domingo, 7 de marzo de 2010

Araño unos minutos

Foto: I.N., Fachada de Girona, 2010
Para escribir aquí un rápido apunte de domingo. Está lloviendo en silencio. G. trasnochó más que yo misma y ahora duerme. Yo acabé retirándome con la madrugada avanzada, tras una película mala (parecía como la expresión de la desmemoriada y afásica M. cuando pidió que alguien apagara "esa llamada de nada" que era la tv), y muy buenas conversaciones y un largo paseo hacia arriba, con las botas de siete leguas que nos presta un buen interlocutor. He acabado de escribir mi deshilachado artículo de Soseki (hay algo que me gusta incluso así, aunque me falta espacio para vertebrar un nervio más poderoso y temo que mi fascinación parezca a veces algo balbuceante, aunque contagiosa. Lo que me gusta es poder hablar de su poética y habitarla mientras intento comunicar sus resortes, poder explicar/me las razones de esa fascinación mía, intentar transmitir su atmósfera) y ahora me disponía a corregir mi última traducción de Benjamin Buchloh y su sintaxis demoníaca, pero no puedo quitarme de la cabeza un mensaje, una misteriosa carta que he recibido esta mañana.
Hace tiempo que hablé en este blog de uno de los tres o cuatro profesores brillantes que cambiaron mi percepción del mundo y de mí misma a lo largo de mis años de estudiante. Pues bien, aquel profesor, al que creía desaparecido, recogió sin decirlo la botella del náufrago y hoy se ha decidido a aparecer, aunque sólo fuese un momento. Su escritura luminosa -culta, inteligente y arrastrada por la misma urgencia que recuerdo de sus clases- demuestra que, contra lo que él sugiere, no hubo idealización ninguna por mi parte, a pesar del hipotético efecto tarima que transfigura a los profesores (aunque aquella aula pequeña, que él recorría febrilmente, de lado a lado, dibujando aquel bostezo süave de la Tierra, no tenía tarima) y de mi adolescencia -inocencia y arrogancia- de entonces. Al descubrirse en este espacio quiso recordar, identificarme en una masa de recuerdos y olvidos, pero lógicamente no lo logró, y siguió leyendo y se convirtió en un visitante silencioso de este blog (lo cual me ha llenado de felicidad), me acerca a Góngora, alude a Goethe y a Proust, con palabras demasiado generosas hacia mí y mi escritura, y a la vez me explica, dice cosas que sé que seguiré leyendo para entender. Pero en su carta deslumbrante, que no podría reproducir aquí sin su permiso, ni siquiera de forma anónima, en ese tono urgente, lúcido y aún enfebrecido, hay todo el tiempo una zona oscura y enigmática, la alusión a unas ataduras férreas, a un retiro forzoso del mundo o incluso una dureza para consigo mismo que su escritura desmiente en su fogosa inteligencia, qué sé yo si sólo puedo elucubrar, hay una tristeza o algo que hace que a mí, sus palabras me resuenen doloridas, walserianas, hölderlinianas (o del Kafka epistolar) y es algo que sólo he podido detectar de verdad en una segunda o tercera lectura. Yo le he contestado deprisa, sin pensar, y sólo luego me he dado cuenta: la carta se cierra con un enigma que alude a una despedida del mundo y me temo que tendré que conformarme con saber que me leyó aquí, sin imaginar siquiera las razones de ese alejamiento (¿por qué no hay vuelta atrás?), que excluye cualquier posible conversación, que incluso deja en suspenso la lectura de esa respuesta mía maladroite.
El tiempo se acaba, vuelvo a Buchloh, G. ya se ha despertado y me pregunta si no le acompañaría a rescatar su moto a un feo rincón de la ciudad, la gata Gilda sigue ovillada y el cielo sigue gris opaco, aunque no llueve, y el mirlo ha empezado a cantar, oculto en el último jardín rodorediano, junto al azufaifo.
Dejo aquí un artículo lúcido y valeroso de Eugenio Trías en defensa de Freud.

6 comentarios:

Bel M. dijo...

Una historia preciosa y luminosa. Felicidades por la finalización del artículo de Soseki. Te aseguro que esa fascinación sí que resultará contagiosa (y para nada balbuceante). ¡Botas de siete leguas! Casi me siento cosaca otra vez :D.

Isabel Núñez dijo...

La cosaca! Gracias por todo

Anónimo dijo...

interesante Buchloh, ahora que el arte se diluye por la infinidad de propuestas, mimetismos y cosas cada vez más intangibles.
iluminaciones.

Isabel Núñez dijo...

Sí, al menos él es osado y vehemente y tiene claras las ideas. El único problema es la sintaxis! Pero ya está, creo que ha quedado muy bien

el objeto a dijo...

Gracias por poner en link el maravilloso artículo de E. Trías. Me gusta mucho cómo habla del Freud filósofo que nunca lo quiso ser, y lo bien que explica cómo bajo esa "costra positivista" y ese lenguaje sin duda anticuado reposa un mensaje luminoso y esencial sin el que no se puede seguir pensando nuestro mundo,

también me pasa como a Trías, encontrar a Freud en la obra de tantos autores diferentes, aun cuando lo quieren negar. Freud regresa y resiste! y la filosofía sigue siendo un camino de acceso en estos tiempos de estrechas miras, magnífico Trías.

Isabel Núñez dijo...

Efectivamente, Freud regresa y resiste, y está en todos, no sólo en Zweig, sino incluso en los que lo niegan. El artículo de Trías me alegró mucho.