jueves, 28 de octubre de 2010

Fui a ver a Viggo

Fotos: I.N. Los tres lectores, Barcelona, 2010 Mortensen, lo reconozco. Me hizo gracia descubrirle en esa otra faceta y me alegró que la Antología de nueva poesía argentina estuviera llena de poemas poderosos e interesantes, que los tres participantes (Laura Lobov, Gustavo López y Viggo Mortensen) leyeron muy bien (mi favorita: Laura Lobov leyendo a Fernanda Laguna). Bel M. y yo estábamos en primera fila y debo decir que me desconcertaba su mirada, la sensación de "Hollywood te mira" o la mirada de Promesas del Este (Cronenberg casi siempre tiene algo para mí) como si un trozo de película se hubiera mezclado con la realidad, como en aquella película de Richard Lester sobre la guerra que alternaba documental de archivo con película en color y al pasar al color, siempre quedaba un personaje en sepia o azul, como un vestigio de los fragmentos documentales. Aunque Viggo Mortensen. contó una escena en la que un argentino ingenioso le gritó en un partido de fútbol "«Andáte, puto actor, ponete el anillo y desaparesé». Fue educado, saludó en catalán y pidió a los locos fotógrafos que no molestaran a la gente. La librería estaba abarrotada. El micrófono no funcionaba. Un bebé lloraba a gritos. ¿Por qué siempre hay gente que lleva bebés a conferencias, lecturas y presentaciones, para inquietarlos y que no dejen escuchar a los demás? Leyeron poemas de Fabián Casas, Martín Prieto, y Fernanda Laguna, a la que ya habíamos descubierto hojeando el libro antes de empezar. Le mandaron un saludo de despedida a Kirchner, situándolo con tino en el contexto. Respecto a esas miradas de alguien que la pantalla nos ha hecho reconocibles, a veces he estado a punto de saludar maquinalmente a un político que detesto en la calle o a alguien mediático, antes de darme cuenta de que no lo conocía realmente. La cuestión es que Viggo nos tenía enfrente y nos hablaba y era extraño, así que yo procuraba mirar a los otros.
La antología valía la pena. Aunque ellos se situaron en la escurridiza franja de la experiencia, había algo muy contemporáneo y vital en esas poéticas, que poco tenían que ver con lo que se entiende por esa definición en estos lares. Yo les felicité, ya que nadie lo había hecho (Luego intenté comprar la antología en la otra Central, pero se había acabado). No me sentí con fuerzas para abalanzarme a la mesa a que me firmaran. Las multitudes siempre me retraen; salimos huyendo en cuanto se levantaron de nuevo fotógrafos y gentío. Fuimos andando hacia arriba: a veces esa cuesta me parece inexistente, como si fuera bajada, pero tal vez fuese la conversación y la nocturnidad.
Mientras, tengo oleadas de melancolía y fragmentos de sueños que se me adhieren como telarañas y momentos de vértigo por las malas perspectivas materiales, por la incertidumbre. Y otros momentos de joie paradoxale, malgré le monde (si pudiéramos acceder a la fuente de esa felicidad casi o del todo física, si pudiéramos encontrarla cuando nos hace falta). Y también cierta extraña reconciliación física, aunque sólo dura momentos. Esta madrugada anoté un sueño porque el de ayer lo retuve sin anotarlo y desapareció de mi memoria vertiginosamente. En mi sueño de hoy volvía a estar en la casa de la Diagonal, la que fue nuestra casa tantos años, ahora perdida y rescatada en mi novela y en mis sueños. Yo estaba en la cocina y veía subir el agua como si hirviera en los fogones y seguía subiendo y cubría un tostador inclinado y una freidora (nunca hubo tal objeto en esa casa) y yo temía un cortocircuito y el agua seguía y seguía, en una misteriosa inundación. Iba a avisar a mis amigos americanos, él estaba grabando en el que fue nuestro cuarto de pequeñas, pero ella estaba recostada en la cama de un dormitorio que nunca fue mío, ni me gustaba, hablando con un niño diminuto, y me pedía que no la interrumpiera. Así que yo volvía a la cocina e intentaba achicar agua, y mi batín larguísimo se mojaba en el agua y una fatiga tremenda (yo dormida) me impedía resolver nada con la energía necesaria, hasta que, de pronto, hacía un gran esfuerzo y empezaba a poner orden muy deprisa...
Leo ya Jin Ping Mei el clásico chino publicado por Atalanta, a ratos. He recibido tres pequeñas joyas de Navona: Wharton, James, Wassermann, la primera para reseñar. Me encantan los libros pequeños, que puedo leer en el metro, en el autobús, incluso andando. Aunque ayer me llevé al gran Jin Ping Mei y me alegró tanto el trayecto de metro que pude salir en la estación del Putxet, donde esa gentuza arrancó los árboles frondosos y nos arrebató la belleza de nuestra plaza, con su quietud de pájaros en medio de la locura del tráfico, y seguí leyendo mientras andaba, sin apenas darme cuenta del fragor y la fealdad. Antes de sentarme a escribir o traducir, algunas fotos de los estantes me miran: mi padre cantando un aria en su época más feliz, en Cadaqués, en una camiseta azul (le pido mentalmente que haga lo que no osó hacer en su vida terrestre, que me ayude), mi pobre amigo persa encerrado en la siniestra cárcel de Evin, Concha llevándome en brazos, cuando era joven y no había perdido la cabeza, y también G., muchas fotos alegres de G... O yo misma muy pequeña en color con melancolía y un balón de reglamento. He descubierto que durante muchos años tuvimos una foto de Rufus antes de conocerle. Es una linterna que le compré a G. en Milán, de pequeño, con la foto de un gato idéntico a él. Se lo dije a G.: "Por eso le reconocimos y nos lo trajimos. Hacía tiempo que o teníamos en la estantería". Pobre pequeño Rufus.
Ah, ayer me alegraron los artículos de la vida animal (Xavier Antich, Marta Sagarra), donde se hablaba de Derrida y Cixous en el Cultura/s, con las preciosas fotos de gatos y perros de Jordi Esteva, mirándonos también. Yo ya le animé, desde Fb, a publicar sus fotos de animales (le sugerí que hiciera un libro y aún espero que lo haga). Y también cité a Derrida en su "¿Y mañana qué?" con Roudinesco, diciendo que había que cambiar la relación con los animales, comer distinto, acabar con ese sufrimiento que les inflingimos. Así que los dos artículos de ayer sólo me confirmaron mis pensamientos.
Escribo menos de lo que querría. De ahí los accesos melancólicos. La sensación de seguir en un hoyo de arena forever and ever. Sí soy feliz como lectora, y traduciendo a M.B. Preparando cursos. Pero hoy no hace sol y Rufus ha vuelto de la visita a su amiga Daisy quejumbroso y se ha dormido en el sofá.

44 comentarios:

JML dijo...

Observo con curiosidad y con encanto cómo ese compañero gatuno se va convirtiendo poco a poco en un termómetro de tu estado de ánimo. En tu relato del día a día, entre sueños, memoria y páginas escritas, Rufus permanece invariable, como una sutil línea melódica.

Imagino cómo ha sido ese encuentro con Viggo Mortensen. Cuando uno ve de cerca a esos personajes su vida se contagia de irrealidad. ¿No te recuerda de algún modo a "La rosa púrpura del Cairo"?

Belnu dijo...

JML, me has leído el pensamiento. A punto estaba de citar "La rosa púrpura..." Esa entrada y salida del celuloide...
Sí, de Rufus ya sabes: "Dans ma cervelle se promène..."

Xavier dijo...

Los sueños, a menudo de incierto significado. La incertidumbre, condición de vida, siempre presente, y más acechante en tiempos de turbulencias. El vértigo. La inquietud y la transitoria reconciliación física.
Constantes reconocibles, todas ellas a excepción de Rufus ejerciendo de bajo continuo de la sonata.
Siempre todo parecido, y tan extrañamente nuevo.

Evocadora también la aproximación en cierto modo onirica a un personaje a-real: de Hollywood a la poesia, y de ella de nuevo al "no lugar" del «Andáte, puto actor, ponete el anillo y desaparesé».

Seguimos atentos

Belnu dijo...

Para mí ese sería un resumen de la vida, Xavier, "todo parecido y tan extrañamente nuevo". Pero también sé que me repito, mis obsesiones

Xavier dijo...

Como en la música (y otra artes, lo admito) el encanto esta en las variaciones sobre un material de base.
Mejor cuanto mas profundo y reflexivo se este, y expresivas y virtuosas sean aquellas.

Belnu dijo...

Bien definido, Xavier!!

nomesploraria dijo...

Jo a vegades somio que apunto les coses que somio però quan desperto és quan m'adono que somiava.

També em passa trobar a un personatge mediàtic i estar a punt de saludar-lo. A El Cairo em vaig creuar amb en Buenafuente i per un moment el vaig confondre amb el cambrer de la Jijonenca de Castelldefels.

Jo tampoc hagués fet cua.
Quina delícia sempre llegir-te.

Belnu dijo...

Gràcies, oh Nmp! Jo també somio que ho apunto, és terrible, fem qualsevol cosa per continuar dormint i els somnis s'esvaeixen increïblement!

Francis Black dijo...

Hace un tiempo encontré a una actriz famosa y le ayude a bajar con el carrito de su hijo al metro, luego le comente algo de la dirección, pero me supo mal decirle, tu eres tal, me dio la sensación de que pensaría : Todo el mundo me ayuda al reconocerme y me fui orgulloso de mi discreción

Dile a Rufus que se ha despejado.

Belnu dijo...

Ja ja, muy bien hecho, Francis! Yo pensé: si yo fuera más pushy me habría acercado y le habría regalado mi libro además de hacerme firmar la antología, pero esas situaciones me producen el efecto contrario. Una vez estuve andando detrás de Jeremy Irons en cadaqués, iba con mochila y parecía despedir luz. Y otra vez, en París, anduve detrás de Paul Auster y Siri Hustvedt y ellos entraron a cenar en un sitio como La grenouille o algo así, especialidad en ranas. Pero no les dije nada, naturelich!

Francis Black dijo...

En tu caso es diferente, pierden ellos.

Belnu dijo...

Gracias por verlo así, Francis, pero yo pensé que ellos no pensarían lo mismo: "oh, otra fan plasta, no, por favor!"

Francis Black dijo...

Ya, el fenómeno fan es muy desagradable, por un lado agobian a la persona y por otro ya no permite que se aproxime la gente normal y tenga un intercambio de frases lógico. La popularidad a nivel estrella de cine debe ser muy horrible.

Xavier dijo...

Venezia, en la plaza del Ghetto judio, un senyor de cierta edad con esplendida aura meditativa, está sentado en un banco disfrutando del sol de primavera y sin duda inmerso en una intensa cavilación a tenor de su semblante y del especial brillo de sus ojos. Era Bruno Ganz. Cuantas películas, cuantas reflexiones, cuantas emociones. Sin duda me resultaba cercano, muy cercano, pero: ¿Como interrumpirle? ¿Para que? ¿Expresarle admiración?.

A lo largo de los siguientes días me lo encontré distintas veces, casi todas paseando por las callejuelas de la ciudad, y la última como una potente presencia a mi lado contemplando, silenciosamente ambos, un impagable cuadro de Bacon en la Fundación Peggy Guggenheim.
Si, me resultaba muy cercano, pero ¿que derecho tiene uno a interrumpir la intimidad de otro por el hecho de que este sea "famoso"?. Y ¿Porqué si que nos atreveríamos con alguien otro?.
Ahora que me acuerdo de que en ese mismo viaje me encontré también a José Montilla visitando "de incógnito" el museo de la Basílica de San Marco. Alguien debería ayudarme a saber porqué no me sentí tentado a decirle nada

Xavier dijo...

Jeremy Irons se perdió bastante más que Bruno Ganz

Belnu dijo...

Pues sí, y agobiante, si vieras ayer esas barreras de fotógrafos, qué espanto

Belnu dijo...

Xavier, pues que el cielo no quiera que yo me encuentre a uno de esos políticos cuyo apellido empieza con H, porque me mandarían a los mossos!
En cambio Bruno Ganz y mirando esas bellezas, debió de ser una alegría verle, otra película

Xavier dijo...

Si, Ganz visto así, es aún más humano.
Para abrazarlo (seguramente sin mediar palabra)

Francis Black dijo...

Es un documental sobre Bolaño es interesante la relación que tiene con el entorno, la gente de Blanes.


http://www.rtve.es/mediateca/videos/20101021/imprescindibles-roberto-bolano-21-10-10/908584.shtml

Anne (Cabo Leeuwin) dijo...

Lo peor de vivir en un lugar alejado de la civilización, es que te lo pierdes todo, pero todo, todo, todo.

Mientras yo veía la puesta de sol marcadas en tonos naranjas, tu has tenido a Viggo a escasos metros. Te ha mirado, tu le has mirado, brrr ¡quel particolare piacere!

Con el aspecto que tengo en estos momentos, con las velas de un antiguo navío que me sirven de vestido improvisado, seguro que también me habría mirado, por estrafalaria, y sin duda me habría regalado el libro....doy pena :-)

En fin, c'est la vie.

Me gusta la idea de apuntar los sueños, durante años lo hice y es fabuloso volver a leerlos años después.

Por cierto si mi vida en Cabo Leeuwin es un sueño, no me despertéis, vale ?

Bueno, si vienes con Viggo a desayunar en mi cabaña...pues quizás...

Un saludo para Rufus.

Anne

Belnu dijo...

Bueno, Xavier, yo no me atrevería! Más bien sonreiría interiormente y le pondría un sms a alguien para contarle: acabo de ver a Bruno G...

Belnu dijo...

Qué gracia, Francis, el otro día Bel M. me habló de ese documental y me contó el testimonio del pastisser, etc. Y parece que me hayas leído el pensamiento porque he estado pensando y hablando de Bolaño estos días, por razones que no vienen al caso

Belnu dijo...

Anne, lo tuyo suena muy bien, créeme, mucho más interesante que vivir en Barcelona, con o sin visitantes

Belnu dijo...

Ah, Francis, antes se me olvidó decirte. Avísé a Rufus y estuvo un buen rato al sol, aprovechando el cambio de tiempo

Bel M. dijo...

¡Qué decir! Estaba contigo y has hecho una crónica perfecta, precisa, exacta. Prefiero
no añadir nada. La he compartido
en mi Fb.
Qué curioso que también Francis Black saque a colación el vídeo sbre Bolaño... o no, realmente no, porque Bolaño ejemplifica del todo ese tipo de relación, aunque la extrañeza para los habitantes de Blanes se dio en el proceso inverso: descubrir que ese chico tan cercano al que apreciaban se había vuelto tan importante, mientras que en nuestro caso era que ese famoso fuera tan cercano, agradecido y hasta humilde. Aunque creo que también lo hemos comentado y tú lo has dicho en algún lugar, los verdaderamente grandes suelen ser también humildes.
¡Ah! Claro, aclarado el misterio de Rufus y ese aire de familia, ese parecido.

Belnu dijo...

Gracias, Bel M! (Rufus acaba de saltar a mi mesa y se asoma a la pantalla) ¿Cómo se aclara el misterio del parecido de Rufus? me has hecho reír... nadie imagina...
Sí, sí, yo lo dije, los grandes son humildes, los mediocres arrogantes! Ayer vi uno de los últimos, ejemplo emblemático y su arrogancia snob highnosed me hizo sonreír (procuro no acercarme)

Icíar dijo...

Me he reído con la mirada desconcertante de Vigo Mortessen, ahora bien, ¡a mí me costaría desviar la mirada a otro lado, (no nos vamos a engañar)!

Belnu dijo...

¡Es que estaba muy cerca, Icíar!

laura dijo...

isabel, ¡qué buena la reseña del encuentro!
te quería preguntar si puedo usar tu foto en el blog de gog y magog (citando la fuente, por supuesto).
Aprovecho para invitarte a que te des una vuelta (edicionesgogymagog.blogspot.com).
En el catálogo hay poemas de varios de los autores editados en la antología de peceval press.

saludos y millones de gracias!

Laura

Belnu dijo...

Gracias, Laura! Claro que puedes, sólo que pongas el nombre, nada más! Y ya me pasé por esa bonita página, en efecto, y estuve leyendo poemas, creo que he puesto el link en alguna parte de la entrada, pero volveré porque hay mucho que leer!

Bel M. dijo...

Aprovecho, con tu permiso, Isabel, el paso por aquí de Laura Lobov para saludarla y decirle que suscribo todo lo que comentas. El poema de Fernanda Laguna sobre lo que interesa a una mujer fue el primero que me saltó a la vista cuando empezaba a ojear esa excelente antología y, de pronto, ¡maravilla de lectura la que nos ofreció precisamente de ese poema!

Belnu dijo...

Sí, sí, y sí, Bel M. Laura leyó fantásticamente ese poema(y los otros), que tú me habías enseñado justo antes de empezar la presentación, algo como Una mujer como yo, por ejemplo...
Así que me uno a la felicitación.

Bel M. dijo...

Pero, Isabel, si tú al mismo tiempo también estabas leyendo en otro libro los poemas de Fernanda Laguna. ¡No te los mostré yo! Fue todo una sucesión de felices coincidencias o, si queremos seguir a Jung, de felices sincronías.

Belnu dijo...

Sí, yo estaba leyendo uno de un gato, que me gustaba, pero el de la mujer aún me gustó más... Voy a poner un link fijo con ese blog

Xavier dijo...

Disculpadme que interrumpa vuestro dialogo, y que irrumpa con un asunto tal vez un poco mas frívolo, retomando uno de los temas del que se hablaba por aquí días atrás: los famosos.
Aquel cruce de comentarios se acabó con mi impulso –por supuesto jamás concretado- de abrazar la cercana humanidad de B. Ganz y la sugerencia de Isabel de dirigirle una sonrisa.

Esto viene a cuento de que esta mañana, al finalizar mi sesión de piscina, como tantas otras veces mientras me duchaba hacia lo propio a mi lado Joan Herrera. No sé si se trata de aquel al que se refería Isabel cuando escribia “…que el cielo no quiera que yo me encuentre a uno de esos políticos cuyo apellido empieza con H, porque me mandarían a los mossos”.
Ni hoy ni nunca no se me ha ocurrido ni abrazarlo ni sonreírle. En primer lugar porque no me sale. Además, de hacer lo primero seguramente me mandarían a mí los Mossos. Y de hacer lo segundo me harían saber que el club al que debería dirigirme se encuentra unos centenares de metros mas allá de la misma línea litoral de Barcelona.
Sigo, como con Ganz, preguntándome que hacer. ¿Esperarlo en la puerta y decirle claramente que en otros tiempos le voté alguna vez, pero que al paso que va no lo voy hacer más?, ¿Regalarle, autografiado por mí, el libro de S. Latouche “Pequeño tratado del decrecimiento sereno” (que incluye un completo conjunto de propuestas que son casi un programa electoral) para que se inspire un poco, ahora que el verde de su fuerza política palidece a marchas forzadas?, ¿Hacerle una foto y chantajearlo si sigue traicionando y dilapidando la herencia roja -también empalidecida hasta limites insospechados- de la fuerza política de la que ha hecho el amo?.
Sigo dudando. Al salir de la instalación deportiva nos hemos cruzado y cada uno ha seguido su camino. Yo he estado leyendo en los periódicos los merecidamente elogiosos panegíricos al recientemente desaparecido Marcelino Camacho, mientras H. ha cogido su bicicleta de 500€ con sillita infantil incluida, y vestido con cuidada ropa ”sport” ha desaparecido hacia el skyline marítimo.

Sra. Francis, ayúdeme, por favor. ¿Qué debo hacer la próxima vez que lo vea?: ¿Ser valiente y decirle todo lo que pienso y siento?, ¿O por el contrario olvidarme de él, y si no lo consigo cambiarme de gimnasio?

(Me voy a recluir a escuchar la radio, donde M. Freni esta cantando estupendamente en su papel de Mimi)

Belnu dijo...

Xavier, yo creo que dije algo de sonreírme interiormente, nada de sonreírle a BG.
Yo me refería a un H. peor, al que condenaría a sentarse eternamente en una montaña rusa, aunque sólo fuera por las trescientas encinas centenarias que hizo talar para construirla.
Pero a ese que tú te has encontrado, yo no te aconsejo nada, sólo te diré lo que creo que haría yo, no porque se deba hacer, sino porque dudo que pudiera resistir el impulso. Le diría efectivamente que es una vergüenza la evolución de su partido (al que yo también había votado en otros tiempos, y que fui militante del psuc cuando el franquismo). Y tras un comentario lo más escueto posible, me retiraría, y cada vez que lo viera le miraría torvamente, con la máxima expresión acusadora.

Belnu dijo...

Yo vi a Mirella Freni hacer de Mimí en el Liceu hace muuuchos años, con mi padre

Xavier dijo...

Ahora ya sé quien es H. Esto se parece ya a lo de K.

Gracias por tus consejos.

Voy a seguir con la Mirella

Xavier dijo...

Por cierto: Que suerte la tuya, ver y escuchar a la Freni haciendo de Mimi en el Liceo!
La última gran voz femenina que se pudo escuchar allí, debe hacer ya dos o tres años, fue la de N. Desay. Con Juan Diego Florez. Que maravilla!!
Desde entonces buenos profesionales. Y no siempre

Belnu dijo...

Pero, Xavier, ¿es una ironía? No eran consejos y te lo he dicho...

Belnu dijo...

Desde que murió mi padre no he vuelto al Liceo ni en general a muchos conciertos, salvo alguno en el Palau

Xavier dijo...

Si, claro, habia ironia, disculpa si no era evidente (un povo de hmor para sobrevivir)

Belnu dijo...

No, no, disculpa tú, estoy tan abstraída corrigiendo mi libro de la ciudad, que está ya acabado, y he ido un momento a buscar otro libro a La Central y por el camino leía mi novela impresa y por primera vez he empezado a ver que la estructura que he encontrado funciona, y eso llena mi mente, así que me vuelvo obtusa para el resto

Belnu dijo...

Xavier, ese comentario se quedó encallado en el escritorio del blog, te contesto ahora: Jeremy Irons no se perdió nada!