lunes, 27 de octubre de 2008

Hoy era un día difícil


Foto: No sé de quién es la foto, me la mandó ARV, sin firma ni fecha...
Al salir de casa me crucé con la mujer triste y el hombre rabioso. Hace años que los veo por el barrio, ella anda siempre como zombi, con expresión y gestos de una densa tristeza medicada, amordazada, sonámbula, medio muerta. Y sin embargo se mantiene año tras año, envejeciendo lentamente en su estrategia depresiva. Él es un tipo maleducado que un día se negó a apartarse cuando yo pasaba con un maletón hacia mi casa y sólo me faltaban unos metros para llegar a la puerta, pero según él, yo tenía que desandar toda la calle hasta el semáforo porque esa acera es sólo para los peatones que van hacia el Besós, nunca para los que andan en dirección Llobregat, y aunque viviese ahí, no tenía derecho a llegar a mi casa por esa acera. Yo dije que no me movería y al final su mujer (que no es una mujer triste, sino corriente) tuvo que arrancarle de allí mientras él gritaba sus insultos y yo sonreía y les saludaba con la mano. Debería haber considerado un mal presagio cruzarme con los dos casi en el mismo momento, y no debería haber emprendido ninguna iniciativa, pero no suelo hacer caso de esos signos.
En mi casa, las obras habían recomenzado a todo estruendo con sonido dolby y sensorround. Cada diez minutos llamaban a la puerta: parece que es la única puerta donde hay que llamar, vaya uno adonde vaya. Por suerte, estaba aquí G. y también Mari, y podíamos reírnos. G. iba a comprarse un libro que yo ya tenía y que espero que le haya gustado, aunque tal vez era yo quien lo necesitaba hoy. La consolación de la filosofía de Boecio. Le he contado que el pobre Boecio las escribió en la cárcel y que le condenaron a muerte, no sé si con la cicuta o cómo. Le ha hecho gracia que la Filosofía le visitase para explicarle la iniquidad del destino... He recibido quejas porque un archivo que he mandado no sé cuántas veces no había llegado. Luego, otra llamada para avisarme de que mañana es el debate crítico de la ciudad donde estoy invitada a participar, con motivo del aniversario del Triangle/Fnac, lo que echaría por tierra mis planes de ir a yoga; pero tengo mis dudas. Han llamado de movistar para ofrecerme por décima vez mandarme las noticias por móvil; les he dicho como siempre que no me interesa, pero la mujer-robot seguía hablando, así que le he colgado y no he vuelto a coger. Y en esa mañana absurda, se me ha ocurrido una mala idea que no contaré aquí, sino en un cuento, y que sólo me ha traído problemas y malos entendidos. Pensaba que la comida con JC me animaría, pero aunque me ha contado cosas interesantes, ha estado de acuerdo en convertirse en personaje de mis cuentos y el pescado era delicioso, pero por alguna razón misteriosa, yo me he concentrado en sus ausencias... Se ve que hoy necesitaba yo una atención absoluta que era imposible. O quién sabe, tal vez fuese todo lo contrario. En el camino he llamado a otro de los personajes: me ha dicho que se sentía muy honrado, aunque estaba muy ocupado y concentrado en sus búsquedas particulares.
Al salir de allí me he dado cuenta de que estaba cerca de uno de esos raros e inmensos establecimientos donde venden la harina que necesitaba para hacer un pan. Me he encaminado hacia allí pero no la encontraba y un empleado hosco me ha dicho que se había acabado. He ido a una de mis librerías favoritas a buscar unos libros de Isabelle Eberhard que no tenían (pero los he pedido). Entonces se me ha ocurrido ir a buscar alguna pequeña y vieja estantería al único anticuario que conocía que no exageraba los precios, pero en algún momento desde que le compré el último mueble ha decidido subirlos. Tampoco tenía nada perfecto. En el anticuario de al lado, más clasicón, estaba mi pequeña y vieja estantería y a un precio humano. Por lo menos podré ordenar un poco mis libros sobrantes, he pensado aliviada.
Al volver a casa he pasado por los pakistaníes. Hace dos semanas que, cuando les pregunto si recibirán uno de mis tés preferidos para el desayuno, me dicen: "Mañana". Hoy he comprendido que para ellos, "mañana" significa el futuro, un futuro impreciso e incierto como nuestra economía. Pero ya no tenía fuerzas para bajar a la calle Llibreteria o a Balmes Gran Via para buscarlo. Además, hoy es el día que he elegido para dejar de tomar la tóxica vitamina B, que calmaba el dolor de mi brazo pero me causaba muchos otros efectos secundarios, además de envolverme en un olor medicinal, no sé si real o imaginado.
Me he sentado a mi mesa de trabajo y le he abierto la puerta de la terraza a la gata Gilda, pero había uno de esos vecinos que mantienen conversaciones estentóreas en sus terrazas o balcones, al parecer para preservar sus secretos de los de su casa prefieren que los oigamos los vecinos, también en estéreo. Así que he puesto el disco de Monteverdi que me sirve de escudo: el Vespro de la Beata Vergine. Ayer me dejaron un libro de Adorno sobre sus sueños que tal vez me inspire a recordar los míos. Creo que voy a cerrar mi libro de cuentos y empezar a hablar con editores posibles. Mientras andaba por la calle se me han ocurrido dos maneras de empezar mi otro libro, pero las he olvidado. JC me ha enseñado una tienda rusa de Passeig de Sant Joan, llena de productos interesantes sin traducción de la Generalitat. (Por cierto, NO iré a la FNAC esta tarde, sino que dedicaré esas horas a la mejoría de mi brazo dolorido. Con todo, es posible que participe en otro debate sobre la ciudad de esa serie).
Pero sería injusto no decir aquí que una llamada insólita, inesperada y sugerente me ha devuelto a mi mismidad. ¿Cómo ha podido adivinar mi interlocutor lejano que también a él le había convertido en personaje? Empiezo a creer en el misterioso efecto llamada de mis cuentos porque otro de esos personajes me ha escrito para preguntarme algo, después de un silencio de siglos (me he limitado a responder a su pregunta con un escalofrío; aunque en su caso da lo mismo, nunca me ha leído ni me leerá), dos me citaron sin saberlo, otro reapareció más o menos y el viernes tengo que comer con otro y tal vez le lleve su historia: sé que le gustará. ¿Pero hasta dónde llega el efecto de esos cuentos en lo supuestamente real?

4 comentarios:

nomesploraria dijo...

De veritat que aquest boig no et deixava passar? Quina gent!
M'agrada la macaó de "sonreía" però és una mica groga

zbelnu dijo...

És un boig del barri, té la sort que no l'han tancat!
Ah, potser és la digitalització del dibuix?

J. dijo...

Hay días que deberían comenzar dos veces la primera vez para poder salir con bien del bucle de su fatalidad. Por suerte la escritura está ahí para corregir la realidad. Recuerdo que fuiste tú quien me dijo que la literatura es una venganza contra la vida.

Animo con esos cuentos. Espero poder leerlos algún día.

Un abrazo

zbelnu dijo...

Es verdad, dear J., mil gracias por recordármelo. Es lo que me queda ya que los hados parecen obstinados en seguir con sus traspiés...