jueves, 7 de octubre de 2010

Aún estoy

Foto: I.N., Rufus, acechándome, 2010
Llena de los ecos de la monumental biografía de Cheever, que he leído para La Vanguardia, preguntándome por los límites del trabajo biográfico y por lo que yo buscaría en la biografía de un escritor: comprender mejor su obra, encontrar el hilo vital que la explicase, o que la interpelase enigmáticamente. De paso he vuelto a hacerme con sus cuentos, que no encontraba en mi caótica estantería. ¿Adónde van mis libros? Tal vez lo presté... Hace unos días me desapareció mi ejemplar de la Calle de los Prodigios, de Jacques Yonnet, que también había reseñado, y lo he buscado afanosamente por todas partes. Así que aproveché para leerme esas historias suyas de césped y piscinas y malestar y secretos familiares. Y hablando de secretos familiares, me encantó la entrevista al jamesiano Colm Tóibín, en L'hora del lector, ese programa que no quiso recibirme ni acoger mis libros, y pese a todo, me gusta, no puedo evitarlo. En el mismo programa Xavier Antich defiende muy bien a Michon y Amela habla muy bien de Echenoz y su Zatopek.
Me encantó Tóibín, hablaba justamente de lo que yo hablo, de ese paso misterioso de la idea a la música de la escritura, esa melodía que si no viene y nos arrastra nos deja sumidos en un desconcertante bloqueo, en una búsqueda vana. Nunca sabemos cómo ni cuándo pasamos de las ideas a la música. Sólo que él escribe en tercera persona, pero espía, escucha y roba como todos. Le vi extrañamente cambiado físicamente, pero su cara de antes se adivinaba aún y los ojos eran los mismos.
La otra noche soñé que perdía mi maleta. Sé que la perdía de una forma extraña, ¿tal vez sumergiéndose en el agua? Pero la cuestión era cómo se resolvía, una vez más, esa pérdida. Me lo decía una voz femenina: habían descubierto un sistema computerizado que permitía averiguar dónde estaba cada una de las cosas que contenía. "Iremos localizándolo todo, no se preocupe", me decía la voz.
Alguien me dijo que tal vez, en este caso, la maleta hablara de ese pasado que reescribo en mi novela, ese pasado disperso que vuelve a unirse. Quién sabe. Las palabras de Tóibín me dolieron y me dieron esperanza al mismo tiempo. Yo no acabo de estar en una fase definida de la novela, entro y salgo de esa música, vuelvo al desierto, dudo, corrijo... Y sigo traduciendo e imaginando otras vidas.
A medianoche me despertó Rufus con sus extraños comentarios. A veces vuelve de la casa de al lado con una excitación que le lleva a dar carreras por el pasillo, otras viene con esa especie de lamento-refunfuño y pide refuerzo emocional como un adolescente. Ya no remueve metafóricamente la lana en el aire como los primeros días, pero muchas veces suelta sus suspiros de alivio cuando le acaricio después de venir a pedirlo. Y por otra parte ha encontrado al lado otra vida alternativa, que le hace más libre. A veces le sorprendo meditando en la terraza, no sé si pensando en su nombre secreto, como sugiere T.S. Eliot (en este caso Theodor W.), o simplemente considerando sus opciones y la posibilidad de ir a ver a la gata tricolor.
Por las mañanas, cuando me echo al suelo para hacer mis ejercicios de yoga, Rufus viene a jugar conmigo, intenta atacar mi pie como si fuera una presa (en esa foto me estaba acechando bajo el reposapies de la silla de Charles Eames, vieja y única herencia de mi padre). Mientras escribo estas líneas juega con G. que, por cierto, esta tarde bajó a la Barceloneta a buscar olas, pero encontró demasiado viento. En la calle me saludó R.P., al que me encontré hace tres días cerca de la avenida Tibidabo y es como si hubiéramos empezado una racha de encuentros. Tiene un aspecto saludable y soleado, sin duda por su vida sureña. Justo en ese momento su hijo metía la tabla de surf en el portaequipajes de su coche y hemos hablado un momento de esas codiciadas olas, que mañana serán mejores. R.P. es partner de la artista de las albercas, con la que a veces hablo de alfombras voladoras en facebook (Tir ya bisát!) y por ella tengo el vago proyecto de bajar al sur en cuanto se afiance mi curso. Y es que mi curso empezará el 19 de octubre en el Ateneu; ya se confirmó que hay quórum suficiente y ahora empiezo a preguntarme por cómo saldrá...
Me cuesta leer los periódicos. Todo son malas noticias. A veces cambio los diarios locales por Le Monde o Libération. Pero hoy en Francia la prensa había descubierto un fichero policial con tufo nazi, un archivo de la gente de etnia gitana. He firmado a favor de los inmigrantes, contra esa ley de Sarkozy; espero que caiga. También me han parecido lamentables las declaraciones municipales de cerrar webs críticas consideradas "antisistema" y que según ellos incitan a la violencia; pero no es cierto. Kaos en la red es una. Espero que alguien nos proteja contra esos intentos de censura y contra la libertad de expresión.
En otro orden de cosas, lean aquí mi última reseña en el Cultura/s. Y en Polis, el Manifiesto de profesores universitarios contra la condena y estigmatización de los movimientos sociales, y un artículo muy atinado de Xavier Montanyà sobre el tema ("es imposible no ser anticapitalista", dice en cierto momento. Es una alegría que alguien lo haya escrito). Vamos a tener que despertarnos del sopor si no queremos que esto se vuelva cada vez más irrespirable.

11 comentarios:

Francis Black dijo...

He pensado que quizá te puede interesar

Ivy Compton Burnett

http://trenzamocha.blogspot.com/2009/08/la-elegancia-no-tiene-piedad.html

Belnu dijo...

Uf, Francis, esas letras blancas sobre texto estampado no puedo leerlo. Prefiero para eso ir a la página de Ivy CB
http://www.brightlightsfilm.com/ivy/
Era una escritora que le gustaba muchísimo a Natalia Ginzburg. Yo leí dos novelas suyas en mi adolescencia y luego se me olvidó, pero me gustaba su tono, sobrio y seco y al mismo tiempo tan narrativo

Xavier dijo...

Sugerente reflexión, Isabel.
Y empezando con Cheever dificil de no seguirla. Saltando de referencia en referencia, como de piscina en piscina: libros que se pierden, programas de tv que no se dejan perder, maletas que se sueña perder (!), fragmentos de vida que se rehusa perder

Belnu dijo...

Buena ilación sintética la tuya, Xavier, gracias!

Xavier dijo...

Perdidas.
Perdidas parciales, ficticias, transitorias, imaginarias, deseadas a veces y otras no, perdidas dolorosas, alegres...

Reencuentros.
A menudo fragmentarios, extemporaneos... A veces deseados, no siempre felices. Algunos perseguidos con ahinc0 y otros inesperados.

Encuentros.
Con el otro, con uno mismo.

Perdidas y encuentros. La desmemoria y (re)escribirse.
Siempre (re)conocerse.

Retazos de vida
¿Como va a ser posible sintetizar eso? A Cheerver le llevo toda una vida, de cesped en cesped, y centenares de paginas intentar evocarla en su compleja incomprensibilidad. Y a tenor de lo que se sabe de su vida, la inquietud, cuando no la zozobra, lo acompaño hasta el final. Tu que acabas de leer su biografia debes saber de ello. Me complacera leer tu reseña

Belnu dijo...

No sé muy bien qué quieres decir, Xavier, supongo que no me has entendido. No tiene importancia.

Xavier dijo...

Nada, me he "subido a la parra" con mis cosas. Sorry

Belnu dijo...

Es como pensar en voz alta, ¿verdad? a mí no me parece mal, en cualquier caso, Xavier!

Bel M. dijo...

Pocas biografías consiguen eso que propones y que es lo único que puede justificarlas. Lo demás es cotilleo. Pero sí existen algunas muy estimables, aunque no sean las más reconocidas o vendidas, pero eso ocurre con tantas cosas.
Yo hoy he tenido un sueño sobre mundanzas y una persona (o dos, era un poco confuso) que me boicoteaba los preparativos. Primero me quedaba como sorprendida e indefensa, pero al final reaccionaba lanzándole una maldición, una de las peores, pero parecía que ya no me daba tiempo a prepararlo todo otra vez antes de que llegara el camión...
Rufus es adorable, aunque también tú con tu mirada contribuyes a que lo veamos así. ¿No has pensado en un posible cuento sobre "mi vida con Rufus? Sería delicioso.
¡Ah! Me encanta ser alguien...
P.S.Y gracias por el manifiesto. Lo he puesto en Fb.

Belnu dijo...

Gracias, Bel M!!! Es una idea el cuento de Rufus. Me fascina el lenguaje de los sueños; gracias por ese sueño tuyo. Sólo los ignorantes creen que las claves de la interpretación están en los libros (sólo en el diván pueden descifrarse)! Como los que se quejan de que no entienden la poesía...
Tienes razón con lo de las biografías. Y espero no haber olvidado el link de "alguien"!

Dante Bertini dijo...

bellísimo Rufus y encantadora su manera de agenciarse privacidad.
Federico hacía lo mismo en la casa de Escudellers Blancs, pero aquí no tiene escapatoria. Está como ese perro que ilustra mi blog, aunque sin camiseta.