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sábado, 2 de febrero de 2008

Aterrizar de bruces en la calle... y el flautista de Hamelín

Ilustración: Balthus
He pasado junto al azufaifo, pensando por enésima vez en la gente que tira basura y he ido a nuestro muro a ver hasta qué punto estaba al día la información. El dueño de la colchonería que hay enfrente se ha acercado con su niño encaramado y me ha dicho que en el terreno del azufaifo hay ratas, ratas gordas, y que han avisado a Civisme para que pongan remedio (o habrá que llamar al flautista de Hamelín). Me ha dicho que ahora llamar a la Guàrdia Urbana no sirve, según él contesta una operadora telefónica subcontratada que no les avisa de los mensajes. También dice que al derribar la casa dejaron las alcantarillas abiertas y los simpáticos roedores campan por sus respetos, seguramente alimentándose de la basura que les tiran los amigos constructores y vándalos afines.
Luego, he leído en el muro un artículo de "Monumenta" donde contaban la historia del azufaifo de una forma muy distinta a la que yo recuerdo. ¿Tendrá razón la revista filosófica Las Nubes, y no habrá que hacer caso a los periodistas? ¿O será sólo a algunos?
Como la letra impresa impresiona, empiezo a preguntarme si lo habré soñado todo. Por lo visto algunos escritores y personalidades del mundo de la cultura, que tal vez pasaban por aquí se adhirieron espontáneamente. Nadie les escribió ni les llamó. Tampoco existió ningún blog. La prensa naturalmente y la tv vinieron solas, sin que nadie les escribiera, llamara ni insistiera. Luego se organizó sola una fiesta de poetas y músicos, donde las intervenciones que destacaron fueron las de Ninca, el abogado y yo!!! convertidos tal vez en poetas y músicos o sustituyendo a los auténticos. ¡Qué suerte que Ninca y yo no tuvimos que hacer nada y se hizo todo mágicamente! Qué suerte que no tuve que dejar de trabajar tantas horas, días, meses, ni escribir a escritores o periodistas, organizar la fiesta de poetas y músicos, sin experiencia y con el distrito en contra. Tal vez no es importante que hayan catalogado el árbol, ni los informes expertos que se presentaron. Tal vez lo único importante sea ¿qué?
No importa, todo es ficción y cada uno se cuenta la historia que quiere. También una vez oí a la regidora del distrito contar un cuento de hadas del azufaifo en el que había sido el propio ayuntamiento quien había descubierto el árbol y había decidido protegerlo. Por suerte, estábamos allí Ninca Lacruz y yo para corregir su versión de Heidi. En fin, se supone que lo que cuenta es el resultado, y el tiempo que creía haber invertido en eso debí de pasarlo soñando. Pero a partir de este momento, lo que contaron en El País, La Vanguardia, El Periódico, Avui y Els Matins de Josep Cuní, entre otros, se ha convertido también en ficción, ya que coincide con mi sueño.
Ayer, por cierto, hablé con el luthier Pau Orriols, muy amigo de nuestro azufaifo y cuya peonza de esa madera dura y suave llevo siempre conmigo. Me dijo que quería hacerle otra pieza a Ninca, también de fusta de ginjoler. Me contó que en cuanto pudiera iría a Mallorca a ver el vetusto azufaifo que crece en el jardín de Moneo. Y también me dijo que a nuestro árbol, él no le echaría 200 sino 400 años, porque él ha visto muchos troncos y los anillos están apretadísimos, un Ziziphus adulto apenas crece, etc. Se alegró mucho de que se publicara el libro, y más con un prólogo tan lustroso, porque él ha estado desde el principio en esta historia, aunque los de "Monumenta" no podrían ni imaginarlo. O bien también soñó lo mismo que yo.
Mientras, yo volvía de una pesca tardía y a deshora de unos preciosos y poéticos librillos, de los que hablaré más adelante, porque algunos son para un cumpleaños. Hablaré de uno de Enric Casassas, El poble del costat, que aparece en una colección de Narrativa, y en realidad son escritos publicados en distintos medios, de género impreciso o múltiple, recorridos por ese fuego doloroso y alegre, irónico y cerebral que le caracteriza, un nervio poético-musical iconoclasta y vitalista, qué sé yo, un verbo agitado que corre como caballo desbocado y que se oye, al menos yo le oigo leyéndole, como si le hubiera escuchado decir todo el libro y lo recordase, como en la caverna platónica, como en la festa del ginjoler, donde según Monumenta no actuó o no fue destacable.
De haber leído antes el poema con que empieza, le habría incluido en aquella conferencia mía de las Coreografías del deseo en torno a los sorprendentes ensayos de la degradación amorosa de Freud, junto con Gimferrer, Dorothy Parker, Luisa Castro, Carver, Cervantes, Proust, Charlotte Perkins, Edith Wharton, Marguerite Duras y Roland Barthes... Copio un fragmento, no resisto:
"Però jo estimo el meu dolor
i així traeixo i faig trair
i així tinc por i així faig por
i em poso així gelós de mi,
que no hi hagi res fàcil,
i així l'orgull cau del cavall
i així vaig perdut i robat
per un fantasma quasi
i així l'amor el duc forçat
perquè l'amor no em deixi en paus.

Doncs dic que així se'm mor l'amor
i així la dona faig patir
per adorar-la per favor
fins a ofegar-la de desig
per un pinyol de dàtil,
per un donar-se que es fa fals,
per un dependre fantasmal
fins que es torna automàtic,
llavors em deixa amb els meus mals,
llavors em diu: si et toco, caus."

Yo estoy tentada de copiar aquí por lo menos la mitad del libro. Por ejemplo, la Nota que sigue a ese poema introductorio, y que también puedo oír:
"Que em treguin de casa. Que pugin a l'escenari i em treguin de casa. Que m'aixafin amb una cirera gegantina i em deixin empastifat i regalimant de polpa madura, quasi càlida i quasi negra. Que just quan estigui a punt d'esclafar-me, el pinyol se m'obri i em mostri una cambra, més lluminosa que el teatre i més serpentejant que el foc, perquè hi entri amb tu i ho pugui entendre tot, des de la forma de navegar de la mort fins al nom de la carxofa: el cor dels camins, la rambla dels desconeguts, on tot em recorda alguna cosa. Que em treguin de casa, que m'inflamin, que em portin a l'altra casa.
Si no fos pel món teu de la fantasia no sabríem res de la realitat, no seríem ni un tros de suro, no hauríem sabut mai ni que algú va matar una mosca ni d'on venen els nens."
En la página 18 hay un escrito llamado Poema que también copiaría aquí, si no tuviera otras cosas imperiosas que hacer y si no fuera porque los de Empúries acabarían demandándome por copia ilegal. Y concluyo: si los funcionarios de Civisme no reaccionan, considerando que empieza el año chino de la rata, creo que habrá que llamar a Casassas y pedirle que venga a recitar al pie del azufaifo, para que se las lleve, roedoras hipnotizadas, hacia acullá, porque él es el mejor flautista de Hamelín que corre por estos lares. Y si no, pues que le acompañe Feliu Gasull.

miércoles, 12 de septiembre de 2007

En La Vanguardia


Foto: I.N., los ombúes de Cadaqués, 2007


El jinjolero y su dríade

Finalmente, la presión vecinal ha conseguido salvar de la tala o trasplante y segura muerte al jinjolero de la calle Arimon, convertido ya en emblema de una ciudad medioambientalmente más sostenible. Si en Murcia le llaman jinjolero, ¿por qué no llamarle siempre así, que también es correcto, en vez del más farfullante azufaifo?

El jinjolero es un árbol aquí algo raro, que por esta época del año madura unos pequeños frutos más bien ásperos que no tienen aprecio comercial alguno. Y además pincha, porque sus ramas son espinosas.

Por eso dicen en Mallorca que en todo jinjolero anda emboscado un moix, o gato: porque araña. Pero, aunque no pueda abrazarse, el jinjolero es un árbol mágico. Sus frutos tienen algunas virtudes antiespasmódicas. O incluso también narcóticas. Se ha dicho que es el fruto –¿prohibido?– que comen los lotófagos en el célebre pasaje de la Odisea. Y en Italia, de alguien que está flipado, o un poco tonto de amores, le dicen que “está en caldo de jínjoles”...

En mi infancia hay un jinjolero como hay un níspero y un granado, y un albaricoquero, y un ciruelo, y un peral, y un cerezo, y una higuera. Y siempre sospeché que fue alguien con secreta intención quien plantó los árboles que decoran lo que tradicionalmente llamamos el bosc perdut, en el lecho del torrente, al oriente de la casa. Además de algún manzano y de algún membrillero había por allí muchos frutales como primitivos, con sus bayas salvajes: lledons, atzeroles, serves... Cohabitando la espesa penumbra, sugerían, efectivamente, un paraíso en el que creer posible alimentarse uno sin el sudor de su frente.

Años atrás planté un jinjolero a instancias de mis paisanos los luthiers Pau y Xevi Orriols, que aprecian tanto estos árboles que no sólo tienen controlados los pocos que hay en el término, sino que estimulan que los amigos vayamos plantando algunos. Y que crezcan para que en el futuro puedan dar la madera para la fabricación de sus tenoras, tibles y demás derivados del oboe popular.

El jinjolero es la madera reina para la construcción de instrumentos de viento. Las gralles viejas todas son de azufaifo. También lo eran las mejores castañuelas. Su madera tiene unas propiedades sónicas muy especiales. Es densa y sin poros, pero blanda para ser trabajada. A diferencia de las maderas africanas como el ébano, o como lo puedan ser las de los frutales del país, la madera del jinjolero le da al instrumento un timbre particular.

Por eso adquiere una significación especial que, en la fiesta por la salvación del jinjolero de la calle Arimon que se ha anunciado para este próximo domingo a las siete, suenen las gralles y versos tan hermosos como éste de Blai Bonet: “Quina tremolor antiga / dir ‘ginjoler’, i sentir / la lluminosa distància / entre el color d'una branca / i el seu nom que en mi sona!”.

El jinjolero de Sant Gervasi se ha salvado gracias en especial a Isabel Núñez, que ha sido la dríade de este árbol. En la mitología griega la dríade era la ninfa protectora de los árboles. Escribe Feuerbach en un pasaje de La esencia de la religión que “los griegos creían que cuando un árbol era abatido, su alma, la dríade, se lamentaba e invocaba la venganza del destino contra el sacrílego”.

Evitado el arboricidio, esperemos ahora que sea pronto una realidad la ‘placeta del ginjoler’. La estima por el entorno inmediato es la base de toda mejora ciudadana.


ORIOL PI DE CABANYES