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martes, 5 de febrero de 2008

Año nuevo chino y cumpleaños


Foto: Marilyn bailando con Truman Capote

Anteanoche fuimos a celebrar el año nuevo chino (de la rata) y un cumpleaños casi chino a un restaurante ídem donde éramos los únicos payos, o gaiyines, o no sé cómo llaman en China a los locos diablos extranjeros. Todo era bullicioso y la delgada maître, que era del Sur, nos repartía sus "No te preocupes" en un tono alegremente arrogante. Me hizo ilusión que en medio de aquella especie de fondue de año nuevo hubiera azufaifas, que junto con un delicioso tofu (¿por qué yo nunca consigo un tofu así?) y unas setas magníficas, casi negras y verdes, fueron mis manjares preferidos. La homenajeada cumplía 35 años, una criaturita, y estaba radiante. Nos dijo que no quería regalos, así que le llevamos unos cuantos. Por mi parte le llevé unas ediciones minúsculas de los Diálogos de Lorca (donde está esa maravillosa conversación con el Amargo), sus Sonetos, un librito de poemas de Gatos de Darío Jaramillo Agudelo, un Stefan Zweig cuyo texto de contraportada hablaba del dilema de una mujer mayor que V, un poco al estilo de su nouvelle de las Veinticuatro horas... y el rabioso y apasionado Fonollosa con su Ciudad del hombre Barcelona, el único que no tenía edición bonita, pero como dice la propaganda de los cosméticos de píldoras, la belleza está en el interior... (yo le perdono a Fonollosa su misoginia, porque se le pasa cuando se enamora, y es siempre un sentimiento abierto, desvelado y no solapado y a traición como en tantos otros...)
Los amigos de V son alegres y lo pasamos muy bien. Yo me senté entre D, que observaba y veía todo lo que ocurría alrededor, tanto en el casting de las otras mesas y sus indumentaria y gestos como en el caldero que miraba con sospecha, y Lola, que venía cansada, pero tan energética y efervescente como siempre.
Al volver, tarde, no pude evitar acabarme la biografía de Montaigne escrita por Stefan Zweig, y me gustó mucho, aunque comprendo que esa extraña trayectoria vital de Sieur M. (y su torre biblioteca y su algo exasperado aislamiento afectivo) no fuera suficiente para salvar a Zweig de la renuncia a la vida. Hay algo muy melancólico y oscuro en esa vida, un lado fallido que no está en sus Essais, aunque la lectura de ese libro, impregnado de la tristeza de Zweig pero también de su pasión, es deliciosa.
Luego he tenido la sensación de aceleración de la Tierra sobre su eje de la que hablan los esotéricos, ayer fue un día de locura, entre extrañas negociaciones disruptivas, contactos familiares (contrarios a mi naturaleza), una comida y cena muy agradables con seres afines, la rebelión del servidor de Internet, devolviéndome los mensajes a paladas, la paranoia del antivirus, el desayuno con un generoso amigo del pasado a quien tal vez he decepcionado con mi presencia ausente, y una marea de agotamiento considerable, que procuraré compensar no saliendo esta noche.
Han empezado a llegar los pájaros. Tendré que pedirle a Nomésploraria que me deje poner aquí a uno encontró junto a la cocina de su casa campestre y retrató por la ventana, ¡es el pájaro loco! Es decir, un pájaro carpintero, the woodpecker. Yo tengo sólo a los mirlos, que han empezado a cantar tímidamente, cuando cesa el estruendo de las grúas y baja un poco la estela de polvo en la que se ha convertido mi barrio. Los pobres amigos negros se refugian en los tres únicos árboles que nos quedan, y que tienen que compartir con las chillonas cacatúas y las contaminadas, mutantes palomas (las mismas que divertían a Maeve Brennan, unos grados más mutantes).
El Año Nuevo Chino me recuerda siempre a Oriol, que me mandaba las rojas ilustraciones y me recomendaba que las imprimiera y las pegara junto a la ventana. Es el primer año chino que empieza sin él. Oriol estaba fascinado por China ya cuando vivía en Japón e intentaba hacer negocios allí. A veces, su muerte me parece tan irreal como si alguien me hubiera engañado, como hace muchos años, cuando sospechaba que mi gato muerto era en realidad el mismo de la portería de la plaza Adriano, tanto se parecía a mi pobre Jasper. Me gusta mucho esa foto de Capote y Marilyn, sin saber por qué me he acordado de ella; ahora ya lo sé, pero no puedo contarlo.

sábado, 2 de febrero de 2008

Aterrizar de bruces en la calle... y el flautista de Hamelín

Ilustración: Balthus
He pasado junto al azufaifo, pensando por enésima vez en la gente que tira basura y he ido a nuestro muro a ver hasta qué punto estaba al día la información. El dueño de la colchonería que hay enfrente se ha acercado con su niño encaramado y me ha dicho que en el terreno del azufaifo hay ratas, ratas gordas, y que han avisado a Civisme para que pongan remedio (o habrá que llamar al flautista de Hamelín). Me ha dicho que ahora llamar a la Guàrdia Urbana no sirve, según él contesta una operadora telefónica subcontratada que no les avisa de los mensajes. También dice que al derribar la casa dejaron las alcantarillas abiertas y los simpáticos roedores campan por sus respetos, seguramente alimentándose de la basura que les tiran los amigos constructores y vándalos afines.
Luego, he leído en el muro un artículo de "Monumenta" donde contaban la historia del azufaifo de una forma muy distinta a la que yo recuerdo. ¿Tendrá razón la revista filosófica Las Nubes, y no habrá que hacer caso a los periodistas? ¿O será sólo a algunos?
Como la letra impresa impresiona, empiezo a preguntarme si lo habré soñado todo. Por lo visto algunos escritores y personalidades del mundo de la cultura, que tal vez pasaban por aquí se adhirieron espontáneamente. Nadie les escribió ni les llamó. Tampoco existió ningún blog. La prensa naturalmente y la tv vinieron solas, sin que nadie les escribiera, llamara ni insistiera. Luego se organizó sola una fiesta de poetas y músicos, donde las intervenciones que destacaron fueron las de Ninca, el abogado y yo!!! convertidos tal vez en poetas y músicos o sustituyendo a los auténticos. ¡Qué suerte que Ninca y yo no tuvimos que hacer nada y se hizo todo mágicamente! Qué suerte que no tuve que dejar de trabajar tantas horas, días, meses, ni escribir a escritores o periodistas, organizar la fiesta de poetas y músicos, sin experiencia y con el distrito en contra. Tal vez no es importante que hayan catalogado el árbol, ni los informes expertos que se presentaron. Tal vez lo único importante sea ¿qué?
No importa, todo es ficción y cada uno se cuenta la historia que quiere. También una vez oí a la regidora del distrito contar un cuento de hadas del azufaifo en el que había sido el propio ayuntamiento quien había descubierto el árbol y había decidido protegerlo. Por suerte, estábamos allí Ninca Lacruz y yo para corregir su versión de Heidi. En fin, se supone que lo que cuenta es el resultado, y el tiempo que creía haber invertido en eso debí de pasarlo soñando. Pero a partir de este momento, lo que contaron en El País, La Vanguardia, El Periódico, Avui y Els Matins de Josep Cuní, entre otros, se ha convertido también en ficción, ya que coincide con mi sueño.
Ayer, por cierto, hablé con el luthier Pau Orriols, muy amigo de nuestro azufaifo y cuya peonza de esa madera dura y suave llevo siempre conmigo. Me dijo que quería hacerle otra pieza a Ninca, también de fusta de ginjoler. Me contó que en cuanto pudiera iría a Mallorca a ver el vetusto azufaifo que crece en el jardín de Moneo. Y también me dijo que a nuestro árbol, él no le echaría 200 sino 400 años, porque él ha visto muchos troncos y los anillos están apretadísimos, un Ziziphus adulto apenas crece, etc. Se alegró mucho de que se publicara el libro, y más con un prólogo tan lustroso, porque él ha estado desde el principio en esta historia, aunque los de "Monumenta" no podrían ni imaginarlo. O bien también soñó lo mismo que yo.
Mientras, yo volvía de una pesca tardía y a deshora de unos preciosos y poéticos librillos, de los que hablaré más adelante, porque algunos son para un cumpleaños. Hablaré de uno de Enric Casassas, El poble del costat, que aparece en una colección de Narrativa, y en realidad son escritos publicados en distintos medios, de género impreciso o múltiple, recorridos por ese fuego doloroso y alegre, irónico y cerebral que le caracteriza, un nervio poético-musical iconoclasta y vitalista, qué sé yo, un verbo agitado que corre como caballo desbocado y que se oye, al menos yo le oigo leyéndole, como si le hubiera escuchado decir todo el libro y lo recordase, como en la caverna platónica, como en la festa del ginjoler, donde según Monumenta no actuó o no fue destacable.
De haber leído antes el poema con que empieza, le habría incluido en aquella conferencia mía de las Coreografías del deseo en torno a los sorprendentes ensayos de la degradación amorosa de Freud, junto con Gimferrer, Dorothy Parker, Luisa Castro, Carver, Cervantes, Proust, Charlotte Perkins, Edith Wharton, Marguerite Duras y Roland Barthes... Copio un fragmento, no resisto:
"Però jo estimo el meu dolor
i així traeixo i faig trair
i així tinc por i així faig por
i em poso així gelós de mi,
que no hi hagi res fàcil,
i així l'orgull cau del cavall
i així vaig perdut i robat
per un fantasma quasi
i així l'amor el duc forçat
perquè l'amor no em deixi en paus.

Doncs dic que així se'm mor l'amor
i així la dona faig patir
per adorar-la per favor
fins a ofegar-la de desig
per un pinyol de dàtil,
per un donar-se que es fa fals,
per un dependre fantasmal
fins que es torna automàtic,
llavors em deixa amb els meus mals,
llavors em diu: si et toco, caus."

Yo estoy tentada de copiar aquí por lo menos la mitad del libro. Por ejemplo, la Nota que sigue a ese poema introductorio, y que también puedo oír:
"Que em treguin de casa. Que pugin a l'escenari i em treguin de casa. Que m'aixafin amb una cirera gegantina i em deixin empastifat i regalimant de polpa madura, quasi càlida i quasi negra. Que just quan estigui a punt d'esclafar-me, el pinyol se m'obri i em mostri una cambra, més lluminosa que el teatre i més serpentejant que el foc, perquè hi entri amb tu i ho pugui entendre tot, des de la forma de navegar de la mort fins al nom de la carxofa: el cor dels camins, la rambla dels desconeguts, on tot em recorda alguna cosa. Que em treguin de casa, que m'inflamin, que em portin a l'altra casa.
Si no fos pel món teu de la fantasia no sabríem res de la realitat, no seríem ni un tros de suro, no hauríem sabut mai ni que algú va matar una mosca ni d'on venen els nens."
En la página 18 hay un escrito llamado Poema que también copiaría aquí, si no tuviera otras cosas imperiosas que hacer y si no fuera porque los de Empúries acabarían demandándome por copia ilegal. Y concluyo: si los funcionarios de Civisme no reaccionan, considerando que empieza el año chino de la rata, creo que habrá que llamar a Casassas y pedirle que venga a recitar al pie del azufaifo, para que se las lleve, roedoras hipnotizadas, hacia acullá, porque él es el mejor flautista de Hamelín que corre por estos lares. Y si no, pues que le acompañe Feliu Gasull.