martes, 15 de diciembre de 2009

En esta mañana helada

Foto: Álbum familiar: yo en Figueres, a los 5 años, cuando era prisionera.
G. ha vuelto a madrugar para irse a buscar olas al Maresme. Me lo dijo anoche, cuando yo había renunciado a mi paseo nocturno intimidada por el viento huracanado y la lluvia, contagiada de la pereza gatuna y el ronroneo de Gilda y leyendo una crónica algo molesta de la vida de Dorothy Parker (esa parte de la biografía me pareció obscena, porque hurgaba y reconstruía escenas sórdidas, sin el brillo de la escritura de D.P., de una forma mezquina, tal vez secretamente envidiosa de su gracia y su talento, y llegué a preguntarme si ese género tenía realmente justificación, y decidí citar sólo a D.P. y olvidar lo que había leído de Marion Meade) y en ese momento me asusté: imaginaba escenas de olas negras altísimas y temperaturas peligrosas. Intenté convencer a G. de que se arriesgaba a pescar un trancazo y el miércoles no podría irse de viaje y... Me dijo que hoy hablaríamos. Y esta mañana helada y desapacible, pero al menos ya con luz, cuando me dirigía aprensivamente al dentista y llegaba tarde, he cogido el teléfono y alguien me ha informado alevosamente de que G. se había ido a por las olas. Para rematar, desde ayer, por una razón misteriosa que aún no he logrado establecer -aunque tengo mis sospechas- tengo unos mareos terribles, sobre todo al mover la cabeza o cambiar de postura bruscamente, es decir, mareos catalanes (rodaments de cap) y se unen a mareos ingleses (butterflies in my stomach, mariposas en el estómago, o en el higadillo). En esas condiciones, angustiada por el oleaje y el frío, intentaba razonar que al menos la claridad es grande y G. va en grupo y es fuerte y no haría locuras. Aunque el dentista me ha dormido enseguida la zona, los ruidos y la vibración de esas espantosas excavadoras, taladradoras y fresadoras en mi pobre boca me resonaban en los oídos como una tortura y me sentía hipersensible y preparada para un dolor que no ha llegado. En los peores momentos de vibración intentaba pensar en mi novela. Imaginaba soluciones posibles para recomenzar, para organizar de otra forma ese material para mí radiactivo, otras formas de entrar en ese territorio minado.
Por suerte, la tortura de los bulldozers bucales ha llegado a su fin y yo he salido a la calle aturdida, con la boca dormida, recibiendo sms que me proponían citas imposibles y de pronto me he dado cuenta de que la nueva consulta del dentista está junto a un hospital que fue escenario de algo brutal, algo que de por sí justifica esa novela, sea como sea su estructura o aunque tenga que dividirla en cuentos. "Eso ha sido un golpe bajo", he musitado, mirando al cielo sucio y pensando en los dioses griegos o en un cineasta que organizase mi vida y de vez en cuando soltaría una risotada, como John Gielgud en Providence. "No", me ha contestado una voz interior, "no es golpe bajo, sólo es uno de esos empujones". Y tenía razón. Uno de esos gestos cotidianos que una y otra vez me devuelven a aquello, a lo que me acosa y tengo que escribir, a lo que intento olvidar hace meses o años, sólo que éste tenía más fuerza, o una carga más dramática y grotesca que todos los anteriores.
G. ha salido sano y salvo del mar helado de Montgat y mientras comíamos (yo con mis mariposas internas aún danzando), le he preguntado si alguna vez sentía felicidad contemplando la belleza de esas olas, si tenía esa sensación de estar asistiendo a un espectáculo privilegiado y especial, y él me ha dicho que antes, mientras las esperaba sentado en la tabla una tarde, viendo la caída del sol con el feo perfil del litoral hasta el hotel Vela, o después, en la playa, porque en el momento estaba demasiado impresionado por ellas. Pero al acabar de comer ya estaba deseando ir otra vez a buscarlas.
(Last minute news: No se pierdan la generosa entrada-homenaje de Álvaro de la Rica aquí. Yo estoy abrumada y agradecida, bailando por la casa)...
Justo antes de salir hacia el dentista en esta mañana fría, me ha llegado un largo e interesante comentario sobre mis cuentos, de un escritor -poeta y novelista, además de publicista- que me conoce de hace años y al que no le gustó mi Crucigrama. Esta vez me sorprendió apareciendo en la presentación de Algunos hombres... y otras mujeres (yo diría que fue porque leyó El cec de l'Odissea, el bloqueig i un somni d'editors), y cuando me pidió que le dedicase el libro, escribí: "Para D.C, a quien no le gustan mis cuentos". Héte aquí su respuesta (traducida al dorso, a petición de Icíar, en los comentarios): Gran injustícia la dedicatòria, perqué sí que m'agrada com escrius. No m'he entretingut a comparar el nou llibre amb Crucigrama, però per a mi és tot un altre món. L'altre el recordo una mica instal·lat en la queixa i la tristesa, encara que em va agradar molt el conte sobre el pare i les ampolles d'aigua... I aquest és gairebé còmic, divertit, i la queixa es redueix a aquestes coses tan teves de plorar per les alzines del Tibidabo i queixar-te que el món ja no és el que era, però les històries són la vida, i vistes amb una intel·ligència i amb una capacitat de síntesi que he envejat més de deu vegades en una lectura absolutament devoradora, el mateix divendres a la nit. Només em vaig deixar el dels homes amb qui no t'has casat, que el vaig llegir diumenge. No puc ser gaire objectiu, perquè et conec, però a mi m'ha entusiasmat el llibre, i molt especialment aquestes deu o dotze vegades que t'he envejat, amb coses com la descripció de com el pare de seguida es fa amb les italianes i en canvi la mare queda fora de joc, amb moments tan aguts com quan la narradora es pregunta si va amb la roba interior adequada a veure un paio que no ha vist mai, només per la veu, amb les observacions sobre aquell paio que vol tenir una criatura. Vaja, vida pura, i ben poca cursileria. Em va agradar el discurs del filòsof que no conec. El filòsof ho va fer molt bé, i no vaig entendre la reacció de qui li va dir que no havia explicat on era el secret. Jo crec que ho havia explicat ben clarament, encara que jo, el tema de la mort, no veig que aparegui més al final que al principi, sinó que sempre hi és, allí al darrere. Em fa l'efecte que amb la veu que has trobat aquí pots anar molt lluny. Però no vull dir res més sobre això, perquè tu sabràs. El que no veig, creu-me, és que t'hagi de costar passar del conte a la novel·la, senzillament perquè aquest llibre, amb un plantejament mínimament diferent, seria ja una novel·la. Perquè hi ha una única veu i un únic personatge central, i perquè són contes, però també són capítols d'un mateix llibre. Només amb uns estructura que els articulés com un conjunt, ja seria una novel·la. En realitat jo me l'he llegit més com una novel·la que com un conte, de tal manera que no et podria dir que m'ha agradat més aquest que aquell altre. Per motius potser purament personals, em vaig emocionar amb Caballos, perquè aquell plor quan la narradora torna a veure un cavall és potser el moment més bonic del llibre, i això ho hauria d'haver observat el filòsof, en realitat és allí on es reviu galopant, la cosa aquesta increïble de la llibertat que ha estat un motor de la vida del -diguem-ne- teu personatge. Però el que et deia: me l'he llegit més com una novel·la en el sentit que al personatge li van passant coses, i fins i tot els canvis de temps fan que el llibre sigui més novel·la que recull de contes. En aquest sentit no veig que puguis tenir cap problema amb la novel·la. I encara hi ha un element més propi de novel·la, que és el ritme. En un recull de contes, vulguis o no, canvien els ritmes, les frases. En aquest llibre hi ha un continu en la cantarella, i no és només la conjunció i, sinó el gust per les paraules planes al final de les frases, la cosa aquesta dels díptics i espondeus i el fet de mantenir sempre el to d'una història explicada, salmodiada, exactament com vas llegir el conte: com una onada i una altra i una altra i així des del principi fins al final sense cagar-la ni una vegada (llevat d'un salt de línia) tacatán -tacatán- tacatán... tacatán-tacatán, tacatanda. Oh, m'estic enrotllant massa. Només dir-te que t'has tornat molt sàvia.

20 comentarios:

Icíar dijo...

Insisto, pues, en nombre de todos los foráneos, que debemos de ser muchos.

Francis Black dijo...

Hola,¿ el orden de los cuentos esta muy pensado?, los tenías y los fuiste colocando, los escribiste en ese orden, crees que se puede leer el libro desordenadamente. Yo lo leí en orden pero muchas veces desordenamos los libros de cuentos.

Belnu dijo...

Francis: No los escribí en ese orden y la verdad es que estaba llena de dudas sobre cómo ordenarlos. Sólo sabía que el último sería el último, "Hombres con los que no me he casado". Y le pedí ayuda a mi amigo escritor serbio y él me propuso ese orden y cuando lo vi me pareció perfecto, era natural que "Yo tenía 18 años" fuese el primero.

Icíar dijo...

jajaja, truquitos de traductora.
Gracias, querida

Belnu dijo...

Para Icíar, la traducción del comentario de DC:
"Gran injusticia la dedicatoria, porque sí que me gusta como escribes. No me he entretenido a comparar el nuevo libro con Crucigrama, pero para mí es otro mundo. El otro lo recuerdo algo instalado en la queja y la tristeza, aunque me gustó mucho el cuento sobre el padre y las botellas de agua ... Y este es casi cómico, divertido, y la queja se reduce a estas cosas tan tuyas llorar por las encinas del Tibidabo y quejarte que el mundo ya no es lo que era, pero las historias son la vida, y vistas con una inteligencia y con una capacidad de síntesis que he envidiado más de diez veces en una lectura absolutamente devoradora, el mismo viernes por la noche. Sólo me dejé el de los hombres con los que no te has casado, que lo leí domingo. No puedo ser muy objetivo, porque te conozco, pero a mí me ha entusiasmado el libro, y muy especialmente estas diez o doce veces que te he envidiado, con cosas como la descripción de cómo el padre enseguida se hace con las italianas y en cambio la madre queda fuera de juego, con momentos tan agudos como cuando la narradora se pregunta si va con la ropa interior adecuada a ver un tipo que no ha visto nunca, sólo por la voz, con las observaciones sobre aquel tipo que quiere tener un niño. Vaya, vida pura, y muy poca cursilería.
Me gustó el discurso del filósofo que no conozco. El filósofo lo hizo muy bien, y no entendí la reacción de quien le dijo que no había explicado dónde estaba el secreto. Yo creo que lo había explicado claramente, aunque yo, el tema de la muerte, no veo que aparezca más al final que al principio, sino que siempre está ahí, ahí detrás.
Me da la impresión que con la voz que has encontrado aquí puedes ir muy lejos. Pero no quiero decir nada más sobre esto, porque tú sabrás.
Lo que no veo, créeme, es que te haya de costar pasar del cuento a la novela, sencillamente porque este libro, con un planteamiento mínimamente diferente, sería ya una novela. Porque hay una única voz y un único personaje central, y porque son cuentos, pero también son capítulos de un mismo libro. Sólo con unos estructura que los articulara como un conjunto, ya sería una novela. En realidad yo me lo he leído más como una novela que como un cuento, de tal manera que no te podría decir que me ha gustado más éste que aquel otro. Por motivos quizá puramente personales, me emocioné con Caballos, porque aquel llanto cuando la narradora vuelve a ver un caballo es quizá el momento más bonito del libro, y esto lo debería haber observado el filósofo, en realidad es allí donde se revive galopante, la cosa esta increíble de la libertad que ha sido un motor de la vida del-digamos-tu personaje.
Pero lo que te decía: me la he leído más como una novela en el sentido de que al personaje le van pasando cosas, e incluso los cambios de tiempo hacen que el libro sea más novela que recoge de cuentos. En este sentido no veo que puedas tener ningún problema con la novela. Y aún hay un elemento más propio de novela, que es el ritmo. En un libro de cuentos, quieras o no, cambian los ritmos, las frases. En este libro hay un continuo en la cantinela, y no es sólo la conjunción y, sino el gusto por las palabras llanas al final de las frases, la cosa esta de los dípticos y espondeus y el hecho de mantener siempre el tono de una historia contada, salmodiada, exactamente como leíste el cuento: como una ola y otra y otra y así desde el principio hasta el final sin cagar-ni una vez (excepto un salto de línea) tacatán-tacatán-tacatán ... tacatán-tacatán, tacatanda.
Oh, me estoy enrollando demasiado.
Sólo decirte que te has vuelto muy sabia."

nomesploraria dijo...

Quan passo amb el tren veig moltes vegades nois volant sobre les onades. Miraré si el reconec.

el objeto a dijo...

adhiero prácticamente en todo lo que dice D.C, era lo que intentaba decirte el otro día, con lo del tono, la voz, el lugar desde donde parece que te has situado para estos cuentos, se ve tan cercano o idéntico a que imaginaríamos para una novela!

también a mí me pareció que "el filósofo" (me encanta!) revelaba el secreto a su manera, y aunque parece que cada uno ve el secreto en un lado, pero en fin, que yo espero que puedas encontrarte pronto sentada en tu tabla de surf imaginaria, como G., contemplando la inmensidad de lo que te atreves a mirar de frente, su belleza extraña, y como él, te atrevas a avanzar con la ola...

besos

Belnu dijo...

Sí, Nmp, vigila'l!
Has vist quina cara de presonera que feia?

nomesploraria dijo...

No m'ho sembla. Estàs maca i fas una ganyota perquè et molesta el sol a la cara. El que passa és que conec la història del teu empresonament per la malèfica tieta rotenmaier i quan ho recordo m'impressiona.

Belnu dijo...

Qué buena imagen trasplantada, traducida, Objeto a, siempre psicoanalítica! Sí, cada uno ve el secreto en una parte... Ojalá sea como dices, como decís, porque para mí, cada libro parece que me obligue a partir de cero, parece ofrecer unos problemas tan distintos y me hace sentir de nuevo hormiga, intentando mover montañas!

Belnu dijo...

Gràcies, Nmp, jo detecto de seguida les seves traces (li molestaven els meus cabells arrissats i me'ls pentinava estirant amb força i amb una colònia que jo detestava i em feia aquestes cues ridícules i jo em sentia com aquells gossos que els pelen i s'amaguen... I a sobre de l'uniforme de l'escola em feia posar un davantal quan arribava a casa, aquest baby, que en dèiem, que duc

nomesploraria dijo...

Quina mala peça. Com es pot ser cruel amb un infant?

Belnu dijo...

Els fan tantes proves als pares adoptius però als naturals ningú els prova i alguns permeten aquestes coses i altres pitjors...

nomesploraria dijo...

Als pares que permeten aquestes barbaritats els hi haurien de fer com allò que deia en Dante (el de la Divina Comèdia vull dir): "El escarmiento va desde ser enterrados cabeza abajo a sufrir a perpetuidad las picaduras de serpientes o los latigazos de demonios". Ho he llegit avui a un Muy Interesante de la sala d'espera del metge.

Belnu dijo...

Ha ha... Al Muy Interesante citen la Comèdia, caram... Per això quan vaig aprendre a llegir els contes de fades em consolaven tant, perquè els dolents eren castigats terriblement, i ara puc entendre tristement perquè passava tot però en aquells anys només imaginava revenges i gent que demanava perdó agenollada, així vaig començar a escriure

Belnu dijo...

Francis. sí, creo que el libro puede leerse desordenadamente. Sólo que a mí me gustaría que se leyeran los dos últimos cuentos al final, así seguidos: Navidad serbia y Hombres con los que no me he casado. El resto pueden desordenarse perfectamente.

frikosal dijo...

Entiendo el sufrimiento de las olas y estos surfistas que se meten en el mar cuando nadie lo hace, seguro que no le va a pasar nada ... y ya estoy esperando ver por donde les sale a los míos esa cosa que todos más o menos tenemos. Yo soy muy protector con los niños, intento controlarlo pero me cuesta.
Ahora que los dos nos hemos convertido a la fe Mac tal vez podamos un día concelebrar alguna misa.

Belnu dijo...

Yo siempre sufro, pero también comprendo su pasión por las olas y el viento y le pregunto... Es verdad, podéis hacer una concelebración mac

ALBERTO GIMENO dijo...

Yo fui uno de los que participó en el Belvedere, junto a Alvaro, en esa velada nocturna de risas, complicidad espontánea y abandono de autocensuras en compañía de Isabel. Y, en efecto, el influjo de sus cuentos, de esa capacidad de revelación mediante el ritmo veloz e hipnótico de su palabra, de alguna manera gravitaba sobre nosotros. En cierto modo también nos desprendimos de la atadura formal del pasado, del cálculo sobre nuestro futuro, de nuestros “desvelos por el prestigio” y nos presentamos los unos frente a los otros predispuestos a construir el circulo cerrado de unas horas donde no hubiera otra justificación que mantenerse, generosamente ofrecidos, dentro de él.

Belnu dijo...

Gracias por tu comentario generoso, en tu prosa poética matinal "de sopetón", Alberto Gimeno! Y yo aquí, esperando al técnico de la caldera, días extraños...