jueves, 13 de noviembre de 2008

Memoria, sueños

Foto: Cyd Charisse y Fred Astaire en The Band Wagon, 1953
Yo bailaba en mi sueño de esta noche y recuerdo la sensación fluida de deslizarme sin obstáculos por una pista estrecha de madera, y veía a mi acompañante, que no sabía bailar, mirándome inmóvil como si pensara: "Baila bien, pero sigue bailando igual que antes", en una hipotética crítica por no haberme innovado. Diría que mi acompañante era alguien con quien ayer tuve una discusión difícil por teléfono, una discusión que acabó bien, aunque detrás haya cosas indecibles o cosas que pueden decirse sólo simbólica, metafóricamente, y eso lo haga todo más difícil.
Confieso que me alegra soñar, después de tanto tiempo sin recordar mis sueños.
Aún están pintando el edificio. Cada vez que salgo a la escalera me sorprende cómo el olor a pintura fresca me devuelve instantáneamente a mi llegada a Barcelona, a los cinco años, desde Figueres, al olor de la casa de la Diagonal, que me parecía tan inmensa y bonita, y que me intrigaba tanto y me llenaba de absurdas esperanzas (mi infierno familiar continuó; la única esperanza justificada era crecer para alejarme de ellos, para esquivar los golpes y salir de mi perenne encierro, pero cuántas esperanzas crecían como malas hierbas en el paisaje y los libros...). ¿Y por qué ese olor me lleva allí y no a tantos otros lugares más recientes de pintura fresca, a las sucesivas casas de mi vida adulta, a tantas otras situaciones? Tal vez porque ese olor, como dos o tres gestos cotidianos, reviven violentamente mi infancia y con ella, curiosamente, siempre hay una palpitación ensoñada, vital y esperanzada, a pesar de lo horrible que fue todo excepto el paisaje y los libros, siempre hay nostalgia. ¿Nostalgia de qué?, es mi eterna pregunta. ¿Qué había de feliz en aquello, si no mi imaginación o tal vez lo puramente fisiológico?
Ha salido el sol al fin, y yo me he ido a otra cita para el dolor de mi brazo, que no cesa. No tengo grandes esperanzas (cómo me gustó esa novela; qué deseo de releerla; yo me sentía Pip; no podía en Miss Havisham). Y mientras leo o releo a una de las protagonistas de nuestro ciclo de conferencias, Isabelle Eberhardt, y vuelvo al desierto y a las dunas y a su osadía vestida de hombre y acampando con los beduinos y perdiéndose tras la tormenta de arena... Y esa hechizante y loca combinación suya de religiosidad y libertad total, en que se adapta las normas transgrediéndolas con naturalidad.
El dolor de mi brazo ha vuelto a pasar a primer plano tras mi encuentro, hace unos días, con Jacques le fataliste, despiertas y espoleadas las tres cabezas del pozo que me habitan: aletargadas, narcotizadas por mis últimos avances, añoran y esperan una ocasión así para abrazarla y pillarme desprevenida y tomar nuevamente el poder. Son las brujas de Macbeth de mi infancia y su caldero y su canto (Double, double toil and trouble; Fire burn, and caldron bubble!) se renuevan porque yo las interioricé y porque reinaron en mi adolescencia y sólo más adelante aprendí a arrinconarlas.
Hoy le explicaba mi desesperación a un especialista de feldenkrais, un israelí de ojos azules que no quiere prometerme nada y que admite que tal vez su técnica me haya sensibilizado más al dolor. Entiendo lo que me dice y tiene sentido para mí, encaja con lo que yo sé, pero eso no basta para que nada se resuelva. Yo intuyo lo que significa este síntoma y a qué parte de mí corresponde a un nivel más interno, o más analítico. Veo con qué momento vital coincide y qué fuerzas lo movilizan. Me falta un buen diagnóstico médico, así que me he resuelto a visitar a un Doctor Muerte, aunque me gustaría llevarme un impermeable psíquico (lo imagino de charol negro) porque los médicos son a veces como esos chamanes que nos condenan a muerte y lo malo es que luego hay que morir, aunque sólo sea porque ellos lo han dicho. No sé si el diagnóstico servirá simplemente para que mi homeópata utilice esa información o para entenderla como una nueva metáfora de mi inconsciente.
Pero mientras me cuesta todo, y la vida social sigue agitándome, mal que me pese. Y los signos siguen produciéndose misteriosamente, y yo sigo escribiendo de forma tentativa, y también continúa esa serie de desplantes tan molestos -aunque ahora ya comprenda su sentido, incluso empiece a verlos integrados en un nuevo cuento sobre el dolor y la sorpresa-, y la lectura de Isabelle Eberhardt, especie de libre Li Bai más alocado, adquiere un carácter distinto en este contexto, como aquel escritor de Sarajevo que leía Un artista del hambre durante el asedio (muerto de hambre y soñando con comida), y leía Guerra y paz en plena guerra. Y todo eso sale en mi libro balcánico, que cada día que pasa está más cerca, a pesar de las brujas de Macbeth. Por cierto, que esta mañana he recibido un mensaje de una mujer ilustre que había leído La plaza del azufaifo y me decía: "Isabel, me leí tu libro hace ya unas cuantas semanas. Me ha gustado muchísimo, es de las lecturas que más he disfrutado en este año. Es precioso. Se devora... También me he vuelto mucho más atenta a los árboles y el fin de semana pasado en Sevilla me acordé de tí por los impresionantes ejemplares centenarios que hay en esa ciudad. En cambio en Madrid es muy triste ver cómo al ayuntamiento le ha dado por poner un material sintético, cubriendo totalmente las jardineras y bordeando el tronco de muchos árboles de las aceras y tapando sus raíces. Esto ya me había llamado la atención hace tiempo, pero tras leer tu libro comprendo que es arboricida y me angustia todavía más. Imagino que es para que los perros no defequen, pero en realidad es imposible que esos arbolillos escuálidos crezcan aprisionados en el cemento ese... He aprendido mucho de tu libro, al tiempo que lo he vivido con emoción y ésa es la clase de libros que uno necesita leer para que la vida valga la pena." Ese mensaje generoso, unido a las inteligentes y esperanzadoras interpretaciones que V. me ha hecho hoy de mi serie de infortunados desplantes, se ha convertido en lo mejor del día. Pero aún me queda una cena esta noche y espero volver a tiempo antes de que la carroza se convierta en calabaza!
Todo el día intentando publicar este post, pero el servidor me lo impide. Ayer fui a ver el Herbarium de Manel Armengol en la galería Triangle, vale la pena. Y he vuelto de la cena con RH., que me había mandado un cuento hoy. Yo siempre le pregunto por su abuela, de 99 años, que les recibe a su padre y a él diciéndoles: "Buenas tardes, señores, no sé quiénes son ustedes, pero me encanta recibir visitas..." Está preocupada porque había calculado su pensión hasta los 100, ¿y si llega a los 110? La cena ha sido divertida, a pesar de que había uno de esos temibles grupos de 20 allí sentados. Hemos llegado al último metro y he tenido que bajar las escaleras corriendo y RH se ha admirado de mi velocidad. Su tren aún no había llegado...
La otra buena noticia de la noche es que VM me incluyó en la lista de los blogs que visita. Hay cosas que no puedo explicar, sólo constatar la sensación, que es poderosa y errática. Por ejemplo, la presencia del librero de la calle Berlinès o de L.O. en mis presentaciones callejeras me parecían una garantía de que todo iría bien, y que mi blog esté en esa lista forma parte de la misma, si estoy en esa lista, por muy larga que sea, no puedo evitar la impresión de que, como diría mi amiga neoyorquina, something good will happen.
Todo esto fue ayer jueves, porque el servidor rebelde no me dejó postear... Firmad aquí para salvar los árboles de la Diagonal, Joaquim Folguera, la Ciutadella! Y no hagáis caso de la petición de dinero de la web, nada que ver con nuestro manifiesto...

18 comentarios:

cacho de pan dijo...

Isabel:
Leo tu post antes de llegar aquí. Felicitaciones por todo lo bueno y un deseo de mejoría en tu malestar; he intentado lo de Sonia en Ibiza y no logro encontrarla.

Ahora copio lo que te escribí contestando el comentario que dejaste en el último mío.
¿Misoginia? Supongo que me explicarás de qué estás hablando, ¿verdad?
No se trata de ir soltando calificaciones porque sí, espero.
Además lo dices como si fuera una constante.
¿SERÁ POR ESA MISOGINIA QUE LA MAYOR PARTE DE MIS COMENTARIOS, CARIÑOSOS, POSITIVOS, VENGAN DE MUJERES?
Lo vivo como una boutade o un recurso literario más, pero por si acaso...

zbelnu dijo...

Vaya, Cacho, yo no pensé que eso te ofendería, es decir, pensaba que asumías que eres misógino. A mí me lo pareces, pero es una posición tan generalizada y en tu caso no obstaculiza nuestras afinidades otras. En cuanto a las mujeres que apoyan, yo creo que si el 80 por ciento de hombres son misóginos, el 75% de mujeres lo son también y furiosamente. Un día mi vecino gay me contó que hay muchísimos gays homófobos, así que es un proceso generalizado, y más en este país. La etiqueta femenina está tan desvalorizada que muchas mujeres detestan que se la pongan, muchas tienen problemas de rechazo de su género, sus madres etc. Ya te digo, no pensaba que eso fuese para ti un insulto sino casi diría que una virtud. Y pensaba que ya habíamos hablado de eso. Estoy tan sorprendida... Si quieres que te diga todos los ejemplos, mejor por teléfono!

Ephemeralthing dijo...

La lista de blogs de EVM está cada día más interesante, ¡por fin!. Aún recuerdo, creo que no se me olvidará en tiempo o quizás nunca, el enlace que colocaste a la imagen de Lichtenstein cuando comentaste tu pena por no aparecer en ella.

También todavía me sonrío cuando recuerdo el personaje de la hija del maestro en la película de Rohmer que mencioné, una niñita de 10 años que en una conversación con el alcalde del pueblo, un lugar perdido en medio de "la campagne", rodeado de bosques y prados, revindica como zona verde el solar donde el caballero tiene proyectado construir un complejo cultural.
Seriamente: esa película es una maravilla a ver y revisar con urgencia. No puede ser más actual con nuestras circunstancias.

ps: bailar es una sensación fantástica, magnífico que aproveches. para que te inspires:

http://es.youtube.com/watch?v=bGjRfMTOFu4

son poco más de 6 minutos, pero sería imperdonable perderse la "guinda" final.

ps2: ¡genila!: para introducir el comentario voy a tener que verificar la palabra "rehoopa"

el objeto a dijo...

efectivamente yo interpreto esos desplantes como reacción a las cosas que se mueven y los nuevos lugares que se ocupan, tanto tú como los otros, por eso el sueño del baile es muy bueno! seguir bailando y moviéndonos de lugar, dándole la vuelta,

es verdad que decías que echabas de menos acordarte de los sueños, yo en cambio disfrutaba mucho el año pasado, estirada en el diván, substituyendo sueños por entradas de mi blog, en vez de llevarle sueños le llevaba trocitos de mi diario "hipnótico"

hoy no podré ver In Treatment! me toca casa A., ya me contarás!

zbelnu dijo...

Cómo me alegra esa interpretación del baile y los desplantes! Yo me pregunto cómo vivía antes de que aparecieras.
En cuanto a In Treatment, podemos bajarnos el episodio suelto en emule, seguro que estará en unos días, sólo hay que pensar si es tercera o cuarta semana y ver el número... María también se ha aficionado...

Anónimo dijo...

Yo creo que hay cosas que son psicosomáticas, y gran parte de la curación está en la actitud que tomamos ante ellas. O en la resistencia que tiene cada uno ante las circunstancias...
Y ess curioso como asimilamos y convivimos con las lecturas y escritores que frecuentamos en el tiempo…
Lo que cuentas de tu nuevo libro, y sobre esas lecturas arriesgadas, me ha recordado a aquella carta que se encontró de un marinero ruso, escrita justo antes del hundimiento del submarino en el que iba.
iluminaciones.

zbelnu dijo...

Ilumin, yo no estaba diciendo otra cosa. Cuando escribí: "Yo intuyo lo que significa este síntoma y a qué parte de mí corresponde a un nivel más interno, o más analítico. Veo con qué momento vital coincide y qué fuerzas lo movilizan", ¿a qué me refería sino a la mente? Creo que los síntomas físicos son a veces mensajes de nuestro inconsciente de que atendamos cosas y en mi caso, aunque no haga falta contarlo aquí, sé a qué responde. Lo cual no hace más fácil la cura.
Y qué escribió el marinero ruso? Por favor, cuenta aquí esa historia...

Anónimo dijo...

Encontré esta nota en internet sobre esa carta:
13.15. Todos los tripulantes de los compartimientos sexto, séptimo y octavo pasaron al noveno. Hay 23 personas aquí. Tomamos esta decisión como consecuencia del accidente. Ninguno de nosotros puede subir a la superficie. Escribo a ciegas."
Lo curioso es que un billete con cuatro líneas aparecido en el bolsillo de un cadáver responda de súbito a la vieja pregunta de para qué sirve la literatura. Sirve para contarlo. Todos aquellos que aspiran a escribir deberían recitar el texto del Kursk como una oración. Ser escritor, al menos cierto tipo de escritor, significa vivir rodeado de pánico percibiendo a tu alrededor bultos que pasan de un compartimiento a otro con los calcetines mojados. Y tú eres uno de esos bultos: aquel que, por encima o por debajo del miedo, está poseído por la necesidad de contarlo, aunque las posibilidades de que alguien lo lea sean muy escasas. Escribo a ciegas.
Juan José Millás.

Artículo publicado por El País, el 3 de noviembre del año 2000,
a raíz de la tragedia del hundimiento del submarino ruso Kursk,
en aguas del mar de Barenst.
iluminaciones.

Emma dijo...

Isabel, ya tengo fotografias del pino centenario y solitario que me propongo salvar y vuelvo para decirte que mas que nunca tengo esperanzas en que las cosas suelen salir bien haciendo uso de un descomunal optimisto ( ese optimismo que la sociedad menosprecia, que se ve en peliculas como "Sonrisas y lagrimas" y que nunca nadie nos dijo que existiera)La debilidad mental y el optimismo se relacionan inconscientemente y ese, creo, es uno de los tumores roedores de el ser humano : El no llegar a creerse del todo que se pueden cambiar las cosas.
Pues eso, cigarras incansables de las tardes de miles de veranos que se esconderan en las ramas del pino centenario nunca sabran quien fue su bienhechora.
Y esa idea es la que a mi me gusta, la que me parece poderosa.
No he leido Great Expectations pero me ha mordido. Asi que voy a por ella.
Emma

zbelnu dijo...

Gracias, Iluminaciones, me ha gustado mucho la carta del marino y el texto de Millás. Es verdad. Y es lo que nos queda. Vengo de la plaça catalunya, donde unas tres mil personas se concentraban contra el capitalismo salvaje y había trabajadores de muchas fábricas donde hay expedientes de regulación y los van echando o forzándolos a prejubilarse o a trabakjar esclavos 65 horas, inmigrantes, palestinos, estudiantes contra Bolonia, etc. Era triste porque es difícil que nada cambie, pero la rebeldía, con su lado naïf y que recordaba a las novelas americanas e inglesas de los primeros socialistas, sólo que ahora hay menos esperanza. Pero juntarse y gritar y resistir les ayuda. Fuera de la mani, mucha policía y oleadas de gente comprando o conduciendo. Y yo necesitaba refugiarme aquí a leer y a hablar con amigos.

zbelnu dijo...

Emma, me alegro mucho de que sigas avanzando. Espero que te hagan caso y puedas protegerlo. Hay gente que no lo entiende (como el librero del que hablaba ayer en Polis), pero yo siento felicidad al pasar junto al azufaifo lleno de pájaros. Ha vivido doscientos años, puede vivir 80 o 100 más, y los pájaros se comen las azufaifas, en vez de la obra espantosa del edificio feo y antisostenible que iban a hacer. Reesistir es lo que nos queda.

Anónimo dijo...

sí, es un momento un tanto complicado, esperemos que las grandes esperanzas, sean al menos esperanzas..

zbelnu dijo...

Sí, Ilumin, para mí hay una lucha y un forcejeo, pero todo me parece feliz pese a todo excepto el sufrimiento del bloqueo, y he visto a pintores que sufrían también enfrentándose a su mismidad, y he visto fotógrafos bloqueados. Pese a todo nunca he pensado en un desgaste porque hasta esos periodos de bloqueo resultan ser fecundos y a la larga han resultado útiles. Y creo que en escritura sólo los que repiten una fórmula en un género con variantes mínimas o a una falta de exigencia no tienen que enfrentarse a un momento negro que precede toda creación, un desafío, una búsqueda más o menos dolorosa o difícil. Pero esa es sólo mi visión.

zbelnu dijo...

Verás, Emma, que las grandes esperanzas de Dickens tuvieron que ajustarse luego a lo real y todo estaba lleno de tanta melancolía y de una ironía de las cosas como Dickens sabe del mundo...

nomesploraria dijo...

Jo somio que canto. Un dia ballarem.

Qué boniques "las tres cabezas" de Burne-Jones

zbelnu dijo...

Sí, sabia que els tres caps t'agradarien! He estat a punt de posar-los també al post següent! Sempre em lliguen amb tot...

Anónimo dijo...

el comentario anónimo es mío.
iluminaciones.

zbelnu dijo...

Ah, eras tú... Como Emma me habló del libro y de que no lo había leído, creí que... En cualquier caso vale mi respuesta, aunque ya lo conozcas.