Esta mañana había quedado con una amiga australiana de veintifú, Christian. La conocí cuando acababa de llegar a Barcelona, estaba algo perdida y llena de dudas y me sorprendió la mezcla de insight y sensibilidad con que hablaba de su vida, y sus escenas a veces iluminadas por la influencia de su tía psicoanalista y sus propias reflexiones e interrogaciones, más allá de las convenciones, pero con la frescura de su edad. Are you a cat person or a dog person? me preguntó. Luego conoció a mi gata Gilda y conectaron, ya que también ella era una "cat person". Enseguida hizo muchos amigos en la ciudad, y antes de volver a Australia a acabar la carrera, dio una fiesta de despedida y me convenció de que fuese; y no me arrepentí. Hoy ha venido con otra australiana a la que conocí en aquella fiesta, Sophie, con su aire de inglesa años treinta que enseguida me gustó por afinidad (yo también tengo algo de esa época y anterior!), que entonces tenía un restaurante en Gràcia, y luego lo cerró para dedicarse a escribir y ver más a sus hijos. En aquella fiesta, mayoritariamente de extranjeros, me gustaron cosas que no son tan corrientes por estos lares (dejando aparte a mis amigos), que las mujeres fueran feministas sin avergonzarse, que la gente fuese amiga a pesar de grandes diferencias de edad, que la conversación inteligente, las afinidades culturales y la discusión reflexiva fuesen los alicientes máximos incluso entre los muy jóvenes, etc. Hoy hemos vuelto a tener una conversación interesante las tres sentadas en la terraza de un bar, y nos hemos contado nuestro momento, antes de que ellas se fueran a comer calçots. Por allí han pasado Cacho y Jorge muy ufanos y se han parado a hablar con nosotras, y luego también el padre de mi hijo, que ha saludado sonriente sin detenerse.
Al volver a casa he acabado la corrección del libro del azufaifo, cada vez estoy más contenta de que salga ese libro. Un amigo escritor que vive en Marsella y enseña en Toulon me ha escrito: Espero con ganas tu libro sobre el azufaifo. Los árboles son la memoria, reconciliando el Sein y el Dasein (mal que le pese a Heidegger). A mí me gusta esa idea de que los árboles son la memoria y que reconcilian esas nociones ontológicas del ser en el mundo, el ser primario, el sujeto, etc., con sus raíces arraigadas en el suelo y sus ramas extendidas en el cielo.
Y después, he sacado de la carpeta los dibujos que los niños de l'Escola Sant Gregori hicieron de nuestro azufaifo. Son dibujos poderosos, exuberantes, magníficos. (Por cierto que al calificarlos así, he recordado que en la presentación de Slavenka Drakulic se me acercó uno de mis alumnos del posgrado de Traducción de la UPF, un chico italiano, y me dijo que había leído mis cuentos de Crucigrama y le habían gustado. "Son potentes", me dijo. Pero no tuve ocasión de preguntarle qué veía. De hecho, me interesaba cómo sería la lectura de alguien tan joven, pero en aquel preciso momento se me escapaba un editor que me hizo una propuesta para el mes de abril, y tuve que interrumpir a mi alumno de octubre.
Después de leer la reseña de Vila-Matas en el Babelia (es una suerte que ocupe ese espacio), mientras escaneaba esos dibujos potentes de azufaifos para ponerlos en el blog, he pensado que quedan mejor todos juntos, se apoyan y refuerzan y multiplican su poderío imaginativo. Me han dado ganas de enmarcarlos y ponerlos en una fila en mi pasillo. Y luego he llamado a Ninca y le he propuesto que los expongamos y hagamos así algo para desencallar el silencio municipal sobre nuestro azufaifo. Y ella ha estado de acuerdo; no es casual que hayamos podido hacer todo esto juntas. Mirando los dibujos, pensaba en esa brutalidad con que los niños (sin constricciones sociales, ni expectativas calvinistas, ni consideraciones represivas sobre cómo deben representarse las cosas) dibujan y se dibujan y representan su mirada pura a lo bestia, nos enseñan el mundo en el que están inmersos con toda su violencia y sin vergüenza alguna, en este caso un mundo fálico, pues son árboles, aunque variadísimo y contradictorio y rico (troncos que ocupan toda la página, hojas como flechas, troncos arrinconados, divididos, árboles como manos, como garras, raíces como patas, ramas como dedos, hojas como cabelleras, pájaros como aviones, troncos como castillos con almenas, geométricos y ondulantes, negros o naranjas, palabras que se encaraman por el tronco o nombres que se afrancesan, animales metamorfizados, geometrizados, multiplicados...), y ese material, esos dibujos son tan valiosos como los sueños para ser analizados, y he llamado a V (que estaba contemplando la idea de volver a ver Mogari no Mori) para decírselo.
Ha muerto Palau i Fabre, amigo de mi amigo Àngel V., y lo más triste es que he ido a leer la noticia en La Vanguardia y he visto los comentarios de unos zafios, ignorantes, estúpidos internautas burlándose de él sin saber siquiera quién era ni poder entenderle ni llegarle a la suela del zapato. Qué sabrán ellos, he pensado hastiada, de la modernidad innovadora y vanguardista y alocada de Palau i Fabre, que era a la vez artista y erudito, aventurero y dandy en París, y con su mirada especial plasmó su pasión picassiana mientras componía sus poemas luminosos, reinterpretaba la tradición y traducía a los franceses, y escribió las metamorfosis de una Ovidia femenina, y dibujó y jugó y brilló y hasta hace poco conservaba su preclara cabeza, aunque hubiera perdido el oído. Y he recordado ese interesante museo suyo en Caldetes que visité hará uno o dos años, y he pensado una vez más que todos los que me enseñaron algo se mueren y lo que queda es la zafiedad analfabeta de esos estúpidos que le insultaban con sus comentarios. "Ustedes no hablan, hacen ruido", dijo una vez un filósofo que salió mucho en televisión y acabó enloqueciendo. Eso quería decirles, pero me he detenido a tiempo: es absurdo hablar con gente así, no sirve de nada.
Por cierto que muy pronto, también en abril, saldrá la antología de narradores ibéricos en Funambulista que recoge también un fragmento de este blog. Y daré tal vez una conferencia sobre traducción con ocasión de un premio: a mí me gustaría vivir de mi escritura, conferencias, clases puntuales y artículos en los medios. Y no traducir más que muy de vez en cuando, siguiendo mi deseo. ¿Me lo concederá el azufaifo? Y ahora me voy a leer.






