miércoles, 5 de octubre de 2011

No sé si era el calor

Foto: I.N., Jardín de los Misić, Tršić, 2011
O los acontecimientos de los últimos días, pero ayer me dirigí a la presentación de No se lo cuentes a nadie con un espíritu encogido. No sabía bien por qué. Había soñado, y me hizo sonreír que el nombre de un pasaje en mi sueño aludiera a una amiga perdida, alguien que me ha recordado estos días a la pregunta de Jean Rhys, o a la de Elisabeth Roudinesco, con esa cortesía de los sueños que enmascara los conflictos para que podamos seguir soñando sin sobresaltos. ¿Qué es lo que une todo esto?, preguntó el hombre que escucha y mi respuesta, tras la vacilación primera que me caracteriza, fue "yo sé lo que me duele", todo aquello eran cosas que dolían, unas más que otras, y algunas de ellas han seguido doliendo. Y sin embargo... Encuentro otros hilos para seguir escribiendo la novela. Si los dioses me conceden al menos la suerte de que resista, como sea, en este panorama terrible, de que resista materialmente sin convertirme en homeless ya sin azufaifo, de que pueda seguir escribiendo e incluso de que logre mágicamente huir de aquí de vez en cuando, a airearme donde sí me reconozco y podrían entenderme, todo irá bien.
La presentación de ayer fue bien, en las catacumbas de La Central del Raval, estaba lleno y me gustó conocer al fin al editor, un homme charmant, y escuchar a Esmeralda B. y leer al fin lo que yo había escrito sobre ese libro y la correspondencia y mis libros de cartas favoritos y sentir el alivio de que nada malo sucedería. Tuve la sensación de una celebración del género correspondencia y el género escritoras.
Mientras, he empezado a leer Atopia, de Eric Bonnargent (que pinta muy bien y que recomendaba EVM), en los ratos libres, pues ahora preparo un artículo sobre Maeve Brennan para una revista literaria. Mi curso de lecturas otras ha quedado aplazado (también décalé), de momento, hasta enero, ya que nos costaba ponernos de acuerdo con los horarios y en general, la atmósfera está tan llena de presagios e inquietud, que es difícil no sentirse afectado y seguir adelante sin dejarse llevar por el miedo. El otro día me llamaron para preguntarme si estaba segura de querer cancelar mi suscripción a un periódico y preguntarme las razones. "Sé que usted no es responsable", le dije a quien me llamó, "pero ya que me pregunta..." y seguidamente le expresé mi indignación por su forma sesgada de informar, por el hecho de que mienten y cuando se descubre que han mentido (armas de destrucción masiva en Irak, grave pandemia de gripe A, por ejemplo), no piden siquiera disculpas, a pesar de haber ridiculizado a quienes objetaban al pensamiento único, porque informan mal y sesgadamente (en Catalunya siempre ha reinado la violencia antidemocrática, dijeron hace unos meses, ¿pero en qué se basan? En vez de los buenos periodistas de antes proliferan becarios sumisos, que muchas veces, por desgracia, sólo son la voz de su amo, y ni saben ni quieren saber) y además, porque parece que actualmente intenten deprimir al personal y ahondar la crisis. Comparen con los periódicos franceses o americanos, por poner un ejemplo. Los franceses intentan reflexionar sobre las cosas y eso siempre ayuda, transmite esperanza, lleva a interrogarse. Los americanos, como señalaba un amigo, llaman Business a las páginas de Economía, y muestran por ejemplo cómo se las apañan algunos que intentan abrirse camino con negocios alternativos o distintos. Eso anima (ya sé que los franceses tienen muchas centrales nucleares y que los americanos siguen con la pena de muerte y las políticas equivocadas, pero por suerte también allí la gente empieza a despertarse del sopor y reaccionar). En cambio en nuestros periódicos todo son lluvias de noticias tremendas, de supuestas pandemias, de crisis más honda, de corrupción más honda, de país sin futuro. Nadie parece reflexionar. Un día aparece un titular increíble pero en los días siguientes nadie recoge el hecho para pensar. Sólo se da vueltas sobre los mismos temas, nacionalismo -romántico, no real, porque no hay un solo político que de verdad se preocupe, por ejemplo, por mejorar la educación en Catalunya, o el medio ambiente, o lo social, por lo tanto, ¿quién se cree que les importa este país?- y poco más....
Pero volviendo a mi curso, un cineasta que quiere venir un día de visitante me dijo que en esta época, que haya gente que se reúna en un café para hablar de libros hace pensar en una sociedad secreta. Y eso me recuerda a que estaba leyendo de la sociedad secreta que fundó Maeve Brennan de pequeña para promover el gaélico, y que las monjas condenaron, porque no sabían su contenido e imaginaron la presencia del diablo en ellas. ¡Y es que las chicas no podían revelarlo! De haberlo sabido, las monjas irlandesas lo habrían aplaudido. El nacionalismo de M.B. se vería pronto decepcionado... No sé si fundaremos una sociedad secreta, pero voy a proponer un curso a algunas instituciones donde había enseñado, aunque sea tarde, por si acaso resisto hasta entonces y debo continuar... ayer se me ocurrió uno.
El ruido de las obras es como un rugido terrible. Voy a vengarme con una música atronadora, una misa sacra, por ejemplo... ¿Pero qué construyen? Ya sólo queda cemento... Al pasar junto al azufaifo siento el viejo dolor, aunque sigo pidiéndole que se aferre con sus raíces al jardín rodorediano que aún no han podido destruir. Rufus se refugia en el interior de la casa. Hace demasiado calor. A veces los ojos le relucen en la penumbra del pasillo como dos estrellas. Rufus sabe todos los secretos y todo lo invisible. Él pertenece a esa sociedad secreta de los gatos, que describió bien T.S.Eliot (¿conté aquí que al coger ese libro de la estantería en una pequeña y maravillosa librería de NY, cerca de casa de mi amiga americana -oh cómo añoro esa ciudad y nuestro encuentro-, un gato gris vino a frotarse contra mi pierna? Le enseñé el libro al librero que nos miraba, al gato y a mí, y asintió sin sorprenderse, comentando que el gato siempre apoyaba esa compra).
Por cierto que el otro día sorprendí a un alemán -yo le tomé por alemán, pero quién sabe-, con mochila pequeña y pelo gris con coleta, mirando la zanja espantosa que ha segado las raíces del azufaifo, luego me miró a mí -yo siempre me siento concernida por mi árbol- y nos reconocimos, y mientras me alejaba le veía mirándome aún, ya sonriendo abiertamente. Nos conocimos hace mucho tiempo, quizás en Palmira o en un sueño...
Como decía, incluso esos giros doloridos que toman las cosas pueden convertirse en un hilo para la novela. No sé si lo conseguiré, pero me gustaría acabar con la luz que tuvimos A.S. y yo en esos encuentros. Creo que esa novela es el mejor lugar, el único donde puedo poner lo que no encuentra un lugar en mi vida. Aunque A.S. no quiera aceptar ese cambio de lo real a lo escrito. Aunque yo ya no sepa cómo responder a sus mensajes...
Ah, acabo de entregar mi reseña del libro del viajero. Espero haber podido decir lo esencial: al fin y al cabo, adaptarse a un espacio acotado es un entrenamiento. Una vez, dos suplementos habían dedicado distintos espacios a una autora magnífica y lo reseñaban dos escritoras. Una disponía de una página casi entera y habló del valor testimonial de esa autora, pero no dijo lo esencial. La otra tenía una diminuta columnilla, que gastó en decir: Me quedan tan solo no sé cuántas palabras, ¿cómo decírselo? ¡es alta literatura, corran a comprarla! Yo procuro tener a la segunda in mente cuando escribo...

10 comentarios:

Francis Black dijo...

Los diarios son muy flojos y las noticias de la tele también, se han montado un teatrillo político periodístico financiero y van creando sus realidades: sociales nacionales, económicas... y parece que sus definiciones son las verdaderas: Cataluña, España, crisis, reformas....pero luego la gente tiene otros conceptos, el problema es que se llevan la pasta, hay que desmontar la farsa, pero no te puedes liar a guillotinazos, hay que volver a adueñarse de las definiciones, empezando por democracia.

Belnu dijo...

Exacto, Francis, muy bien explicado!

Cartas en la noche dijo...

No hace mucho, una amiga de Barcelona me escribió en una carta que "esta noche pensaba que no veré la luz hasta que me quede ciega ni percibiré las palabras hasta que mis oídos ensordezcan". En eso piensa ahora, en la necesidad de distanciarse un poco cada día de lo que acontece para contemplarlo y escucharlo mejor desde la distancia. No veo otra forma de dominar el miedo, ni la melancolía. Pero hoy, Isabel, tu diario me ha dejado tembloroso, tal vez porque en tus papeles sí puedo alojar una parte de mi vida, como quien se inclina sobre el brocal de la propia conciencia, y de su propio miedo...

Belnu dijo...

Pues verás, Cartas en la noche, yo no puedo evitar que todo me duela alegremente, que todo sea en mi vida mezclado y ambivalente, no necesito quedarme sorda y ciega, e incluso los momentos en que el dolor se hace más intenso no perduran. Es verdad que en la noche, como dijo Ausias March "los malalts creixen de llur dolor" (ya sabes, Lo jorn ha por... de perdre sa claror), pero también la noche intensifica otra clase de encuentros, y en cuanto al miedo, se trata de reunir el coraje para enfrentarse a él, todos los días un poco, como dijo Cynthia Fleury

frikosal dijo...

Tengo muchas ganas de leer tu novela. Lo de la sociedad secreta estaría bien, pero después de haberla creado yo propondría olvidar su existencia. A ver si puedo venir el viernes.

Belnu dijo...

Yo también tengo ganas de que la leas, Friks! Espero que te guste... Y también me gustaría que vinieras el viernes

Anónimo dijo...

Hola Isabel,

Hace unos días decidí no leer más diarios pues me deprimían y me ponía de muy mala luna.
Pues así son las cosas! yo también voto por una sociedad secreta pero tiene que ser secreta de verdad!.

Un saludo y espero las lecturas otra vez, también tu novela.
Mañana comienzo con Maeve Brennan.

Kathy

Belnu dijo...

Lo comprendo perfectamente, Kathy! Yo sé que no soy la única! De hecho le dije al que me llamaba que en mi entorno -de gente que llevamos leyendo el periódico (o diario) todos los días desde la adolescencia- esto es generalizado...

Marta dijo...

He conocido a Rufus, y te he leido, avida, emborrachada todavía de tus sabias palabras de este viernes de literaturas en la libreria.

Belnu dijo...

Muchas gracias, Marta!