domingo, 23 de octubre de 2011

Al otro lado del espejo

Foto: I.N. Paseando por Balmes, 2011
Este fin de semana lo he pasado al otro lado y ya no recuerdo apenas nada del mundo, aunque esta mañana se me escapó el sueño que había tenido, con su atmósfera algo opresiva y eléctrica, se desvaneció sin más. Pero ya había estado todo el tiempo al otro lado, o bien dentro de mi novela, que ahora lo ocupa todo con correcciones, dudas y probaturas, aun en la cena chez la Belle Elaine seguía en el interior de la novela, o bien en el sofá viendo esas correspondencias fílmicas que le encargué al librero de la calle Berlinès y que recomiendo vivamente. Es un género que parece muy propicio a algunos cineastas, les permite expresar libremente su mirada sobre el mundo y el resultado es una gozada para el espectador. Sólo he visto completas las cartas de José Luis Guerín y Jonas Mekas y las de Isaki Lacuesta y Naomi Kawase, y las dos series espistolares valen la pena. Vayan al CCCB o compren el pack en el librero, no les decepcionará. Los dos primeros homenajean el cine, las marcas de la historia, celebran a sus maestros e inspiraciones, un paseo por el bosque de Thoreau, un retrato fugaz de sus anfitriones, lo que se ve por la ventana en Barcelona, el homenaje vibrante a una joven cinéfila eslovena que murió injustamente, la idea de reaccionar a la vida con cine, una celebración de imágenes japonesas en un momento dramático de Japón y el itinerario de unas hormigas intercambiado con imágenes muy libres de la vida cotidiana en NY, de conversaciones y bailes, de los restos de las películas de toda una trayectoria, que Mekas piensa unir para hacer su última película, un viaje al pasado del genocidio judío en Polonia, la comida como celebración, el paseo de unos amigos con la lavanda y las vicisitudes de una paloma en la calle neoyorquina. Y en cuanto a Isaki Lacuesta, con su poética particular algo surrealista es Banyoles, el lago, los árboles, la idea del desierto, la escritura silenciosa, la intimidad del sueño de su bella durmiente, lo que se ve desde el tren, la infancia del museu Darder, la voz de Casasses con Pascal Comelade y el fragmento irónico de fantasía japonesa de cine primitivo. Y Kawase, desde Nara, arranca con imágenes sutiles de ritos de duelo en el Japón del tsunami y el desastre nuclear, sigue con lo que su hijo vio en Banyoles, retrata a sus colegas de equipo...
También he estado en las redes. Es extraño lo que ocurre allí, ese bullicio alegre y a veces tan receptivo, por qué la recepción allí no se traduce aún en lo real.
Y luego vuelta a la novela: es extraño pensar conscientemente en algo que escribo tan a oscuras; estoy acostumbrada a corregir, pero no a reflexionar sobre lo que escribo, salvo a posteriori, y siempre he escrito ficción corta, lo cual cambia mucho las cosas. Es muy distinto decidir sobre algo que tiene una estructura tan general, no pensar la novela a trozos sino en conjunto, y ocurren cosas misteriosas, como que algo desechado pugna por volver y de pronto recobra el sentido que parecía perdido o en cuestión. Quién sabe lo que ocurrirá después. Quién sabe si volveré a verla como la veía. Mi estado de ánimo cambia con las horas. A veces la veo muy distinta... Tal vez necesitaré leerla en voz alta para comprender lo que he hecho. No me gusta sentirme expuesta antes de hora y esta vez mis interlocutores me han desconcertado un tanto. Tal vez sea ahora el momento de dejarla reposar. De tapar el cuadro y no volver a él hasta que pasen días. Siempre lo pienso, pero luego me despierto con la idea de cambiar una frase, un fragmento, de incorporar o abandonar algo... No estoy segura de lo que estoy haciendo, pero eso tampoco me preocupa. Sé que sabré en cierta manera, que sólo tengo que dejarme llevar por ese estado de semivigilia, por esa escucha al otro lado del espejo. Rufus ha visto las Correspondencias abrazado a mi chal de lana. Mañana volveré a traducir como una hormiga. Tengo que encontrar otra vía material antes de que todo se acabe. Alguien me ha escrito para anunciarme la muerte de un antiguo amigo al que perdí de vista hace muchos años. He preguntado por su hermano, que fue más amigo mío y me han dicho que es fotógrafo en un periódico. Mañana será el funeral en un lugar fronterizo, que sale en mi novela. No sé qué significa el silencio que nos hemos concedido dos iniciales idénticas y yo. O sí lo sé, pero puede haber sorpresas. Espero que Rufus, auténtico djin, interceda por mí antes de volver a este lado del espejo.

2 comentarios:

Francis Black dijo...

Yo vi cuatro en el CCCB , me pase todo un día, las dos que tu comentas más

Rosales y Wang Bing

Erice - Kiarostami.

Son muchas horas, la gente estaba un rato cinco minutos y luego se largaban, es un formato extraño, en Madrid las están pasando de forma independiente en plan sesión de cine, tiene mí sentido, claro que lo mejor es tu opción, en breve en la filmo ponen el documental de Lacuesta sobre Ava Gardner.

Belnu dijo...

Ah sí, iré a ver lo de Ava Gardner! En el CCCB dicen que aquello es un aperitivo. Lo mejor es sala de cine, por supuesto, o casa... Yo también vi trozos de las otras, ahora las veré completas...