿Habría leído yo el artículo de EVM en su día? ¿Significaría alguna otra cosa esas trasposiciones de sueños de otros escritores? ¿O sólo sería una adivinación de esas memorias trasladadas que sale en El mal de Montano? Últimamente, debo decirlo, he tenido sueños que parecían robados a otros. Soñé que me proponían trabajar en un rodaje que implicaba instalarme casi a vivir a un local feo de la calle Tuset, y parecía un trabajo pesado y no muy bien pagado, y yo les daba largas y un amigo me insistía en que les llamara y contestara. Cuando se lo conté, ese amigo me dijo que a él le habían ofrecido trabajar en una película con una productora alojada en un lugar feo de Tuset y que pensaba decir que no, porque era complicado y con bajo presupuesto. Sólo fue el primero. Después, me han ocurrido otras cosas inquietantes, pero yo las atribuyo al cansancio del cambio de husos horarios, que desdibuja los contornos de las cosas y produce, dicen, sensaciones de déjà vu... por ejemplo.
Al fin el avión me dejó en una ciudad de conductores, que yo siempre había detestado sin conocer. Sarinagara... Al día siguiente anduve por las inmediaciones, encontré una librería llena de libros que parecían guiñarme los ojos, llamarme: mis escritoras, sobre las que conferencia, los autores que he traducido y reseñado, todos tenían un lugar destacado y atraían mis ojos. Compré un libro de Colm Tóibín porque mi amiga americana me dijo desde NY que uno de los cuentos le recordaba a mí y nada más salir a la calle lo encontré y comprendí por qué lo decía, pero eso no evitó la melancolía. Comí en una terracita, buen pescado con un nombre que parecía ambiguo pero que me recordó a otros familiares, buen vino, un día radiante. Luego recorrimos barrios frondosos que sólo conocía de novelas y películas, llenos de árboles gigantes. Y los pájaros cantaban en los sicomoros, como en la canción que sabía G. Incluso en esa ciudad de coches y autopistas entre los barrios, los árboles crecen libres e inmensos, hacia el interior y el exterior, sin los límites ni el espíritu arboricida de mi pobre país. Y la amabilidad de la gente, aunque sólo fuese parte de una técnica de márketing, de una cultura de empresa, lo hace todo mucho más relajado y fácil...
Más tarde vi una exposición de una antigua ciudad de la India, Lukhow, en el museo de arte moderno de esa ciudad extraña e inmensa, y entre piezas delicadas, acuarelas, pinturas, vestuario, objetos, había algunas fotos de Felice Beato y de Samuel Bourne en 1890. También estuve admirando la colección del museo, con Picassos, Klees, Kandinskys, Cy Twomblys, Motherwells, Rothkos y tantos otros maravillosos. Al caer la noche empezó ese insomnio largo e irreductible del cambio horario y mientras observaba cómo cesaban los mensajes de amigos a mis horas diurnas, me preguntaba si ese insomnio no sería un querer estar allí, en el horario de ellos, para no perderme del todo aquel mundo, aunque no lo echase en absoluto de menos... Al día siguiente se nubló y llovía a ratos y fui a ver un museo maravilloso en las colinas donde precisamente había una exposición preciosa de Felice Beato, viajando por Oriente a finales de 1800, India, China, Japón, Birmania... ruinas y templos maravillosos y jardines y retratos especiales, porque su mirada discreta y empática movía a los retratados a confiar, a mostrarse del todo, un poco como le ocurría a David Goldblatt mucho tiempo después. No pude admirar el espectacular fondo de ese museo, no hubo tiempo. El entorno es magnífico, montañas verdes, nubes, tanto como para compensar la obra de un arquitecto que no suele convencerme, pero allí se veía bien, adquiría sentido...
Tres días después volé a otra ciudad más afín, apta para caminantes y llena de luz. En el corto vuelo doméstico me salvó un librito precioso de Giani Stuparich, "Un año de escuela en Trieste" (Un anno di scuola). Con una concisión sutil y una poética económica y perfectamente ritmada, que parece surgir espontáneamente por su fluidez, Stuparich cuenta cómo se revoluciona el instituto y cómo se transforma cada uno de los chicos con la aparición de una adolescente, Marty, y las reacciones de los padres, la hermana mayor libre en Viena... Y qué bien cuenta la mirada de las mujeres, la asfixia de una chica libre y fogosa en un mundo conservador, su entusiasmo por el saber, la forma en que se acerca a Antero, los silencios esos de los dos en que ella siente comprendida su tristeza y la melancolía, el suicidio, tantas cosas contadas con precisión y sutileza en tan pocas páginas, y la nostalgia de lo soñado, lo que no pudo ser, mezclada a un gran entusiasmo vital, como en la Ginzburg. Una lección de escritura.
En cuanto a la ciudad y sus colinas, me sorprendió primero el barrio en que me hospedo, con su aire jamesiano de The Bostonians, de una sociedad conservadora pero culta y dada al mecenazgo, una sociedad de mujeres sufragistas y búsqueda de la belleza en las casas; muy distinto de lo que se encuentra bajando la colina... o en otras colinas. Y el mar asomando en distintos lados, por la forma de la bahía, y la antigua prisión. O el barriochino con sus sorpresas. La mítica librería editorial que publicó a la beat generation: también estaba llena de mis autores, los que traduzco, los que reseño, sobre los que escribo... Al final he concluido que tengo ya demasiadas relaciones con ese mundo de los libros como para que eso no me ocurra. Desde las estanterías, los libos me llaman, me saludan, recuerdan su relación conmigo. Al menos, en las librerías anglosajonas. Anoche cené allí cerca con un grupo que incluía al director de algunas películas que fueron significativas en mi historia. Ese director es un hombre mayor que conserva todo su charme: empezamos hablando de gatos y conectamos enseguida, y de ahí pasamos al cine y la escritura, y habría podido hablar con él durante horas. La comida -italiana- era deliciosa. Él me señaló el que había sido apartamento de Jack Kerouac. Hoy he estado (browsing, browsing) en esa librería, que conserva su espíritu demasiado viril de la época, aunque Alice Munro y Jean Rhys hayan ocupado lugar en las estanterías, apenas hay poetas mujeres (he comprado un Coetze, un Carson McCullers y extrañamente unos cuentos de Hemingway, una postal de Derrida y otras dos) y he visitado el también legendario café de al lado, por azar y necesidad. Luego he ido de excursión a un barrio de casas preciosas y coloridas, de ambiente fuertemente hip y poblado de freaks, que alberga una también mítica e inmensa tienda de discos donde se encuentra casi todo. Y muchas tiendas vintage, con piezas asombrososas, históricas, que retrotraen a otros tiempos...
Y por las noches, en ese insomnio irreductible del cambio de husos horarios, me vuelven mis últimas inquietudes, las que tendré que abordar en cuanto vuelva, probablemente sin tiempo de recobrarme. Y en esa penumbra, oyendo el tintineo de los tranvías, parecen crecer los fantasmas como en el poema de Ausies March: Lo jorn ha por de perdre sa claror:/quan ve la nit que expandeix ses tenebres,/ pocs animals no cloen les palpebres,/ e los malalts creixen de llur dolor...
Una tarde escuché la entrevista que le hicieron a Bel M. en el programa de radio Hablamos, sobre literatura y psicoanálisis. Fue una gozada escucharla. Ese saber suyo literario -teórico y vital- y psicoanalítico es una combinación afortunada. No se lo pierdan. Leo en los periódicos lo que ocurre en Egipto y poco más. Por las tardes tengo que volver y traducir a destajo, para entregar su dosis a cada uno. No me queda tiempo de escribir. No me queda tiempo de mi novela, y en realidad, tampoco me queda tiempo para escribir este post. No hace falta que muestren que ya saben dónde estoy, lectores invisibles. Yo sólo nombro lo que quiero nombrar. Y tampoco se fíen de las apariencias...
BTW, ¡feliz año chino de la liebre!

10 comentarios:

Ephemeralthing dijo...

Llevo ya demasiados días con la sensación de estar atrapado en una rutina enferma y demasiado "casolana". Reconforta leerte sobre esos aires distintos, esos otros lugares, y me recuerda que en un mes podré también escapar unos días. Feliz estancia!

tsetse dijo...

be sure to wear some flowers on your hair, nenamaca!!!

J. G. dijo...

Me he alegrado un montón que te alegrara Quique Vila.

Belnu dijo...

Gracias, Eph! Cómo necesitamos airearnos, olvidar ´cómo convcierten nuestra pobre ciudad y país en un gran parking, sin sombra de árboles, sin oxígeno verde, desierto cultural de cemento...!

Bel M. dijo...

Qué preciosa crónica, Bel. He reconocido en ella tu mejor escritura, ésa que pasa de un tema a otro fluidamente, sin tropiezos, del infierno del avión a la literatura de EVM y de ahí a los sueños y la escritura, como un secreto cifrado a desvelar que no debe estar tan lejos de ese escribir a ciegas, podría ser incluso su metáfora, a esa ciudad sorprendentemente acogedora y verde, como no te imaginabas y a la otra y su belleza, y a esas sincronías y, en resumen, a esa explosión de vida que es lo que nos has regalado con esta magnífica crónica.
Ojalá el resto del viaje transcurra así y nos lo sigas contando.
Mil gracias por hacerlo y mil gracias más, que ya no sé ni cómo dártelas, por tu generosidad, por ese gesto continuado de amistad, aprecio, hospitalidad...

Belnu dijo...

Qué comentario tan bonito, Bel M!!! Lo voy a releer en mis momentos bajos, para animarme. Ojalá mi escritura fuese realmente como dices. En cuanto a tus gracias, "mine pleasure!" Celebrar lo que nos gusta (y sentirnos orgullosos de descubrirlo) es un pequeño privilegio que tenemos todos, aunque algunos no lo hayan descubierto, sobre todo en nuestra ciudad de cultura algo mezquina. Y a la vez, casualmente, sólo restituye un poco de lo que yo recibo de ti.

Dante Bertini dijo...

desenfadado, liberador, nada rebuscado título, tu post es un pedazo de tarta de lo más envidiable...salvo ese horrible viaje en avión, la causa principal de mi habitual sedentarismo, todo parece brillante, muy de aquel lugar, donde hasta la miseria parece tener un toque hollywoodense, de prolija terminación y, sobre todo, de buenas intenciones y respeto a ciertas cosas que para mí importan demasiado.
Que sigas volando y quejándote...creo que es tu forma particular de llamar espléndidas situaciones.

Belnu dijo...

Gracias, Dante!!! Gracias pro los elogios y porque me has hecho reír: sí, mi vena quejumbrosa parece que no ceja... Pero hay momentos de felicidad en todo esto, a pesar de esta nueva vida insomne y de los sueños que empiezo a recordar

Miquel Sas dijo...

Leerte fue al principio una anécdota, luego mudó hacia el hábito, para terminar siendo un vicio enriquecedor.

Belnu dijo...

Gracias, Miquel!!! Me alegra que me leas, ya sabes