miércoles, 8 de octubre de 2008

Post-Madrid

Caspar David Friedrich, El árbol solitario.
El lunes cogí el AVE por primera vez para ir a Madrid. Aunque en esa feísima estación, que huele a dudoso aceite de coche frito, hubo un caos considerable, nos hicieron cambiar de cola porque se les había estropeado el aparato de control de equipajes y esperar lo suyo, lo cierto es que sólo se trataba de pasar las maletas por el escáner, y comparado con el horror que implica ya coger un avión, me pareció bastante llevadero. (Viajé sin compañero de asiento en la ida y en la vuelta, y eso es importante). En cuanto el tren arrancó y empecé a ver el paisaje corriendo por la ventanilla sentí la vieja felicidad reflexiva y fecunda de los trenes. Duró poco, pero yo estaba advertida. Aún no han hecho aquí, como en otros lugares de Europa, vagones sin móvil, y la gente más grosera está siempre ahí, dispuesta a contarnos toda su banalidad y los pormenores de su trabajo a gritos y desoyendo la petición de renfe de que bajen el volumen de los timbres. No me había dado tiempo a adaptarme un trastito de esos que acumulan música, así que llevaba un aparatejo obsoleto y más grande con unos cuantos cds, y me lo puse enseguida para ensordecerme ante la zafiedad. Como yo nunca escucho la música así, en los oídos, me molestaban los casquillos, y por otra parte, escucharla tan cerca, confundida entre los latidos y sutiles mareas internas de mi cuerpo, me confundía y sentía unos deseos irresistibles de bailar, como si aquellas melodías formasen parte de mi fisiología, procedieran de mi memoria o mis emociones. La idea de arrancarme allí (aunque no por bulerías) a cantar y/o bailar me hizo pensar en esa irrealidad caprichosa y teatral de los musicales, o en la película de Bjorg y Lars Von Trier, donde los personajes, en cualquier contexto cotidiano, se levantan, cantan y danzan en coreografías simétricas que nunca podrían ser espontáneas, ilustrando lo que acaba de ocurrir. Sólo que, mirando a mi alrededor, me pareció imposible que aquellos viajeros supieran desempeñar su papel, así que me abstuve.
En Madrid, además de disfrutar de la hospitalidad, los tés, la belleza del entorno y la conversación inteligente de mis anfitriones, fui al programa Las noches blancas, de Sánchez Dragó, junto con José Ovejero, Luisgé Martín y José Machado para hablar de la antología de Funambulista con cuentos (o fragmentos de blog, en mi caso) de nosotros cuatro y de Enrique Vila-Matas, Cristina Grande, Colectivo Todoazén, Rosa Montero, José Maria Merino, Fernando Aramburu, Antón Castro y Mercedes Cebríán. Pasé el trago del maquillaje, que siempre me produce aprensión, y no miré a la cámara como es debido, sino todo lo contrario, por reflejo inconsciente de camera shy. Hay que reconocer que Sánchez Dragó se prepara bien sus programas, se lee los libros con atención y no sólo deja hablar sino que escucha a sus invitados. Para mí, eso resulta más importante que el disenso o consenso ideológico en un programa de libros. (Y también la receptividad: de momento, no me quisieron -ni a mí ni a La plaza del azufaifo ni Crucigrama- en el único programa de libros que hay por aquí, y me consta que no ha sido porque no les gustaran mis libros. Naturalmente no cupo todo lo que yo quería, hablé de mis libros, me dejé cosas, sobre todo porque un contertulio planteó el tema de la memoria histórica, la guerra civil y etcétera desde una posición bastante opuesta a la mía (él quiso objetar a lo que José Ovejero había escrito en el prólogo y el epílogo del libro, para mí afín y muy atinado) y eso nos llevó a todos por otros derroteros; pero aún ahí, y ese tema es una de mis obsesiones, creo que pude decir algunas cosas que me parecían importantes. Luego nos fuimos a cenar los cuatro, aunque por un accidente o un exceso de prontitud, en la tv habían pedido un taxi para cada uno y llegamos al restaurante, en la calle Libertad, en cuatro coches. En la cena (el lugar era uno de esos sitios castizos con zócalos de mosaico y pescado en adobo) pudimos intercambiar información editorial y de revistas, repasar personajes del mundillo y despotricar de nuestras respectivas ciudades: ellos aún no se han dado cuenta de la degradación que está acabando con BCN, ni de los árboles que aún tienen en Madrid, pero claro, saben mejor que yo de las lacras de ruido, cemento y errores que allí les tocan. Más tarde, ya en casa y de madrugada, estuve viendo el programa de ese día (el nuestro saldrá seguramente en noviembre, nos avisarán y mandarán copia), una entrevista a Jaime Bayly absolutamente genial, por el personaje gracioso, excéntrico y talentoso y porque de nuevo SD se había leído sus libros con atención y parecía disfrutar de esa conversación.
Al día siguiente, con la lentitud forzosa de las interrupciones y la conversación, fui con mi anfitriona al museo Thyssen para ver la exposición ¡1914! La vanguardia y la Gran Guerra. Es una muestra amplia, con esa amplitud que tanto se da ahora, lo cual implica casi siempre o por fuerza irregularidad, es decir, junto a piezas maravillosas, cuya contemplación supone un privilegio gozoso que justifica la visita y la caminata, se ven otras sin interés o que no pueden compararse. Egon Schiele, Otto Dix, Paul Klee, Brancusi, Goncharova, Emil Nolde, sutiles y maravillosos Kandinskis, Léger!, Man Ray, Chagall, Picasso e tutti quanti, más la triste pequeña reproducción de cuadros que había que irse ver en la Fundación Caja Madrid, ya que la muestra se reparte en dos espacios. Otro problema era la señalización inexistente, que nos llevaba constantemente a aterrizar en salas donde se exponía la colección permanente: esa colección incluye pinturas maravillosas (Caspar David Friedrich es un ejemplo) y era imposible resistir la tentación de mirar un poco, de asomarse a esos paisajes que yo querría atravesar, entrar en el cuadro reviviendo mi viejo deseo de niña, de huir del mundo espinoso y hostil que me rodeaba adentrándome en la atmósfera sugestiva de muchos cuadros (algo que sólo pude hacer leyendo, naturalmente).
Encontrar un sitio para comer algo fue difícil, pero al menos, me consoló la frondosidad de Madrid, que está llena de árboles gigantes e inmensos, abetos, magnolios, plátanos y tantos otros y esos árboles (algunos salvados por la baronesa, en el gracias a ella aún hermoso Paseo del Prado... Por cierto que en el programa me preguntaron: "¿Y tú no tuviste que atarte al árbol?" No había tiempo de explicar mi espíritu impaciente e inquieto, pero sí conté de tantos ofrecimientos de amigas y conocidas, algunas célebres, que me dijeron cosas como: "Si hace falta yo me ato al azufaifo, pero tendrá que ser esta noche, porque mañana salgo de viaje, o sólo de 7 a 8, o mañana por la mañana antes de mediodía, ya que luego tengo que hacer una comida, tengo una reunión..." Diría que todas eran mujeres.) Y no tuve tiempo de ver a mis amigos, así que la próxima vez procuraré ir más días. Yo siempre he sido bien acogida en esa ciudad, a pesar y al margen de quien la gobierna, y para mí, las leyes de la hospitalidad son sagradas.
Volví de noche, de nuevo en un AVE que me parece carísimo, auténtico latrocinio como ya casi todo en este país, pensando en un cuento de Daniel Handler donde todo vale millones de dólares y el dinero se le acaba a la protagonista en 9 días. Pero es que aquí, hablar por móvil vale mucho más que en el resto del mundo, y la verdura y los productos básicos son muy caros respecto a los bajos sueldos, y eso, unido al fragor de las obras, a los árboles talados, a los edificios antiguos y valiosos derruidos hace que la vida no sólo se haga difícil y nuestras ciudades inhóspitas, sino que además, lo cotidiano sea áspero e irritante. Volví preocupada por un dilema espinoso que me tiene preocupada y encontré a G, que me enseñó una vieja animación que me encanta: animales de plastilina entrevistados y hablando con acento y gestos muy británicos de sus condiciones de vida en cautividad y sus quejas (Aardman).
Se me olvidaba decir que durante el viaje en tren a Madrid me llamó Lucas López, de Radio ECCA para entrevistarme en un programa de libros y otras cosas que se emite en Canarias, "Nos gusta la gente", sobre La plaza del azufaifo. La entrevista se hará el domingo a las 19, hora de Barcelona.
Por cierto, firmad mi manifiesto aquí. Han empezado a aparecer algunas firmas ilustres entre los firmantes (arquitectos, psicoanalistas, escritores, artistas, críticos...). No comprendo a los que firman como anónimo: esos votos no contarán de ningún modo. Reenviad la dirección a la gente que conozcáis, por favor. Por cierto, me han dicho que en esa web piden dinero para campañas: nada que ver con esta campaña. No hemos pedido dinero.
Mi artículo de hoy en La Vanguardia Culturas aquí.

24 comentarios:

frikosal dijo...

Estupenda crónica, ya estábamos los habituales sobre ascuas preguntándonos como te habría ido en la capital.

Veo la luz en ese cuadro y me doy cuenta de que en fotografía se está empezando a exigir una luz en las sombras de la que la pintura al parecer puede o podía prescindir, y eso me recuerda que existe un rigor academicista implacable que exige lo técnicamente difícil solamente por ser difícil. Y está empezando a ser una carga en mi opinión. Pero me salgo del tema.

Ya nos avisarás si el programa puede verse en youtube o similar.

zbelnu dijo...

Gracias, Friks!
Todo depende del criterio para juzgar. Supongo que esos tecnicismos exagerados se hacen para seleccionar, ahora que hay tanta gente que usa el medio fotográfico. Ahora bien, el arte NADA tiene que ver con esos tecnicismos. Ni la magia de la mirada fotográfica. Para mí, se trata de expresar un universo propio o una mirada, es decir, la subjetividad, de una manera que llegue a alguien.
Me hace pensar en la diferencia entre una actitud científica (abierta a lo nuevo y a lo que aún no está ya demostrado, como posibilidad) y el cientifismo (esa gente que cree que sólo existe lo ya demostrado y niega ninguna otra posibilidad).
Mmm, en youtube sólo saldrán trocitos, me temo. Si yo fuera experta, cuando me llegara la copia podría colgarla... pero no sé nada de todo eso...

Ephemeralthing dijo...

Absoluta identificación con tus apreciaciones de todo lo vivido en esta corta escapada. Este verano al cabo de unos cuatro días de estar fuera de Barcelona llamaron al móvil de uno de mis acompañantes berlineses y sonó como una auténtica rareza. Hacía todos esos días que no escuchaba un sonido parecido y me resultó extrañísimo y muy escandaloso.
Comentaste hace unos días que a partir del domingo se podría encontrar en youtube el reportaje que hicieron en Localia sobre el azufaifo. Lo he estado buscando y no lo encuentro, ¿es posible que nos coloques el enlace?.

Delicioso el león de Nick Park, y a propósito de Friedrich: http://ephemeralthing.blogspot.com/2007/10/romanticismo.html

zbelnu dijo...

Gracias, Eph!
La verdad es que el periodista de Localia me dijo que lo colgaría el domingo por la tarde, pero no debió de darle tiempo... le escribiré para ver si lo hace...
Me voy corriendo a buscar verduras (pagando su peso en oro) bajo la lluvia, pero a la vuelta veré ese link tuyo asociado a mi querido CDF...

Anónimo dijo...

Es verdad que la música es alimento. Como otras cosas. Lo que ocurre es que no toda obliga a moverse, o sí? Exite un equilibrio en música entre la cerebral y la física?
el saber escuchar es primordial para una buena conversación, totalmente de acuerdo. Y parece que los grandes museos programan exposiciones algo oscuras en estos momentos, también. Pero me parece una esencial revisión de la vanguardia.
VM tal vez dió un pequeño giro con éste libro y resulta algo distinto..
iluminaciones.

zbelnu dijo...

Es verdad, Ilumin., hay música física o sensual y música más intelectual, supongo.
Me parece bien lo que dices de revisar la vanguardia. Yo no creo que la exposición sea oscura, sino que olvidaron señalizar dónde empieza y dónde acaba...
¿Con qué libro dio un giro VM? No con "La España que te cuento", donde publica un cuento de "Hijos sin hijos"...

RFT dijo...

Siento no haberla visto de lejos en el Thyssen, ¿o sí la vi?
Llevo unos días ajetreados, dispersos, algo castigado por confundir un ficus con un magnolio.
¿Vio los magnolios del Thyssen?
¿Y los maceteros grandes con los camelios?
Me alegro de que haya disfrutado de esta ciudad que yo odio amablemente, aunque ahora la paseo en moto y se ve de otra forma. Y en cuanto a comer, le recuerdo que como no me avisó, no pude aconsejarla ni siquiera un arenque en Edelwëiss.
La idea de que las exposiciones estén partidas con la Fundación Caja de Madrid le permite subir dulcemente por la Carrera de San Jerónimo, comprar turrón si lo desea en "Casa Mira" y tomar una copa de "Alfonso" en Lhardy, junto a un caldito.
Yo creí que usted salía esa noche y me quedé dormido viendo a Baily y a Sánchez Dragó, que está feliz de conocerse a sí mismo.
Trataré de verla en noviembre.
Avanzo en "El gran cuaderno" de su Agota Kristof. Ya me he caído de la escalera que sube al desván porque alguien serró un peldaño. Al menos yo no me hice daño, ni caí sobre el hacha que reposaba al lado de mi cama.
Buenas noches.

RFT dijo...

...Y es cierto, su petición arbórea reclama dinero. Aunque si se firma y no se envía la donación, también la cursan.

Anónimo dijo...

Oscura decía por el énfasis en el título de la misma en relación con la exposición.
No, me refería al dietario, en los que parece tratar los temas desde otro prisma..

zbelnu dijo...

Estuvimos a punto de entrar en Edelweiss, pero mi amiga sugirió que la comida alemana no era adecuada para el momento... Turrón? Mmm, el azúcar no me sienta bien y procuro evitarlo.
Vi muchos árboles magníficos y ahora no sabría decir dónde estaba cada uno... Castigado por eso? Oh no... Al menos, no aquí, donde yo me equivoco siempre. Me acaban de regañar justamente por eso, por equivocarme.

zbelnu dijo...

Ah, ese Dietario voluble, Ilumin.... Aquí lo conocemos a trozos, cada domingo en El País Catalunya, pero en formato libro se transforma, adquiere una continuidad distinta, otro sentido...

cacho de pan dijo...

y no sería interesante saber quiénes son esos ilustres firmantes?
Ayudaría para que los indecisos firmen?

zbelnu dijo...

En la web se ve sólo los que han firmado. He puesto el link muchas veces. Yo no puedo decir los que me han dicho que firmarán, ahí están los que ya se han decidido y no han elegido esa extra´ña opción de que su nombre no figure o que firman con un "Jose" o "Artur" sin poner apellido... no lo comprendo... o esos anónimos que intentan convencernos de que esta ciudad tiene más árboles... en fin.

cacho de pan dijo...

no había visto que la lista estaba allí
creo que los anónimos ni deberían figurar: no existen.

zbelnu dijo...

Ya, pero por desgracia, Cacho, yo no diseño esas páginas web, ni he podido encontrar ninguna que funcionara bien para recoger firmas. Y ojalá pudiera yo suprimir esas opciones de anonimato y de recoger dinero. Sólo puedo insistir una y otra vez en que no figurarán en la lista, pero ellos, erre que erre, anónimos o nombres de pila

Ephemeralthing dijo...

... por cierto, otra vez, ¿conocéis la web, es nueva, de Vila- Matas?. Están muy bien las diferentes secciones.
Aquí el enlace:

http://www.enriquevilamatas.com/index.html

Saludos.

ORIOL dijo...

Ai, Isabel...tú a esas horas cenando en la calle Libertad y yo, sin saberlo, trabajando justo en la calle Barquillo, a 50 metros de distancia. Causalidades-casualidades que diría el cursi...en cualquier caso intuyo que de algún modo la debemos fomentamor. Sé que eres partidaria de estos encuentros y coincidencias fortuitas que tu mirada siempre troca sagazmente en algo mágico. Te animo a escribir algún día un post (incluída la visión psicoanalítica) sobre estas casualidades

zbelnu dijo...

Sincronías, así es como llaman a esos pequeños azares mágicos los creyentes. Es la mentalidad Bomarzo: en esa novela, todo eran signos significantes, el vuelo de un pájaro, la campana que sonaba, el gallo que cantaba... Hace años había una tienda de bisutería en la calle Barquillo donde yo me compraba pendientes antiguos cada vez más espectaculares y teatrales. También allí al lado, en Almirante, un amigo montó el Local, en plena movida madrileña. Tantos años... Habría sido divertido encontrarnos, pero ¿cómo? No nos habríamos reconocido.

RFT dijo...

"LA DINÁMICA DE LO INCONSCIENTE"
Carl Gustav Jung, Obra Completa, Editorial Trotta, Madrid 2004; Volumen 8, página 509 (19):
"SOBRE SINCRONICIDAD"
*******
Con independencia de lo "cursi" hay un verso en uno de los últimos trabajos de Aute, que habla de "la causalidad de los azares", pero hay que buscar la canción, como ese anillo prerrománico de la vitrina próxima al tesoro de Guarrazar o como el retrato de ese hombre extraño a la izquierda del de Gertrudis Gómez de Avellaneda en el Lázaro Galdiano, donde también hay árboles grandes.

zbelnu dijo...

Lo siento, RFT, pero yo prefiero las explicaciones de los freudianos, de Jung sólo me gusta aquel libro de memorias tan bonito y poético, ¿cómo se llamaba? Recuerdos, pensamientos y sueños, diría. Pero no me gusta el pensamiento junguiano y sobre todo su escuela es tan poco rigurosa y sin recursos, y en casos graves acaban tirando la toalla y recurriendo a lo peor.

RFT dijo...

Lo que ya trataba de señalar, no sé si errado en ello o no, es que el término SINCRONICIDAD fue utilizado inicialmente y por primera vez por Jung en tal trabajo citado. Es decir, que creía a Jung el inventtor del término. Nada más.
Siento si me he equivocado en ello pero así lo creía hasta hoy.

La lectura de su blog CRUCIGRAMA me llevó a Agota Kristof y el "Mal de escuela" de Pennac a Georges Perec, identificado como perteneciente a la misma línea o escuela de Le Clézio, el nuevo Nobel de Literatura.
Por ir sincronizando.
He acudido hoy a mi dentista (realmente ella es dentistA, puesto que no parece haber "dentistos" como "modistos", si bien parece que el otro día en el Parlamento, y como si no estuviera lloviendo nada en el mundo, alguien andaba tratando de reivindicar la palabra "miembra" en vez de "miembro", con cierto tesón), no por mí, que ya lo hice hace unos días, sino por Saluíta, que es de Barcelona como usted, aunque no resida allí, y he podido echar un vistazo al diario "El Mundo", periódico que me resulta difícil de digerir desde hace algunos años (pese a considerarme amigo de Melchor Miralles). En el ejemplar de hoy, un columnista habitual (no quiero ni dar su nombre) señalaba que muchas personas estaban hoy buscando en Google quién es Le Clézio, comentario que me ha parecido de un cretinismo obvio, sobre todo porque el columnista revindicaba a Mario Vargas Llosa. Luego he sabido de las alegrías de Saramago o de las alabanzas de Tahar Ben Jelloum, sobre el nuevo Nobel, pero esta tarde, mientras hacía tiempo para el cine, he visto un libro titulado "Cómo hablar de los libros que no se han leído" (Anagrama), que se cita así en el blog de Juan Pedro Quiñonero:
"...¿Cómo hablar de los libros que no se ha leído? (Éditions de Minuit), de Pierre Bayard, que ya perpetró un libro indispensable para ganar premios literarios: ¿Cómo mejorar las obras fallidas?, dando consejos prácticos para mejor con éxito los libros fallidos de Víctor Hugo o Miguel de Cervantes..."
http://unatemporadaenelinfierno.net/2007/03/10/como-triunfar-hablando-de-libros-sin-haberlos-leido/

No sabiendo pues mucho de escuelas psicoanalíticas, aunque algo de sincronicidad, no pretendía meter la pata una vez más, entre ficus y magnolios.
Buen fin de semana.

P.S.: ¿Por qué le sienta mal el azúcar?

zbelnu dijo...

Toda la razón, RFT, Jung utilizó ese término, bien dicho. Perdone mis exabruptos, que igual no venían a cuento...
El azúcar me sienta mal, en efecto, sobre todo combinado con según qué. Es cierto que entre dietistas, cada maestrillo tiene su librillo, pero cada uno tiene que hacer caso sobre todo a su cuerpo y a los efectos que le produce lo que ingiere, ¿no cree?
Yo no soy fan de Le Clézio, de quien sólo he leído un libro que no acabé, y si lo conozco es porque siempre ha sido personaje del mundo literario francés y físicamente tenía su imagen grabada. pero me he alegrado de que no se lo dieran a V.LL., por su ideología, por sus posiciones políticas, por su arrogancia diciendo que los españoles se equivocaron al no seguir votando a Aznar, etc.

J. dijo...

Hace apenas un par de meses estuve en el Thyssen, entonces la itinerante era de Miró. De todos modos yo iba buscando un lienzo de Delvaux que fue retirado precisamente a causa de la exposición de Miró. Fue un poco absurdo, hacer tantos kilómetors para ver un cuadro que no está. Me hubiese venido de perlas contar con el guía del Hermitage, aquel personaje entrañable de la obra teatral de Morote...

Un abrazo

zbelnu dijo...

Pues Delvaux estaba bien representado ahora! Y en cuanto al maravilloso guía de la obra, tampoco le vi en el auténtico Hermitage, en su lugar había unas furiosas matronas que habría metido una dentro de otra, como las allí ubicuas matrioskas (por cierto, qué ironía popular, del zar a putin todas esas matrioskas que venden por todas partes, como una consoladora reflexión de que todo cambia)...