sábado, 6 de marzo de 2010

Cómo olvidar el mundo

Foto: I.N., Diagonal, 2010
Llevo una semana presa de la traducción, sin poder pestañear, ni escribir aquí ni allí, dejando que mis sueños y los pensamientos que tenía al andar volaran y se desvanecieran sin poder anotarlos. Aún no he acabado, pero estoy algo más cerca.
Ayer fui a una reunión que resultó celebrarse exactamente en la que fue la casa de un amigo desaparecido hace años, al principio de la enfermedad del siglo XX (todavía guardo las postales de flores orientales que me mandaba, a veces dibujadas al dorso con autorretratos extravagantes, y el cuento que hicimos juntos), y al entrar, el pasado me envolvió, primero feliz, hasta que entré en una habitación donde reviví una escena terrible, que había enterrado en la memoria, y me quedé un momento allí inmóvil, sin aliento, viendo lo que nadie podía ver. Pese a todo salí del lugar llena de esperanzas, que han durado hasta hoy, leyendo el horror de los periódicos, no sólo las imágenes de las protestas en Grecia: No se dice que lo que está ocurriendo en Grecia tiene mucho que ver con nosotros. El empobrecimiento general del país, mientras que nadie se plantea bajar ni congelar los sueldos o los bonos millonarios de los forajidos que crearon esta crisis; no, ellos siguen ganando más y más y cobrando comisiones mafiosas e intereses usurarios, ellos son quienes mandan, quienes financian los partidos, y cada vez habrá menos gente que pueda comprar lo que necesita para vivir, y son ellos los que nos dicen que tenemos que apretarnos más y más el cinturón. o la campaña antihomeopática, la gran tala que quieren hacer en la Diagonal y que tiene a todo el mundo convencido... Los periódicos sólo cuentan medias verdades, aunque es fácil leer entre líneas -¡les molesta la sombra!-, que quieren convertir las ciudades en autopistas, destruirlo todo para seguir haciendo sus párkings y sus negocios mafiosos del cemento. Se lee también entre líneas cuál es la objeción real que ponen a los plátanos: exigen poda, cuidados, y el ayuntamiento no quiere gastar en árboles. Dicen "desplazar la masa arbórea", no dicen que se trata de eliminar todos esos árboles centenarios y sustituirlos por esos palitroques que nunca crecerán, y si crecen, sólo los muy jóvenes los verán, dentro de setenta años, llegar a un tamaño comparable, irradiar el oxígeno y limpiar la atmósfera como ahora hacen los plátanos, acacias y palmeras de la Diagonal. No dicen que en verano el cemento arderá sin el oxígeno ni la sombra de esos árboles, ni nadie habla de su belleza desmañada, de esas esculturas maravillosas que dibujaban la mejor avenida de esta pobre ciudad.
Pasan las horas. Tengo que seguir la poda de mi artículo de Soseki antes de ir al cine. ¿De dónde sacaré tiempo para el libro de la ciudad o para seguir reintentando escribir ficción? No se sabe. Anoche vi Flores de equinoccio de Ozu, mientras aún leo Meian, su última novela inacabada. Me refugio en su mundo e intento recordar las ideas que aprendí ayer y que quizás me ayuden a sobrevolar lo más duro, a no asustarme, a reunir fuerzas e ingenio para enfrentar lo que venga y sortear lo peor.
Al día siguiente
Casi acabé de podar mi artículo, hoy remataré el trabajo. Vi A Single Man, un poco por frivolidad, pero no me gustó. No le encontré nada, absolutamente nada literario, ni rastro del buen Isherwood, sólo fue como leer un Vogue gay durante mucho rato. Visión cómicamente hiperesteticista -a veces rozando lo ridículo, otras más eficaz- coreográfica del mundo, donde las mujeres son seres patéticos y pegajosos que persiguen a quienes no las desean (?¿) y las niñas seres perversos que espachurran a los insectos, el deseo masculino es ubicuo, los jóvenes se parecen a james dean y las jóvenes a BB y todo es bonito y vacuo como un desfile de moda... Lo mejor, belleza de Julianne Moore aparte (pese a su estúpido personaje): la gestualidad del actor Colin Firth. It was a Tom Ford film, for God's sake! me dice un amigo anglosajón en un email. Tiene razón, ¿qué otra cosa era posible?. Pero lo pasamos bien tomando algo y paseando colina arriba.

2 comentarios:

gonzalo dijo...

imagino ese día con un poco de llovizna.

Isabel Núñez dijo...

Y la hay, al menos hoy es un día opaco. Gracias por la visita, que acabo de devolverte.