miércoles, 15 de octubre de 2008

Del hombre que llamaba demasiado y la resaca social


Foto: I.N. El mar, no muy lejos de Palma, 2008.
A veces, cuando suena el teléfono me sorprendo implorando a los hados o a los dioses griegos: "Por favor, que no sea él". No es que no resulte simpático, inteligente o interesante como interlocutor, todo lo contrario, pero yo todavía conservo la fantasía de que el teléfono (fijo) pudiera traer una buena noticia, la realización de un deseo secreto, un premio inesperado. Y este hombre llama demasiado. Ayer justamente me contó que en la telefónica le dijeron que consumía en exceso. ¿Por qué llama tanto? A veces he pensado que se resiste a aceptar su no presencia en mi casa y en todos los demás lugares donde alguna vez ha estado. Tanto llama que cuando deja de llamar, el silencio -su silencio- se hace estrepitoso. El efecto es potente: deja de llamar y todos (sus elegidos) pensamos en él. Sé que ha habido algunos que no han podido soportar ese silencio tan ruidoso y le han llamado para preguntarle si le pasaba algo, tanta era la costumbre. Yo aprovecho su silencio para valorar el estado de mi popularidad; aunque la mayoría de gente que quiere conectar conmigo, fuera del trabajo, "no suena", me escribe por email (alguno incluso por Facebook, sin importarles que sus mensajes sean transparentes, vistos por otros) para quedar, o por sms, y otros llaman al móvil (todo depende de la percepción: según G., a mí siempre me están llamando y no paro de hablar por teléfono... Lo mismo pienso yo de él...) El problema es que, cuando el fijo suena y no es el hombre que llama demasiado, puede ser una compañía, y eso es muchísimo peor. Ahora ya me desahogo con ellos antes de colgarles: "Mire -le dije a uno ayer-, no me interesa; para mí, todas las compañías telefónicas son una panda de forajidos, auténticos chorizos, y el chorizo mayor es el gobierno, que no les pone límites. Adiós". El hombre de Orange, que era argentino y tal vez llamaba desde Buenos Aires, se echó a reír antes de despedirse y colgar. Me acordé de ese amigo americano que les pide su número privado para llamarles a esta hora, o que les dice que se esperen un momento y tira el móvil a un sofá. Pero volviendo al hombre que llama(ba) demasiado, sus intercambios con las compañías y bancos tienen gracia, porque es ingenioso y tiene reflejos para contestar siempre como yo sólo puedo hacerlo casi cuando ya he colgado. Tal vez por eso llama tanto, porque le divierte medir su lengua viperina en cada situación. Una vez, cuando me quejé a una antigua amiga de esas llamadas, me dijo: "¡Al menos te llama un hombre! Yo tengo la sensación de que sólo me llama mi madre." Él suele llamar cuando entra en un taxi. Dice "Hola" y enseguida: "Vamos a la calle tal..." A veces lo dice en portugués y deduzco que está en Lisboa. También llama mucho desde aeropuertos (cuando le conocí, tenía horror a volar...!). En realidad nunca sé dónde está, y aunque a veces aparece por aquí, en mi mente vive en un espacio virtual, telefónico, entre taxis, estaciones y aeropuertos. Llama tanto que olvido preguntarle porque para mí, siempre está ahí, al otro lado de mis teléfonos. Si comunico, me llama al otro e insiste. Alguna vez le he preguntado por sms: "¿Qué querías?"... "Nada", responde. Y como siempre está ahí, acabo informándole de muchas cosas que no pensaba decirle, acaba demasiado bien informado, aunque a veces me niego a contestar a sus interrogatorios. Con todo, es casi imposible llamarle y encontrarle. Si uno quiere decirle algo, vale más esperar que vuelva a llamar. (Pero espero que el hombre que llamaba demasiado no se enfade: esto es una especie de homenaje a su silencio de hoy).
Anteayer fui a la presentación de un libro que pinta muy bien y que leeré pronto, un libro de memorias de alguien inteligente y buen observador de la realidad. En mi impresionable espíritu, el ambiente se me antojó una pesadilla. Naturalmente, hablo sólo desde mi subjetividad, extremadamente sensible a las leyes de la hospitalidad. No me gusta estar allí donde no me siento bien recibida. El porcentaje de personajes típicamente barceloneses que sólo me saludan si me ven hablando con uno de los importantes o codiciados era muy superior al de la gente cordial o que simplemente disfruta con la conversación y l'esprit. Vi a Cacho brillando saludado por todos, pero no iba a colgarme de él o de los homenajeados como ese bonito pez que se llama rémora. Vi editores que sólo me saludan si me doy a conocer humildemente, y tras hacer un esfuerzo de memoria más selecta que selectiva. A traductores que me miran de soslayo o vuelven la mirada, aunque en situaciones distintas me hayan saludado con entusiasmo artificial y me hayan escrito mensajes. A escritores que me han presentado muchas veces, siempre partiendo de cero, como si nada: coincido después con uno de ellos en los ferrocarriles, porque vive en mi barrio, pero nos alejamos sin decirnos nada, aunque veo siempre en sus ojos la leve bombilla del reconocimiento, como el gesto táctil de las hormigas al encontrarse. A mí, esas situaciones me devuelven a la inhospitalidad absoluta de mi infancia, y me remueven el higadillo. Así que no esperé a Cacho ni a Chapuis, que lo estaban pasando bien, y me escabullí de La Central del Raval, donde además, ni siquiera tenían mis libros (hace unos días, La plaza del azufaifo estaba en la mesa, me dijo alguien. Y luego supe que al menos ése lo tenían pedido, pero ese día todo parecía hostil, y tan distinto a La Central de Mallorca, donde siempre me cuidan y apoyan). Yo iba justo después a una reunión nocturna de la memoria histórica y el trauma, con la misma ilusión que un animal hacia el matadero. Necesitaba disfrutar de la soledad tras la indigestión. Pero allí me encontré inesperadamente bien, casi evaporado mi cansancio, en atmósfera afín, escuchando cosas que me interesaban, en intercambios y conversaciones reales. La conclusión: me temo que faltaré a todos los próximos eventos sociales en una buena temporada barcelonesa y me limitaré a ver a mis amigos (me falta tiempo para mí y para ellos y para el ocio y los deberes, por favor, que alguien le ponga un par de horas más a cada día...) en lugares donde mi presencia sí es grata; esos lugares existen incluso en esta ciudad, aunque anteayer, a pesar de los libros, pareciera imposible. Un amigo de hace mucho me hizo llegar ayer su deseo de verme, invitándome a comer "un viernes" en ese lugar (para mí lejano) donde transcurre su actividad, rodeado de jardín urbano compartido y con una "cantina", no muy lejos del mar y en esa otra Barcelona contemporánea que aparecía en la portada de mi Crucigrama. Iré: quisiera contarle que le he convertido en personaje de uno de mis cuentos nuevos, tal vez leérselo. Y quizás esa resaca de indigestión social hace que luego aprecie más la curiosidad receptiva y el afecto de mis amigos, que late en otra frecuencia...
Y en mi obstinación de salvar árboles en este país arboricida, podéis firmar aquí el manifiesto (NO paguéis dinero, son los de la web los que intentan recaudar, nada que ver con el manifiesto arbóreo) y podéis ver un ´breve vídeo de Aardman, la oveja Shaun, aquí: Saving a Tree que me acaba de traer G. Me dice Juan Manuel Grijalvo que dice Ole Thorson sobre el proyecto de la Diagonal: "El proyecto no está hecho. Ha habido muchas propuestas durante los últimos años y espero que saldrá una idea más respetuosa con los árboles. Se puede hacer".

16 comentarios:

Anónimo dijo...

Isabel, por la parte que me toca lamento profundamente que te sintieras mal. Tú sabes que tanto yo como el autor del libro te admiramos y respetamos como persona y escritora y que me-nos dio mucha alegría verte, como yo hacía de portera no capté tu malestar, puedo decirte que al final, comentando con unos pocos amigos sobre las personas que habían venido, todos ellos comentaron tu presencia con admiración y el autor con agradecimiento. Sé a lo que te refieres cuando hablas de ser invisible, a mí me pasa cada día y prefiero como tú dices excluirme. Respecto a lo que le dices de Dante, hay que aclarar que estaba rodeado de gente que lo quieren, respetan y no les importa que no hable, piense ni escriba en català. Este misomo comentario lo he dejado en el blog de Dante. Perdóname si mediante la letra escrita no me explico tan bien como quisiera. Mi cariño. Pilar

zbelnu dijo...

Un millón de gracias, Pilar. Desde luego que si se me indigestó la cosa no fue por ti, que fuiste tan cálida y acogedora como siempre, ni por José Luis, porque me hizo ilusión estar allí también por él (ni por Dante y Jorge!). Es que el mundillo cultural de BCN es así, desagradable, y yo nunca he sido aceptada como uno de ellos o en todo caso me queda aceptar esa especie de jerarquía del saludo condicionado a mi vasallaje y con fingida desmemoria, y no siempre estoy de humor. También depende del día: a veces me encuentro a tres o cuatro simpáticos, y ese día pues no estaban. Yo me alegro mucho de que Dante sí sea aceptado y reconocido, por eso siempre me sorprende que él no se dé cuenta o incluso que imagine que yo, por haber nacido aquí, he tenido ningún privilegio ni nada similar: al contrario, nunca he recibido premios, cargos, reconocimiento ni saludos de los importantes, ni tengo los apellidos ni el género que hacen falta para eso, ni seguramente la actitud. Pero en fin, qué se le va a hacer. Hay días que estas cosas te la refanfinflan y otros días en los que te agrian hasta un inocente zumo... Y también soy consciente de que en algunos es una especie de timidez cultural muy barcelonesa, de inseguridad, de no osar saludar por si el otro...

cacho de pan dijo...

cuando gané la sonrisa vertical y aparecí en todos los diarios y en la tele (qué otras épocas)ningún vecino de la escalera hizo el más mínimo comentario. Años después una vecina se atrevió a decirme que lo sabía, y la panadera, pasados también varios meses.
Me divertía pensar lo diferente que hubiera sido en buenos Aires...

zbelnu dijo...

Ja ja, qué gente! En Madrid todos te lo habrían dicho enseguida o en el Sur... Son saboríos, que dirían los andaluces

frikosal dijo...

En mi mundo es totalmente normal esto de no saludarte si no estás con alguien importante. Es más, lo contrario se considera de mala educación.

Yo más de una vez he tenido que ponerme serio, por que la gente te acaba perdiendo el respeto, les digo "¡ Pero bueno, Por que me dices buenos días !! ¿no ves que voy solo? "

Me han divertido mucho los enlaces a la rémora y a tus amigos (ese Frankenstein es casi como un hermano para mi)

zbelnu dijo...

Gracias, Friks! Los espíritus afines lo son por algo... LO que ocurre es que a veces, incluso en esos lugares encuentras a algunos afines y entonces te animas a volver, quizás en un día sensible y... ¡uf!

Ephemeralthing dijo...

Divino el enlace a "Save the tree".
¡Cómo me gustaría que los barceloneses actuasen como las ovejillas de la peli y no como las reales!, ... ui, ¡lo qué he dicho!.
En fin, poco a poco. Por lo menos hay un referente en la ciudad, aunque parece que todavía no se considera lo suficiente.

zbelnu dijo...

Cuál es el referente?

Ephemeralthing dijo...

jajajaj, ... ¡el gínjol del carrer Arimón, caramba!, ¿o sabes tú de algún otro árbol amenazado, y ya son unos cuantísimos, que haya podido salvarse gracias a la iniciativa ciudadana?

zbelnu dijo...

Pues sí, sé de otro al que ayudé a salvar hace unos meses, el pimentero falso del pasaje méndez vigo, que iban a talar por temor a que cayera, ya que se inclinaba, como suele pasar con esa especie. Alguien que no podía identificarse me pidió ayuda, yo a mi vez le pedí consejo a un trabajador de parcs i jardins que en aquella época era favorable a mis batallas (luego cambió de opinión) y él aconsejó una forma de sujeción para que no lo talaran. Y el árbol se salvó así, sencillamente, aunque sin implicar a los medios... Y ahora vendrán a ver al azufaifo unos de A Coruña que, según me dicen, gracias a mi libro se han animado a defender unos árboles allí amenazados

zbelnu dijo...

Bueno, no es exactamente que los de A Coruña defiendan unos árboles, sino que batallan para que no se construya en un patio de manzana donde además habitó en algún momento Picasso.

zbelnu dijo...

http://www.manzanapicasso.com/

cacho de pan dijo...

si son como nuestros consejales de cultura, lo tienen duro:
hace años descubrí-gracias a un libro editado en Alemania, de Taschen- que Picasso había vivido un tiempo en la calle Escudellers Blancs, en una casa que, aunque restaurada, aún existe...intenté que el ayuntamiento, con consejal de cultura joven y del PSOE, pusiera una placa o algún tipo de recordatorio... en principio no me contestaron y cuando, dada mi insistencia, lo hicieron, fue para decir que el asunto no tenía interés.
En algún lugar tengo todavía la carta.

el objeto a dijo...

aterrizo de nuevo en la blogosfera, con lectura atrasada por todas partes, me gusta rencontrar tus crónicas e imágens mezcladas,

aunque a todo el mundo le parezca normal tanta mala educación y frialdad, sobretodo en tierras catalanas, en que la gente tiende por naturaleza a ser menos expresiva, casi inerte en esos saraos, y aunque yo sufra una de esas soirées por temporada en mi mundillo de modernos (que no es el editorial) a mi me sigue produciendo el mismo estupor. Lo bueno es que antes aguantaba más, ahora en cuanto lo huelo, salgo corriendo!

zbelnu dijo...

Oh Cacho, por favor, publícala! Hazle una foto y ponla en el blog! O llevémosela a alguien de un periódico. La conservas con los datos? Si quieres la mando yo...

zbelnu dijo...

Sí, Petite a, tienes toda la razón, hay que irse corriendo y si acaso, hablar con alguien normal al llegar a casa, para desintoxicar de mezquindad barcelonina!