martes, 9 de marzo de 2010

Ayer, mientras corregía

Foto: I.N. Corazón de almendra amarga, marzo 2010
Estuve contemplando la danza silenciosa de los copos de nieve, que volaban en todas direcciones, esperando que cuajasen en el suelo de la terraza, viendo la pesada y frondosa agitación del ciprés gigante (¿o es abeto?) de enfrente contra el viento y recordando un día de navidad en Manhattan en que G. y yo nos quedamos en el hotel leyendo (yo leía a Jonathan Franzen hablando de su padre enfermo y dudaba si le llamaría) y veíamos cómo las hamacas diminutas de un balcón iban acumulando capas de nieve sobre un suelo que había sido verde para imitar la hierba.
Desde por la mañana apenas se oían coches, y a mediodía, el gimnasio alemán estaba insólitamente vacío; "feliz navidad", me dijo una monitora sarcástica. Mientras manejaba una de las máquinas, por el tragaluz veía la nieve persistir y al salir ya había empezado a cubrir el suelo. G. llegó alborozado, fotografió el azufaifo y enseguida buscó amigos para guerrear con bolas en un parque.
Y de pronto el ciprés (¿abeto?) gigante se abrió y se partió con un crujido como la seda del kimono en Mishima al desgarrarse y luego cayó con gran estrépito mortuorio sobre la uralita del garaje. Ahora temo que quieran cortarlo, que se acaben las visitas de urracas y que al mirlo sólo le queden los años de vida del señor del jardín rodorediano junto al azufaifo.
Luego salí a la calle, llena de transeúntes que andaban enrarecidos y temerosos por la nieve mientras los niños y jóvenes se lanzaban a jugar y muchas tiendas estaban cerradas. Me acordé de los hijos de un amigo vasco, dos niños muy educados e inteligentes, de madre rusa que siempre han vivido aquí, pero hablan perfectamente la lengua materna, y un invierno fueron a Moscú y la gente los miraba como si estuvieran locos porque con exclamaciones en ruso celebraban la nieve (y allí, ¿quién la celebraría sino un turista?)
Suspendieron trenes y autobuses, se quedó aislado Collserola, Girona sin luz, la gente sin poder volver a sus casas y alguien se preguntó con sorna en Fb cómo un país tan desastrosamente preparado que se colapsa con unos copos de nieve pretende organizar juegos de invierno.
Acabé con Benjamin Buchloh y el bravo mensajero de La Vanguardia me había traído El xal, de Cynthia Ozick, una auténtica maravilla literaria que yo había querido traducir para un editor entusiasta (pero un pez más gordo tenía ya los derechos). Lo leí sin detenerme, en la traducción perfecta de la reina de la traducció, interrumpida por las llamadas y mensajes, y acabé escribiendo la reseña a medianoche, bajo la mirada penetrante de Gilda. Luego ha venido la poda implacable para encajar en el formato: olvidar referencias (Célan, los grabados de Kathe Kollwitz...), renunciar a situarla en su tradición literaria judeoamericana (Bellow, Malamud, Mailer, Grace Paley, Philiph Roth...), renunciar a citar pasajes magníficos y no digamos a citar a quienes hablan de ese libro (Bloom), no he podido decir que el primer relato es una inteligente combinación de un cuento de Grimm y la Shoah, como ocurre también en Quanta, quanta guerra de Rodoreda, con la que tiene puntos de conexión. Pero aún así, espero que lo esencial llegue a los lectores de mi reseña y vayan diligentes a comprarlo.
Ah, se me olvidaba, cuánta razón tiene A. de la R. con su artículo En ausencia de lo judío, que tuve el privilegio de leer antes de su publicación y entusiasmarme ya entonces, y que a partir de ese momento me ha perseguido y veo aún más la aridez anti-intelectual y zote de este país en ese origen, en esa falta tremenda. El sábado pasado me crucé con una pareja de viejos argentinos que hablaban de un concierto de Shoemberg y de sus experiencias en los conciertos con un nivel y una naturalidad imposible en unos locales. Y el domingo fui a ver Tres días con la familia, una película bien hecha por una joven realizadora donde no es sólo la incapacidad de decir de la adolescente pegada al teléfono, sino sobre todo desierto intelectual, el páramo de esa familia tan nostrada, ttan de este país: entre ellos no hablan de nada, no tienen nada, salvo las posesiones materiales que consigan, el fútbol y sus prejuicios. Nos dejó un desaliento que articulamos luego subiendo la Via Augusta.
Oigo las gotas del deshielo cayendo bajo este sol de primavera. Otra avalancha de trabajo amenaza con caer y enterrar todas mis opciones de escritura. Conjuraré al espíritu de Henry James para que acuda en mi ayuda y me empuje poderosamente a escribir, no sólo el libro de la ciudad, que me asalta todo el tiempo en cuanto salgo a la calle, sino también la novela, que sigue en mi cabeza, aún sin forma, sólo con sus enviados fantasmas, a veces dolientes.

22 comentarios:

el objeto a dijo...

es verdad que el paisaje de la ciudad nevada hacía en seguida pensar en otros lugares, otras ciudades... esperamos que ese precioso árbol pueda salvarse!

Mishko dijo...

Hola Isabel! Tu amigo vasco se encuentra fuera de Barcelona por trabajo, pero sus hijos salieron a la calle con un par de zanahorias para montar un pequeño muñeco de nieve. En breve te contaré sobre mis aventuras con la traducción. Un abrazo

Isabel Núñez dijo...

Pensé que me leerías, aunque no sabía que tan deprisa! Me lo imaginaba! Siempre me gustó mucho cómo queda la nariz de zanahoria con la nieve, me recuerda a un cuento que leí de pequeña de Angela Ionesco.

delarica@unav.es dijo...

yo no me preocuparía porque el trabajo mantenga la novela enterrada: florecerá en el momento oportuno… ¿recuerdas? You who were with me in the ships of Mylae!/That corpse you planted last year in your garden/Has it begun to sprout? Will it bloom this year?/Or has the sudden frost disturbed its bed?…

Isabel Núñez dijo...

Oh sí, gracias, Álvaro, por traerme a T.S... Aunque diga que April is the cruellest month y yo lo espere... Cómo me gustan esos versos y esa capa de hielo que entierra los brotes de un cuerpo muerto...

delarica@unav.es dijo...

ves, de un modo práctico, porqué creo en la Resurrección? me acuerdo que de pequeño me obsesionaban las palabras de Pablo en las que dice que los que tenemos fe, sin la idea de la Resurrección somos los más desgraciados del mundo
con el tiempo he comprendido que realmente es así
sin Resurección y resurrecciones (en todos los órdenes) el problema es que ya estamos muertos

Isabel Núñez dijo...

Claro, Álvaro, el problema es cómo son esas resurreciones, qué muere y qué resucita, yo sé que algo sigue viviendo, pero y la pérdida de lo que sí muere? A veces, de todas formas, envidio tu fe

delarica@unav.es dijo...

ahí está todo, por eso mi novela debía llamarse, con palabras de una cantata de bach que te regalaré, "todesbanden"
gracias: yo envidio tu espíritu

Isabel Núñez dijo...

Todesbaden! Pero el nuevo título es bonito y poderoso... Mi espíritu!? Gracias también, aunque quién sabe por qué será, yo lo veo algo desmochado, como el árbol quebrado por la nieve

Isabel Núñez dijo...

Ah, y cómo cuesta podar la reseña de un libro inmenso en un espacio de 2300 caracteres... En ello estoy, no paro de renunciar y renunciar

delarica@unav.es dijo...

claro, tú lo ves así, y eso abre el espacio para que los demás vean la amabilidad de su verdadera cara (ya estamos con palabras privadas dichas en público; lo siento!)

gonzalo dijo...

la nieve siempre acarrea fantasmas.

Isabel Núñez dijo...

No lo sientas, de todas formas es bonito, aunque no sé muy bien a qué te refieres...

Isabel Núñez dijo...

Perdona si me equivoco, Gonzalo, no sé si vienes aquí a decir algo de verdad, que yo no acierto a pescar por mis limitaciones, o sólo a dejar tu firma para ser visto.

Icíar dijo...

Qué invierno el de este año tan largo, aunque aquí, la nieve sería un exceso. En fin, hoy luce e sol, ¡cómo lo echaba de menos¡

Estoy deseando que la novela nazca, de verdad. Cada día lo haces mejor, me ha gustado mucho eso de 'Y de pronto el ciprés (¿abeto?) gigante se abrió y se partió con un crujido como la seda del kimono en Mishima al desgarrarse'

Isabel Núñez dijo...

Sí, invierno larguísimo! Ya no puedo más de abrigazos y jerseys...
Gracias, Icíar!!!

Emma dijo...

Como siempre agradezco estos rápidos apuntes que pones en la red. Leo en el país que han cortado un almendro centenario en Sarriá a causa de la nieve y me ha extrañado leer que la nieve era capaz de derribar centenarios, aunque visto lo que cuentas del cedro puede que sea verdad.

Isabel Núñez dijo...

Emma, supongo que depende de la salud del árbol, la diferencia es ésta. Un familiar alemán, que vive a las afueras de Munich en un edificio rodeado de jardín boscoso y cerca de más bosque, me contó que con la tomenta un árbol centenario se partió y murió. Vinieron enseguida técnicos a verificar que la causa fuera natural y no humana, y una vez verificada, todos los vecinos tuvieron que pagar un ejemplar de buen tamaño de la misma especie, que trajheron del vivero. Aquí, con suerte plantan un palitroque diminuto que en 70 años volvería a ser, si realmente le dejaran...

JML dijo...

Cada vez que nieva pienso en Los muertos de Joyce (y de Huston). Esa imagen final, tan viva en la página como en la pantalla, de los copos de nieve cayendo sobre los vivos y los muertos, enterrándolo todo...
Espero que, literariamente hablando, tras el deshielo no venga el "mes más cruel".
Ánimo con tu novela.

Isabel Núñez dijo...

Es verdad, esa escena es una clave, JML...
La verdad es que abril nunca fue el mes más cruel para mí, porque nací en abril y suelo sentir que me renuevo en primavera, a pesar de los pesares. Espero que literariamente sea bueno también...

odette farrell dijo...

Yo también espero que ese bello árbol se salve... y bueno ya me imagino el gozo de ver tanta nieve en un lugar donde no suele nevar.

A mi siempre me maravilla la nieve, es delicioso ver bailar los copos en todas direcciones al ritmo del viento. Es de las cosas más maravillosas que hay!

Yo también nací en Abril Isabel, así que dentro de poco floreceremos :)))

Isabel Núñez dijo...

Oh sí, Odette, pronto volverá a llenarse el cielo de pájaros y nosotras floreceremos! Hoy está nevando aunque con sol, sin arcoiris, pero hay algo energético que se acerca, volviendo a mi querido T.S. Eliot
Children's voices in the orchard. Between the blossom